LXXI. - CORRESPONDENCIA.
Señor Don Medardo Rivas
Mi viejo y mi buen amigo: La facilidad de menos echo, en este
instante mismo, de Don Angel de Saavedra, el duque de tu apellido,
para escribirte un romance, lo más suelto y lo más lindo, que fuera
digno de ti y que de mí fuese digno. Pero como no la tengo, - como
arriba te lo indico, tendremos que conformarnos, -
conformarnos……. (está escrito - y no borro la palabra,-
aunque digas que duplico) los dos, con lo que mi numen, ya cascado,
seco y rígido - dar de sí pueda á estas horas - (Acaban de dar las
cinco)
Nuestra amistad, en Villeta, - el año cuarenta y pico (pues
poner dos impidióme el asonante maldito) - comenzó - ¿No lo
recuerdas?- ¿Lo habrás echado al olvido? - Yo bien sé que no,
Medardo: la última vez que nos vimos, hablamos de aquellos tiempos
de nuestra amistad principio, - quando ego erat pueribus,- como Don
Hilario dijo, en plena logia, una noche,- para echarlas de latino.-
En aquel pueblo bailamos, enamoramos, comimos,- sin tomar, no diré
brandy, - ni una copita de vino; - montamos buenos caballos,-
cuando los daba Pulido, - malos cuando los fletaba Don Juan Vargas
el muy pícaro!...... No es que insulto su memoria: es por chanza
que lo digo, ¡pobre Don Juan, que fué siempre francote y bueno
conmigo……. (No hay remedio, un consonante me ha
brincado, lo cual prueba, entre paréntesis, que este romance
improviso). Montábamos, pues, decía, cuando el baño era en el río,
ó á pié al pozo del azufre, que es en la quebrada, íbamos; ya
hombres sólos, que hombres éramos, aunque entrambos barbilimpios,
adolescentes precoces y traviesos, casi niños. A mí me gustaba,
creo, misia Maraquita Miro, y á ti, si no me equivoco, Mariquita
Vallarino: por supuesto sin malicia, sin arriére pensée, caprichos,
- por hacer lo que los otros, -pura imitación de
micos…….
Vamos á voltear la hoja, y al hacerlo me horripilo, - al ver que
en toda una página de éstas, de papel ministro, - absolutamente
nada que tenga sustancia he dicho.
Esta digresión ha roto de mis recuerdos el hilo, y otros también
halagüeños evoco con tu permiso.
El año mil ochocientos cuarenta y tres estuvimos en San
Bartolomé juntos, siendo entrambos buenos chicos, - regulares
estudiantes, y excelentes condiscípulos. Entonces tú visitabas, -
por lo menos los domingos, la casa de mi familia, - situada en San
Victorino. - ¿Recuerdas, dime, Medardo, cómo te amaron los míos,-
desde mamá hasta Teresa-y desde mí hasta Narciso?......... Excúsame
que haya puesto esos puntos suspensivos; pero el reloj da las
siete, y yo estoy comprometido solemnemente con unos - ¿lo serán?
unos amigos; pero mañana temprano volveré á ocupar mi sitio.
14 de Diciembre.
Aquí me tienes de nuevo, -aunque estropeado y mohíno, porque he
pasado una noche de calenturiento frío,-insomne, despabilado,- con
el cerebro hecho un cisco,- leyendo las tristes cartas de mi Inés y
de mis hijos,-cuya suerta infortunada me quita el sueño y el brío,-
y pasar me hace las noches crueles en febril delirio,- convirtiendo
mi cabeza en kaleidoscopio vivo,- en que al menor movimiento las
ideas, que son los vidrios,- se revuelven y confunden,- y presentan
al espíritu nuevas Y extrañas imágenes,- á cada insensible giro,-
pero todos reflejando - este infortunio infinito-que hace de mi
triste vida-un inmenso laberinto, enredado, inestricable - como
aquel que en Creta, Minos mandó fabricar á Dédalo, el padre del
loco Ícaro, para encerrar dignamente - al Monitauro maldito, que
nació de Pesiphae,- del adulterio arquetipo pues un toro fué su
amante,- según lo refiere Ovidio,- y Demoustiere lo repite en
salpimentado estilo…….
Ya lo ves cuando te hablaba de mis afanes prolijos, - una cita
motológica - me aparto de mi camino,
Suspendí anoche á las siete este mi romance inicuo, en un ¡hace
20 años! -Renuncio, pues, á seguirlo. Además, ya tú la síntesis, de
nuestro vario destino con tu ingénita sindéresis,- formulaste como
amigo,- en aquella alegoría, - en aquel precioso artículo, -
publícalo en tu «Revista de Colombia » cuyo título…….
Pero vuelvo á divagar -y de nuevo me extravío.
Tú formulaste, decía, nuestros hados respectivos: - «á ti te
guió tu estrella, á mí me arrastró mi sino.»
Tras mañana 17 - pienso mandar un auxilio - á mi infelice
familia,- de quien separado vivo, hace un año y siete meses,- para
aliviar su martirio, un tanto: no será mucho,- pues los tiempos
están críticos. Por supuesto y desde luégo,-decirte no necesito,-
que para la tal remesa,- cuento, Medardo, contigo,- con el óbolo
amistoso, que aunque pudiera ser ínfimo, grande lo contemplaría,-
porque «todo es relativo,» y muy bien suceder puede que tú estés
mal de bolsillo.
En verdad, se me olvidaba: cuatro ejemplares te envío, de mis
«Preces cuotidianas.» - ¿Qué tal pulso el plectro místico?
Pero se pasan las horas, y por tanto termino esta prolongada
epístola, repitiéndome tu amigo,
JOAQUÍN P. POSADA.
15 de Diciembre de 1871.
Señor Joaquín P. Posada.
Tu casa, 16 de Diciembre de 1871.
Querido amigo del alma: Mil gracias por tu misiva. Era mi primo
cercano el noble Duque de Rivas, á quien en tus lindos versos,
Joaquín, envidiando, citas; mas, como tú sabes bien, en asuntos de
familia, los unos se llevan todo, y quedan otros peristan, mi noble
primo llevóse (fué verdadera injusticia), genio y gracia, para ser
un famoso romancista, y á mí dejóme tan sólo la afición á la
política. Así, contestarte en verso, sería una empresa inaudita;
pero te ofrezco, Joaquín, consagrarte una «Revista»; pues
conquistarás con esto una posición magnífica: que al ver tu nombre
allí puesto, han de lloverte á porfía más ataques y censuras que á
Renán llovieron críticas: de toda lista en que estés te borrarán
los sapistas; te han de excomulgar las beatas, y……..
dejemos la política.
¿Para qué mueves, Joaquín, esa apagada ceniza, esas memorias
pasadas que en el alma están dormidas? ¿No tienen los corazones
bastante y amargo acíbar, que quieres echarles más, recordando
viejas dichas? Y á propósito, te engañas, no era la mía Mariquita:
era…….. (si ya no me acuerdo de su nombre), era una
bizca, recatada y melindrosa, de un Canónigo sobrina. Lo que
recuerdo es que el cura tenía despensa provista de chocolate, de
quesos y conservas exquisitas; y por gozar de mi amada las
simpáticas sonrisas y tomarle el chocolate, sacrifiqué muchos días
los baños en el azufre y el amor de Mariquita; pero el cura una
ocasión por celos ó economía, hizo que sus dos sobrinos me dieran
una paliza.
Montábamos, dices: nunca gocé de tamaña dicha, pues jamás tuve
un caballo ni nadie me lo ofrecía; y ad pedem litere al pozo me iba
con un tal Garnica; mientras que con Pepe Nieto y la elegante
Cristina tú pasabas en bucéfalos que me llenaban de envidia: que
siempre la buena suerte mostróse conmigo esquiva. Ay! del colegio
las horas fueron para ti de dicha; para mí fueron amargas desde que
estudié cachita! Siempre mal trazado y pobre, llevé una vida
maldita; era antipático y feo, y todos me aborrecían. Recuerdas?
Tuve peleas como tuvo el año días. Con Matallana Nereo (pues
siempre se anteponía el apelativo al nombre, cuando se pasaba
lista), con Matallana unos puños tuve donde fué capilla; después
con Pepe Samper tuve formal sarracina; y contra Neira el patán tuve
que formar gavilla.
Cuando ya era mocetón, estudiante todavía, me enamoré como loco
de la gentil Margarita; y el capote colorado, el ancho sombrero
jipa, la chaqueta de mahon y chinelas amarillas, cambié por un
cubilete, por botas y por levita; y todas las tardes juntos, nos
íbamos á su esquina, que era, ¿la recuerdas bien?, enfrente de «la
Capilla.» Saludabas tú arrogante, yo hacía zurdas cortesías; y ella
contigo era amable y conmigo sonreía.
Es cierto, mucho me amaron los miembros de tu familia; y yo
conservo en mi pecho, como preciosa reliquia, el recuerdo de los
tuyos, y aun amo á Pita y la niña; pero te voy á contar la más
triste de mis cuitas, que á tu casa, á mis amores y á mi suerte
viene unida. Hicieron al Chivo Amaya, clérigo de campanillas, Dean
del coro catedral; y por eso dió ese día un refresco, ¡qué
refresco!, toda pintura es mezquina. Vivía con el Juan Azuero, con
quien tuve amistad íntima: convidóme á los despojos y jugamos mesa
limpia. Ay! no quisiera contarlo; pero me puse una chispa y ví al
mundo chiquitico y vino á mi fantasía la imagen dulce y risueña de
la gentil Margarita. Fuíme á tu casa á la tarde, que era por la
Capuchina. Entré sereno; Chochón me recibió con risita, de esa que
quiere decir, lo que tienes se adivina. Entré á la sala. Oué veo!
¿Es realidad ó es la chispa? Sentada en un canapé, conversando con
la niña, con traje de pana azul, que así se usaba en mis días, y un
pañuelito rosado cubriendo sus formas lindas, estaba, y me dió la
mano, la graciosa Margarita. Y yo, que siempre temblaba al verla,
cual golondrina en quien el ave de presa sus ojos hirientes fija,
esa noche fuí arrogante, animado por la chispa, para decir
necedades y grandes majaderías.
-Diez y seis años apenas, frenético le decía, cuento, señora, y
no tengo consuelo en mi triste vida: sufro infeliz, y luchando del
destino con las iras. Sueño con usted de noche y es mi ilusión en
el día. Miro doquiera desiertos sin su imagen peregrina: que es mi
amor, amor de aquellos que nacen en sólo un día; mas que forman una
historia y llenan toda una vida. Quiero su amor ó la muerte, quiero
su amor Margarita!
-No se vende solimán, caballero, en la botica, sin que al pié de
la receta ponga un médico la firma, - con furiosas carcajadas me
contestó la maligna.
La «fortuna desde entonces» me fué siempre tan propicia, en
negocios y en amores, que en mitad ya de mi vida, de impresor tomé
el oficio para emplearla como tinta.
Dichoso tú que, ligero, todo un romance improvisas, mientras que
yo de esta carta, sudando la gota viva, he escrito más borradores
que tú apurado copitas. Y pues mañana es paquete y el óbolo
necesitas, renuncio en obsequio tuyo á continuar la misiva
diciéndote sólo - Amigo, ¡Dios ampare á tu familia! Para ella te
envío un condor. Quisiera darte una mina, para probarte con esto,
cuanto tu cariño estima
Tu viejo amigo Mechuso (alias DON MEDARDO RIVAS).