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El petróleo
Siento un dolor tan profundo
que no me cabe en el pecho;
y es que no existe derecho
ni razón que sea propicia
a que reine la injusticia
en la llanura infinita.
Que sean las rosas marchitas
por una mancha de petróleo,
que a una pintura al óleo,
que es obra del gran Maestro,
con caracteres siniestros
con una pasión insana,
se expanda desde el Cusiana,
enlodando las sabanas
comprando mentes humanas
con el dinero que es oro
de negro, oscuro tesoro,
que brotó de las entrañas
y que el hombre se da mañas
y lo convierte en motor
que mueve sin pundonor
la conciencia del malvado
y que a mi pueblo explotado
lo dejen sin redención.
Eso no tiene perdón
para ningún gobernante.
Para ellos es importante
una buena proyección
con salud, educación,
con puentes con carreteras
con créditos de primera
y asistencia a profusión.
Que sea esta la ocasión
de una riqueza tan vaga
que puede ser relumbrón...
No a las piscinas con olas
ni a velódromos suntuosos
enriquecimiento odioso
del gobernante, eso no.
Sí a los planes de vivienda,
lo mismo a la microempresa;
al deporte con presteza
se debe patrocinar.
Es bueno reforestar
las cuencas de nuestros ríos
y que regulen las aguas
los señores del Himat.
Al petróleo que da Dios
tomarlo con humildad,
y con gran honestidad
invertir sus regalías
en obras, servicios, vías,
en bienestar de las gentes
para lograr prontamente
una buena solución.
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