Ficha bibliográfica
Titulo:
Notas biográficas de poetas de Colombia del siglo XX
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango. Textos Álvaro Miaranda
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2006
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá, 2006
Notas: Notas sobre poetas colombianos del siglo XX
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.


Fernando Charry Lara

FERNANDO CHARRY LARA


De niño, sentado en sillón acolchado de la casa de sus padres, Fernando Charry Lara se acomodaba a leer la revista Universidad. La publicación estaba dedicada a José Asunción Silva. Lo que más le llamaba la atención al pequeño lector era la reproducción del manuscrito de uno de los nocturnos que era conocido como "Ronda" y un retrato del poeta tomado en su lecho de muerte. Cerraba la edición y de inmediato abría otro volumen de la biblioteca: Rimas, de Gustavo Adolfo Bécquer. Leía despacio como para capturar así, esa dicción de los versos que le llegaban a sus oídos con todos sus secretos. Abría el periódico y ahí, entre las amarillas páginas, encontraba fragmentos de los simbolistas menores, del belga Georgs Rodenbach, El espejo del cielo natal, y del francés Albert Samain, En el jardín de la infancia. Los temas de lugar y de edad temprana le conmovían el alma. La lectura de poesía lo llevaba a ciudades desconocidas que le permitían superar los fríos atardeceres que ruborizaban el firmamento, una vez desaparecía la pertinaz llovizna bogotana.

Tiene siete años. Sale con su padre de su casa de la calle Doce, para acompañarlo a realizar una diligencia. Detienen el paso en medio del frío de la noche. Ve como su progenitor levanta con satisfacción uno de sus brazos para saludar a un hombre voluminoso, "de ancha espalda,";borsalino" y bastón, que avanza lentamente por la misma acera en dirección contraria". El que hasta unos instantes era desconocido para el infante sigue su paso lento. Cuando quedan solos, el padre le revela el nombre del amigo: José Eustasio Rivera, poeta y novelista. Sólo ha sido suficiente el paso de un año para que el niño Fernando Charry Lara vuelva a encontrar la figura del amigo de su padre. En esta ocasión será en el Capitolio Nacional cuando desde Nueva York han traído su cuerpo inerme para que en honores sea velado. Con los años, los encuentros con el personaje que en vida caminaba por la calle Doce, será con la palabra. Sobre Charry, la poesía de Rivera rondará como un fantasma misterioso. Tendrá que conjurar su presencia con la creación de un poema que titulará: "Rivera vuelve a Bogotá".

¿Qué pasó con los años de la escolaridad infantil? ¿Por qué el poeta Charry no puede reconstruir esos años? Aparece en su memoria una bruma que hace borrosa esa etapa de su vida. Tal vez por ello, cuando el tiempo pase y le quede faltando sólo el último grado para finalizar los estudios secundarios, el aprovechará un cambio temporal de colegio, para refugiarse en las tardes en la Biblioteca Nacional, ubicada en el barrio de la Candelaria, donde después se abrirán sus puertas para dar cabida al Museo Colonial. Allí se reconcilia de nuevo con la poesía. La encontrará vital y altiva a pesar de que se halle tendida y palúdica de amarillo en los anaqueles. Abrirá los suplementos literarios y a ella, a la poesía, escribirá: "Al soñar tu imagen,/ Bajo la luna sombría, el adolescente/ De entonces hallaba/ El desierto y la sed en su pecho.// Remoto fuego de esplendor helado,/ Llama donde palidece la agonía,/ Entre glaciales nubes enemigas/ Te imaginaba y era/ Como sueña a la muerte mientras se vive".

Los poetas españoles de la Generación del 27 eran el plato del día en los encuentros literarios de Bogotá. De inmediato el joven Charry los quiere leer. Los busca entre los libros que el gobierno Republicano ha donado a la Biblioteca Nacional. Se emociona con la antología que Gerardo Diego había preparado sobre esos poetas y los anteriores como Unamuno, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Pero el golpe de la luz surgió al encontrar poemas de los menos conocidos, Luis Cernuda y Vicente Aleixandre. Por fin hallaba en ellos la voz de quienes hacían una poesía contraria a la oratoria y a la declamación.

Para el último año de sus estudios secundarios, Fernando Charry Lara regresa a su plantel. El profesor Rafael Carrillo lo pone en contacto con amigos suyos. Aparece entre ellos, en el panorama de las letras, Aurelio Arturo. Se trataba del poeta que había llegado de Nariño y con la vestimenta más circunspecta en la tradición de los abogados, traje de paño, chaleco, sombrero y paraguas. Toda esa común elegancia de funcionario para ejercer el cargo de juez permanente de policía.

Charry Lara tiene en su nuevo amigo, el autor de Morada al sur, un consejero. Le recomienda leer en francés Las flores del mal y lo lleva por le mundo ampuloso de las imágenes escritas que en ese momento se abre como un diafragma de posibilidades infinitas y que estaba representado por poetas de la lengua inglesa como T.S. Eliot, Edgar Lee Masters y Carl Sandburg, todos agazapados como gnomos de la palabra en la antologías de Eugene Jolas, que Charry nunca olvidará.
Atrás, en la sombra, había otro poeta que lo motivará a nuevas lecturas. Se trataba del mexicano Gilberto Owen que reside en Bogotá. Este inusitado personaje muy pocos de los intelectuales que lo conocieron lo nombran, a pesar de que traía en sus libros escritos novedosas propuestas, que, como para entonces, sucedía con su pequeña obra Novela como nubes. Charry lee el texto del mexicano y encuentra que en esta obra de pocas páginas los géneros literarios se mueven y se diluyen como copos blancos sobre un cielo con vientos.

De un lado a otro de la ciudad, Charry estaba siempre atento a la poesía, la poesía expresiva que se había apartado de sus predecesores inmediatos, la generación de Piedra y Cielo. Aunque a mediados de la década de los cuarenta comenzaban a aparecer sus primeros poemas en publicaciones periódicas, existe un principio de vaguedad para reconocer a él y los otros poetas contemporáneos, con identidad. El mismo Charry al respecto comenta: "Nuestro grupo había sido llamado";postpiedracelista". Luego recibió una denominación desdeñosa, la de Cántico, nombre éste de los cuadernos que publicó Jaime Ibáñez, en los cuales no sólo se divulgaron los versos de esa nómina juvenil sino igualmente de poeta mayores y aún extranjeros. Pero ello facilitó que se nos mirara también por encima del hombro como";Los cuadernícolas".

La publicación Mito, cuyo primer número aparece en Bogotá, crea un territorio más firme para esos poetas que se sintieron mejor como generación a bordo de la mencionada publicación y entre los que navegaron estaban, además de Charry, Jorge Gaitán Durán, fundador de la revista, Eduardo Cote Lamus, Fernando Arbeláez y Álvaro Mutis, y dos más que empezarán a macar terreno en creación un poco más adelante: Héctor Rojas Herazo y Rogelio Echavarría.

Charry Lara, muere en Nueva York, en 2004, esa ciudad donde había cerrado sus ojos 76 años atrás José Eustasio Rivera, a quien el poeta bogotano le había dedicado un poema que parecía haber sido escrito para él mismo:
"Acaso al final vino a saber que su destino/ No era el de aquel abogado vagante por la ciudad/ Y a caballo o canoa cuando rural más silencioso/ Sino el de hombre soleado que sólo juntar palabras/ Palabra de sueño y de seres sus días/ Sin confusión ni fárrogo a su encuentro/ Como a la sombra creciente de las noches/ Que por allá llenaban/ Musarañas árboles rabiosas aguas/ Ruidos que nunca se precisa de dónde/ Y el calor en espesas olas que no cesan (...)".