La poesía popular colombiana y sus orígenes españoles
Andrés Pardo Tovar
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CAPÍTULO II
METROS Y GÉNEROS DE TIPO POPULAR


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En Hispanoamérica, las principales formas o estructuras de la expresión poética popular son la copla en sus distintas variedades; la décima; el romance, del que son derivaciones el corrido mexicano así como el galerón y el corrido colombo-venezolano y, hasta cierto punto, otros tres géneros poéticos que presentan características propias y que estudiaremos en el siguiente capítulo: el villancico, la canción de cuna y las rimas infantiles, a las que se añaden las adivinanzas en verso. Adviértase que en Colombia predomina la copla de cuatro versos octosílabos, en que el segundo y el cuarto riman en asonancia. En nuestras sociedades campesinas, la copla es la forma favorita de expresión, la más espontánea y también la que presenta mayor riqueza de contenidos.

1. La Copla

Desde muy antiguo, la palabra "copla" —en singular— designó en España una estrofa autónoma de tres a ocho versos diversamente asonantados o aconsonantados. Cada copla es una unidad poética tan acabada —guardadas proporciones— como un jai kai japonés. A más del octosílabo, encuéntranse en la copla los versos de cinco, seis y siete sílabas. En el Cancionero Musical de Palacio, que recoge producciones anónimas del siglo XV y comienzos del XVI, figuran textos que glosan coplas de tres versos octosílabos, como la siguiente:

Míos fueron, mi corazón,
los vuestros ojos morenos:
quién los hizo ser ajenos?

La copla de tres exasílabos, en que riman en asonancia los versos 1° y 3°, es menos frecuente:

Halcón que se atreve
con garza guerrera,
peligros espere.

Esta otra forma parte del texto de una de las más hermosas canciones polifónicas del Cancionero de Upsala:

Si la noche se hace oscura
y tan corto es el camino,
por qué no venís, amigo?

En la copla de cuatro versos se presentan dos variedades: la de versos iguales y la de versos desiguales. En ambos casos, y por regla general, los versos impares van sueltos y los pares riman en asonancia, bien que ocasional o excepcionalmente rimen en consonancia perfecta. Como ejemplo admirable de la primera variedad, podría citarse la siguiente copla colombiana:

A las más altas estrellas
mis suspiros van a dar:
y vos que vivís tan cerca
y no los sentís pasar!

La copla de versos desiguales no es otra cosa que la ágil y traviesa seguidilla, en la que los impares son heptasílabos y los pares pentasílabos. He aquí algunas muestras de seguidillas españolas:

De la Sierra Morena
vienen bajando
unos ojitos negros
de contrabando,

Dicen que no se siente
la despedida:
dile a quien te lo dijo
que se despida.

Nos habíamos referido ya a las coplas de guabina compiladas por Antonio José Restrepo en su Cancionero de Antioquia. Si algunas de ellas son seguidillas de pura estirpe española, otras se encuentran que son índices del sentimiento criollo y del costumbrismo regional. Cabe recordar que la "guabina" era un baile de ámbito regional y al mismo tiempo una "tonada popularísima antioqueña", según expresión del mismo compilador y comentarista. En el apéndice a la edición que del Cancionero de Antioquia realizó don Benigno A. Gutiérrez (Tonadas típicas campesinas), se cita el siguiente párrafo explicativo, tomado del artículo Vejeces, de don Eladio Gónima:

—"La guabina era un valse, solo que se cantaba con acompañamiento de cedros, que eran vihuelas de tamaño más bien grande, con cuatro cuerdas (hoy degeneradas en tiples) - Don Cesáreo Mesa y don Francisco Ortega las rasgaban a maravilla, cantando los graciosos versos que hacían reír bastante y tal cual vez  ruborizarse a las señoritas".

Veamos algunas muestras de estas muy características "seguidillas antioqueñas". Las dos primeras (a y b) fueron recogidas por el doctor Restrepo y las otras dos (c y d) por el señor Gutiérrez:

a) La guabina se baila
de a dos en fondo,
y en llegando la noche
armas al hombro!

b) Mira cómo se lleva
la arena el río:
así se va llevando
tu amor el mío.

e) Todo lo que me pidas
te lo concedo,
menos que te aborrezca,
bello lucero.

d) Y si vives alegre
mientras yo muero,
aunque nunca me mires
siempre te quiero.

Recordemos que en su célebre Memoria sobre el cultivo del maíz en Antioquia consignó Gutiérrez González los siguientes versos, que demuestran el carácter eminentemente popular de la antigua guabina antioqueña, lo que —dicho sea de paso— no se compagina con la definición que de ella da don Eladio Gónima ("valse que solo se cantaba con acompañamiento de cedros"):

Cantando a todo pecho la guabina,
canción sabrosa, dejativa y ruda,
ruda cual las montañas antioqueñas
donde tiene su imperio y fue su cuna.

Ejemplo de la seguidilla recién aclimatada —por así decirlo— en tierras de Antioquia y aplicada a la expresión de temas regionales, es el siguiente cantar, que consigna don Tomás Carrasquilla en su novela La Marquesa de Yolombó ( 1 ):

Las minas sin culebras
ni calenturas,
en vez de oros y platas
dan amarguras.

La quintilla de octosílabos es otra variedad, poco abundante, de la copla. En ella se combina la asonancia de los pares con la consonancia de los versos impares, como en la siguiente granadina, cumbre insuperable del sentimiento popular:

Una noche muy oscura
fui a llorar mi sentimiento
al pie de tu sepultura
y me contestó el silencio
-La muerte no tiene cura. (
2 )

La copla de cinco versos, o quintilla, es una estrofa excepcional dentro del panorama de la poesía popular colombiana. No lo es, en cambio, en el vasto horizonte del folclore poético mexicano. En su obra El Folklore y la Música Mexicana, el investigador Rubén M. Campos trae, entre otras la siguiente:

La mujer que tuvo amores
no sirve para casada,
porque dicen los doctores
que de su vida pasada
le quedan los borradores.

Se diría que este cantar es una variante "curialesca" o semi culta de la siguiente copla colombiana, que nos fue comunicada por el maestro Jesús Bermúdez Silva:

Yo no me caso con viuda
aunque la vistan de seda
porque mula que otro amansa
algún resabio le queda.

La copla de seis versos, o sextilla, excepcional dentro del cancionero español, brota espontáneamente en Hispanoamérica, especialmente en los países meridionales. De aquí que José Hernández la hubiese elegido para su Martín Fierro, el célebre poema gauchesco:

Aquí me pongo a cantar
a compás de la vigüela,
que al hombre que lo desvela
una pena estrordinaria,
como la ave solitaria
con el cantar se consuela.

En cambio, la sextilla solo aparece a título de curiosidad en el cancionero popular colombiano. En la obra De Túquerres a Tumaco, don Rufino Gutiérrez cita la siguiente:

Por tu ceja vivo ansioso;
por tu color singular;
tus ojos son de cristal,
tus pestañas laboriadas
y tu carita engastada
no me canso de mirar.

Las octavas y octavillas, al menos como estrofas sueltas, son también excepcionales en la poesía popular colombiana. El mismo autor transcribe, en la obra mencionada, la siguiente octava, en que riman en consonancia los versos 1° y 4°, 2° y 3°, 5° y 8°, 6° y 7°:

Para mí no hay sol ni luna,
noche, mañana ni día;
pues sólo en ti, vida mía,
pensando estoy a la una;
a las dos con atención;
a las tres dice mi suerte:
—Vida mía, que por quererte,
qué largas las horas son! (
3 )

Variedad de la copla española propiamente dicha es la petenera andaluza, una vez que de ella se hayan suprimido sus características reiteraciones, que no son de su esencia estructural, sino que responden a necesidades expresivas y formales de la correspondiente musicalización:

Dos besos tengo en el alma
que no se apartan de mí:
el último de mi madre
y el primero que te di.

Variantes de la copla española de cuatro versos son también los cantos de ronda de la provincia de León, en que el sentimiento amoroso se expresa casi siempre bajo el disfraz de la indiferencia o el desprecio:

Anda diciendo tu madre
que tú el rey te mereces,
y yo como no soy rey
no quiero que me desprecies.

Y también las admirables saetas andaluzas que brotan —como flores de fuego— al paso de las imágenes del Señor del Gran Poder y de la Virgen de la Macarena en las procesiones sevillanas de Semana Santa:

Míralo, por ayí viene
er mejor de los nacíos,
atado de pies y manos
y el rostro descolorío.

Por tierras hispánicas e hispanoamericanas suelen escucharse, a título excepcional, ciertos cantares de cuatro versos pentasílabos, como aquel en que un recluta —eco de nuestras contiendas civiles— se despide de su novia, o de su protectora:

La caja suena,
mi pecho llora;
adiós, señora,
me voy mañana.

Existe también la copla de cuatro exasílabos. En una venta campesina de Boyacá encontré alguna vez la siguiente, muy elíptica en su construcción y escrita —con pintoresca ortografía— en un cartel admonitorio:

Aquí no se fía
y pase adelante,
se pierde la venta
y más el marchante.

2. La Décima

Resulta singular, como ya lo han observado varios investigadores, el hecho de que la décima o espinela —estrofa singularmente complicada y artificiosa por lo que dice a su estructura— sea una de las formas de expresión poética popular. Y esto, a la altura de la mayor parte de los países hispanoamericanos. Tanto mas si se tiene en cuenta que la décima es la estrofa que prefieren —o que preferían— los improvisadores o repentizadores, que por cierto se llaman todavía decimeros en el Chocó, donde tuvimos oportunidad de escuchar a uno de ellos, negro nonagenario.

El caracter casi "virtuosista" de la décima, y su ajustada y difícil estructuración, en que el contenido debe desarrollarse en estrecha armonía con la rima característica, es lo que subraya don Miguel Tobar (1782-1861) en una décima comparable al célebre Soneto a Violante, de Lope de Vega:

De fácil composición
una décima parece
y por eso se apetece
para cualquiera función;
pero en la distribución
del pensamiento adoptado,
su mérito está fincado
en que sin ningún estorbo
concluya el último sorbo
con el último bocado (
4 ).

A los decimeros del Chocó, en Colombia, corresponden los decidores argentinos, los improvisadores chilenos, los versificadores puertorriqueños, los cantadores de Nuevo México, y otros bardos espontáneos de Centroamérica, Venezuela y las Antillas. En Santo Domingo se recogió la siguiente décima, desafiadora y afirmativa, en la que se escucha el acento y la cadencia característica del negro o del mulato:

Yo mismo no sé decí
lo que en ciencia puedo da.
Grande soy en el versá
y grande en el producí.
Vengan cantadore mil
para que vean mi talento.
Yo fui a cantá a un convento
donde vi la Majestá
y, para haceme callá,
soplaron lo cuatro viento (
5 ).

Puede verse cómo la rima, en la décima anterior, coincide exactamente con la clásica disposición de la consonancia de los versos primero, cuarto y quinto; segundo y tercero; sexto, octavo y décimo; y séptimo y noveno, tal como puede verse en los modelos antológicos españoles. Existe en la poesía culta otra estructura de la décima, en que riman en consonancia los versos primero, tercero y quinto; segundo y cuarto; sexto, octavo y décimo; y séptimo y noveno. Así en la última estrofa de la glosa intitulada Si de mis mayores gustos, en que Sor Juana Inés de la Cruz describe conceptuosamente "la catástrofe de las dichas y aun deseos de los Amantes":

Pues te quiero de manera,
y el bien así me limito,
que al Cielo le agradeciera
si el gusto que a mí me quito
a ti, Fabio, te lo diera.
Que estimo tanto tus gustos
que, sin mirar mi pesar,
o sean justos o injustos,
tus gustos he de comprar
aunque me cuesten disgustos.

A propósito de la glosa —palabra con la que se designa con frecuencia a la décima, y esto al uso de los clásicos españoles— habría que recordar que es una artificiosa estructura en la que se comentan ("glosan") los conceptos expresados en una cuarteta o en una quintilla. Aquí, y en su orden, cada décima remata con uno de los versos de la estrofa comentada o "amplificada". Los ejemplos de glosas o décimas glosadas populares son inagotables, especialmente en México, Puerto Rico, Argentina y Chile. En ciertas regiones de Colombia se han recogido también muestras muy interesantes de este tipo de secuencias poéticas: así en los departamentos de Bolívar, Magdalena y Santander. Cabría observar que algunas de estas glosas constan de cinco décimas, porque se basan en una quintilla.

Dentro de las décimas glosadas, y por lo que dice a su tema o contenido, abundan las de carácter religioso y existen otras de carácter histórico, propiamente amoroso e inclusive fantástico. Pero de lo que en ellas se trata, ante todo, es de un juego de ingenio, de un alarde de virtuosismo verbal, o, como escribe Santullano ( 6 ), de una "expresión artística que satisface la necesidad popular de evocar, comentar y comunicar los sentimientos y preocupaciones individuales y generales que interesan a la vida particular y social".

Las mejores muestras de décimas glosadas han sido recogidas en Colombia por don Juan de Dios Arias, por el Pbro. Samuel Jaramillo Henao y por don Gnecco Rangel Pava. Este último, en su obra Aires Guamalenses (
7 ), compiló dos, escuchadas por él en la población de Guamal o Nuestra Señora del Carmen de Barrancas (departamento del Magdalena): "Salen las décimas, escribe, no de bailes ni de danzas, sino de aquel espíritu alegre y abierto que quiere dar de sí algo de rima y nota cuando el tufo del aguardiente se ha propagado un tanto por los aposentos de la cabeza del cantador, y sin más acompañamiento que el de su espíritu retozón y festivo, le da rienda suelta al magín y se pone a cantar (.. .). Muchas veces se da el caso de saltar del tumulto otro cantarín que suelta la décima tan pronto como oye el pie, y siguen luego en este juego, o como ellos dirían: —Dando el uno el pie y entrojando el otro".

La segunda de tales glosas en décimas —titulada La Morena— es incompleta, como que falta un verso a cuatro de las cinco estrofas de que consta. La primera —que podríamos titular José los Santos Moreno por el nombre del personaje aludido, se basa en una quintilla muy sugestiva, que basta para que el "cantarín" desarrolle una historia mitad costumbrista, mitad fantástica, en que surgen elementos supersticiosos, se contrapone la hechicería de una "médica" a la "vana ciencia" de un "médico profano" y se consigue un desenlace de carácter legendario:

En una noche sin luna
del hermoso abril sereno,
una carta apareció
que con su mano escribió
José los Santos Moreno.

(1) Consta en ella, en realidad,
lo poquito que debía;
de todos se despedía
porque iba a la eternidá.
Con su intención sin piedá
resolvió, sin pena alguna,
abandonar la fortuna;
mas como la muerte aterra
resolvió viajar por tierra
en una noche sin luna.

(2) Comienza la mala fe.
Es culpable Florentino
o dicen que Juan Paulino
otros que Virgilio fue
que en su carácter de juez,
de soberbia todo lleno
en el despacho, sin freno,
lo amenazó con porfía,
y  todo esto pasó un día
del hermoso abril sereno.

(3) Se declara en pura guerra
el don de la hechicería;
comienza la habladuría
de la Médica por tierra,
que al puro Luzbel se aferra,
pero éste no la oyó.
Ella siempre prosiguió
por salvarlo de la muerte
y echando suertes y suertes
una carta apareció.

(4) Carmen, médico profano,
consulta la vana ciencia,
y dice que sin redencia
se ahogó en el puerto de Chano.
Con la botella en la mano
hace tiempo que expiró.
La hora mala lo halló
con la conciencia bien harta;
por eso dejó la carta
que con su mano escribió.

(5) Dijo el brujo de Garzón
que es mentira, no está muerto;
que anda por el desierto
con un libro en confusión.
Se hace zorro y conejón
y se mantiene de heno,
y del pasto del veneno
de por sí no se suicida,
porque está lleno de vida
José los Santos Moreno.

En la región de Manaure de los Robles (departamento del Magdalena) recogió el Pbro. Samuel Jaramillo Henao ( 8 ) una interesantísima serie de décimas glosadas. "Muy lejos de los mares, escribe el compilador, distante de la albura de la Sierra Nevada de Santa Marta, que se divisa a lo lejos colocada como un copo de algodón en medio del firmamento, se halla Manaure de los Robles: esa misma lejanía, esa nostalgia de nieves perpetuas que brilla en sus ojos, ha ido labrando en el alma sencilla de sus habitantes un sentimiento poético profundo y riquísimo". En lo cual tiene toda la razón el distinguido sacerdote, como lo demuestran las interesantísimas muestras que transcribe. Son diez glosas en décimas, entre las cuales hay algunas "a lo divino" y otras varias "a lo humano", tan hermosas y sugestivas como la intitulada Los cuatro colores:

Estaban cuatro colores
en gran argumento un día
blanco, negro y colorao ( 9 )
y el azul los combatía.

(1) Sale el blanco muy ufano
diciendo: —Soy el primero;
de mi color es el velo
que rompen en el Calvario;
blanco es el palio sagrado
y azuceno entre las flores;
y de mi color, señores,
es la sal de bautizar.
Porque en este argumentar
estaban cuatro colores.

(2) Sale el negro en su conforte
diciendo que se admiraba
que de su color se hallaban
vestidos los sacerdotes;
los señores de la corte
de capa negra vestían;
negro es el manto’e María
en la Sagrada Pasión.
Y tenían revolución
con gran argumento un día.

(3) Estando todos presentes
ya se llegó el colorao:
—Se apartan todos a un lao
que soy banda’e presidente;
de mí visten los valientes,
insignia de lo’ soldao’
y soy el abanderao
que todos los llevo al frente
a lucir entre la gente
blanco, negro y colorao.

(4) Salió el azul de su encanto
a visitar los colores,
y: —De mi color, señores,
aquellos tres clavos santos;
azul el cielo y sus astros,
y todas sus jerarquías
y azul el manto’e María.
Y todos se conformaron.
Blanco, negro y colorao
y el azul los combatía.

Obsérvense las rimas asonantes y consonantes, cuya disposición coincide exactamente con la estructura de la espinela clásica. Sobraría insistir, por lo demás, en la ingeniosidad de este imaginario debate entre "los cuatro colores", tema cuyo desarrollo demuestra, en el anónimo autor de estas décimas, una singular capacidad para manejar poéticamente asuntos de índole ingenua, pero que lindan con lo abstracto.

Don Juan de Dios Arias, meritísimo investigador, transcribe en una de sus obras ( 10 ) cuatro glosas recogidas por él en el departamento de Santander. La primera es una interesantísima y múltiple reminiscencia del romancero español:

Soy la puente de Mantible
y los brazos de Mambroy,
los Siete Infantes de Lara
y lo que te digo soy.

(1) Ricaurte de Normandía,
Oliveros afamado,
soy gobernador nombrado
de Francia y Andalucía;
yo soy el profeta Elías,
el bravo León y temible,
soy vencedor de imposibles,
y guardo bien mis tesoros
y entre los turcos y moros
soy la puente de Mantible.

(2) Soy hermano de Oliveros,
primo hermano de Roldán,
de Roberto y el Soltán
soy legítimo heredero,
pues soy la espada de acero
que combatió un batallón;
he de lidiar como un lión
hasta dar contigo en tierra,
y entre tanta paz y guerra
soy los brazos de Mambroy.

(3) Yo me llamo rey romano,
de apellido Gierabrás,
que sacándome a peliar
no dejo contrario sano;
yo soy más duro que el bronce;
si hubiere uno del confronte
se atreva a sacar la cara,
yo lo habré de someter
y no ha de poder vencer
los Siete Infantes de Lara.

(4) Solo don Bernardo Carpio,
que hombre tan valiente ha sido
cual yo también ha salido
a peliar a campo raso;
si hubiere uno en este caso,
que salga en el día de hoy,
que yo también aquí estoy,
con mis armas y mi maña;
soy general en campaña
y lo que te digo soy.

Tiene sobrada razón el compilador al anotar que el "sabor arcaico y especial artificio" de esta glosa inducen a creer "que se remonta a la época en que estaba aún fresca la influencia del romancero" en el Nuevo Reino de Granada.

En una de sus obras ( 11 ), don Benigno A. Gutiérrez transcribe —bajo el título de "Vueltas y Cañas"— una glosa antioqueña que coincide singularmente con la recogida en Santander por el señor Arias. Desgraciadamente, la glosa está incompleta, porque a la tercera décima, que el compilador ubica antes que la segunda, le faltan los seis últimos versos. Aquí la reproducimos en su orden lógico:

Soy la puente de Mantible,
soy el brazo de Monroy,
los Siete Infantes de Lara
y lo que te digo soy.

(1) Soy Ricaurte de Normandía,
Oliveros afamado,
soy el campeón nombrado
de Francia y Andalucía;
yo soy el profeta Elías,
el bravo lión y el terrible,
soy el que venzo imposibles
y dueño de los tesoros,
y entre los turcos y moros
soy la puente de Mantible.

(2) Soy hermano de Oliveros,
primo hermano de Roldán,
de Ruperto y del Sultán
soy legitimo heredero;
yo soy la espada de acero
del principal batallón,
que ha de reñir como un lión
hasta dar contigo en tierra;
entre la paz y la guerra
soy el brazo de Monroy.


(3) Soy Talante Buitamonte,
mi apellido es Fierabrás,
que tocándome no más
soy más caliente que un bronce.

(4) Dicen de Bernardo el Carpio
que muy valeroso ha sido;
junto con él he salido
a peliar en campo raso;
y si hubiera en este caso
quien se oponga en el día de hoy
que se venga que aquí estoy
presentándole campaña:
soy general en campaña 
y lo que te digo soy.

Del examen y comparación de estas dos versiones puede deducirse, entre otras cosas la popularidad de que gozaron los romances tradicionales españoles en nuestro país, al igual que otras muchas zonas de Hispanoamérica, tal como se verá en el tercer punto del presente capítulo y el hecho de la difusión de esta clase de expresiones del sentimiento poético del pueblo, que en ocasiones resulta absurdo considerar originarias de la región donde las recoge el compilador.

En los apéndices de la citada edición del Cancionero de Antioquia del doctor Restrepo (págs. 393-94 y 396-98) figuran dos "glosas populares" de positivo interés. La primera, recogida por don Juan J. Botero, es como sigue:

Si te fueras a bañar
avísame tres días antes,
para empedrarte el camino
de rubises y diamantes.

(1) Para el sol en sus ardores
no ofender a tu persona,
haré formar una sombra
con las mas hermosas flores.
Como también los cantores
afamados del lugar,
todos vayan a tocar,
con clarines y trompetas,
las canciones más completas
si te fueras a bañar.

(2) Por el piso regaré
de aquellas flores más bellas,
y de topacios y perlas
el camino aljombraré.
Mil oficiales pondré
a trabajar el diamante,
y en obra tan importante
y para cumplirse así
se colocará un rubí:
avísame tres días antes.

(3) Con un gusto singular
y con profunda alegría,
también te tendré ese día
el agua como un cristal;
para onde quieras pisar
pisares sobre oro fino,
y no es falso lo que digo:
si gustas lo cumpliré
y hasta yo trabajaré
para empedrarte el camino.

(4) Una silla encharolada
vendrá para que te sientes,
también pa’ que te refresques
a las orillas del agua;
y además de ir fabricada
por hábiles fabricantes,
del oro y plumas brillantes
que en la China sean habidos,
pues tus pies irán vestidos
con rubises y diamantes.

Hay algo, en el acento y el vocabulario de la glosa anterior, que nos mueve a pensar que es una version semi-popularizada de un original escrito por un versificador letrado. Así parece indicarlo —al menos por lo que se refiere a la cuarta décima— la mención del oro y de las plumas "que en la China sean habidos". Más espontánea y auténtica nos parece la segunda, que se encuentra encabezada con la siguiente leyenda: "Glosa popular. Según el ciego Danielito, de Sonsón, remitida por una alta dama de allí". Veamos esta deliciosa muestra folclórica, en la que no falta la característica y muy frecuente enumeración de nombres femeninos:

A las orillas de un río
y a la sombra de un laurel,
me acordé de ti, bien mío,
viendo las aguas correr.

(1) Como en una procesión,
yo vide muchas mujeres
que convidaban placeres
encendiendo el corazón:
era bella Encarnación,
que me dejó embelecío;
toy al perder el sentío
entre tanta maravilla.
Quién abrazara a Juanilla
a las orillas de un río.

(2) Yo vide una Clara
oculta matizada de esmeralda,
y también vide una Justa
en compañía de una Eduarda
que tocaba una guitarra:
Margarita, un cascabel.
Jacinta escribió un papel
y se lo dio a Catalina:
Josefa la vista inclina
a la sombra de un laurel.

(3) Yo vide una Ana Maria,
vide a Trinidá y Polonia,
vide a Luisa y Celedonia,
vide a Francisca y Lucía; a
trás iba Rosalía
que brillaba entre el gentío:
Jesús! Cuánto señorío
con sus halagos me llama.
Yo, al verme entre tanta dama,
me acordé de ti, bien mío.

(4) Iba tocando la caja
una sin par Maria Engracia;
toca pandereta Ignacia,
brinca Inés como una maja;
ríen Luz y Bonifacia,
Rita canta con Toribia,
por el agua se solivia
Amor, que las va a coger,
pero su pasión se entibia
viendo las aguas correr.

A más de las glosas en décimas, existe en Colombia la décima suelta cuya autonomía recuerda la autárquica posición de la copla propiamente dicha. Esa característica —el que cada décima se baste a sí misma— explica el que en ella fluya la versificación con mayor naturalidad, por contraste con aquellas que necesariamente tienen que terminar con el respectivo "pie forzado". En la citada obra (pág. 51), transcribe don Benigno A. Gutiérrez la siguiente, de marcada intención social:

El rico toma sus copas
di’aguardiente o más vacias;
si bebe todos los días
lo hace por tomar la sopa;
mas si es de poquita ropa
aquel que toma licor,
lo llevan con deshonor
a la cárcel, si se ofrece;
porque en toíta ocasión
siempre el pobre desmerece.

Muchos otros ejemplos, por lo que dice a la décima, podrían espigarse en el cancionero colombiano. Basten los citados aquí, u toda vez que la presente monografía no aspira a ser ni una compilación, ni una antología exhaustiva. No quisiéramos, sin embargo, terminar este breve examen de la décima sin recordar alguna de las que escribió el poeta puertorriqueño Luis Llorens Torres (1878 - 1944), a manera de ejemplo insuperable de décima suelta y de expresión poética de ingenuo y puro sabor criollo:

Cuando yo más la quería
se fue para el camposanto.
Toda la sal de mi llanto
no sazona el alma mía.
En mi choza ya vacía
el ave del luto arrulla,
y el can del recuerdo aúlla
las veces que en ansias locas
por ir en pos de otras bocas
dejé de besar la suya.

 

CONTINUA

 

( 1 ) Tomás Carrasquilla: La Marquesa de Yolombó. "Obras Completas", ed. cit. Tomo II, pág. 90. ( regresar a 1 )

( 2 ) La musicalización de esta quintilla —en el estilo melismático del antiguo cante jondo— se transcribe en el estudio Perfil y Semblanza de Vicente Espinel, por Andrés Pardo Tovar (ed. cit., pág. 41). ( regresar a 2 )

( 3 ) Los cantares compilados por don Rufino Gutiérrez se transcriben en la obra La Literatura Colonial y la Popular de Colombia, por Gustavo Otero Muñoz. Imprenta Artística, La Paz (Bolivia), 1928, págs. 279 y 282, respectivamente. ( regresar a 3 )

( 4 ) Véase la Historia de la Literatura en Nueva Granada, por J. M. Vergara y Vergara. Tomo III, pág. 69. Biblioteca de la Presidencia de Colombia. Vol. 50, Bogotá, 1958. ( regresar a 4 )

( 5 ) Emilio Rodríguez Demorizi, en su obra Del Romancero Dominicano, afirma que "la décima es nuestro metro popular por excelencia". Lo que Pedro Henríquez Ureña explica diciendo que "el oído dominicano necesita consonantes, por eso nuestro pueblo gusta de las décimas y de las redondillas". (Lo anterior, en Romances y Canciones de España y América, por Luis Santullano. Librería Hachette, S. A. Buenos Aires, 1955, págs. 881-82). ( regresar a 5 )

( 6 ) Luis Santuallo: obra cit., pág. 883 ( regresar a 6 )

( 7 ) Gnecco Rangel Pava: Aires Gaumalenses. Editorial Kelly, Bogotá, 1948, págs. 141 y sgtes. ( regresar a 7 )

( 8 ) Samuel Jaramillo Henao, S. J.: "El Canto Popular en el Magdalena". Revista Colombiana de Folklore. Segunda época, N° 2. Bogotá, junio de 1953. págs. 32-53. ( regresar a 8 ).

( 9 ) Colorao (colorado) es sustantivación popular de un adjetivo que denota el rojo, color por excelencia para la sensibilidad de las gentes sencillas. ( regresar a 9 )

( 10 ) Juan de Dios Arias: Folklore Santandereano, Tomo II. Biblioteca Santander, Vol. XXIV. Bucaramanga, 1954, págs. 135-142. ( regresar a 10 )

( 11 ) Benigno A. Gutiérrez: De todo el maíz. Imprenta Departamental. Medellín, 1944, pág. 72. ( regresar a 11 )