Rafael Pombo
RAFAEL POMBO
Nació en Bogotá el 7 de noviembre de 1833 y murió en la misma
ciudad el 5 de mayo de 1912, a los 79 años de edad. Su vida, que
transcurre más en el siglo XIX que en el XX, estuvo señalada en la
escritura, por el romanticismo. El mismo recuerda al escribir sus
apuntaciones autobiograficas, que desde muy niño presentó ansias de
leer y escribir. Esto se convirtió en sus diversiones preferidas
mientras que los muchachos de su edad no entendían su precoz
inclinación. Sus primeras lecturas fueron Iriarte, e Isla y se
deleitaba oyendo toda clase de composiciones poéticas. A los diez
años hace sus primeras rimas que tenían un gusto clásico tomado de
Lope de Vega. A los doce años su gusto era sentimental y entre
ellos se hallan tres poemas que tituló: "Tempestad", "El
coronel Montoya" y "D. Pablo Morillo" que merecieron
gratulaciones entre sus lectores.
Tenía una captación muy sensible hacia los temas que leía. se dice
que más o menos a los ocho años, su padre le envía de Caracas el
Nuevo Robinson. Al encontrar en este texto el episodio en
que el negro Domingo prende fuego al restregar dos leños secos,
este hecho le produjo una reflexión donde estableció que fuego y
movimiento concordaban para hacer un mismo fenómeno. Más tarde,
cuando oye hablar de la electricidad, se convenció que esto era
otra forma de llamar el fenómeno del fuego y el movimiento.
En 1847, cuando hacia su primer año de bachillerato en el Colegio
del Rosario, funda en colaboración con un amigo, el periódico
El Tomista, donde aparecen muchas de sus composiciones
poéticas.
Su padre lo obliga a estudiar matemáticas en contra de su natural
inclinación por las letras. A los 18 años se gradúa con honores en
Inglaterra de ingeniero civil. Ejerce como profesor en 1853, en
área de su profesión en el Colegio San Buenaventura de Bogotá. Toma
las armas al año siguiente a favor del gobierno constitucional y
entra triunfante a la capital. Su imaginación que parecía
desbordarlo, le hacía por intuición, desarrollar tesis y
planteamientos que otros autores de anteriores época habían ya
planteado sin que él los conociera, como sucedió con el tema de la
moral y los animales, y que coincide con lo que planteó Rene
Descartes.
Fue secretario de la embajada colombiana en Washington que estaba
al cargo de Pedro Alcántara Herrara. Cuando éste, por razones
políticas dejó el cargo, Pombo fue el encargado de negocios.
Permaneció algunos años más en los Estados Unidos dedicado a sus
actividades literarias y ahí escribió su obra Cuentos
pintados, que fue publicado en Nueva York en 1867.
A su regreso al país se le veía ir de un lugar a otro, en los
periódicos literarios. Colaboraba en La Siesta, de José
María Vergara y Vergara, en El Escudo, dirigido por
Alfredo Gómez Jaime y luego él fundó dos periódicos, uno llamado
El Centro y otro El Cartucho.
La inteligencia de Pombo se trasladaba a diferentes opciones de
comprensión de la vida. Escribió el Vademecum militar para
que fuera aplicado a una de las guerras civiles de 1876. Su pluma
no se detenía en asuntos económicos como era el de la explotación
de varias salinas, tema que plasma en un Plan de rentas
para que fuera usado por los conservadores por fuera del poder. En
el Boletín Popular, hoja noticiosa de guerra, aparecieron
muchos de sus trabajos, en este caso temas de historia. Con el
texto que llamó Parte de la batalla de Garrapata, logró
reemplazar la insuficiencia de un llamado de su propio campo
militar.
Pombo era un hombre inquieto cuya energía y actividad parecían no
caber en su menudo cuerpo. Impulsa una ley para la creación de un
instituto general de bellas artes llamado La Academia Vásquez.
Favorecía la pintura con este proyecto, sin ser pintor ni conocer
de ella, al momento en que trajo, al país, al mejicano Felipe S.
Gutiérrez, profesor de la escuela española de Roma. El poeta Pombo
vivía rodeado de obras de arte. Desde su gusto por la cultura
apadrinaba también a músicos como a José María Ponce de León. Hizo
sus propias composiciones de canto en compañía de manos doctas para
el tema. A oído compuso para el Fausto de Gounod un libreto en
letra castellana, para que fuera cantado.
Dentro de la ingenuidad romántica, cuyas actitudes caían casi en
lo ridículo, estando Rafael Pombo en la ciudad de Popayán, escribió
unas estrofas firmadas por Edda, que no fueron ni aplaudidas ni
escuchadas por sus amigos, pero que en 1855 fueron publicas en el
periódico La Guirnalda por el poeta de la misma escuela,
José Joaquín Ortiz. Pombo, como si fuera un gran secreto, nunca
reveló que Edda, era él mismo. Las simplezas románticas
continuaron. El desprecio que le había ocasionado una dama de la
capital del Cauca, lo llevó a escribir el poema "Una copa de
vino".
Al estar en la mencionada ciudad, el poeta define la fuerza de sus
emociones del siguiente modo: "A Popayán no llevé mis libros, y una
vez ausente de lord Byron y del Tesoro de Quintana los
olvidé y pude por fin hacer versos míos, aunque incorrectos y
violentos, por cierto. La lectura es fatal para la poesía: estimula
y enseña, pero impide escuchar el propio corazón y leer en la
naturaleza. Lo que mi generoso crítico Samper llama fuerza, vigor,
verdad, en mis versos no es sino la disciplina que las matemáticas
dejan en la razón. Para un ingeniero civil, aún tan rebelde como yo
a su oficio, hacer unos versos es resolver unos problemas de
expresión: sobre ciertos datos de sentimiento, encontrar la única
incognita de metro y de palabra, la precisa forma escrita de dichos
sentimientos".
El 20 de agosto de 1905 el periódico El Escudo organizó
un homenaje, una manifestación de aprecio y fue coronado como poeta
en el teatro Colón de Bogotá. En literatura infantil de Rafael
Pombo se recuerdan las siguientes obras: "Los huevos de oro",
"Juan Matachín", "Perico Zanquituerto", "Simón el
bobito", "El humo y la llama", "Mirringa Mirronga",
"El renacuajo paseador", "El gato bandido", "El niño y el
buey", "El sermón del caimán", "La pobre viejecita",
entre otros.