Ficha bibliográfica
Titulo:
Notas biográficas de poetas de Colombia del siglo XX
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango. Textos Álvaro Miaranda
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2006
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá, 2006
Notas: Notas sobre poetas colombianos del siglo XX
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Rodrigo Noguera Barreneche

RODRIGO NOGUERA BARRENECHE


El 27 de noviembre de 1892, cuando faltaban ocho años para que terminara el siglo XIX, en la casa del matrimonio Noguera Barreneche, hay mucha tensión. Afortunadamente, al final de la jornada, cuando el traslado de agua hervida y toallas limpias se ha calmado, una de las mujeres que vivía la tensionada angustia, sale de una habitación para decir que el parto ha salido bien: "Es un varón", dice.

En la ciudad de Santa Marta que fundara Bastidas, muy cerca de las tranquilas aguas de la bahía que han llamado la más bella de América, ha nacido un niño al que le han de poner el nombre del conquistador, Rodrigo. Con los años, el muchacho contemplará esa geografía del Caribe y se ha de extasiar ante esa enorme orografía, la Sierra Nevada que se levanta a la orilla del mar, como un extraño fenómeno natural y que se da en la ciudad donde ha nacido.

El soneto que titulará "Ciudad natal" está marcado por lo clásico, por las formas precisas de la tradición: "Cabe tu nívea sierra, Santa Marta,/ Que cual bastión de granito/ Se yergue hasta besar el infinito,/ Con la rudeza varonil de Esparta,// Nadie osará decir de dónde parta/ El plañidero y gemebundo grito,/ Que en las noches calladas, cuando el mito/ La dulce paz del corazón descarta,// Siniestro por los ámbitos resuena;/ Pero al claror de la naciente Luna,/ Se ve surgir la sombra de Bastidas,// Llorando los rigores de la pena/ Que, adversa, deparóle la fortuna,/ Bajo el hierro de infandos homicidas".

Bajo el ardiente sol, con cientos de muchachos de su edad, Rodrigo Noguera Barreneche hace estudios de primaria y bachillerato en el Liceo Celedón. Hay una diferencia con ellos. Se gradúa de bachiller a los 16 años. Quienes conocen sus capacidades intelectuales le llaman El Sabio y es tan cierto ello que a tan temprana edad, una vez se titula, es acogido por la institución donde se acaba de educar, para que dicte latín, álgebra y geometría, labor que en una primera etapa desempeñará durante tres años.

Cuando cumple 19, Rodrigo Noguera se dispone a realizar un largo y no fácil viaje. Cerca de Santa Marta, su ciudad natal, está el río Magdalena y por él subirá en barco de vapor a Honda para escalar por la montaña a Bogotá. Ha obtenido la única beca que el departamento concede para que realice estudios en la Escuela Militar. Se ve obligado aceptarla, aunque no es lo que quiere adelantar académicamente. Hubiera preferido artes liberales. Ya sobre la cúspide de la cordillera Oriental, donde se halla la ciudad que fundara el conquistador don Gonzalo Jiménez de Quesada, del que dicen era nacido en Granada, España, pero de otra parte, en su permanencia al otro lado del mar, más cerca a los climas ecuatoriales, se había convertido en samario por adopción.

Dos años duró Noguera Barreneche en la ciudad fundada por Jiménez de Quesada, dedicado, como oficial del ejército, al manejo de las armas. Terminada la beca, y ya sin recursos para continuar en el altiplano andino, el viaje es a la inversa. Tiene ahora que descender la alta cordillera para situarse en su ciudad natal a continuar con sus cátedra en el Liceo Celedón. Pero el joven muchacho de anteojos, con vocación literaria y manejo militar de academia, necesita activar toda su capacidad y por lo mismo decide fundar dos escuelas: una para obreros que deseaban aprender las primeras letras y otra para empleados que querían elevar su nivel cultural.

En 1922, ocupa el cargo de abogado de la United Fruit Company. Es un autodidacta que sabe como ninguno la profesión de las leyes. Todos, sin reparo, lo consideran un eminente jurista. Sabe tanto del tema, que publica abundantes textos que posteriomente son recogidos en 1929 por la editorial El Estado, de su ciudad natal, en un volumen que titula Minucias jurídicas. Para este mismo año, el Tribunal de Santa Marta le reconoce como abogado, según la legislación de entonces, que reglamentaba por primera vez, esta profesión.

Mientras las iguanas saltaban de los árboles y las aguas de la bahía como un espejo sostenían los barcos de la llamada Flota Blanca, Rodrigo Noguera Barreneche leía los sonetos de Shakespeare. Sus hijos, Rodrigo, Beatriz, Margoth y Sofía, nacidos de su primer matrimonio con Genoveva Laborde, lo escuchaban. Era una extraña combinación la que lograba el creador y a la vez traductor samario, pues, de modo ordenado, pasaba del nórdico tema que le traía a su mesa de estudio el dramaturgo del Príncipe Hamlet, a otro no menos importante por lo local, para realizar por cuenta propia una composición a el indio taganga, miembro de una tribu indomable de la región. Lo entraba a describir en su fuero, pescando en bote bajo las altas temperaturas del trópico. De la voz de Rodrigo Noguera Barreneche salía cada uno de sus sonetos. Los declamaba para comprobar, por oído propio, la consistencia de su hechura. Cada palabra, entonces, repetida, parecía fijarse en las paredes blancas de su habitación, para rodar después a la piel plateada de una furtiva salamanquesa. Los temas eran extraños para la época: "Rugiente, el raudo avión prepara el vuelo/, Un trecho corre y pronto se levanta;/ La férrea ley de la atracción quebranta,/ Y el lazo rompe, que le añuda al suelo".

En 1930 se traslada a Bogotá donde había sido elegido representante a la Cámara. Pero su inquietud intelectual lo domina y en 1934, en los cursos de extensión cultural de la Universidad Javeriana, de la capital, dicta una singular conferencia donde da solución el teorema de Fermat, donde su autor y otros matemáticos posteriores habían fracasado al tratar de demostrarlo. Era un nuevo e insólito triunfo del autodidacta en números y ecuaciones.

En 1954 se traslada a Barranquilla. Está, en segundas nupcias, casado con Nora Rocha Casalins con quien tiene un único hijo de esta unión, Francisco. Crea la revista Studia de la Universidad del Atlántico y le encargan la decanatura de la Facultad de Derecho. Posteriormente funda la de Economía. En la actualidad el fondo de publicaciones de dicha institución lleva el nombre del poeta.