Antonio Gómez Restrepo
ANTONIO GOMEZ RESTREPO
Nació en Bogotá el 13 de enero de 1869 y murió en la misma ciudad
el 6 de noviembre de 1947. Su infancia es en su casa. Poco sale de
ella debido a que su padre la tenía como vivienda de su familia y
como establecimiento colegial. Ahí llegaban todas las mañanas los
compañeros de estudio y él, Antonio Gómez, entraba al salón desde
ese mismo lugar donde realizaba vida de hogar y de estudios.
Después, con el paso de los años, no ingresa a ninguna otra
institución académica, ya sea de orden secundario o universitario.
Se vuelve autodidacta. En 1881, cuando cumple doce años, escribe
sobre una leyenda que se relaciona con el nacimiento de Simón
Bolívar. El escritor y periodista Ricardo Carrasquilla y otros
amigos de su padre lo aplauden. Cuando a la semana siguiente del
reconocimiento abre uno de los periódicos que circulan en Bogotá,
encuentra que su texto ha sido publicado. Desde ese momento comenzó
a apreciar la literatura y la crítica. Su actividad continúa con
precocidad. A los quince años inicia una polémica ante un tomo de
poesía de otro autor, reconocido por aquel entonces, que recibe
comentarios adversos y el joven Antonio Gómez Restrepo entra a
defender.
Su carencia de academia no es inconveniente para que el poeta y
posterior presidente, don Manuel Marroquín, director del Colegio
Mayor de Nuestra Señora del Rosario, lo invite a dictar una cátedra
de literatura.
En 1892 viaja a Madrid como Secretario de la embajada de Colombia.
Hay festividades en toda España con motivo de los cuatrocientos
años del primer avistamiento y desembarco que realizara Cristóbal
Colón. Conoce entre los delegados internacionales que llegan a la
conmemoración, a varios escritores, entre ellos al
nicaragüense Rubén Darío, al peruano Ricardo Palma, al
uruguayo Juan Zorrilla de San Martín y al mexicano Vicente Riva
Palacio. Le corresponde observar como el gobierno de Colombia, que
representa el presidente Carlos Holguín, dona el tesoro de
orfebrería prehispánica de los quimbayas a la Corona de España.
Sus relaciones diplomáticas y su trabajo de autodidacta dan
resultados en su literaria. Una vez las actividades de la embajada
se lo permiten, asiste a la cátedra de Edad Media, que regentaba
don Marcelino Menéndez Pelayo en la Universidad Central de Madrid.
El recinto no era nada espectacular, por el contrario, muy modesto
y no había muchos estudiantes. Don Marcelino conocía por sus
nombres a todos sus discípulos, tanto matriculados como asistentes.
Entre estos últimos estaba Antonio Gómez Restrepo, que compartía
bancas con el joven Ramón Menéndez Pidal que por entonces escribía
una de sus primeras obras pioneras: La leyenda de los infantes
de Lara. El colombiano, por su parte, ya preparaba tres libros
de poemas Ecos perdidos, Sonetos y Relicario.
Regresa al país y continúa su labor de profesor y en el Ministerio
de Relaciones Exteriores, donde se desempeña en la Subsecretaría,
lo que le permite escribir las Memorias de dicha entidad
(1898-1923). Han pasado los primeros quince años del siglo XX
cuando tiene, a su haber, la documentación suficiente para
emprender la escritura de los cuatro tomos de Historia de la
literatura colombiana.