LXI. - CAIN A SU MUJER.
A Abel maté, mujer, hace un momento,
Y voy huyendo de mi propio horror.
Quiéres seguirme? El soplo de mi aliento
Marchita y seca la inocente flor
No hay para mí perfumes en la brisa,
Seca á mis pies sus aguas el raudal,
Muere en mis labios al nacer la risa,
Y no hay dolor á mi dolor igual.
La triste imagen de mi hermano muerto
Me envía á seguirme para siempre Dios:
No tendremos más patria que el desierto
Y eterna soledad para los dos.
Quiéres seguirme? El rayo con que el cielo
Siempre amenaza mi maldita sien,
O las espinas que me brota el suelo
Pueden herirte á ti, mujer, también.
Y para siempre mi sentencia escrita
Por el dedo de Dios, no tendrá fin;
Y al través de los siglos, La maldita!
Se llamará la raza de Cain.
Quiéres seguirme ?-Sí
-Ya nada temo,
¡Dios ha tenido compasión de mí!
Dejándome tu amor, tu amor supremo,
Y su perdón me otorgará por ti.