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Nocturno No. Uno
Fue una noche feliz,
sin luz de luna.
En el lejano azul,
apareció una estrella;
estabas triste y sola
sobre una ínmensa roca
y el río junto a ti
pasaba musitando un poema.
!Parecías tan distante¡
Quise acercarme a ti
viendo en tus ojos de esmeralda
brillar un cielo en la penumbra,
tomé tus blancas manos
y Ias lleve a mis labios,
sintiendo palpitar todo tu cuerpo
en las cuerdas del arpa de lo ignoto.
Luego besé tus senos, dos palomas blancas
que, al emerger del santuario de tus velos,
se perdieron en la noche voluptuosa,
temerosas, con frágil aletear.
Y la brisa, acariciando las palmeras,
del amor mensajera, improvisó un cantar.
Y embriagado en un mundo de promesas,
yo te volví a besar...
y la noche, perdida entre las sombras,
seguía su lento andar...
Y tu cuerpo y el mio confundidos
nada supieron más
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