Eduardo Carranza
EDUARDO CARRANZA
El 23 de julio de 1913, horizonte parece ser más extenso frente a
la hacienda La Esperanza de Juanario Barrangán, en Apiay, Llanos
Orientales de Colombia. Su esposa, la señora Mercedes Fernández
Rojas, ha dado a luz un hijo, a quien han bautizado con el nombre
de Januario Eduardo.
Pasa un par de años y los Carranza Fernández deciden trasladar su
vivienda. Será de nuevo sobre esa planicie infinita. La novedad
está en que la familia ha crecido. Han llegado dos hijos más:
Mercedes y Hernando. Para el niño Januario que adoptará sólo el
nombre de Eduardo, Eduardo Carranza, habrá, para sus cuatro años un
viaje a La Isla, una hacienda en el río Magdalena y que para él se
convierte en un tema que aparecerá en varios de sus poemas.
En 1918, cuando muere el padre, la madre y los hijos se trasladan
a Chipaque. Son los años de escolaridad en el colegio de la
Presentación de las Hermanas de la Caridad. Cerca, por una estrecha
carretera, está Cáqueza, un poblado que ve pasar, como si se
tratara de un acantilado fluvial, un río del mismo nombre con
enormes piedra que deja transitar sus aguas en el abismo. Eduardo
Carranza se asoma al balcón que ahí queda, en la casa de su tía y
con el tiempo lo habrá de recordar en su poema "El sol de los
venados".
En 1925, cuando tiene 12 años, le otorgan una beca la Escuela
Normal Central de Institutores que regentaban los Hermanos
Cristianos. Es internado en el plantel, aunque la familia se halla
junto con él en Bogotá. Con 14 años inicia prácticas de maestro de
escuela en el instituto que queda anexo a la Normal.
Cuatro años más tarde se gradúa con otros compañeros y recibe el
título de Maestro de escuela elemental. Viaja a la población
lechera llamada Ubaté, Cundinamarca, porque ha sido nombrado
vice-rector.
En 1931 se inicia en la poesía. Tiene para entonces 18 años de
edad y ha escrito "Poema con una sola mano". Dos años
más tarde, Bogotá se convierte en su próximo destino. Dicta
literatura española y universal en el Colegio de Nuestra Señora del
Rosario. Se introduce en la moda intelectual del momento que
consiste participar en las tertulias literarias que se efectúan en
el Café Victoria, donde conoce a Tomás Rueda Vargas. Su accionar
también es político. Bajo su inspiración nace Acción Nacionalista
Popular, movimiento que dura seis años, de 1933 a 1939.
Se comienza a relacionar con sus compañeros de generación. Es por
ello que en el año de 1938 aparece Altiplano, gaceta
literaria. Lo acompañan en la dirección Jorge Rojas y Carlos
Martín. Un año después todos los jóvenes poetas que se hacen
identificar con el mismo apelativo literario, hacen circular, bajo
la dirección de Rojas, las ediciones "Piedra y Cielo". Además
de los mencionados aparecen textos poéticos de Tomas Vargas Osorio
y Arturo Camacho Ramírez.
La poesía tenía para entonces, en el país, un sentido e
importancia muy singular. Los diarios le daban una trascendencia
única. En sus páginas los poetas, más que un espacio tipográfico,
lograban un espacio de consagración. En 1941 Eduardo Carranza se
convierte en el eje poético del país. Ha publicado en el periódico
El Tiempo un texto que llama la atención a todos los
lectores porque defiende a la poesía de Eduardo Castillo y critica
la del consagrado poeta de Popayán Guillermo Valencia. Baldomero
Sanín Cano contradice al poeta de Apiay. De inmediato Carranza
contrapone tesis con un nuevo artículo que titula "Un caso de
bardolatría". La nieve literaria crece: Juan Lozano y Lozano
se va lanza en ristre contra los piedracelistas.
Es elegido miembro de la Academia Colombiana de la Lengua. En 1943
se casa con Rosita Coronado en la ciudad de Armenia. Con la llegada
de Pablo Neruda se produce un suceso que traspasa lo meramente
literario. El poeta chileno produce un fuerte remezón en la
política. El líder conservador Laureano Gómez responde por tratarse
de un poeta comunista. Viaja a Chile donde desarrolla una vida
literaria alrededor de Neruda, Vicente Huidobro y Nicanor Parra,
entre otros. Se desempeña como profesor de literatura hispánica en
el Instituto Pedagógico de Chile. Cuando el año está por terminar,
retorna a Colombia y es nombrado director de la Biblioteca
Nacional, en Bogotá.
Año tras año, nacen los tres hijos de Eduardo Carranza: Ramiro
(1944), María Mercedes (1945) y Juan (1946).
Parmanece ocho años vinculado a España y a su cultura. Cuando el
siglo XX termina su primera mitad, conoce a Leopoldo Panero que ha
viajado a Colombia. En 1951 parte al viejo continente con toda su
familia. El gobierno lo nombra consejero cultural en la embajada.
De ahí en adelante los actos de representación son múltiples. Lleva
una vida diplomática que siempre está enmarcada en congresos que
tienen que ver con la literatura. Cuando en 1958 regresa a
Colombia, toma posesión en la Academia Colombiana de la Lengua.
Es escogido para presentar en 1961 el libro Si mañana
despierto del poeta Jorge Gaitán Durán. Un año después, el 22
de junio de 1962 el acto de ceremonia se torna luctuoso. Le
corresponde recibir con unas palabras los restos mortales del poeta
que solo un año atrás acababa de homenajear al perecer en un
accidente de aviación en Pointe-à-Pitre, en las Antillas.
Al iniciarse la década de los años setenta la Biblioteca Luis
Ángel Arango, de Bogotá, le encarga el prólogo de la obra poética
de Julio Flórez. Se inician nuevos años de reconocimiento a su
labor literaria que se torna más fructífera. En 1973 publica
Los días que ahora son sueños y es reeditado El olvido
y otros poemas. Dos años después da a conocer Epístola
mortal y otras alucinaciones que se convierte en el libro
síntesis del proceso de una vida que deja su sello para tornarse
memoria: "Miro un retrato: todos están muertos:/ poetas que adoró
mi adolescencia./ Ojeo un álbum familiar y pasan/ trajes y sombras
y perfumes muertos./ (Desangrados de azul yacen mis sueños)./ El
amigo y la novia ya no existen:/ la mano de Tomas Vargas Osorio/
que narraba este mundo, el otro mundo...".
Eduardo Carranza, incansable ante la poesía, muere en Bogotá el 13
de febrero de 1985.