Guillermo Valencia
GUILLERMO VALENCIA
[Parnasiano]
El poeta Guillermo Valencia, que nace en Popayán, el 20 de octubre
de 1873, lejos del mar Caribe, cuenta que su "emoción en el
verso", le vino de Cuba. Se refiere a que su madre, Adelaida
Castillo, era hija del cubano Bartolomé Castillo, y este último
había venido con su hermano a Colombia en 1823, a pedir apoyo a
Bolívar para la independencia de la isla. El Libertador, ante dicha
petición, se dispuso a iniciar una nueva proeza política y militar
para completar, en sus cuentas épicas, la sexta nación liberada. No
había pasado mucho tiempo, cuando el caraqueño manifestó que
Estados Unidos de América, en forma tajante, se opuso. Ante esta
situación el abuelo materno de Guillermo Valencia entró al ejercito
colombiano, fue ascendido al grado de coronel. Se casa con
colombiana y deja sobre los páramos del sur, lejos del mar de los
caribes, su descendencia.
Valencia pasó su niñez en la hacienda Belalcázar, en el Valle del
Cauca. De su patrimonio familiar dijo: "No era rico, porque la
libertad de los esclavos llevó a la bancarrota la industria minera
de mis abuelos; vivíamos, por tanto, con provinciana modestia, en
un viejo caserón payanés, de esos genuinamente españoles, ajenos a
todo ornamento y mueble superfluo". Ahí crece entre la lectura
que le ofrece su padre, Joaquín Valencia Quijano, quien hablaba
lenguas vivas y muertas, dominaba los clásicos de la literatura y
practicaba con mucha capacidad, las matemáticas. Guillermo Valencia
era el menor de los hermanos varones. A los diez años, sentado en
las rodillas de su padre, cuando los platos de la temprana cena
eran recogidos, escuchaba de boca de su progenitor, los autores de
su gusto. El verso le abría la imaginación al niño. Mientras sus
hermanos mayores se iban de cacería y regresaban bajo las sombras
de las noches para no estar expuestos a los látigos que les
lanzaban los enemigos políticos del padre que era conservador, el
niño Valencia, con menos salud, optaba por quedarse en la
biblioteca para aprender de memoria textos de Espronceda, Núñez de
Arce y Quintana. Su mente infantil quedaba impactada con las
páginas del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha ese
ser que, en blanco y negro en los grabados de Paul Gustav Doré,
salía de las páginas para instalarse imaginariamente ante sus ojos.
Su emoción aumentaba cuando escuchaba, por dentro y fuera de la
casa, que el hidalgo caballero había muerto y había sido enterrado
en Popayán. En este ambiente, lleno de fantasmas medievales y
rodeado de indios y mestizos, Guillermo Valencia crecía.
Doña Adelaida, para ayudar a la economía doméstica, decidió un día
abrir, en un antiguo caserón que tomó en arriendo, un colegio para
señoritas donde se dedicó a enseñar gramática, geografía y
catecismo. El niño Valencia, al lado de púberes muchachas se
sentaba en aquellos bancos con pequeños varones, que más que
alumnos eran niños consentidos. La madre muere y la placentera
rutina escolar desaparece: "Quedaron vacíos los amplios salones
donde el canto cariñoso de las chicas y las suave represión de la
maestra me iniciaron en la sabiduría y se me puso en manos de doña
Feliciana Lemus para que me enseñara a leer con cierto rigor".
La vida para el niño hace su giro hacia las dificultades. En la
escuela de un tal maestro Vélez, el que llega lee un letrero que
dice: "La letra con fuerza entra". La política se hace
presente en su casa con violencia. En cierta ocasión, mientras
leías con su padre, un hombre empujó la ventana, destrozó las
armellas y arrojó al piso del recinto un puñal ensangrentado.
Decide hacer estudios en el seminario. No se orienta hacia la
vocación eclesiástica porque es declaro inhábil para el sacerdocio.
Pasa a la Universidad del Cauca a estudiar Derecho, pero no alcanza
el grado. Se entusiasma por la política. En una fiesta cívica en el
año de 1892 que se realizaba en Popayán, se sube a la tribuna para
rechazar los ataques de un contradictor del partido conservador. Es
aplaudido por el público en prolongados minutos.
En 1896, gracias al apoyo que le brinda el general Rafael Reyes,
viaja a Bogotá. Son los años en que recurre a las reuniones de
literatura y filosofía que efectúa el antioqueño Baldomero Sanín
Cano. En la fiebre intelectual bogotana que se prolonga por dos
años más, escribe todos los versos de su libro Ritos,
aunque en Popayán ya había logrado algunos de sus poemas. En 1897
escribió "Anarkos", para recitarlos en un concierto de
beneficencia. En el círculo intelectual de Sanín adquiere conceptos
nihilistas que traslada posteriormente a su poesía, como en caso de
Nihil: "Es esta la doliente y escuálida figura/ de un ser que hizo
treinta años mayores desatinos/ que el mismo don Alonso Quijano,
son molinos/ de viento/ ni batanes/ sin bachiller ni cura.// Que
por huir del vulgo corrió tras la ventura/ del ideal, y avaro
lector de pergaminos,/ dedujo de lo estéril de todos los destinos/
humanos el horóscopo de su mala ventura.// Mezclando con sus sueños
al rey de los metales,/ halló combinaciones tristes, originales/ e
inútiles al sino del alma desolada.// Nauta de todo cielo, buzo de
todo océano,/ como el fakir idiota de un oriente lejano/ sólo
repite ahora esta palabra: nada".
Viaja en 1899 a Europa como secretario de Reyes que había sido
nombrado embajador en París. Vivía día y noche en los museos y
bibliotecas. Asiste a todas las cátedras que le es posible en la
Sorbonne, sin importarle la materia. Con tanta información su
cabeza está a punto de estallar. Un día se queda sin su sueldo de
secretario: se había iniciado la guerra de los Mil Días y tuvo que
tomar un trasatlántico y regresar a su país en conflicto. Acepta
del presidente Marroquín la jefatura civil y militar del Cauca, su
departamento. Una vez firmada la paz, asume su curul en el Congreso
en el año de 1903.
Su vida posterior se inclina a la política. Esto va en contra de
su producción lírica que, como el mismo dice, no tiene el impulso
del año de 1896. A pesar de este cambio, para 1916 su prestigio de
poeta logrado en los años de juventud, se consolida. "Bogotá - dice
Guillermo Valencia - consideraba suyo el éxito obtenido por mi obra
literaria en toda América y me colmaba de agasajos; y esta gloria,
que no desvinculaba al poeta del político, empezaba a influir en mi
prestigio parlamentario. Muere en Popayán el 8 de julio de 1943.