LXXVII. - A VIRGINIA CUELLAR.
Permite que á las flores
Que en tus altares
Esparcen fervorosos
Tiernos amantes,
Modesta y tímida,
Te ofrezca yo una rosa
También Virginia.
Que canten trovadores
Tu gentileza,
Tu mirada de arcángel
De fuego llena;
En mi poesía
Tu virtud sólo ensalzo,
Dulce Virginia.
Si es tu voz argentina
Dulce y armónica
Como el aire que juega
Junto á la rosa;
A esa brisa
Tu virtud embalsama,
Linda Virginia.
Oye, hermosa criatura,
Mis pobres versos:
Tu corazón es joven,
El mío es viejo;
Mas de cenizas
Tu revives el fuego,
Gentil Virginia.
Cuando pasas alegre
Por la pradera,
¿No has visto la escondida,
Casta violeta?
Y así, sencilla,
Te contemplo y te canto,
Tierna Virginia.
No pretendo, criatura,
Jamás amarte;
Porque mi amor es de otra,
Santo, inviolable.
Es simpatía
Lo que siento á tu lado,
Dulce Virginia.
La sombra de tu padre
Amante vela
Tus sueños inocentes,
Tu primavera;
Tu frente limpia
El contempla dichoso,
Feliz, Virginia.
Tu padre mira amante
Que tiene asilo
En tu alma la inocencia
Y yo, su amigo,
Te digo en despedida
Conserva tu inocencia,
Pura, Virginia.