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A Jorge González
Llora tu Santa Bárbara de pena
y en San Antonio no despunta el sol,
el auto gime con dolor profundo,
quien tanto los amaba se marchó.
Los cafetales de tu amado campo
en tu memoria expanden suave olor
y las calles empeoradas de tu Támara
ya no sienten tus pasos ni tu voz.
Te fuiste, Jorge, a la región ignota.
La cruel violencia la vida te segó.
Hiciste tanto por la gente pobre:
cuenta a tu haber que pagará el Señor.
Nos ganaste en el viaje sin regreso,
luchaste sin descanso y con valor,
nadie hizo tanto por su viejo pueblo,
nadie amó tanto al suelo en que nació.
Fueron las viejas casas de tu Támara
y su iglesia de corte colonial
las que forjaron tu perfil de hombre,
de un hombre entre los hombres de verdad.
La tierra que tú amaste hoy te cubre
y conserva tus restos bajo el sol,
y llora por el hijo que ha perdido,
y guarda tus cenizas con amor.
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