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ARTHUR RIMBAUD
Arthur Rimbaud
(Charleville, 1854 - Marsella, 1891). Este poeta francés perteneciente al mítico grupo
de los Malditos, es quizá la voz más influyente de la poesía del último siglo.
Conocedor de varios idiomas (latín, griego, inglés, alemán, ruso, indostaní y árabe)
desde la infancia demostró su extraordinario talento artístico.
A los catorce años inició sus fugas de casa y sus vagabundeos por Europa. En 1871
escribió el primero de sus importantes poemas (El barco ebrio) y conoció a
Verlaine, con quien sostuvo una fructífera y escandalosa relación, que terminó con
Rimbaud herido de bala y con su amigo en prisión.
En 1873 publicó en Bruselas Una temporada en el infierno, el gran hito de su
videncia poética. Entre 1872 y 1875 creó las Iluminaciones, y abandonó para
siempre la literatura. Viajó por numerosos países de Europa, Asia y África, y luego se
radicó en Abisinia, como comerciante de café, buscador de oro, explorador y traficante
de armas. En 1891 regresó a Francia acosado por un tumor en la rodilla que lo llevaría a
la muerte. Su magnífica obra ligada a su delirante vida se convirtió rápidamente en
leyenda.
MAÑANA
DE EBRIEDAD
¡Oh mi Bien! ¡Oh mi Bello! ¡Fanfarria atroz donde no tropiezo! ¡Caballete mágico!
¡Hurra por la obra inaudita y el cuerpo maravilloso, por la primera vez! Esto empezó con
las risas de los niños y esto terminará con ellas. El veneno quedará en nuestras venas
aun cuando, yéndose la fanfarria, se nos devuelva a la antigua inarmonía. ¡Oh ahora,
nosotros, tan dignos de estas torturas!, ¡reunamos con fervor esta promesa sobrehumana
hecha a nuestro cuerpo y a nuestra alma creados: esta promesa, esta demencia! ¡La
elegancia, la ciencia, la violencia! Se nos ha prometido enterrar en la sombra el árbol
del bien y el mal, desterrar las honestidades tiránicas, para que pudiésemos llevar
nuestro amor purísimo. Esto comenzó por algunas repugnancias y esto termina -no pudiendo
aferramos de inmediato a esta eternidad-, esto termina por una desbandada de perfumes.
Risas de niños, discreción de esclavos, austeridad de vírgenes, horror de las figuras y
los objetos de aquí, sagrados sean ustedes por el recuerdo de esta vigilia. Esto comenzó
con toda la patanería, y he aquí que termina todo con ángeles de llama y hielo.
¡Pequeña vigilia de embriaguez, santa!, aun sólo fuera por la máscara con que nos has
gratificado. ¡Te afirmamos, método! No olvidamos que ayer glorificaste cada una de
nuestras edades. Guardamos fe en el veneno. Sabemos dar enteramente nuestra vida a diario.
He aquí el tiempo de los Asesinos.
FRASES
Cuando el mundo sea reducido a un solo bosque negro para nuestros cuatro ojos asombrados
-a una playa para dos niños fieles, -a una casa musical para nuestra clara simpatía, -te
encontraré.
Que sólo haya aquí abajo un viejo solo, apacible y hermoso, rodeado de "lujo
inaudito" -y estaré a tus rodillas.
Que yo haya realizado todos tus recuerdos -que sea la que sabe estrangularte-, te
ahogaré.
Cuando seamos muy fuertes -¿quién retrocede?, muy alegres-, ¿quién cae de ridículo?
Cuando seamos muy malos -¿qué será de nosotros?
Adórnense, bailen, rían. -No podré nunca echar el amor por la ventana.
-¡Mi camarada, mendiga, niña monstruo!, cómo te dan lo mismo esas desdichadas y esas
maniobras, y mis embarazos. Apégate a nosotros con tu voz imposible, ¡tu voz!, único
adulador de esta vil desesperación.
Mañana nublada de julio. Un gusto de cenizas vuela en el aire; -un olor de madera suda en
el fogón, -las flores maceradas-, la devastación de los paseos-, la brisa de los canales
por los campos -¿por qué no ahora los juguetes y el incienso?
He tensado cuerdas de campanario a campanario; guirnaldas de ventana a ventana; cadenas de
oro de estrella a estrella, y danzo.
El alto estanque humea continuamente. ¿Qué hechicera se levantará en el crepúsculo
blanco? ¿Qué frondas violetas descenderán?
Mientras los fondos públicos se disipan en fiestas de fraternidad, una campana de fuego
róseo suena en las nubes.
Avivando un agradable olor de tinta china, un polvo negro llueve dulcemente sobre mi
vigilia. -Bajo las luces de la lámpara, me arrojo al lecho, y vuelto hacia el lado de las
sombras, las veo, ¡mis muchachas!, ¡mis reinas!
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Versión al español de
Marco Antonio Campos
Una Temporada
en el Infierno, Iluminaciones, Carta del Vidente
Arthur Rimbaud
ISBN 958-97198-7-2
Común Presencia Editores
comunpresencia@yahoo.com
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