INDICE




PROLOGO
I. - FANTASÍA
II. - EMILIO EL DOCTOR.
III. - PLEITO COMUN.
IV. - TO KOSSOUTH.
V. - HISTORIA DE UNA ROSA.
VI. - ¿QUÉ FUERA YO?
VII. - DON QUERUBÍN.
VIII. - EN EN ALBUM.
IX. - EL SITIO DE LEIDEN.
X. - LA HUÉRFANA.
XI. - OVIDIO.
XII. - CARIDAD DE DIOS. 
XIII. - JACINTA.
XIV. - A PICHILÍ
XV. - DON ZACARÍAS.
XVI. - LAS DOS FILOSOFIAS.
XVII. - CRÍTICA
XVIII. - EL ESTUDIANTE.
XIX. - TU CUMPLEAÑOS.
XX. - LA HERMANA DE LA CARIDAD.
XXI. - MI SOBRINA.
XXII. - LA MARIPOSA.
XXIII. - TRADICIONES DE TOCAIMA.
XXIV. - LA BEATA.
XXV. - EL DESTINO.
XXVI. - ESCENAS DEL HOGAR.
XXVII. - LA DOLOROSA
XXVIII. - REUNION DE FAMILIA.
XXIX. - REGALO.
XXX. - DOLORES.
XXXI. - EL COMERCIANTE.
XXXII. - ADIOS A MI HIJA.
XXXIII - EL ROSARIO AL AMANACER.
XXXIV. - EL POBRE Á UNA LECHUZA.
XXXV. - EL TOCHECITO.
XXXVI. - A UNA JUDIA
XXXVII. - LA BENDICION DEL POTRERO.
XXXVIII. - MI SOBRINO.
XXXIX. - PERDOMO.
XL. - INVASIÓN.
XLI. - LAS FIESTAS DE PIEDRAS
XLII. - LA PENITENCIA.
XLIII. - MEMORIAS
XLIV. - EL MAROMERO.
XLV. - DOÑA JUSTA.
XLVI. - DOLORES G. DE CALVO.
XLVII. - UN PASEO AL CAMPO.
XLVIII. - EL ALMANAQUE.
XLIX. - DISCUSION.
L. - CONTRARIEDADES
LI. - MI HERENCIA.
LII. - LA VIDA.
LIII. LAS RIFAS.
LIV. - LA ECUELA AYER.
LV. - LA ESCUELA HOY.
LVI. -  LOS PEREGRINOS.
LVII. - MIGUEL ANGEL
LVIII. - A VERANEAR.
LIX. - LOS DOS CONSTÁNTINOS.
LX. - EL RETRATO DE MI MADRE.
LXI. - CAIN A SU MUJER.
LXII. - UN VIAJE A PAICOL
LXIII. - RESOLUCION
LXIV. - LA SUICIDA.
LXV. - EL SAN PEDRO
LXVI. - RAQUEL
LXVII. - LAS DOS HERMANAS.
LXVIII. - EL LAZARINO.
LXIX. - EL COSECHERO.
LXX. - LAS DOS ONDAS.
LXXI. - CORRESPONDENCIA.
LXXII. - ITALIA.
LXXIII. - LA NOVELA
LXXIV. - EL LEON.
LXXV. - JUAN SOLDADO.
LXXVI. - DEFENSA PROPIA.
LXXVII. - A VIRGINIA CUELLAR.
LXXVIII. - UN DRAMA SALVAJE.
LXXIX. - CRISTO CONSOLADOR.
LXXX. - QUEJAS DE UN MILITAR.
LXXXI. - LA FIESTA DE LOS POBRES.
LXXXII. - A PAQUITA.
LXXXIII. - ¡LADRONES!
LXXXIV. - LA TEMPESTAD.
LXXXV. - DESPEDIDA.
LXXXVI. - LA MIRRILIN.
LII. - LA VIDA.

 

A J. P. P.

 

¿Ves á esos dos niños que se encuentran en un alegre prado, que se abrazan y ríen y juegan juntos?

Es de mañana el sol en el Oriente lanza rayos de apacible luz, de un calor vivificante y de una voluptuosidad que los envuelve como para hacerlos dormir; la atmósfera está despejada y magnífica; el cielo sereno y azul, con blancas nubecillas que semejan un velo de gasa; á lo lejos se descubren colinas elisias y un hermoso horizonte que los atrae y que los ceduce; y la brisa perfumada viene á acariciar sus blondas cabelleras, y les trae los ruidos de una sabrosa música.

Alegres los niños, jugando y riendo siempre, van en busca de esos horizontes que están tan cerca de ellos, cogidos de la mano, bailando al són de la música, pero marchando siempre, y entretenidos con las flores que en el camino encuentran, ó escuchando los versos que uno de ellos canta.

Se sueltan de la mano, que cada uno siguiendo sus instintos quiere marchar, pero sin apartarse mucho, con la sonrisa en los labios y el amor en el corazón: y á cada momento vuelven á mirarse, señalan el horizonte y siguen alegres.

El sol avanza en el horizonte y da nuevo vigor á los adolescentes, que se empeñan en seguir adelante, á donde hay más luz, más flores, más placeres y más felicidad. El uno toma un sendero empradizado por musgo que cede á sus pisadas, sombreado de palmas y embellecido por un tinte magnifico que se refleja como la luz de Bengala sobre todos los objetos para iluminarlos. De vez en cuando vuelve á mirar á su amigo, siempre con cariño, pero embriagado con sus propios placeres. Va cantando, y su canto, en armonía con la naturaleza que lo rodea igual al murmurio de la fuente que atraviesa, tan suave como el de las aves que pueblan el espacio, es un himno de felicidad que parece inspirado por Dios.          

El eco de sus canciones va muy lejos; y armónico y divino, alcanza á agitar las copas de los árboles que á su paso desgajan sobre su cabeza las más bellas flores; y los pájaros, engañados con su canto, le devuelven también sus más sabrosos trinos.

Ya no va solo: una mujer hermosa se ha puesto á su lado, acaricia su mejilla, arregla su cabellera, y abrazada de él sigue adelante. ¿Porque no se detiene en esa fresca gruta que convida al reposo, al amor y á la voluptuosidad ?

El sol lanza sus rayos sobre la feliz pareja, que camina guiada por el amor y alentada por el entusiasmo; y él le dedica versos, y ella le devuelve besos.

Ya no se ven los dos amigos, porque el otro tomó un sendero arenoso, aspero y desapacible, que en vano el amor quiso hacer suave; pero á lo lejos aun alcanza á oír el eco de las canciones de su niño amigo, y goza en escucharlas.

Los dos senderos se juntan donde creían que estaban las colinas elisias y los bellos horizontes, y donde sólo hay una llanura árida y desierta; y de uno de estos senderos sale un anciano fatigado, con el pelo y la barba encanecidos, pero la frente iluminada aún por el genio, que quiere atravesar la llanura; y del otro un hombre envejecido por el trabajo y por las decepciones. Los dos amigos se conocen, se abrazan con cariño y se juntan de nuevo para hacer el camino que les falta.

-Qué encontraste por tu senda de flores?

-La desgracia.

-Y tú ¿qué hallaste por tu camino escabroso?

-El infortunio.

- ¿Qué traes que te sirva para pasar el resto del caminó?

-Mis versos y mi genio.

-Y tú ¿qué tienes para seguir en la vida?

-Resignación

Bogotá, Julio 1° de 1870.

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