Manuel Cervera
MANUEL CERVERA
[Postmodernista]
Para el cuentista Manuel García Herreros, el poeta Manuel Cervera
era uno de esos personajes típicos de Barranquilla que, para 1937,
todos los habitantes de la ciudad y pueblos circunvecinos
reconocían y saludaban como amigo. El retrato escrito que hace del
lírico en el periódico El Heraldo, tiene un dejo de
crítica que va más allá de los versos y se mete hasta con la pobre
estructura corporal: "Y para verlo. Cuando en una tertulia -aquí,
en Galapa, en Cartagena- se nombra al poeta Cervera, se le ve en el
acto. Espléndido de carnes, torano de pescuezo, deportista por la
compacta cabeza hendida por una boca que parece grieta".
Esa, para bien o para mal, es la imagen que va quedando del poeta
de Varios a varios. Los barranquilleros lo ven en el Bar
Recreo donde se reúne con sus amigos periodistas, y desde ahí, como
si fuera su oficina, programa conferencias, correrías por diversos
municipios. García Herreros, quien además de haber sido un
excelente narrador, era muy dado a la bohemia, enfatizaba sobre el
apetito de su amigo: "El poeta sabe que no puede privarse de
engullir bateas de macarrones, novillas asadas a la llanera, yardas
de butifarras con matrícula de Soledad, bandejas de arroz con
langostinos y jamones enteros de Chicago".
Excedido en pesos, el bardo caminaba muy despacio por las calles
de Barranquilla. A pesar de la robustez que le impedía en el andén
ceder el paso, era capaz de escribir poemas de picardía sensual a
toda mujer que se le presentaba: "Las palomas de picos amenos/ del
aduar que habita mi vecina buena,/ me denuncian sus senos... tus
senos/ voluptuosos y tibios, y llenos,/ como hubieron de ser los de
Helena.// ¿Por qué senos, y labios, y manos,/ y naranjas,
violetas y rosas/ son en mi como arcanos y rosas/ son en mí como
arcanos humanos?/ ...Miro aquellos humanos arcanos/ y me digo:
¡y me digo: ¡qué cosas, qué cosas!".
En 1910, en Madrid, Librería de Pueyo, ubicada en Mesonero Romano,
10, aparece publicado el libro de Varios a varios donde
Cervera, comparte poemas en sus páginas con Luis C. López y Abraham
Zacarías López-Penha. En dicha antología aparece un prólogo
titulado "Arbitrario" donde el poeta comentado en nada se
salva: "Manuel Cervera es un bohemio feroz. Ya ha dado muerte a dos
hombres, en duelo o de alguna otra manera. Nunca tuvo cien pesos en
el bolsillo. En su cuarto del barrio del Líbano, en Barranquilla,
no hay un libro ni un periódico. López-Penha asegura que Cervera no
sabe leer. Colecciona castañuelas, manos de mujeres muertas, y
cartas de amor que le han sido devueltas. Es un polemista político,
aunque jamás ha aceptado un puesto público. Su constante ideal es
la separación de aquel barrio del Líbano, en donde vive, del resto
de la República. Según vaticinio de su gran amigo López-Penha,
parará en un manicomio".