|
CAPÍTULO
V
UNA DIAGONAL FOLCLÓRICA
No hay secciones del
territorio colombiano más alejadas entre sí geográfica, histórica, racial y
psicológicamente hablando que los departamentos de Nariño y Norte de Santander.
Ambos son territorios fronterizos, con características propias y exclusivas. Limita el
primero con la república del Ecuador y comprende un territorio agitado por las tremendas
convulsiones geológicas de la cordillera andina. Abarca el segundo regiones montañosas,
vertientes y valles fluviales, y zonas de muy variada topografía en todas las cuales
predominan los climas ardientes, limitando por el este y el noroeste con los Estados
Unidos de Venezuela.
En el primero, y por lo
que dice a culturas aborígenes, se alcanza a percibir la influencia del admirable imperio
incaico precolombino. En el segundo, las tribus aborígenes que en muy escasa proporción
lo habitan, parecen no haber tenido nunca contacto con ninguna de las dos grandes
civilizaciones aborígenes que florecieron en Suramérica: la chibcha y la quechúa.
Psicológicamente, el
pueblo de Nariño, y especialmente el elemento mestizado, se encuentra mucho más próximo
al Ecuador que al resto de Colombia. Los nortesantandereanos, por su parte, tienen muchas
afinidades con los andinos venezolanos y por ello se ha podido hablar mitad en
broma, mitad en serio de una hipotética "República del Táchira".
Resulta muy sugestivo, por
consiguiente, el comparar algunas muestras de la poesía popular de ambas regiones. Lo que
nos permitirá afirmar una vez más el carácter "ecuménico" valga la
expresión del folclore poético colombiano. Afirmación que ya habíamos formulado
respecto de la totalidad de las manifestaciones folclóricas no aborígenes de
Hispanoamérica, a fuer de corrientes nacidas todas de una fuente única: el antiguo
costumbrismo y la tradición idiomática de la península española.
1. Pies forzados y
temas afines
Al redactar el presente
capítulo tenemos a la vista dos valiosas contribuciones. Es la primera una compilación
de cantares nariñenses (
1
) y la segunda un ensayo extenso sobre el
folclore nortesantandereano (
2
)
Los autores de la
compilación nariñense advierten que las coplas que contiene su obra corresponden a
cuatro distintas regiones de su departamento, que son "sensiblemente iguales por el
clima de que disfrutan (entre 18 y 20 grados), el género de cultivos agrícolas, las
costumbres y la viveza de espíritu". Estas regiones son las de La Unión, que
primitivamente se llamó La Venta; Ricaurte, que en sus comienzos fue "un
mesón solitario, en el antiguo camino de Barbacoas"; Sandoná, población
progresista que cuenta con una existencia civil de un siglo y está situada "a lado y
lado del antiguo camino a Consacá", y San José de Albán, cuyo fundador fue el
presbítero José Gómez, quien "acometió la empresa titánica de edificar un
poblado en un sitio topográficamente imposible, pero se propuso y lo hizo". De aquí
el plan de su compilación: a) Cantares de La Unión; b) Cantares de Ricaurte; e) Cantares
de Sandoná, y d) Cantares de San José de Albán.
El plan de la obra del
doctor Pabón Núñez es muy diferente. En la primera parte de ella estudia lo relativo a
las narraciones tradicionales, a las leyendas y a los romances y ensaladillas; en la
segunda, cita y comenta muestras del cancionero tradicional: coplas, canciones de cuna,
canciones infantiles y "canciones de gente adulta". Desde luego, este aporte es
más ambicioso que la encantadora compilación de los doctores Ortiz, lo que explica su
mayor extensión. Así, por ejemplo, antes de citar y comentar sus "coplas
montañeras", dedica el autor un capítulo al estudio del nacimiento y origen de esos
cantares.
Comparando los aportes que
acabamos de relacionar hemos encontrado, desde luego analogías y diferencias, pero dentro
de esa tónica común que es lo que liga y relaciona íntimamente, por sus mismas raíces,
a los distintos repertorios regionales del folclore poético, no solo colombiano sino
hispaoamericano en general.
En ambas obras encontramos
cantares que son simple repetición o próximo trasunto de otros nacidos en España. Así,
entre los recopilados en La Unión (Nariño), el siguiente:
A un sauce me subí
por ver si te divisaba;
como el sauce era tan tierno,
al verme llorar, lloraba.
La versión
nortesantandereana se encuentra más próxima a su fuente original y dice así:
Me subí a un pino verde
a ver si la divisaba;
y como el pino era verde,
al verme llorar, lloraba.
En nota pertinente (pág.
159) el doctor Pabón Núñez transcribe el cantar español, que don Manuel de Falla
utilizó en la tercera de sus evocadoras Canciones Populares Españolas:
Por ver si me consolaba,
arriméme a un pino verde.
Y el pino, como era verde,
por verme llorar, lloraba.
En los Departamentos de
Cundinamarca, Boyacá y Tolima continúan surgiendo caudalosamente las coplas "de pie
forzado". Que son todas aquellas que comienzan con una misma fórmula: Allá arriba
en aquel alto, Yo no soy de por aquí, Esto dijo el armadillo, etc. Pues bien: el primero
de estos "pies forzados" lo encontramos en dos de las coplas recogidas por los
doctores Ortiz en La Unión (Nariño):
a) Allá arriba en aquel
alto
viene un pañuelo volando,
y en las cuatro esquinas dice:
El amor se está acabando,
b) Allá arriba en aquel alto
tengo un palo de aguacate
y cada que subo y bajo
se me queda el alpargate.
Ahora bien: en las
poblaciones de Ricaurte, Sandoná y San José de Albán, el pie forzado cambia
ligeramente. Se trata, en este caso, de la sustitución del vocablo "alto"
(equivalente de cumbre o picacho) por "loma":
Allá arriba en esa loma
canta y chifla una torcaza,
y en el chiflidito dice:
Pendejo es el que se casa.
(Sandoná)
Allá arriba en esa loma
hay un pozo de agua clara,
donde se baña mi negra
los piecitos y la cara.
(San José de Albán)
Este último cantar
recuerda de inmediato una copla venezolana utilizada por el maestro Antonio Estévez en la
segunda de sus finas y originalísimas Canciones Venezolanas para soprano y piano. Por lo
demás, y entre las coplas recogidas por los doctores Ortiz en San José de Albán,
figuran no menos de cuatro en las que se utiliza otra muy difundida fórmula inicial, que
refleja de inmediato la simpatía con que nuestros campesinos avizoran la curiosa y un
tanto socarrona silueta de uno de los representantes más característicos de la fauna
colombiana:
a) Esto dijo un armadillo
sentado en un arenal:
Si no fuera por mi cola,
también sería general.
b) Esto dijo un armadillo
sentado en una chamisa:
Si no fuera por mi cola,
también celebrara misa.
c) Esto dijo el armadillo
cuando iba a entrar a la cueva:
Que no se me moje el rabo,
lo demás aunque se llueva.
d) Esto dijo un armadillo
sembrando unas arracachas:
A la vieja, agua caliente,
y besos a las muchachas.
Obsérvese el carácter de
las dos primeras coplas, en las que el pueblo condensó su experiencia vital censurando
humorísticamente, y por via indirecta, la estructura social que consagra en el hecho de
tantas discriminaciones y desigualdades de carácter socio-político, injustificables en
una sociedad que se sigue considerando "cristiana y democrática".
En la obra de Pabón
Núñez (pág. 98) se recogen cinco coplas santandereanas que se inician con un pie
forzado que utilizan los trovadores espontáneos de muchas y muy diferentes regiones del
país. Entre ellas figura una de carácter desafiante y otra en que apunta un ingenuo
sentido cromático del paisaje.
Veámoslas:
a) Yo no soy de por aquí;
yo soy de Bucaramanga.
Si conmigo son los celos
puede seguir la parranda,
b) Yo no soy de por aquí,
porque soy de San José.
He venido a conocer
la blanca flor del café.
A juzgar por las muestras
folclóricas contenidas en la compilación que tenemos a la vista, en Nariño predomina
una fórmula inicial muy característica, en cuanto alude claramente a la topografía
regional. Veamos algunos ejemplos:
Subiendo la cuesta arriba
se quebró la zanca un viejo.
El mismo se la compuso:
¡me gusta que no es pendejo! (La Unión)
Subiendo esta cuesta
arriba
con un manojo es iraca,
creyendo que era mi novia
le dije adiós a una vaca.
(Sandoná)
En Sandoná, precisamente,
recogieron los doctores Ortíz una variante de la primera de las coplas anteriormente
citadas, que puede servir a manera de ejemplo de cómo comienza a modificarse la copla
regional al pasar de una a otra región, o al ser repetida por otro trovador:
Subiendo esta cuesta
arriba
la pata se quebró un viejo.
El mismo se la curó:
¡me gusta que no es pendejo!
2. Diferencias de
idiosincrasia regional
Es ya un lugar común el
afirmar en Colombia que el temperamento santandereano se caracteriza por su franqueza e
inclusive por su agresividad. Y que el del pueblo nariñense se ubica en el polo opuesto
de la escala psicológica colombiana, en cuanto es de signo introspectivo. En realidad, el
pueblo nariñense alcanza más facilmente la zona del sentimiento lírico, en tanto que el
nortesantandereano se mantiene de ordinario dentro de un clima en el que predomina la
épica cuotidiana de gestos, expresiones y reacciones. Hasta cierto punto, estos juicios
valorativos empíricos se justifican al comparar la "tónica" de los cantares de
Nariño con la de las coplas nortesantandereanas (
3
).
Entre los cantares de La
Unión figuran, en la citada compilación, algunos que son verdaderas joyas del
sentimiento popular. Los hay madrigalescos, nostálgicos e inclusive elegíacos:
a) Los ojitos de mi negra
son verdes y son azules;
se parecen a los cielos
cuando se apartan las nubes.
b) ¡Qué lejos que está
mi amor:
quién lo pudiera mirar!
Y esos cerros que los tapan
¡quién los pudiera aplanar!
c) Ya viene la noche
triste
para mí, que estoy penando:
duerman los que tengan sueño,
que yo amanezco llorando.
Notoriamente inferiores
por la forma y contenido son en cambio los cantares compilados en Ricaurte.
Sin embargo, encontramos uno que, aunque a primera vista desconcierta, no tarda en
comprenderse al encontrar que la desinencia verbal "consumo" debe interpretarse
como inflexión del verbo sumergir:
Allá arriba en esa loma
vuela una paja en el viento,
y así me consumo yo
dentro de tu pensamiento.
Entre las coplas recogidas
en Sandoná, y tal como lo anotan los compiladores, impera "la nota alegre del
humorismo del labriego en su forma típica de contemplar la vida". Así lo demuestra
la presencia de cantares como los siguientes:
a) Desde que te vi te
quise
y de vos me enamoré.
Mas cuando te vi las patas
dije: ¡Ese diablo pa qué!
b) Tres cosas hay en el
mundo
que no se pueden guardar:
una cocina sin puertas,
la mujer.., y un platanal.
e) Amores tuve en el
campo,
amores en la ciudad:
amores que van y vienen
no tienen seguridad.
d) Cómo quieres que una
vela
alumbre dos aposentos?
¿Cómo quieres tú tener
dos corazones contentos?
Pero entre estos cantares
de Sandona se encuentran muchos que no solamente son índice de alegría, de humorismo y
de esa espontánea y filosófica manera como suelen contemplarse a sí mismos nuestros
campesinos. Los hay también que son finos y sugestivos madrigales:
a) No me mates con
desdenes,
ni tampoco con puñal;
mátame con tus ojitos
y tus labios de coral,
b) La naranja nació verde
y el tiempo la maduró;
mi corazón nació libre
y el tuyo lo cautivó.
c) Tomá esta
rosa, mi vida,
que ayer tarde la cogí;
la sembrarás en tu pecho
y acordaráste de mí. (
4
)
Por lo que dice a San
José de Albán, los citados compiladores observan que en esa privilegiada región
nariñense han nacido miles de coplas "en la faena de los trapiches y en las tareas
de beneficiar el anís, pero que no ha habido quien las recoja." Lo cual es tanto
más de lamentar cuanto que, a juzgar por el muestrario que encontramos en el
interesantísimo folleto que tenemos a la vista, se encuentran cantares tan hermosos (a y
b) o intencionados (c y d) como los siguientes:
a) ¡Qué bonita flor de
mayo,
nacida en el mes de enero!
¿Cómo no te he de querer
si fuiste mi amor primero?
b) Si los pechos cristal
fueran
se vieran los corazones;
no hubieran falsas caricias,
ni se forjaran traiciones.
c) Dices tú que no me
quieres
porque tengo sangre baja:
si quieres querer a reyes,
cuatro tiene la baraja.
d) Cuando el hombre llega
a viejo
todas son tribulaciones:
se le acortan los sentidos,
se le alargan los calzones.
Si comparamos los
anteriores cantares nariñenses con muchos de los que han sido compilados en el
departamento del Norte de Santander, podrá observarse fácilmente la divergencia de
actitudes ante la vida, y la distancia psicológica que separa a estas dos comarcas
colombianas. Todo, desde luego, sin perjuicio de ese fondo o "tónica" común
que es lo que hace que la poesía popular y espontánea sea lo que es. Veamos, al
respecto, algunos ejemplos. Ante el espectáculo del cielo estrellado, el trovador de
Nariño entona este cantar:
Las estrellas en el cielo
corren una, corren dos;
así corren mis ojitos.
negrita, por verte a vos.
En cambio, ante el mismo
panorama nocturno, el campesino nortesantandereano reacciona en sentido humorístico y
casi agresivo como si quisiera eludir o superar el trance sentimental que comienza a
germinar en su psiquismo:
Las estrellas en el cielo
no causan tanto alboroto
como yo cuando te veo,
cara de avispero roto.
Inclusive cuando se
expresa en coplas idílicas o madrigalescas, el temperamento del campesino
nortesantandereano deja transparentar su natural y subconsciente agresividad, como puede
verse en las siguientes muestras
a) Si yo fuera pajarillo
no picara el trigo vano:
picara tu corazón
y un dedito de tu mano.
b) Ayer estabas de negro
y hoy estás de azul de raso.
Si tenés amores nuevos,
tengo que atajarte el paso.
e) Mi vida: ¿por quién
suspiras
si no suspiras por mí?
A suspirar al infierno,
¡que ya te la conocí!
Orgullo, altivez e
imperiosa agresividad se combinan en muchos cantares del Norte de Santander.
Características a las que en ocasiones se suma el estoicismo, actitud vital que en boca
de los trovadores suele disfrazarse con los matices del desdén o de la indiferencia. Así
en esta copla nortesantandereana, que es uno de los índices más reveladores de la
idiosincrasia regional:
Si me quieren, sé querer;
si me olvidan, sé olvidar;
si me desprecian, desprecio,
porque ese es mi natural.
Como en muchos otros
campos, en el de la expresión folclórica las generalizaciones son arbitrarias e
inciertas. Pero nuestras anteriores apreciaciones encuentran confirmación en los
"retrueques" o "contrapuntos" (desafíos) en que, tal como lo anota el
doctor Pabón Núñez, un hombre y una mujer suelen afirmar o contrastar orgullosa o
amenazadoramente, sus respectivos sentimientos. Estos desafíos poéticos, bajo los cuales
como es obvio subyace casi siempre la pasión amorosa, no son privativos del
Norte de Santander, pero en esta región colombiana revisten en ocasiones un típico
acento desafiante. Veamos los siguientes ejemplos:
1. Ella:
Vamos a coger café
de la pepa a la canasta;
al hombre comprendedor
con una palabra basta.
El:
Vamos a coger café
del más maduro al pintón;
si tescapátes del tigre,
no te escaparás del lión.
2. Ella:
Los claveles del jardín
se quedaron en botón:
así te quedátes vos
esperando la razón.
El:
Los claveles del jardín
se quedaron en espiga:
así te quedátes vos
esperando que te diga.
3. El:
Que sias la media naranja
y botoncito de rosa,
es lo que quero que sias
pa yo, muchachita hermosa.
Ella:
Yo soy la media naranja,
yo soy la naranja entera,
yo soy el botón de rosa...
pero no para cualquiera.
4. Ella:
Si la cura fuera amarga
yo te la diera a beber;
pa que aprendas a ser hombre
y a querer a una mujer.
El:
Allá arriba en aquel alto
tengo un pañuelo volando,
y en la punta va diciendo:
"Ya mi amor se está acabando" (
5
)
8. Versificadores,
rimadores y troveros
Desde la histórica
compilación de Rodríguez Marín, hasta los más humildes cancioneros, el folclorista
contemporáneo (a quien propiamente podría llamarse folclórogo) se encuentra en
presencia de obras predominantemente documentales, en que sus respectivos autores acogen
indiscriminadamente cuanto llega a sus oidos o a su conocimiento.
Son frecuentes, también,
las glosas que los compiladores escriben a manera de comentario de los cantares que
transcriben en sus obras. Con mucha frecuencia, en tales glosas se exageran las virtudes
poéticas del cantar que se está comentando y este llega a convertirse en un pretexto de
las prosas del comentarista.
Pero en este terreno de
las compilaciones folclóricas no existen que sepamos verdaderas antologías
realizadas con criterio selectivo. Esa circunstancia, sin embargo, no es infortunada
porque es la que nos permite precisamente diferenciar lo que va del simple rimador
hasta el trovero dotado de auténtico poder creador, de verdadera elación poética. La
escala de valores se inicia en el ripio, pasa por la simple rima, llega
al nivel del acierto poético y culmina en momentos estelares de la expresión poética
espontánea. Fuerza es reconocer que una gran parte de nuestras coplas populares son meros
ripios, carentes de verdadero valor psicológico o estético. Siguen, en la jerarquía del
folclore poético, los simples juegos de ingenio, las rimas más o menos felices, en que
la agilidad de la forma no alcanza a encubrir la pobreza del contenido. En un plano más
eminente se ubican los cantares intencionados o ingeniosos. Y por fin, en la cumbre de
este vasto panorama folclórico, brillan las joyas del sentimiento popular, surgidas de la
capacidad creadora y expresiva de auténticos trovadores.
Este escenario, que en su
zona más elemental confina con la glosolalia, presenta una serie de estratos
superpuestos. Recorriéndolos, realiza el investigador algo así como el ascenso a una
alta montaña tropical que como sucede con la Sierra Nevada de Santa Marta
hunde sus basamentos bajo el nivel del mar y en la que a medida que por ella se avanza
hacia la cumbre, van superponiéndose en sus distintos niveles todos los climas, con sus
faunas y floras características.
Desde luego, es en la base
de estas montañas donde más abunda la broza, las plantas espinosas e inclusive esos
manglares propios de las zonas anegadizas. Así, lo que el ilustre folclórogo brasileño
Paulo de Carvalho-Neto llama "el folclore secreto", compuesto por expresiones de
un grosero y elemental erotismo, que puede constituír un índice psicosomático, pero que
se encuentra fuera del campo del arte folclórico. Vendrá después, en paulatina
gradación, toda la gama de los climas templados y fríos. Hasta llegar a la zona de las
nieves perpetuas: la más austera y reducida, precisamente por ser la más elevada y
hermosa.
Recorriendo las dos
publicaciones en que hemos basado el presente capítulo, podemos traer a cuento todo un
repertorio de ejemplos para demostrar nuestra tesis. Esto, sin perjuicio de repetir,
cuando sea necesario, algunos de los cantares ya transcritos. Veamos de establecer esta
clasificación ascendente por lo que dice al departamento de Nariño:
Ripios:
a) Esta calle para arriba
la voy a hacer empedrar
para que pase mi negra
vestida de militar.
b) Allá arriba en esa
loma
tengo un palo colorado
de colgar mi sombrerito
cuando voy de enamorado.
Rimas:
a) De la peña brota el
agua
y del naranjo la flor;
mi corazón es la fragua
que brota llamas de amor.
b) Allá abajo en la quebrada
hay un poco de agua clara
donde se baña mi negra
con vino y agua rosada.
Aciertos:
a) Suspiros que de allí
vienen,
suspiros que de aquí van,
se encuentran en el camino:
qué abrazos no se darán!
b) En el jardín de tu
pecho
era jardinero yo;
y al tiempo de coger flores
otro jardinero entró.
Culminaciones:
a) Cómo quieres que una
vela
alumbre dos aposentos?
cómo quieres tú tener
dos corazones contentos?
b) Si los pechos cristal
fueran
se vieran los corazones;
no hubiesen falsas caricias,
ni se forjaran traiciones.
Por lo que dice a la obra
de Pabón Núñez, la clasificación valorativa que hemos propuesto podría ejemplarizarse
a traves de los siguientes cantares:
Ripios:
a) Todo el mundo tengo
andado
en busca de una cabuya,
y no he podido encontrar
boquita como la tuya.
b) Cuando salí de mi
tierra
de nadie me despedí,
tan solo de una tinaja
y el agua que me bebí.
Rimas:
a) El pajarito en la torre
se mantiene de mosquitos:
así me mantengo yo
con abrazos y besitos.
b) Los domingos oigo misa,
lo mismo los días feriaos;
a veces oigo rosario
y endespués un currulao.
Aciertos:
a) Las flores en el camino
nacieron pal caminante;
yo nací para quererte
y vos para ser mi amante.
b) Si me quieren, sé
querer;
si me olvidan, sé olvidar;
si me desprecian, desprecio...
porque ese es mi natural.
Culminaciones:
a) No quiero querer a nadie,
ni que me quieran a mí;
no quiero pasar trabajos
ni que los pasen por mí.
b) Por un imposible tengo
olvidar lo que se quiere:
amor que del alma nace
(ni) al pie de la tumba muere (
6
).
Ya para terminar este
suscinto examen, es oportuno recordar que los compiladores del folleto Cantares del
Departamento de Nariño citan en la nota liminar de su trabajo una cuarteta que es
"la primera copla hecha en el territorio nariñense" y, a nuestro parecer, una
de las primeras surgidas en el actual territorio colombiano. Su intención política evoca
un conocido capítulo de nuestra historia colonial:
Pues señor Gobernador,
mírelo bien por entero;
que allá va el corregidor
y acá queda el carnicero.
Colofón
Múltiples son los caminos
de la expresión folclórica. Y en Hispanoamérica todos conducen a una fuente idiomática
común, que no es otra que los antiguos cancioneros españoles. Las gentes de nuestros
campos y aldeas, sin saberlo, ni sospecharlo, son los herederos y continuadores de los
juglares y troveros castellanos de la Edad Media: el mester de joglaría se
perpetúa en ellos, renovándose sin cesar y enriqueciéndose paulatinamente en cuanto al
acento expresivo y al aspecto propiamente lexiocográfico, pero insistiendo en una misma
temática. Podría afirmarse que nuestros cancioneros populares son un glosario en
perpetuo devenir: glosario de aquellos temas fundamentales que desde siempre han
preocupado y ocupado al hombre sencillo, guardián de inmemoriales tradiciones porque es
el que más próximo se encuentra al "estado de naturaleza".
El presente ensayo de
síntesis y sistematización no hubiera sido posible sin la previa labor de meritorios
compiladores y exégetas. A todos ellos rinde el autor el homenaje de su simpatía
cordial, y muy en especial a la memoria de dos inolvidables amigos colombianos, don
Benigno A. Gutiérrez y don Octavio Quiñones Pardo, y de un ilustre folclorólogo y
etnomusicólogo mexicano: el maestro Vicente T. Mendoza. Sea la ocasión, también, para
dejar constancia del interés con que los miembros de la Junta Administrativa de la
Fundación Universidad de América y el doctor Luis Carrera, rector de la misma
Universidad, acogieron la fecunda iniciativa del doctor Carlos Medellín para crear, como
departamento dependiente de dicho organismo universitario, el Instituto Colombiano de
Etnomusicología y Folclore.
Bogotá, D. E., septiembre
de 1965.
IR AL SIGUIENTE CAPÍTULO
REGRESAR AL ÍNDICE
(
1
)
Ortiz, Sergio Elías; Ortiz, Laurencio: Cantares del Departamento de Nariño
(Primera Serie). Publicaciones del Instituto "Juanambú", número 5. Editorial
Cervantes, Pasto, 1946. (
regresar a 1
)
(
2
)
Pabón Núñez, Lucio: Muestras Folklóricas del Norte de Santander, Biblioteca
de Autores Colombianos (Ministerio de Educación Nacional). Ediciones de la revista
Bolívar. Editorial Cosmos, Bogotá (?), 1952. (
regresar
a 2
)
(
3
)
En forma gratuita y en un todo contraria a la realidad, el señor Manuel Mosquera Garcés
escribió alguna vez que no existen diferencias esenciales en la psicología de los
habitantes de los varios territorios de Colombia. Es lamentable que esta clase de
afirmaciones, tan dogmáticas como contraevidentes, hayan sido acogidas por el autor del
libro Muestras Folklóricas del Norte de Santander (véanse al respecto las
págs. 88 y 89). Que entre individuos de la especie humana no haya "diferencias
esenciales" es una cosa. Otra, insostenible, el que no existan diferencias entre los
distintos psiquismos regionales. El mismo doctor Pabón Núñez, en diversas partes de su
obra, se esfuerza por diferenciar netamente al nortesantandereano de los habitantes del
resto del país. (
regresar a 3
)
(
4
)
Estas formas enclíticas pronominales son muy peculiares del habla popular
nariñense. (
regresar a 4
)
(
5
)
Este "retruque" masculino es una variante de la copla recogida en La Unión
(Nariño) por los doctores Ortiz, tal como puede verse en la transcripción que de ella
hemos hecho en el primer punto del presente capítulo. (
regresar
a 5
)
(
6
)
Por nuestra propia cuenta, y entre paréntesis, agregamos al último verso de esta copla
la partícula que le da su hondo sentido emocional. Y al hacerlo así, estamos seguros de
que coincidimos con el original, porque a este nivel de la elación folclórica, los
trovadores no se equivocan. En cambio, quienes transcriben sus cantos, están expuestos a
involuntarias omisiones. (
regresar a 6
)
|