José Joaquín Casas
Cercanos a la Gruta Simbólica
JOSÉ JOAQUIN CASAS
Sentía, al decir de Luis María Mora, por su ciudad natal, una
atracción indecible que llevaba a describir con algo de ingenuidad,
su versificación: "¡Chiquinquirá!... ¡qué nombre! voz
de poeta,/ suena como cascada/ de pandereta". Como fecha, su
nacimiento sucede el 23 de febrero de 1866 y su muerte, en la
ciudad de Tunja, capital de su departamento, el día 8 de octubre de
1951.
Sus primeros estudios estuvieron bajo la dirección de su padre,
dado que el pedagogo Jesús Casas Rojas dirigía en Chiquinquirá, el
Colegio de Jesús, José y María. En Bogotá, al venir con su familia,
el joven poeta ingresa al seminario y más tarde en el Colegio Mayor
de Nuestra Señora del Rosario, se gradúa como abogado. Su vida
transcurre entre los cargos públicos que deriva de su ejercicio
político y la docencia. Al igual que muchos de sus contemporáneos,
Casas adoptó, como poeta romántico tardío, unas convicciones que
anteponían la reconciliación del poeta con su época, antes que las
propuestas simbolistas que reclamaban por entonces una poesía
basada en la búsqueda exclusiva de la belleza. Su arte, que estaba
en función de la educación, la moral y principios fervorosos, hizo
que Armando Solano, periodista y crítico, tomara en burla su
escritura para decir: "El fervor religioso del señor Casas, que no
siempre ha sabido dosificar en lo escrito, ha infundido en sus
versos y en algunas páginas de su prosa castiza y robusta,
excepcional aliento. Los ha calentado con el fuego de la
eternidad...".
Casas, aunque para la fecha de las reuniones de la Gruta Simbólica
se desempeñaba en la cartera de Instrucción Pública, habrá años
después de escribir sobre las habilidades de su amigo Moratín, el
poeta que a pesar de doctor en filosofía, ganaba a expertos hombres
del pueblo, todos los juegos de lanzamiento de tejo.
El ánimo político permitió a Casas, en 1923, ser elegido como
primer designado para ejercer el Poder Ejecutivo y dirigir, en tal
condición, el Consejo de Estado hasta el año de 1930. Fue entonces
cuando viajó a España como embajador. Eran tiempos difíciles en la
Península. La monarquía entraba en crisis como preámbulo a la
guerra civil, por lo que embargado por sus sentimientos religiosos
y de tradición académica, prefirió regresar al país.