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Ser Poeta
Ser poeta es soñar
transitando un desierto,
ver un mar de esmeraldas
en un páramo yerto.
Ser poeta es ser dios,
ser el rey de Los vientos,
furia de tempestades,
luz en el intelecto,
rosa de fina arcilla,
oasis en desierto.
Ser capullo que se abre
con el calor del día,
es soñar en lo etéreo
de las musas del Ida,
o expresarse en palabras
de una lengua perdida
y medir en los astros
la razón de la vida.
Ser poeta es plasmar
el rumor de lo incierto
del reír del payaso,
o el gemir de los muertos.
Es viajar con la brisa
sobre mares revueltos
y soltar las amarras
sin pensar en el puerto.
Es quemar en las playas
las naves del recuerdo
y expandir sus cenizas
al influjo del viento.
Ser poeta es cantar
a los montes y llanos.
Es cantarle al invierno
cuando se está en verano
Inspirarse en lo bello,
en lo frágil y humano,
en el juego de los niños
o el andar del anciano.
Es cantar al soldado
o al viajero lejano,
es amar a la vida,
es cantar al amor,
y cantar aunque viva
en un mundo de horror.
Abarcar en un verso
un mundo de ilusiones,
hacer reír los niños
con sus dulces canciones.
Es buscar, en lo ignoto
de un piélago lejano,
un mundo de justicia,
un mundo sin tiranos.
Es cantar a lo bello,
lo sublime y hermoso;
es hacer un Edén
con gigantes frondosos.
Recostarse a su sombra,
contemplando a lo lejos
el caer de la tarde
sobre mares bermejos.
Ser poeta es ser días
y entonar en su lira,
del ruiseñor el canto
cuando amanece el día.
Es cantar aunque llore,
es reír de la suerte,
es brindar por la vida
en un cáliz de muerte.
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