GREGORIO GUTIERREZ GONZALEZ
Debido al triste privilegio de la edad y a la inextinguible
gratitud a la memoria de nuestro tío paterno José Joaquín Isaza,
Obispo que fue de Medellín y Antioquia, y del tío materno Gregorio
Gutiérrez González, por la influencia decisiva que en nuestra
educación tuvieron, tócanos llevar la voz de reconocimiento de
nuestra familia ante las entidades oficiales y ante los
particulares, por el empeño que han tomado en dar brillo y
resonancia a la celebración del centenario de ambos personajes,
erigiendo los monumentos ordenados por el legislador, en Medellín y
Rionegro al primero, en la Ceja y Sonsón al segundo.
Nació Gutiérrez González en la Ceja del Tambo, en la casa de campo
llamada El Puesto, como una milla al oriente de la risueña
población antioqueña, el 9 de mayo de 1826; vivió largo tiempo en
Rionegro, la Ceja, Sonsón y Medellín, donde murió el 6 de julio de
1872. Sus restos reposan, junto con los de Julia, en Bogotá. La
Ceja los reclamó, pero la familia pasó por la pena de no acceder a
tan honrosa petición, por tenerlos más a su alcance y al de los
sufragios de los fieles, al amparo de la Catedral primada.
Quisimos contribuir con alguna cosa digna del poeta en la
celebración de su centenario; pero la falta de tiempo nos obligó a
contentarnos con reproducir algunas de sus principales
composiciones, tomando por base la única edición dirigida
personalmente por el poeta en Medellín, en el año de 1869.
Conocidos como son los eruditos estudios biográficos de don
Salvador Camacho Roldán y don Rafael Pombo, así como el fallo
definitivo de altas autoridades españolas y americanas, sobre la
obra literaria de Gutiérrez González, sería pretensión atrevida de
parte nuestra, tratar de escribir una crítica de ella.
Por tanto, nos limitamos a reproducir algunos conceptos emitidos
por don Marcelino Menéndez y Pelayo en un estudio critico sobre la
obra del poeta, a quien califica de 'inventor de una especie de
geórgicas realistas'.
«Hay en el conjunto de las obras de Gutiérrez González dos maneras
igualmente deliciosas; una la del casto amor y la inefable ternura,
la de los versos A Julia.... «intimas, suaves, cadenciosas son las
composiciones de este grupo; la pura sencillez de los afectos y la
música melancólica que parece acompañar las gentiles estrofas, las
han hecho popularísimas en Colombia, donde no sólo los literatos,
sino el pueblo, saben de memoria gran número de versos de Gutiérrez
González, especialmente las dos composiciones A Julia, Aures, ¿Por
qué no canto? y otras varias, cuyo efecto expresa el crítico
Camacho Roldán con aquella frase de uno de los poemas ossiánicos:
'Son como la memoria de las alegrías pasadas, que es a un tiempo
agradable y triste al alma'.
«Pero aunque valga mucho Gutiérrez González como espontáneo y
delicado poeta de sentimiento, resulta mucho más original en el
extraño poema que tituló Memoria sobre el cultivo del maíz en
Antioquia, y que es, sin duda, lo más americano que hasta ahora ha
salido de las prensas.... poesía muy sana, robusta y confortante,
pero de todo punto montaraz, que constituye el mayor hechizo de la
Memoria de Gutiérrez González. Algunas pinturas de la vida rústica
en insignes novelistas modernos, en nuestro Pereda, por ejemplo,
pueden servir de tipo de comparación muy aproximado....
«El autor, para cumplir aquel dicho suyo
Yo no escribo español sino antioqueño,
hace un intemperante alarde en el uso de un vocabulario provincial,
o más bien local, exigido en parte por la novedad y extrañeza de la
materia; y tan antioqueño escribe, que si este poema no llevara,
como en las ediciones lleva, un centenar de notas, sería con todas
sus bellezas una arca cerrada, no sólo para los españoles y para
los americanos de otras partes, sino para los mismos colombianos
nacidos fuera del rincón en que escribió el poeta.
«La Memoria sobre el cultivo del maíz cumple admirablemente con su
objeto; es como ha dicho Pombo, la transformación en poesía de las
más humildes y útiles labores, por la simpatía de su cantor al
asunto, y por la música del verso'. Realmente Gutiérrez González
poseía el don divino de convertir en poesía la más desdeñada y
cotidiana prosa. La suya es poesía descriptiva directa.... El autor
lo describe todo, desde los terrenos propios para el cultivo y la
manera de hacer los barbechos o rozas, hasta el método de regar las
sementeras y espantar los animales que hacen daño en los granos. Y
es admirable la fecundidad que ha sabido descubrir en un asunto a
primera vista tan pobre, trazando cuadros tan admirables y tan
divinos como el de la quema, el de la ranchería, el de las
rogativas, el de la recolección de frutos y el de la cocina de la
roza. Si poseyese muchas cosas como este poema, la literatura
colombiana sería sin duda la más nacional de América.
Y don Antonio Gómez Restrepo dice en su obra La Literatura
Colombiana:
«Gregorio Gutiérrez González escribió las geórgicas antioqueñas en
El cultivo del maíz, poema original, valiente, de gran fuerza
descriptiva, y cuyas estrofas guardan el olor agreste de la montaña
primitiva. Si Gutiérrez González no hubiera sido un poeta de
verdad, su Memoria, como él la llama, sería una especie de cartilla
agronómica; pero él supo transformar la realidad prosaica y humilde
con un torrente de poesía naturalista, llena de frescas y
deliciosas imágenes, que entona y vigoriza como el aire matinal del
bosque».
Así que, con la benévola acogida de la Librería Colombiana de
Camacho Roldán y Tamayo y de la ya famosa empresa Editorial de
Cromos, nos limitamos a ofrecer al público una edición de la
Memoria sobre el cultivo del maíz, con las notas de don Manuel
Uribe Angel y don Emiliano lsaza, explicativas de los principales
provincialismos; que hay en ella, y de algunas de las más populares
poesías, en elegante pero modesta edición, al alcance de toda clase
de lectores.
Y óigase ante todo la palabra expresiva y férvida de Camilo Antonio
Echeverri.
Emiliano Isaza.
Bogotá, mayo 9 de 1926.