Ficha bibliográfica
Titulo:
Notas biográficas de poetas de Colombia del siglo XX
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango. Textos Álvaro Miaranda
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2006
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá, 2006
Notas: Notas sobre poetas colombianos del siglo XX
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Rafael Pombo

RAFAEL POMBO


Nació en Bogotá el 7 de noviembre de 1833 y murió en la misma ciudad el 5 de mayo de 1912, a los 79 años de edad. Su vida, que transcurre más en el siglo XIX que en el XX, estuvo señalada en la escritura, por el romanticismo. El mismo recuerda al escribir sus apuntaciones autobiograficas, que desde muy niño presentó ansias de leer y escribir. Esto se convirtió en sus diversiones preferidas mientras que los muchachos de su edad no entendían su precoz inclinación. Sus primeras lecturas fueron Iriarte, e Isla y se deleitaba oyendo toda clase de composiciones poéticas. A los diez años hace sus primeras rimas que tenían un gusto clásico tomado de Lope de Vega. A los doce años su gusto era sentimental y entre ellos se hallan tres poemas que tituló: "Tempestad", "El coronel Montoya" y "D. Pablo Morillo" que merecieron gratulaciones entre sus lectores.

Tenía una captación muy sensible hacia los temas que leía. se dice que más o menos a los ocho años, su padre le envía de Caracas el Nuevo Robinson. Al encontrar en este texto el episodio en que el negro Domingo prende fuego al restregar dos leños secos, este hecho le produjo una reflexión donde estableció que fuego y movimiento concordaban para hacer un mismo fenómeno. Más tarde, cuando oye hablar de la electricidad, se convenció que esto era otra forma de llamar el fenómeno del fuego y el movimiento.

En 1847, cuando hacia su primer año de bachillerato en el Colegio del Rosario, funda en colaboración con un amigo, el periódico El Tomista, donde aparecen muchas de sus composiciones poéticas.

Su padre lo obliga a estudiar matemáticas en contra de su natural inclinación por las letras. A los 18 años se gradúa con honores en Inglaterra de ingeniero civil. Ejerce como profesor en 1853, en área de su profesión en el Colegio San Buenaventura de Bogotá. Toma las armas al año siguiente a favor del gobierno constitucional y entra triunfante a la capital. Su imaginación que parecía desbordarlo, le hacía por intuición, desarrollar tesis y planteamientos que otros autores de anteriores época habían ya planteado sin que él los conociera, como sucedió con el tema de la moral y los animales, y que coincide con lo que planteó Rene Descartes.

Fue secretario de la embajada colombiana en Washington que estaba al cargo de Pedro Alcántara Herrara. Cuando éste, por razones políticas dejó el cargo, Pombo fue el encargado de negocios. Permaneció algunos años más en los Estados Unidos dedicado a sus actividades literarias y ahí escribió su obra Cuentos pintados, que fue publicado en Nueva York en 1867.

A su regreso al país se le veía ir de un lugar a otro, en los periódicos literarios. Colaboraba en La Siesta, de José María Vergara y Vergara, en El Escudo, dirigido por Alfredo Gómez Jaime y luego él fundó dos periódicos, uno llamado El Centro y otro El Cartucho.

La inteligencia de Pombo se trasladaba a diferentes opciones de comprensión de la vida. Escribió el Vademecum militar para que fuera aplicado a una de las guerras civiles de 1876. Su pluma no se detenía en asuntos económicos como era el de la explotación de varias salinas, tema que plasma en un Plan de rentas para que fuera usado por los conservadores por fuera del poder. En el Boletín Popular, hoja noticiosa de guerra, aparecieron muchos de sus trabajos, en este caso temas de historia. Con el texto que llamó Parte de la batalla de Garrapata, logró reemplazar la insuficiencia de un llamado de su propio campo militar.

Pombo era un hombre inquieto cuya energía y actividad parecían no caber en su menudo cuerpo. Impulsa una ley para la creación de un instituto general de bellas artes llamado La Academia Vásquez. Favorecía la pintura con este proyecto, sin ser pintor ni conocer de ella, al momento en que trajo, al país, al mejicano Felipe S. Gutiérrez, profesor de la escuela española de Roma. El poeta Pombo vivía rodeado de obras de arte. Desde su gusto por la cultura apadrinaba también a músicos como a José María Ponce de León. Hizo sus propias composiciones de canto en compañía de manos doctas para el tema. A oído compuso para el Fausto de Gounod un libreto en letra castellana, para que fuera cantado.

Dentro de la ingenuidad romántica, cuyas actitudes caían casi en lo ridículo, estando Rafael Pombo en la ciudad de Popayán, escribió unas estrofas firmadas por Edda, que no fueron ni aplaudidas ni escuchadas por sus amigos, pero que en 1855 fueron publicas en el periódico La Guirnalda por el poeta de la misma escuela, José Joaquín Ortiz. Pombo, como si fuera un gran secreto, nunca reveló que Edda, era él mismo. Las simplezas románticas continuaron. El desprecio que le había ocasionado una dama de la capital del Cauca, lo llevó a escribir el poema "Una copa de vino".

Al estar en la mencionada ciudad, el poeta define la fuerza de sus emociones del siguiente modo: "A Popayán no llevé mis libros, y una vez ausente de lord Byron y del Tesoro de Quintana los olvidé y pude por fin hacer versos míos, aunque incorrectos y violentos, por cierto. La lectura es fatal para la poesía: estimula y enseña, pero impide escuchar el propio corazón y leer en la naturaleza. Lo que mi generoso crítico Samper llama fuerza, vigor, verdad, en mis versos no es sino la disciplina que las matemáticas dejan en la razón. Para un ingeniero civil, aún tan rebelde como yo a su oficio, hacer unos versos es resolver unos problemas de expresión: sobre ciertos datos de sentimiento, encontrar la única incognita de metro y de palabra, la precisa forma escrita de dichos sentimientos".

El 20 de agosto de 1905 el periódico El Escudo organizó un homenaje, una manifestación de aprecio y fue coronado como poeta en el teatro Colón de Bogotá. En literatura infantil de Rafael Pombo se recuerdan las siguientes obras: "Los huevos de oro", "Juan Matachín", "Perico Zanquituerto", "Simón el bobito", "El humo y la llama", "Mirringa Mirronga", "El renacuajo paseador", "El gato bandido", "El niño y el buey", "El sermón del caimán", "La pobre viejecita", entre otros.