|
|
|
El niño mentiroso
Yo me llamo Saúl Niño.
Dicen que soy mentiroso,
pero ese cuento es honroso
para decir la verdad.
No más basta recordar
cuando yo taba chiquito,
nadaba cual pescadito
y ya sabía jinetear.
Un día, para comentar,
me mandó mi papa viejo:
-¡váyase!, chino pendejo,
el conuquito a cuidar,
los micos van a acabar,
con el maicito sembrao,
hoy es domingo y mercan,
pero toca trabajar,
No se vaya a demorar;
hay que achicar los becerros,
darle comida a los perros
y las gallinas cuidar;
apúrese, empiece a andar.
Pero cuidao con los güíos
que en el camino extendidos
hay que quitar p'a pasar!.
Improvisando un cantar
me fui para Aguascalientes,
entreteniendo mi mente
viendo animales pasar,
Yo vide un tigre bailar
con una tigra lebruna,
un arrendajo sin plumas
y un pichón de pavo real.
Cantaba un alcaraván
y un morrocoy tocaba arpa
y una guacharaca jarta
hacía el capacho sonar;
el cuatro un loro vibrar,
lo hacía mirando extasiado,
a un chigüiro enamorado
que se quería emborrachar.
También yo pude atisbar
a un pajarito cubiro,
entre suspiro y suspiro
comiéndose un gavilán.
Una lapa en el camino
les repartía el aguardiente
y un cachicamo insolente
le hacía el acoso sexual.
De pronto, ya p'a llegar
al sitio de mi destino,
tuve que mostrar mi tino
matando un patico real.
Me sirvió para almorzar
junto con unos "paisanos"
que se habían venido al llano
con ganas de trabajar a cazar
con mi s perros una danta,
se oyó clara mi garganta
a los perros azuzar,
-¡Cuje!, vamos a buscar
una que este bien gordita,
que sea sarta o lebrunita
a mí lo mismo me da.
Empezaron a ladrar
como laten en parada,
mas esa danta malvada
se les logro "escabuyar"
y la fueron a rastrear
como p'a la costa del Charte;
fue ese mi mayor desastre,
me tuve que demorar,
pero alcanzo a recordar
que de pronto escuche un grito:
-No ta por ahí Saulito?
preguntaba mi papa,
Y yo que lo escuché hablar,
ahí mismo salí en carrera,
convertido en una fiera
a los micos espantar.
Casi no alcanzo a llegar,
se me volvió un dedo añicos,
y esos hijueputas micos
nada habían dejado ya.
Luego empece a meditar
la tanda que me darían.
Saúl jamás golvería
a cazar más dantas ya.
Pero mi taita José,
oyendo un perro latir,
él empezó a presumir
que un güío me había jartao,
y por un tronco, volao,
paso raudo la laguna
y sin demora ninguna,
al ver un güío estirao,
con su cuchillo amolao
de cabo a rabo lo abrió,
la danta barajustó
el viejo 'e culo cayo,
y el perrito: !guau, guau !.
|