Miguel Rasch Isla
MIGUEL RASCH ISLA
El 9 de febrero de 1887 el calor en Barranquilla está quieto.
Pareciera que el viento no tiene fuerza para mover las altas
temperaturas. Este estado del clima hace más difícil el parto de
doña Dolores Isla y más cuando se trata de gemelos. El padre, don
Enrique Rasch Silva está preocupado. Nace el primero de sus hijos
al que le pondrán el nombre de Miguel, pero el segundo ha nacido
muerto.
El niño sobreviviente correrá en la ciudad que aún no es capital
de departamento, sólo lo será en 1905. En ese momento es una aldea
de casas de techo de paja que le dan un aspecto "miserablemente
indígena", como lo comentará años después Miguel, cuando
crezca y escriba poemas. La casa en la que vino al mundo está
situada en una de las principales, Calle de San Blas, que dista
sólo a una de la Calle Ancha. En esta existe un paseo largo de
cemento, pintado de rojo, al que llaman Camellón, por donde el niño
correrá casi todos los días o verá como en los bancos que existen a
lado y lado, cuando el sol ha bajado, se sientan sus padres a
hablar con amigos. En el patio grande de su vivienda hay árboles de
naranjo, guayabo y anón y ahí, en cada uno de ellos se subía a
bajar sus frutos. Hace estudios escolares en su ciudad natal y en
la Isla de Trinidad, en el Caribe. En su juventud se desempeña en
empleos bancarios.
El periodista Eduardo Ortega, director del diario
Rigoleto, le solicita alguno de sus escritos. Pocos días
después aparecen en las páginas literarias de los sábados del
mencionado periódico, uno de sus sonetos. La alegría de verse en
letras de molde fue truncada de inmediato al pensar cuál sería la
reacción de su padre cuando descubriera se había sublevado contra
el prejuicio manifestado de "no perder el tiempo" con
versificaciones. El padre, al traer ejemplos de algunos poetas que
conocía, aseguraba que todos eran unos bohemios empedernidos que
holgazaneaban todo el día ante la incapacidad de emprender un
trabajo. Don Enrique, una vez vio el poema de su hijo en el
periódico, lo llamó. Este se asustó un poco. La voz del padre era
imponente: "Quiero -dijo - que me explique algunos términos que no
entiendo y solicitarle seriamente que renuncie a su propósito de
ser poeta ".
Sus primeros poemas los recoge y publica en 1911, en el libro
A flor de alma. El poeta caldense Max Grillo, que venía de
Europa le da reconocimiento crítico.
Cuatro años después viaja a Bogotá. En los cafés y reuniones
sociales, se afilia al grupo compuesto por escritores como Eduardo
Castillo, José Eustasio Rivera, Ángel María Céspedes, Roberto
Liévano, Luis Eduardo Nieto, Armando Solano y otros que más tarde
se sumaron, entre los que se encontraban Rafael Maya y Rafael
Vásquez. Cada uno de ellos tenía una visión diferente de la
literatura, un sentido de la poesía que los colocaba como
defensores de diversos estilos y movimientos por entonces en boga.
En agosto de 1916 se casa con la señorita Ilva Rodríguez Zúñiga. En
la revista El Gráfico de Bogotá el poeta publica dos
sonetos que dedica a la novia. En el primer cuarteto de uno de
ellos, dice: "Ella es así: por donde pasa deja/ tranquilo eco fugaz
de onda remota,/ pues más que andar sobre la tierra, flota/ con un
vaivén de nave que se aleja."
Durante 11 años convive en Bogotá, lejos de la Calle San Blas y el
Camellón, de modo fraternal y literario con todos los poetas del
país que están establecidos en la capital de la República. Escribe
y discute de los temas de poesía con románticos, centenaristas,
modernistas, postmodernistas, entre otros. Publica de modo
continuo, como si la máquina interna de sus versos se hubiera
puesto en marcha. Por ello, de modo seguido, aparecen los
siguientes libros: Para leer en la tarde (1921),
Cuando las hojas caen (1923), La visión, poema en
doscientos tercetos (1925), La manzana del Edén (1926). A
pesar de estas publicaciones, el narrador y crítico cartagenero
Manuel García Herreros, que pertenecía a la generación de los
Nuevos, publica en la revista de este grupo que lleva el mismo
nombre, en su número cuatro que aparece en 1925, el siguiente
comentario: "Con varios libros a cuesta y no pocas traducciones al
y del portugués, con largos, invernales años, Rasch Isla continúa
siendo el poeta de ignorancia alarmante, insólita, agresiva.
Exponente de una pléyade que cree saberlo todo, describirlo todo,
en su interior. Que conoció la fatiga del estudio hace lustros, en
dos cursos de colegio elemental. Que huye de las librerías como el
pecador del confesionario".
En 1927 es nombrado por el régimen conservador de Miguel Abadía
Méndez, cónsul en Santander. Viaja por ello a España y conoce a
escritores jóvenes, entre los que se encuentra José María Cosio y
Gerardo Diego. Le hablan con frenesí de Federico García Lorca y le
prestan para que lea Romancero gitano. Cuando Rasch Isla
da su opinión sobre el poeta, estuvieron a punto de sacarlo a
empellones "Ambos estuvieron a punto de pedir mi expulsión de la
ciudad."
El gobierno colombiano lo traslada a Hamburgo. En esta ciudad
alemana escribe poco. Se dedica a aprender alemán, a leer mucho
libros de la literatura universal y a corregir los poemas que había
escrito antes de su viaje a Europa y que en 1940 edita con el
nombre de Sonetos, en el puerto del norte donde se halla
como miembro de la delegación. En Hamburgo tiene que soportar todas
las noches los bombardeos aéreos de los aliados contra el régimen
de Hitler. En plena guerra es trasladado a Barcelona por el
entonces presidente Eduardo Santos. En la capital catalana su libro
Púrpura y oro es prologado por el médico y escritor
Gregorio Marañón, e ilustrado por el dibujante taurino Antonio
Alcalde Molinero. Son los años en que Rasch Isla gusta de la
transformación que Manolete hace del toreo. Muere en Bogotá el 6 de
octubre de 1953.