Rafael Vásquez
RAFAEL VÁSQUEZ
Nace en Bogotá en 1899, es decir cuando se inicia la guerra de los
Mil Días. Desde muy joven se le ve actuar con los grupos que en la
capital del país van de un café a otro para hablar de literatura y
política. Hace amistad con Germán Arciniegas, que para 1921, con 20
años, es uno menor que Vásquez. Es por eso que, acompañados de una
docena más de estudiantes, se les ve preparar artículos que han de
salir en la revista Universidad. Cada quince días están
atentos en la imprenta, a la circulación de la pequeña publicación
que recoge las voces juveniles que quieren una institución
académica menos confesional, más abierta.
Desde el periódico capitalino La República que dirige
Alfonso Villegas Restrepo, se ve con ojos críticos a esta
muchachada. Los llaman los rezongadores, porque al parecer de los
viejos periodistas, estos estudiantes que aun huelen a pañales, les
gusta regañar, refunfuñar a todo lo que tiene su tiempo y su
tradición. Al que no le ha ido bien en la crítica ha sido a Rafael
Vásquez. El 26 de noviembre el diario de Villegas le dedica una
columna porque lo ve muy inmaduro, y lo trata de chiquitín:
"Quisiéramos -escribe-, en lo que vamos a decir, envolvernos de un
espíritu virtuoso y amable, dispuesto a las caricias de azul
celeste y legítimo oro del medio día, pero el niño poeta no
conviene en estas cosas. Tiene que ir al café y salir de noche, en
vez de frecuentar las bizcocherías y distraerse jugando gambeta,
trompo y aro. Ese niño en Inglaterra sería rosado y de ojos muy
azules, pero en Bogotá es un Rafael Vásquez de garfios negros y
melena enmarañada".
El criticado tiene los cabellos encrespados, como si hubiera en su
estirpe algún antecesor de rasgos africanos que hubiera entrado en
mestizaje y por ello, el periódico lo contempla desde el
señalamiento racial. Usa anteojos redondos y siempre de vestido de
paño, aparece elegante y pulcro. El columnista de La
República ataca con fuerza al joven de Universidad:
"Y admírense las buenas gentes de las dotes poéticas de Rafael
Vásquez, hablando de Hércules:";Ved sus músculos densos, que,
despacio, insolubles,/ fingen grávidas olas sobre mármoles
blancos,/ y lo mismo que Venus - esa de éxtasis mancos- todo él es
arrogancia y elocuencia voluble".
Para la segunda década del siglo XX, Vásquez se reúne con los
miembros de la Generación de los Nuevos, en los cafés de Bogotá. Su
charla y discusión diaria en torno a la poesía la hace entonces con
los poetas León de Greiff, Rafael Maya, Jorge Zalamea y Luis
Vidales, entre otros. Viaja a Europa y Estados Unidos. En Nueva
York publica su primer libro Ánforas (1927).
Posteriormente en Bogotá aparecen Lauros (1933), Ya
pasó el sol (1953), La Torre del Homenaje (1958) y
La fuente disipada (1958).
Cuando la escritora Dolly Mejía para el periódico El Tiempo, en
octubre de 1960, le pregunta con que fin escribió su obra, el poeta
bogotano le responde: "Mi obra ha sido escrita con el fin único de
desmoralizar un poco la mediocre servidumbre de las gentes que se
han atemorizado de hablar mal del diablo y bien de Dios. Creo que
el arte es peligroso. Donde no hay nada prohibido que sonsacar a la
vida, es cosa bastante trivial. En el pecado está el mérito de la
virtud. Eso lo atestiguan los santos. Los malditos como Byron y yo,
decimos o diremos cuando llegue la muerte". Murió en Bogotá en
1960.