Rodrigo Noguera Barreneche
RODRIGO NOGUERA BARRENECHE
El 27 de noviembre de 1892, cuando faltaban ocho años para que
terminara el siglo XIX, en la casa del matrimonio Noguera
Barreneche, hay mucha tensión. Afortunadamente, al final de la
jornada, cuando el traslado de agua hervida y toallas limpias se ha
calmado, una de las mujeres que vivía la tensionada angustia, sale
de una habitación para decir que el parto ha salido bien: "Es un
varón", dice.
En la ciudad de Santa Marta que fundara Bastidas, muy cerca de las
tranquilas aguas de la bahía que han llamado la más bella de
América, ha nacido un niño al que le han de poner el nombre del
conquistador, Rodrigo. Con los años, el muchacho contemplará esa
geografía del Caribe y se ha de extasiar ante esa enorme orografía,
la Sierra Nevada que se levanta a la orilla del mar, como un
extraño fenómeno natural y que se da en la ciudad donde ha
nacido.
El soneto que titulará "Ciudad natal" está marcado por lo
clásico, por las formas precisas de la tradición: "Cabe tu nívea
sierra, Santa Marta,/ Que cual bastión de granito/ Se yergue hasta
besar el infinito,/ Con la rudeza varonil de Esparta,// Nadie osará
decir de dónde parta/ El plañidero y gemebundo grito,/ Que en las
noches calladas, cuando el mito/ La dulce paz del corazón
descarta,// Siniestro por los ámbitos resuena;/ Pero al claror de
la naciente Luna,/ Se ve surgir la sombra de Bastidas,// Llorando
los rigores de la pena/ Que, adversa, deparóle la fortuna,/ Bajo el
hierro de infandos homicidas".
Bajo el ardiente sol, con cientos de muchachos de su edad, Rodrigo
Noguera Barreneche hace estudios de primaria y bachillerato en el
Liceo Celedón. Hay una diferencia con ellos. Se gradúa de bachiller
a los 16 años. Quienes conocen sus capacidades intelectuales le
llaman El Sabio y es tan cierto ello que a tan temprana edad, una
vez se titula, es acogido por la institución donde se acaba de
educar, para que dicte latín, álgebra y geometría, labor que en una
primera etapa desempeñará durante tres años.
Cuando cumple 19, Rodrigo Noguera se dispone a realizar un largo y
no fácil viaje. Cerca de Santa Marta, su ciudad natal, está el río
Magdalena y por él subirá en barco de vapor a Honda para escalar
por la montaña a Bogotá. Ha obtenido la única beca que el
departamento concede para que realice estudios en la Escuela
Militar. Se ve obligado aceptarla, aunque no es lo que quiere
adelantar académicamente. Hubiera preferido artes liberales. Ya
sobre la cúspide de la cordillera Oriental, donde se halla la
ciudad que fundara el conquistador don Gonzalo Jiménez de Quesada,
del que dicen era nacido en Granada, España, pero de otra parte, en
su permanencia al otro lado del mar, más cerca a los climas
ecuatoriales, se había convertido en samario por adopción.
Dos años duró Noguera Barreneche en la ciudad fundada por Jiménez
de Quesada, dedicado, como oficial del ejército, al manejo de las
armas. Terminada la beca, y ya sin recursos para continuar en el
altiplano andino, el viaje es a la inversa. Tiene ahora que
descender la alta cordillera para situarse en su ciudad natal a
continuar con sus cátedra en el Liceo Celedón. Pero el joven
muchacho de anteojos, con vocación literaria y manejo militar de
academia, necesita activar toda su capacidad y por lo mismo decide
fundar dos escuelas: una para obreros que deseaban aprender las
primeras letras y otra para empleados que querían elevar su nivel
cultural.
En 1922, ocupa el cargo de abogado de la United Fruit Company. Es
un autodidacta que sabe como ninguno la profesión de las leyes.
Todos, sin reparo, lo consideran un eminente jurista. Sabe tanto
del tema, que publica abundantes textos que posteriomente son
recogidos en 1929 por la editorial El Estado, de su ciudad natal,
en un volumen que titula Minucias jurídicas. Para este mismo año,
el Tribunal de Santa Marta le reconoce como abogado, según la
legislación de entonces, que reglamentaba por primera vez, esta
profesión.
Mientras las iguanas saltaban de los árboles y las aguas de la
bahía como un espejo sostenían los barcos de la llamada Flota
Blanca, Rodrigo Noguera Barreneche leía los sonetos de Shakespeare.
Sus hijos, Rodrigo, Beatriz, Margoth y Sofía, nacidos de su primer
matrimonio con Genoveva Laborde, lo escuchaban. Era una extraña
combinación la que lograba el creador y a la vez traductor samario,
pues, de modo ordenado, pasaba del nórdico tema que le traía a su
mesa de estudio el dramaturgo del Príncipe Hamlet, a otro no menos
importante por lo local, para realizar por cuenta propia una
composición a el indio taganga, miembro de una tribu indomable de
la región. Lo entraba a describir en su fuero, pescando en bote
bajo las altas temperaturas del trópico. De la voz de Rodrigo
Noguera Barreneche salía cada uno de sus sonetos. Los declamaba
para comprobar, por oído propio, la consistencia de su hechura.
Cada palabra, entonces, repetida, parecía fijarse en las paredes
blancas de su habitación, para rodar después a la piel plateada de
una furtiva salamanquesa. Los temas eran extraños para la época:
"Rugiente, el raudo avión prepara el vuelo/, Un trecho corre y
pronto se levanta;/ La férrea ley de la atracción quebranta,/ Y el
lazo rompe, que le añuda al suelo".
En 1930 se traslada a Bogotá donde había sido elegido
representante a la Cámara. Pero su inquietud intelectual lo domina
y en 1934, en los cursos de extensión cultural de la Universidad
Javeriana, de la capital, dicta una singular conferencia donde da
solución el teorema de Fermat, donde su autor y otros matemáticos
posteriores habían fracasado al tratar de demostrarlo. Era un nuevo
e insólito triunfo del autodidacta en números y ecuaciones.
En 1954 se traslada a Barranquilla. Está, en segundas nupcias,
casado con Nora Rocha Casalins con quien tiene un único hijo de
esta unión, Francisco. Crea la revista Studia de la
Universidad del Atlántico y le encargan la decanatura de la
Facultad de Derecho. Posteriormente funda la de Economía. En la
actualidad el fondo de publicaciones de dicha institución lleva el
nombre del poeta.