|
|
|
No es pecado
Yo no sé si te quiero
o si acaso te odio.
Yo no sé si me alegro
porque voy a partir.
Mas he de recordarte
aunque pasen los años,
aunque sé que al marcharme
te olvidarás de mí.
Yo no sé si es pecado
o si existen murallas,
sólo sé que las leyes
fueron hechas por Dios.
Mas él me dio los ojos
y, vaya donde vaya,
allí estaré contigo
para vivir los dos.
Si es pecado quererte,
culpable yo no he sido:
culpable es el destino
que me lleva hacia ti,
y sólo él es culpable
de lo que ha sucedido;
y aunque pecado sea,
me has de querer así.
Acaso tiene culpa
el río majestuoso
que lleva, sin saberlo,
sus aguas hacia el mar?
por qué, si soy culpable,
Señor, me dio los ojos?
Por qué me dio los labios
y enseñó a besar?
Acaso tiene culpa
la sabana en verano,
que su verdor lo opaque
el sol canicular?
Forjaste nuestro encuentro,
en un confín del llano
y diste a nuestras almas
la tempestad del mar.
Por eso no es pecado
querer ni que me quieras.
Por eso no es pecado
que tú vengas a mí,
porque si Dios dispuso
que se amaran la fieras,
así mismo, dispuso
que fueras para mí.
|