La poesía popular colombiana y sus orígenes españoles
Andrés Pardo Tovar
© Derechos Reservados de Autor

CAPÍTULO V
UNA DIAGONAL FOLCLÓRICA

5.jpg (5552 bytes)

No hay secciones del territorio colombiano más alejadas entre sí —geográfica, histórica, racial y psicológicamente hablando— que los departamentos de Nariño y Norte de Santander. Ambos son territorios fronterizos, con características propias y exclusivas. Limita el primero con la república del Ecuador y comprende un territorio agitado por las tremendas convulsiones geológicas de la cordillera andina. Abarca el segundo regiones montañosas, vertientes y valles fluviales, y zonas de muy variada topografía en todas las cuales predominan los climas ardientes, limitando por el este y el noroeste con los Estados Unidos de Venezuela.

En el primero, y por lo que dice a culturas aborígenes, se alcanza a percibir la influencia del admirable imperio incaico precolombino. En el segundo, las tribus aborígenes que en muy escasa proporción lo habitan, parecen no haber tenido nunca contacto con ninguna de las dos grandes civilizaciones aborígenes que florecieron en Suramérica: la chibcha y la quechúa.

Psicológicamente, el pueblo de Nariño, y especialmente el elemento mestizado, se encuentra mucho más próximo al Ecuador que al resto de Colombia. Los nortesantandereanos, por su parte, tienen muchas afinidades con los andinos venezolanos y por ello se ha podido hablar —mitad en broma, mitad en serio— de una hipotética "República del Táchira".

Resulta muy sugestivo, por consiguiente, el comparar algunas muestras de la poesía popular de ambas regiones. Lo que nos permitirá afirmar una vez más el carácter "ecuménico" —valga la expresión— del folclore poético colombiano. Afirmación que ya habíamos formulado respecto de la totalidad de las manifestaciones folclóricas no aborígenes de Hispanoamérica, a fuer de corrientes nacidas todas de una fuente única: el antiguo costumbrismo y la tradición idiomática de la península española.

1. Pies forzados y temas afines

Al redactar el presente capítulo tenemos a la vista dos valiosas contribuciones. Es la primera una compilación de cantares nariñenses ( 1 ) y la segunda un ensayo extenso sobre el folclore nortesantandereano ( 2 )

Los autores de la compilación nariñense advierten que las coplas que contiene su obra corresponden a cuatro distintas regiones de su departamento, que son "sensiblemente iguales por el clima de que disfrutan (entre 18 y 20 grados), el género de cultivos agrícolas, las costumbres y la viveza de espíritu". Estas regiones son las de La Unión, que primitivamente se llamó La Venta; Ricaurte, que en sus comienzos fue "un mesón solitario, en el antiguo camino de Barbacoas"; Sandoná, población progresista que cuenta con una existencia civil de un siglo y está situada "a lado y lado del antiguo camino a Consacá", y San José de Albán, cuyo fundador fue el presbítero José Gómez, quien "acometió la empresa titánica de edificar un poblado en un sitio topográficamente imposible, pero se propuso y lo hizo". De aquí el plan de su compilación: a) Cantares de La Unión; b) Cantares de Ricaurte; e) Cantares de Sandoná, y d) Cantares de San José de Albán.

El plan de la obra del doctor Pabón Núñez es muy diferente. En la primera parte de ella estudia lo relativo a las narraciones tradicionales, a las leyendas y a los romances y ensaladillas; en la segunda, cita y comenta muestras del cancionero tradicional: coplas, canciones de cuna, canciones infantiles y "canciones de gente adulta". Desde luego, este aporte es más ambicioso que la encantadora compilación de los doctores Ortiz, lo que explica su mayor extensión. Así, por ejemplo, antes de citar y comentar sus "coplas montañeras", dedica el autor un capítulo al estudio del nacimiento y origen de esos cantares.

Comparando los aportes que acabamos de relacionar hemos encontrado, desde luego analogías y diferencias, pero dentro de esa tónica común que es lo que liga y relaciona íntimamente, por sus mismas raíces, a los distintos repertorios regionales del folclore poético, no solo colombiano sino hispaoamericano en general.

En ambas obras encontramos cantares que son simple repetición o próximo trasunto de otros nacidos en España. Así, entre los recopilados en La Unión (Nariño), el siguiente:

A un sauce me subí
por ver si te divisaba;
como el sauce era tan tierno,
al verme llorar, lloraba.

La versión nortesantandereana se encuentra más próxima a su fuente original y dice así:

Me subí a un pino verde
a ver si la divisaba;
y como el pino era verde,
al verme llorar, lloraba.

En nota pertinente (pág. 159) el doctor Pabón Núñez transcribe el cantar español, que don Manuel de Falla utilizó en la tercera de sus evocadoras Canciones Populares Españolas:

Por ver si me consolaba,
arriméme a un pino verde.
Y el pino, como era verde,
por verme llorar, lloraba.

En los Departamentos de Cundinamarca, Boyacá y Tolima continúan surgiendo caudalosamente las coplas "de pie forzado". Que son todas aquellas que comienzan con una misma fórmula: Allá arriba en aquel alto, Yo no soy de por aquí, Esto dijo el armadillo, etc. Pues bien: el primero de estos "pies forzados" lo encontramos en dos de las coplas recogidas por los doctores Ortiz en La Unión (Nariño):

a) Allá arriba en aquel alto
viene un pañuelo volando,
y en las cuatro esquinas dice:
—El amor se está acabando,

b) Allá arriba en aquel alto
tengo un palo de aguacate
y cada que subo y bajo
se me queda el alpargate.

Ahora bien: en las poblaciones de Ricaurte, Sandoná y San José de Albán, el pie forzado cambia ligeramente. Se trata, en este caso, de la sustitución del vocablo "alto" (equivalente de cumbre o picacho) por "loma":

Allá arriba en esa loma
canta y chifla una torcaza,
y en el chiflidito dice:
—Pendejo es el que se casa.           (Sandoná)

Allá arriba en esa loma
hay un pozo de agua clara,
donde se baña mi negra
los piecitos y la cara.                    (San José de Albán)

Este último cantar recuerda de inmediato una copla venezolana utilizada por el maestro Antonio Estévez en la segunda de sus finas y originalísimas Canciones Venezolanas para soprano y piano. Por lo demás, y entre las coplas recogidas por los doctores Ortiz en San José de Albán, figuran no menos de cuatro en las que se utiliza otra muy difundida fórmula inicial, que refleja de inmediato la simpatía con que nuestros campesinos avizoran la curiosa y un tanto socarrona silueta de uno de los representantes más característicos de la fauna colombiana:

a) Esto dijo un armadillo
sentado en un arenal:
—Si no fuera por mi cola,
también sería general.

b) Esto dijo un armadillo
sentado en una chamisa:
—Si no fuera por mi cola,
también celebrara misa.

c) Esto dijo el armadillo
cuando iba a entrar a la cueva:
—Que no se me moje el rabo,
lo demás aunque se llueva.

d) Esto dijo un armadillo
sembrando unas arracachas:
—A la vieja, agua caliente,
y besos a las muchachas.

Obsérvese el carácter de las dos primeras coplas, en las que el pueblo condensó su experiencia vital censurando humorísticamente, y por via indirecta, la estructura social que consagra en el hecho de tantas discriminaciones y desigualdades de carácter socio-político, injustificables en una sociedad que se sigue considerando "cristiana y democrática".

En la obra de Pabón Núñez (pág. 98) se recogen cinco coplas santandereanas que se inician con un pie forzado que utilizan los trovadores espontáneos de muchas y muy diferentes regiones del país. Entre ellas figura una de carácter desafiante y otra en que apunta un ingenuo sentido cromático del paisaje.

Veámoslas:

a) Yo no soy de por aquí;
yo soy de Bucaramanga.
Si conmigo son los celos
puede seguir la parranda,

b) Yo no soy de por aquí,
porque soy de San José.
He venido a conocer
la blanca flor del café.

A juzgar por las muestras folclóricas contenidas en la compilación que tenemos a la vista, en Nariño predomina una fórmula inicial muy característica, en cuanto alude claramente a la topografía regional. Veamos algunos ejemplos:

Subiendo la cuesta arriba
se quebró la zanca un viejo.
El mismo se la compuso:
¡me gusta que no es pendejo!         (La Unión)

Subiendo esta cuesta arriba
con un manojo es iraca,
creyendo que era mi novia
le dije adiós a una vaca.                 (Sandoná)

En Sandoná, precisamente, recogieron los doctores Ortíz una variante de la primera de las coplas anteriormente citadas, que puede servir a manera de ejemplo de cómo comienza a modificarse la copla regional al pasar de una a otra región, o al ser repetida por otro trovador:

Subiendo esta cuesta arriba
la pata se quebró un viejo.
El mismo se la curó:
¡me gusta que no es pendejo!

2. Diferencias de idiosincrasia regional

Es ya un lugar común el afirmar en Colombia que el temperamento santandereano se caracteriza por su franqueza e inclusive por su agresividad. Y que el del pueblo nariñense se ubica en el polo opuesto de la escala psicológica colombiana, en cuanto es de signo introspectivo. En realidad, el pueblo nariñense alcanza más facilmente la zona del sentimiento lírico, en tanto que el nortesantandereano se mantiene de ordinario dentro de un clima en el que predomina la épica cuotidiana de gestos, expresiones y reacciones. Hasta cierto punto, estos juicios valorativos empíricos se justifican al comparar la "tónica" de los cantares de Nariño con la de las coplas nortesantandereanas ( 3 ).

Entre los cantares de La Unión figuran, en la citada compilación, algunos que son verdaderas joyas del sentimiento popular. Los hay madrigalescos, nostálgicos e inclusive elegíacos:

a) Los ojitos de mi negra
son verdes y son azules;
se parecen a los cielos
cuando se apartan las nubes.

b) ¡Qué lejos que está mi amor:
quién lo pudiera mirar!
Y esos cerros que los tapan
¡quién los pudiera aplanar!

c) Ya viene la noche triste
para mí, que estoy penando:
duerman los que tengan sueño,
que yo amanezco llorando.

Notoriamente inferiores por la forma y contenido son —en cambio— los cantares compilados en Ricaurte. Sin embargo, encontramos uno que, aunque a primera vista desconcierta, no tarda en comprenderse al encontrar que la desinencia verbal "consumo" debe interpretarse como inflexión del verbo sumergir:

Allá arriba en esa loma
vuela una paja en el viento,
y así me consumo yo
dentro de tu pensamiento.

Entre las coplas recogidas en Sandoná, y tal como lo anotan los compiladores, impera "la nota alegre del humorismo del labriego en su forma típica de contemplar la vida". Así lo demuestra la presencia de cantares como los siguientes:

a) Desde que te vi te quise
y de vos me enamoré.
Mas cuando te vi las patas
dije: ¡Ese diablo pa qué!

b) Tres cosas hay en el mundo
que no se pueden guardar:
una cocina sin puertas,
la mujer.., y un platanal.

e) Amores tuve en el campo,
amores en la ciudad:
amores que van y vienen
no tienen seguridad.

d) Cómo quieres que una vela
alumbre dos aposentos?
¿Cómo quieres tú tener
dos corazones contentos?

Pero entre estos cantares de Sandona se encuentran muchos que no solamente son índice de alegría, de humorismo y de esa espontánea y filosófica manera como suelen contemplarse a sí mismos nuestros campesinos. Los hay también que son finos y sugestivos madrigales:

a) No me mates con desdenes,
ni tampoco con puñal;
mátame con tus ojitos
y tus labios de coral,

b) La naranja nació verde
y el tiempo la maduró;
mi corazón nació libre
y el tuyo lo cautivó.

c) Tomá esta rosa, mi vida,
que ayer tarde la cogí;
la sembrarás en tu pecho
y acordaráste de . (
4 )

Por lo que dice a San José de Albán, los citados compiladores observan que en esa privilegiada región nariñense han nacido miles de coplas "en la faena de los trapiches y en las tareas de beneficiar el anís, pero que no ha habido quien las recoja." Lo cual es tanto más de lamentar cuanto que, a juzgar por el muestrario que encontramos en el interesantísimo folleto que tenemos a la vista, se encuentran cantares tan hermosos (a y b) o intencionados (c y d) como los siguientes:

a) ¡Qué bonita flor de mayo,
nacida en el mes de enero!
¿Cómo no te he de querer
si fuiste mi amor primero?

b) Si los pechos cristal fueran
se vieran los corazones;
no hubieran falsas caricias,
ni se forjaran traiciones.

c) Dices tú que no me quieres
porque tengo sangre baja:
si quieres querer a reyes,
cuatro tiene la baraja.

d) Cuando el hombre llega a viejo
todas son tribulaciones:
se le acortan los sentidos,
se le alargan los calzones.

Si comparamos los anteriores cantares nariñenses con muchos de los que han sido compilados en el departamento del Norte de Santander, podrá observarse fácilmente la divergencia de actitudes ante la vida, y la distancia psicológica que separa a estas dos comarcas colombianas. Todo, desde luego, sin perjuicio de ese fondo o "tónica" común que es lo que hace que la poesía popular y espontánea sea lo que es. Veamos, al respecto, algunos ejemplos. Ante el espectáculo del cielo estrellado, el trovador de Nariño entona este cantar:

Las estrellas en el cielo
corren una, corren dos;
así corren mis ojitos.
negrita, por verte a vos.

En cambio, ante el mismo panorama nocturno, el campesino nortesantandereano reacciona en sentido humorístico y casi agresivo como si quisiera eludir o superar el trance sentimental que comienza a germinar en su psiquismo:

Las estrellas en el cielo
no causan tanto alboroto
como yo cuando te veo,
cara de avispero roto.

Inclusive cuando se expresa en coplas idílicas o madrigalescas, el temperamento del campesino nortesantandereano deja transparentar su natural y subconsciente agresividad, como puede verse en las siguientes muestras

a) Si yo fuera pajarillo
no picara el trigo vano:
picara tu corazón
y un dedito de tu mano.

b) Ayer estabas de negro
y hoy estás de azul de raso.
Si tenés amores nuevos,
tengo que atajarte el paso.

e) Mi vida: ¿por quién suspiras
si no suspiras por mí?
A suspirar al infierno,
¡que ya te la conocí!

Orgullo, altivez e imperiosa agresividad se combinan en muchos cantares del Norte de Santander. Características a las que en ocasiones se suma el estoicismo, actitud vital que en boca de los trovadores suele disfrazarse con los matices del desdén o de la indiferencia. Así en esta copla nortesantandereana, que es uno de los índices más reveladores de la idiosincrasia regional:

Si me quieren, sé querer;
si me olvidan, sé olvidar;
si me desprecian, desprecio,
porque ese es mi natural.

Como en muchos otros campos, en el de la expresión folclórica las generalizaciones son arbitrarias e inciertas. Pero nuestras anteriores apreciaciones encuentran confirmación en los "retrueques" o "contrapuntos" (desafíos) en que, tal como lo anota el doctor Pabón Núñez, un hombre y una mujer suelen afirmar o contrastar orgullosa o amenazadoramente, sus respectivos sentimientos. Estos desafíos poéticos, bajo los cuales —como es obvio— subyace casi siempre la pasión amorosa, no son privativos del Norte de Santander, pero en esta región colombiana revisten en ocasiones un típico acento desafiante. Veamos los siguientes ejemplos:

1. Ella:
Vamos a coger café
de la pepa a la canasta;
al hombre comprendedor
con una palabra basta.

El:
Vamos a coger café
del más maduro al pintón;
si t’escapátes del tigre,
no te escaparás del lión.

2. Ella:
Los claveles del jardín
se quedaron en botón:
así te quedátes vos
esperando la razón.

El:
Los claveles del jardín
se quedaron en espiga:
así te quedátes vos
esperando que te diga.

3. El:
Que sias la media naranja
y botoncito de rosa,
es lo que quero que sias
pa yo, muchachita hermosa.

Ella:
Yo soy la media naranja,
yo soy la naranja entera,
yo soy el botón de rosa...
pero no para cualquiera.

4. Ella:
Si la cura fuera amarga
yo te la diera a beber;
pa que aprendas a ser hombre
y a querer a una mujer.

El:
Allá arriba en aquel alto
tengo un pañuelo volando,
y en la punta va diciendo:
—"Ya mi amor se está acabando" (
5 )

8. Versificadores, rimadores y troveros

Desde la histórica compilación de Rodríguez Marín, hasta los más humildes cancioneros, el folclorista contemporáneo (a quien propiamente podría llamarse folclórogo) se encuentra en presencia de obras predominantemente documentales, en que sus respectivos autores acogen indiscriminadamente cuanto llega a sus oidos o a su conocimiento.

Son frecuentes, también, las glosas que los compiladores escriben a manera de comentario de los cantares que transcriben en sus obras. Con mucha frecuencia, en tales glosas se exageran las virtudes poéticas del cantar que se está comentando y este llega a convertirse en un pretexto de las prosas del comentarista.

Pero en este terreno de las compilaciones folclóricas no existen —que sepamos— verdaderas antologías realizadas con criterio selectivo. Esa circunstancia, sin embargo, no es infortunada porque es la que nos permite —precisamente— diferenciar lo que va del simple rimador hasta el trovero dotado de auténtico poder creador, de verdadera elación poética. La escala de valores se inicia en el ripio, pasa por la simple rima, llega al nivel del acierto poético y culmina en momentos estelares de la expresión poética espontánea. Fuerza es reconocer que una gran parte de nuestras coplas populares son meros ripios, carentes de verdadero valor psicológico o estético. Siguen, en la jerarquía del folclore poético, los simples juegos de ingenio, las rimas más o menos felices, en que la agilidad de la forma no alcanza a encubrir la pobreza del contenido. En un plano más eminente se ubican los cantares intencionados o ingeniosos. Y por fin, en la cumbre de este vasto panorama folclórico, brillan las joyas del sentimiento popular, surgidas de la capacidad creadora y expresiva de auténticos trovadores.

Este escenario, que en su zona más elemental confina con la glosolalia, presenta una serie de estratos superpuestos. Recorriéndolos, realiza el investigador algo así como el ascenso a una alta montaña tropical que —como sucede con la Sierra Nevada de Santa Marta— hunde sus basamentos bajo el nivel del mar y en la que a medida que por ella se avanza hacia la cumbre, van superponiéndose en sus distintos niveles todos los climas, con sus faunas y floras características.

Desde luego, es en la base de estas montañas donde más abunda la broza, las plantas espinosas e inclusive esos manglares propios de las zonas anegadizas. Así, lo que el ilustre folclórogo brasileño Paulo de Carvalho-Neto llama "el folclore secreto", compuesto por expresiones de un grosero y elemental erotismo, que puede constituír un índice psicosomático, pero que se encuentra fuera del campo del arte folclórico. Vendrá después, en paulatina gradación, toda la gama de los climas templados y fríos. Hasta llegar a la zona de las nieves perpetuas: la más austera y reducida, precisamente por ser la más elevada y hermosa.

Recorriendo las dos publicaciones en que hemos basado el presente capítulo, podemos traer a cuento todo un repertorio de ejemplos para demostrar nuestra tesis. Esto, sin perjuicio de repetir, cuando sea necesario, algunos de los cantares ya transcritos. Veamos de establecer esta clasificación ascendente por lo que dice al departamento de Nariño:

Ripios:

a) Esta calle para arriba
la voy a hacer empedrar
para que pase mi negra
vestida de militar.

b) Allá arriba en esa loma
tengo un palo colorado
de colgar mi sombrerito
cuando voy de enamorado.

Rimas:

a) De la peña brota el agua
y del naranjo la flor;
mi corazón es la fragua
que brota llamas de amor.

b) Allá abajo en la quebrada
hay un poco de agua clara
donde se baña mi negra
con vino y agua rosada.

Aciertos:

a) Suspiros que de allí vienen,
suspiros que de aquí van,
se encuentran en el camino:
qué abrazos no se darán!

b) En el jardín de tu pecho
era jardinero yo;
y al tiempo de coger flores
otro jardinero entró.

Culminaciones:

a) Cómo quieres que una vela
alumbre dos aposentos?
cómo quieres tú tener
dos corazones contentos?

b) Si los pechos cristal fueran
se vieran los corazones;
no hubiesen falsas caricias,
ni se forjaran traiciones.

Por lo que dice a la obra de Pabón Núñez, la clasificación valorativa que hemos propuesto podría ejemplarizarse a traves de los siguientes cantares:

Ripios:

a) Todo el mundo tengo andado
en busca de una cabuya,
y no he podido encontrar
boquita como la tuya.

b) Cuando salí de mi tierra
de nadie me despedí,
tan solo de una tinaja
y el agua que me bebí.

Rimas:

a) El pajarito en la torre
se mantiene de mosquitos:
así me mantengo yo
con abrazos y besitos.

b) Los domingos oigo misa,
lo mismo los días feriaos;
a veces oigo rosario
y endespués un currulao.

Aciertos:

a) Las flores en el camino
nacieron pal caminante;
yo nací para quererte
y vos para ser mi amante.

b) Si me quieren, sé querer;
si me olvidan, sé olvidar;
si me desprecian, desprecio...
porque ese es mi natural.

Culminaciones:

a) No quiero querer a nadie,
ni que me quieran a mí;
no quiero pasar trabajos
ni que los pasen por mí.

b) Por un imposible tengo
olvidar lo que se quiere:
amor que del alma nace
(ni) al pie de la tumba muere (
6 ).

Ya para terminar este suscinto examen, es oportuno recordar que los compiladores del folleto Cantares del Departamento de Nariño citan en la nota liminar de su trabajo una cuarteta que es "la primera copla hecha en el territorio nariñense" y, a nuestro parecer, una de las primeras surgidas en el actual territorio colombiano. Su intención política evoca un conocido capítulo de nuestra historia colonial:

Pues señor Gobernador,
mírelo bien por entero;
que allá va el corregidor
y acá queda el carnicero.

Colofón

Múltiples son los caminos de la expresión folclórica. Y en Hispanoamérica todos conducen a una fuente idiomática común, que no es otra que los antiguos cancioneros españoles. Las gentes de nuestros campos y aldeas, sin saberlo, ni sospecharlo, son los herederos y continuadores de los juglares y troveros castellanos de la Edad Media: el mester de joglaría se perpetúa en ellos, renovándose sin cesar y enriqueciéndose paulatinamente en cuanto al acento expresivo y al aspecto propiamente lexiocográfico, pero insistiendo en una misma temática. Podría afirmarse que nuestros cancioneros populares son un glosario en perpetuo devenir: glosario de aquellos temas fundamentales que desde siempre han preocupado y ocupado al hombre sencillo, guardián de inmemoriales tradiciones porque es el que más próximo se encuentra al "estado de naturaleza".

El presente ensayo de síntesis y sistematización no hubiera sido posible sin la previa labor de meritorios compiladores y exégetas. A todos ellos rinde el autor el homenaje de su simpatía cordial, y muy en especial a la memoria de dos inolvidables amigos colombianos, don Benigno A. Gutiérrez y don Octavio Quiñones Pardo, y de un ilustre folclorólogo y etnomusicólogo mexicano: el maestro Vicente T. Mendoza. Sea la ocasión, también, para dejar constancia del interés con que los miembros de la Junta Administrativa de la Fundación Universidad de América y el doctor Luis Carrera, rector de la misma Universidad, acogieron la fecunda iniciativa del doctor Carlos Medellín para crear, como departamento dependiente de dicho organismo universitario, el Instituto Colombiano de Etnomusicología y Folclore.

Bogotá, D. E., septiembre de 1965.

IR AL SIGUIENTE CAPÍTULO

REGRESAR AL ÍNDICE

( 1 ) Ortiz, Sergio Elías; Ortiz, Laurencio: Cantares del Departamento de Nariño (Primera Serie). Publicaciones del Instituto "Juanambú", número 5. Editorial Cervantes, Pasto, 1946. ( regresar a 1 )

( 2 ) Pabón Núñez, Lucio: Muestras Folklóricas del Norte de Santander, Biblioteca de Autores Colombianos (Ministerio de Educación Nacional). Ediciones de la revista Bolívar. Editorial Cosmos, Bogotá (?), 1952. ( regresar a 2 )

( 3 ) En forma gratuita y en un todo contraria a la realidad, el señor Manuel Mosquera Garcés escribió alguna vez que no existen diferencias esenciales en la psicología de los habitantes de los varios territorios de Colombia. Es lamentable que esta clase de afirmaciones, tan dogmáticas como contraevidentes, hayan sido acogidas por el autor del libro Muestras Folklóricas del Norte de Santander (véanse al respecto las págs. 88 y 89). Que entre individuos de la especie humana no haya "diferencias esenciales" es una cosa. Otra, insostenible, el que no existan diferencias entre los distintos psiquismos regionales. El mismo doctor Pabón Núñez, en diversas partes de su obra, se esfuerza por diferenciar netamente al nortesantandereano de los habitantes del resto del país.   ( regresar a 3 )

( 4 )   Estas formas enclíticas pronominales son muy peculiares del habla popular nariñense. ( regresar a 4 )

( 5 ) Este "retruque" masculino es una variante de la copla recogida en La Unión (Nariño) por los doctores Ortiz, tal como puede verse en la transcripción que de ella hemos hecho en el primer punto del presente capítulo. ( regresar a 5 )

( 6 ) Por nuestra propia cuenta, y entre paréntesis, agregamos al último verso de esta copla la partícula que le da su hondo sentido emocional. Y al hacerlo así, estamos seguros de que coincidimos con el original, porque a este nivel de la elación folclórica, los trovadores no se equivocan. En cambio, quienes transcriben sus cantos, están expuestos a involuntarias omisiones. ( regresar a 6 )