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IMPROVISACIONES


Ya se fue la paloma de su nido
Y arrulla triste en el ajeno hogar:
Paloma blanca, ven, que bien venido,
Siempre que vuelva, el pródigo será.
¡Ven paloma, ven acá!

Esa mujer de corazón de amianto
Mis lágrimas no mira:
No se conduele al presenciar mi llanto,
Y oyendo mis suspiros no suspira.


(Pasaba un día frente a la casa en que se alojaba el poeta en Zipaquirá, una señorita muy bella; preguntó él quién era y se le contestó: "Es E. J.; ha tenido tres pretendientes, y todos han muerto" ; entonces él improvisó este cuarteto):

Me han dicho que peligra quien la mira,
Que quien la ama en el instante muere;
Dile, por Dios, que quien la ve suspira
Y que aspira a morir, si ella lo quiere.

(Comiendo un día con tres o cuatro amigos en Niquía, hacienda poco distante de Medellín, presentóse a atender al servicio de la mesa, una señorita de la casa, de gran belleza y frescura: vestida con campesina sencillez, rosario al cuello, y una cruz visible sobre el pecho. Exigieron los amigos a Gregorio una improvisación, dándole para ella las palabras seno, rosario y cruz, y él contestó al punto):

Sobre tu nevado seno
Brilla la cruz de un rosario;
Y yo, humilde nazareno,
Muriera alegre y sereno
Sobre ese hermoso calvario.

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