INDICE




PROLOGO
I. - FANTASÍA
II. - EMILIO EL DOCTOR.
III. - PLEITO COMUN.
IV. - TO KOSSOUTH.
V. - HISTORIA DE UNA ROSA.
VI. - ¿QUÉ FUERA YO?
VII. - DON QUERUBÍN.
VIII. - EN EN ALBUM.
IX. - EL SITIO DE LEIDEN.
X. - LA HUÉRFANA.
XI. - OVIDIO.
XII. - CARIDAD DE DIOS. 
XIII. - JACINTA.
XIV. - A PICHILÍ
XV. - DON ZACARÍAS.
XVI. - LAS DOS FILOSOFIAS.
XVII. - CRÍTICA
XVIII. - EL ESTUDIANTE.
XIX. - TU CUMPLEAÑOS.
XX. - LA HERMANA DE LA CARIDAD.
XXI. - MI SOBRINA.
XXII. - LA MARIPOSA.
XXIII. - TRADICIONES DE TOCAIMA.
XXIV. - LA BEATA.
XXV. - EL DESTINO.
XXVI. - ESCENAS DEL HOGAR.
XXVII. - LA DOLOROSA
XXVIII. - REUNION DE FAMILIA.
XXIX. - REGALO.
XXX. - DOLORES.
XXXI. - EL COMERCIANTE.
XXXII. - ADIOS A MI HIJA.
XXXIII - EL ROSARIO AL AMANACER.
XXXIV. - EL POBRE Á UNA LECHUZA.
XXXV. - EL TOCHECITO.
XXXVI. - A UNA JUDIA
XXXVII. - LA BENDICION DEL POTRERO.
XXXVIII. - MI SOBRINO.
XXXIX. - PERDOMO.
XL. - INVASIÓN.
XLI. - LAS FIESTAS DE PIEDRAS
XLII. - LA PENITENCIA.
XLIII. - MEMORIAS
XLIV. - EL MAROMERO.
XLV. - DOÑA JUSTA.
XLVI. - DOLORES G. DE CALVO.
XLVII. - UN PASEO AL CAMPO.
XLVIII. - EL ALMANAQUE.
XLIX. - DISCUSION.
L. - CONTRARIEDADES
LI. - MI HERENCIA.
LII. - LA VIDA.
LIII. LAS RIFAS.
LIV. - LA ECUELA AYER.
LV. - LA ESCUELA HOY.
LVI. -  LOS PEREGRINOS.
LVII. - MIGUEL ANGEL
LVIII. - A VERANEAR.
LIX. - LOS DOS CONSTÁNTINOS.
LX. - EL RETRATO DE MI MADRE.
LXI. - CAIN A SU MUJER.
LXII. - UN VIAJE A PAICOL
LXIII. - RESOLUCION
LXIV. - LA SUICIDA.
LXV. - EL SAN PEDRO
LXVI. - RAQUEL
LXVII. - LAS DOS HERMANAS.
LXVIII. - EL LAZARINO.
LXIX. - EL COSECHERO.
LXX. - LAS DOS ONDAS.
LXXI. - CORRESPONDENCIA.
LXXII. - ITALIA.
LXXIII. - LA NOVELA
LXXIV. - EL LEON.
LXXV. - JUAN SOLDADO.
LXXVI. - DEFENSA PROPIA.
LXXVII. - A VIRGINIA CUELLAR.
LXXVIII. - UN DRAMA SALVAJE.
LXXIX. - CRISTO CONSOLADOR.
LXXX. - QUEJAS DE UN MILITAR.
LXXXI. - LA FIESTA DE LOS POBRES.
LXXXII. - A PAQUITA.
LXXXIII. - ¡LADRONES!
LXXXIV. - LA TEMPESTAD.
LXXXV. - DESPEDIDA.
LXXXVI. - LA MIRRILIN.
L. - CONTRARIEDADES

 

DE UN REDACTOR.

 

Voy, me dijo Leoncio, á fundar un periódico que esté à la altura de la situación; periódico no de polémica ni de política palpitante, sino científico, de estadística y comercial, y que por sus apreciaciones filosóficas y justas venga á arreglar la marcha de la República y á sujetar á los partidos al yugo saludable de la opinión. Cuento con la eficaz cooperación de algunos amigos, y me propongo no sólo abrazar una profesión, sino abrir una nueva era para la prensa del país, evitando toda disputa estéril, toda polémica infecunda y toda rivalidad inútil; pues nuestros artículos ni herirán á nadie ni serán atacados por los periódicos, siendo enteramente especulaciones abstractas y metafísicas, en el campo de la ciencia, que es lo que necesita el país.

-Y tienes ya lo necesario para esta empresa? le contesté.

-Lo necesario para ser periodista? Aunque te parezca vanidad, no me falta à mi ni les falta á mis amigos.

-Me felicito por esto, porque ahora anda un poco escaso.

-No, mi primer compañero de redacción, que será Eugenio, tiene chispa y…..

-Si no es eso.

-El segundo, que será Querubín, promete……..

- ¿Pagar?

- ¿Cómo?

- Pagar la impresión.

-Vaya! El periódico dará para sus gastos, y deduciremos además una justa remuneración como redactores.

-Quién sabe, quién sabe, Leoncio: lo necesario para ser redactor es el conquibus.

Púsose de acuerdo con sus compañeros, arreglóse con el impresor (verdadero milagro), y á pocos días apareció el nuevo y famoso papel, en tipos elegantes y lucida impresión.

"EL ÆGOS POTAMOS.

PERIÓDICO CIENTÍFICO, POLÍTICO Y LITERARIO,

DE COMERCIO, BELLAS ARTES Y ESTADÍSTICA.

Se canjea con todos los periódicos de dentro y fuera de la República.

La suscripción por año, $8; por semestre, $4; por trimestre, $2. Aparecerá todos los domingos.

 

AÑO I. - TRIM. I.            Bogotá, 1.º de Septiembre de 1869.                NUM. 1.º

LOCAL DE REDACCIÓN,

Carrera de Antioquia, calle 1.ª, n.º 1.º

AGENTE GENERAL, D. AVELINO CASANOVA,

Carrera De Bogotá,  calle 1.ª, n.º 1.º

 

La prensa es un sacerdocio: los que lo ejercen merecen veneración. - L.C.

REDACTORES.

DON LEONCIO CIENFUEGOS.

DON EUGENIO DE MEDINA CELI.

DON QUERUBÍN DEL PRADO.»

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Antes de mencionar lo que el periódico contenía, debemos consagrar unos momentos á las emociones que experimentó Leoncio desde el instante en que llevó su artículo á la imprenta, hasta el día en que apareció en letra de molde; emociones de angustia, de miedo, de amor, voluptuosidad y de dicha, que alternativamente fueron haciendo palpitar su corazón.

Al entrar en el vasto edificio de la imprenta, en donde más de treinta hombres mudos, misteriosos, al frente de las cajas iban acomodando las letras, mientras que á cada instante el golpe de la máquina anunciaba que había caído el ejemplar de un impreso, la exaltada imaginación de Eugenio le hizo concebir el temor natural á los iniciados en los misterios de las divinidades paganas; y la imprenta á sus ojos vino á ser un templo en cuyas ceremonias iba á ser iniciado, siendo pronto votario y sacerdote.

Las pruebas fueron aguardadas por él con una ansiedad mortal; al recibirlas les echó una mirada devoradora, como la del turco que en un instante abarca y adivina todos los encantos de una joven doncella; y se detuvo al encontrar al pie su nombre escrito. Entonces el orgullo mató esa primera emoción de amor.

Las recibe con mano temblorosa, las coloca en el bolsillo del pecho para tenerlas más cerca del corazón; pero allí le queman, y á pocos instantes las retira, y sin poder leer nada, les echa otra mirada, las estrecha con amor como se estrecha al descuido la mano querida de una mujer; y jadeante casi con vértigo, llega á su casa, abre precipitadamente la puerta de su cuarto, la cierra con estrépito, y allí en secreto se entrega á todas las voluptuosidades de un marido en la luna de miel. Leer el título de su artículo, es recibir el primer beso y sentir la sangre como fuego circular de vena en vena. Poco á poco levanta el velo misterioso, recorriendo las líneas impresas; cada palabra es una emoción y en cada párrafo se detiene para saborear la felicidad, hasta que al fin, ebrio de dicha, apura el supremo deleite, leyendo de seguido toda la composición.

Por la noche su sueño es inquieto, repite durante él, en palabras entrecortadas, todo el artículo, que en letras de fuego ve escrito en las paredes de su cuarto; y muy tarde ya, se levanta en paños menores, tropezando con las sillas y dándose contra un palo del ropero en un ojo, llega hasta la mesa de escribir, y con la ansiedad del avaro ciego que tienta su tesoro, coge las pruebas, las lleva á los labios y grita: Ah! ¡Es verdad!

Por la mañana, antes de que los obreros entren, ya está parado en la puerta de la imprenta; apenas se presenta el director, se le aboca y quiere proponerle que le escuche el artículo; pero vacila ante la idea de que ese bárbaro ocupado en sus negocios, no le preste la debida atención, y se resuelve á que la obra produzca su efecto á la publicación del periódico; por lo que le entrega las pruebas á la corrección, con el orgullo con que un General entrega á sus ayudantes el plan de la batalla.

Los otros redactores, más ó menos asiduos, rodearon también la imprenta de día y de noche desde el instante en que mandaron sus escritos hasta el en que vió la luz « El Ægos Potamos.»

El día en que debía aparecer el periódico, á las doce en punto, se instaló la redacción en el local de las sesiones. Presidía Leoncio, á su lado derecho estaba Eugenio, al izquierdo Querubín y al frente Patricio, colaborador que había enviado unos versos. Todos estaban poseídos de la solemnidad del momento; mudos, silenciosos y graves, sólo descubrían su ansiedad por las frecuentes miradas que lanzaban á la puerta, y porque palidecían cada vez que se oía ruido de pasos.

Al fin se presentó Don Avelino Casanova, el agente general, con los pies torcidos hacia afuera, llevando el periódico abierto y cogido por las dos esquinas, como la Verónica lleva el lienzo santo en las procesiones y con su voz chillona y repugnante anunció: « El primer número del Ægos Potamos.»

La redacción se puso de pié para hacer los honores al periódico; después, colocado éste sobre la mesa, principió Leoncio la lectura solemne, desde el título hasta donde decía «Imprenta y Litografía de Encinales y C,ª, carrera de Chire, calle 1.ª, número 45.»

- ¡Estupendo! dijo Querubín.

-Admirable, gritó Eugenio.

-Este periódico se va á ir á las nubes, dijo Leoncio. (En el Agosto entrante, hubiera dicho el impresor, porque ya pasó el tiempo de las cometas).

- ¡Qué bueno está tu artículo!

-Mucho mejor es el tuyo, francamente.

-Tienes un estilo inimitable!

- ¿De dónde has sacado tú tan buenas cosas?

-Hay elevación de pensamientos, nobleza en las ideas y precisión en el lenguaje de tu artículo. Decididamente, eres el mejor escritor de Sur América.

-Tú tienes una cosa que yo envidio: l'esprit francés.

- ¿Te fijaste en la manera como yo trato la cuestión moral en un sólo aparte?

-Por supuesto! Pero tú no pusiste atención en una cosa que yo digo de las mujeres. Oye. Y fué tomando el periódico el que así hablaba.

-Permíteme, le dijo el otro, arrebatándoselo, que antes lea yo una cosa que, como puede aparejar responsabilidad á la redacción, es necesario saber si estamos ó no todos de acuerdo.

-Amigos, me creo con derecho á que me escuchen primero, como á principal redactor.

-Pero tú acabas de leer tus artículos con énfasis, y los míos con voz cansada, lo que les hace perder sin duda. .

-Yo hasta ahora me he callado por moderación; pero necesito que me oigan, ó no vuelvo á escribir.

Acaloróse la discusión: el periódico, arrebatado de mano en mano, fué casi desgarrado en un último tirón, y ya iban á reñir los redactores, cuando Don Avelino les gritó:

"Señores redactores: en la agencia general cinco mil suscritores os contemplan!"

Para que no hubiera preferencias, el agente general propuso que se siguiera la moda de la época y que rifaran los artículos, echando los títulos en un saco, y que á la suerte fueran leídos, en el orden en que saliesen.

Hízose así, y cada uno saboreó la dicha de leer su producción, entre los aplausos de los concurrentes; volviendo á empezar el turno cuando el último había concluido.

Acabada la vigésima sexta lectura, Leoncio manifestó que la aparición del periódico debía celebrarse con un banquete ofrecido á la redacción, y del cual se hablaría en el número próximo.

El pensamiento fué acogido con aclamación.

-Tienes tú plata ?-No-Tú ?-No-Tú ?-No- ¿Qué hacemos?

-Señor agente general; no pudiera usted adelantar los fondos necesarios para el banquete, que serían, por supuesto, reembolsados con los productos del periódico?

-Imposible; pues antes por servir á ustedes y para cumplir con sus recomendaciones, he tenido que tomar los artículos cuya factura aprovecho la ocasión de presentar, y que debo á los señores Arismendi y Corral.

FACTURA DE LOS .ARTÍCULOS COMPRADOS PARA LA AGENCIA GENERAL DE

 «EL ÆGOS POTAMOS.»

Un libro en blanco de 500 páginas para la lista de suscritores en la capital..$ 1

Uno id. de 2,000 páginas para las agencias de la República........................  4

Un libro de caja………………………………………………...………... 4

Un Diaro y un Mayor para llevar las cuentas por partida doble…………...16

Una prensa de copiar para la correspondencia …………………………..25

Un libro copiador………………………………………………………... 2

Dos resmas papel de carta……………………………………………….. 6

Tinta, plumas, lápices, goma y demás útiles para montar la agencia………..50

Suma…………………………………………………………….. $      108

-Muy bien! Muy bien! Mucho va á tener que trabajar usted, señor agente; pero usted tiene ya asegurado su porvenir y el de su familia porque este periódico será un monumento nacional, que se trasmitirá de generación en generación.

- ¿Cómo vencer esta primera y última dificultad que encontramos en nuestra carrera brillante? ¿Cómo haremos para obsequiar hoy a la redacción con un banquete?           

-Como una prueba de mi consagración, dijo Patricio el colaborador, á la causa del bien público y de mi amor á la gloria de Colombia, voy á llevar mi reloj al Banco Prendario que aquí junto tenemos; y de allí seguiremos al Club.

Mientras que ellos hacen las diligencias de empeñar el reloj, veamos lo que contiene « El Ægos Potamos.»

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(PRIMER ARTÍCULO).

"NUESTRA MISIÓN.

Dedicado al hábil político y eminente escritor

EUGENIO DE MEDINA CELI."

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(SEGUNDO ARTÍCULO).

"LA SITUACIÓN.

Al Larra colombiano, al poderoso genio que ha emprendido la regeneración de nuestra sociedad,

A DON QUERUBIN DEL PRADO."

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(TERCER ARTÍCULO).

"LO QUE PASA.

Como testimonio de admiración á la ciencia y virtud del famoso publicista americano,

LEONCIO CIENFUEGOS."

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(UNOS VERSOS).

"DESTELLOS Y ESPLENDOR.

A mis nobles amigos los ilustrados redactores de "El Ægos Potamos."

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"ESTADÍSTICA.

La redacción se ocupa seriamente de investigar el número total de los mendigos que hay en Bogotá, cuyo cuadro aparecerá muy pronto.»

MOVIMIENTO DE LA POBLACIÓN EN EL MES.

DEFUNCIONES.

De tifus………………………………………………………………….…………300

Disentería……………...……………………………………………………….….100

Pulmonía………...…………………………………………………………….…..200

Fiebres………...……………………………………………………………....……25

Violentamente…………...……………………………………………………..……50

De hambre…………………………………………………………………….……...2

Varias enfermedades…………………………………………………………….…..23

Total ………………………………………………………….700

NACIMIENTOS.

Legítimos ………………………………………………………………………...……7

Ilegítimos……………………………………………………………………………650

Total ………………………………………………………...657»

 

 

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"COMERCIO.

En el curso del presente mes ha llegado á esta plaza un arriero conduciendo un buey y un burro, cargados con mercancías despachadas en Honda, y preguntando por el señor Torices, de este comercio. Varios negociantes, que desde hace algunos meses esperan cada uno una carga, se apresuraron á salir al encuentro del arriero, animados con la lisonjera esperanza de que fueran las cargas esperadas; pues que el tal Torices no tiene tienda abierta en este comercio. Por los manifiestos, facturas y cartas de remesa que el conductor traía, se pudo averiguar que las expresadas cargas contenían:

2 bultos gorras de seda y paja de Italia, despachados por Fourquet Fretes de París en 1853 (que habían sido algo retardados en la Costa), y pertenecientes á la casa de L. & R. de Bogotá.

2 id. espejos y brandy francés, despachados de Bremen para Thorsmith & Compañía (alias Torices). Abiertos los dichos bultos, resultaron rotos los espejos y sustraídas las botellas.

El brandy coñac ha tenido por esto una alza considerable.

El paquete inglés que cada mes llega á esta capital, se ha retardado ahora diez días por lo seco del río.

El telégrafo eléctrico funciona hasta San Victorino.

Los comerciantes han inventado el sistema de Rifas, para vender por diez veces más de lo que vale lo que nadie quiere y para nada sirve."

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"NECROLOGIA.

La parca Atropos ha cortado inexorable el hilo de la vida del SARGENTO PRIETO, cuando el tiempo, en su vuelo inmutable, marcaba ya casi veinte lustros, desde que la estrella del destino lo colocó en la mansión de los mortales.    

En vano Esculapio y Panacea, dioses amigos de los hombres, quisieron disputárselo á la muerte: en vano los discípulos de Hipócrates y Galeno invocaron la ciencia para retenerlo entre nosotros; la terrible Hécate lo llevó á sus dominios tenebrosos.

Sobre el lugar donde descansan sus restos no iremos nosotros á deponer el sangriento laurel de Marte, porque las ninfas domésticas de Bogotá (alias las criadas) colocarán allí las estatuas de Apolo y de Terpsicores; pues que á su espléndido albergue era á donde, en los días consagrados al descanso (los domingos por la tarde), iban á ensayar con sus amantes ligeras danzas, y á saborear en refrigerios frugales y sobre el verde césped, los rostros de los blancos corderos, y apurar hasta las heces el néctar amarillo de los aborígenes (la chicha), sucediéndose después mil escenas en que el amor embellecía sus horas.        

Pidamos á los Dioses inmortales que el Sargento Prieto sea llevado á los campos Eliseos y no al reino sombrío de Proserpina.»

 

Conseguido el dinero necesario, encamináronse los señores redactores al «Club americano,» á celebrar el banquete ofrecido por ellos á ellos (Demetrios Phalerius á Demetrius Phalerius erexit); y con una arrogancia de plebeyo enriquecido, é instalándose en una de las más elegantes salas, llamaron al sirviente y le dijeron:

-Tráiganos usted « El Ægos Potamos.».

Salió el sirviente, y al cabo de media hora volvió diciendo: «Hay Jenessey, Vermout, Brillantine, Jerez, &c. ; pero no aguas potables.»

-Bárbaro! diga usted que lo que pedimos es el periódico «Ægos Potamos,» que está circulando en la ciudad, y que pronto conocerá la nación entera.

-Que no saben aquí de tal papel.

-Vámonos de aquí, porque este establecimiento está indudablemente en decadencia, pues hace tres horas que el periódico está circulando, y no lo tienen todavía. Y fuéronse al « Casino.»

-Un banquete para tres caballeros, dijeron al sirviente, y tráiganos usted « El Ægos Potamos,» para entretenemos, mientras lo sirven.

- ¿Qué cosa? mis amos.

-« El Ægos Potamos»¿ oye usted?

- ¿Es á faición de bebistraje ó de juego como el arjerdes, ó la lotería lo que susmercedes me piden?

-No, hombre. Anda y pídelo al director.

Emos bocato! Emos bocato! fué repitiendo el criado para no equivocarse y lo mismo dijo al director.

¿Emos bocato? repitió éste. Debe ser algún plato italiano. Que venga Rossi, para saber qué es lo que piden estos señores.

Presentóse el ex-tenor de la ópera, y hoy director general de la parte culinaria del establecimiento, y en el instante dió con lo que le pedían.

Emos bocato, dijo, es qüelque cosa á manera de polenta con fromajo, por fare colazione; y dió sus órdenes para que en el acto se les sirviese esta refacción á los caballeros, quienes la aceptaron, quedándose esperando siempre la llegada del periódico.

Cansados de aguardar, lo pidieron de nuevo, y se dirigieron personalmente al director. Este no supo qué contestar; no quería confesar que en su casa faltase lo que pedían; é interrogado un chusco que en el billar estaba, contestó._ Vaya! es un papelucho, sin maldita la gracia, que desde esta mañana andan repartiendo.

Oir esto los redactores, montarse en cólera por los impertinentes desacatos del gracioso, y querer beber su sangre, fué todo uno; pero la moderación que los caracteriza les aconsejó no formar querella: retiráronse de un establecimiento en donde personas tan iliteratas eran admitidas; y pagando el valor de la polenta y el fromajo, fuéronse á la «Rosa Blanca.»

La antes tan animada y bulliciosa «Rosa Blanca,» ahora tan solitaria y decaída, recibió los visitantes con mil halagos, y madama, en la actitud de un suavo que recibe las órdenes de su Coronel, les hizo la venia á la entrada, diciéndoles con acento gascón.

-Podernos ser útiles á mis señores? Richard n'est pas á la casa, mais c'est la misma cosa, nous sommes très contentos d'atender á los caballeros.

Significárosle que deseaban una comida para tres personas.

-Très bien.    

-Deseamos también « El Ægos Potamos.»

-Comment dites vous? Je ne vous comprend pas.

-Deseamos « El Ægos Potamos,» periódico que se ha publicado hoy; y como en todo establecimiento notable deben encontrarse los periódicos del día…….

-Ah! sans doute; et nosotros tenerlo también. A la «Rosa Blanca,» no manca rien, apesar des calumnias de nos enemigos ¿vous cómprense? Nous venons de recevoir, despoissons frescos, peras y otras frutas á l'eau de vie, des salchichón de génova, première calité; et beaucoup de otras cosas magníficas! Ah! en nuestro país, c'est tout diferent que aquí, los consumidores son personas delicadas, que no mangent espejos como al «Club,» sino artículos bien confeccionées: que c'est que vous fait á voir de soberbios muebles et un mal beafsteak? y ¿el café? peste! Si usted no lo toma en la «Rosa Blanca » no hay otra parte donde sea bueno.

-Dispondrá usted que nos sirvan pronto?

-Ah ! sans doute. En un apartamiento particular, ó en la table d'hóte?

-En una pieza particular.

-Oh, très bien. Mis señores serán servidos como príncipes. Il n'y á que la «Rosa Blanca» para las buenas comidas. Farceurs de «Casinos,» que hacen la sopa á la Julien sin pisca de pimienta. Oh! moi, yo que la he comido. Voy á despachar, voy á despachar!

- « El Ægos Potamos,» no lo olvide usted.

-Oh! yo no olvido nada en una comida por caballeros aussi distinguidos et generosos. Garzón! Garzón! atienda todo pedimento de estos señores. Parto á la cocina á hacer mis prevenciones.

-Ante todo el periódico.

-Es verdad. « ¿El Journal Oficiel ?»

-No. « El Ægos Potamos.»

-Escribe usted un poco, si usted gusta, aquí el nombre de ese papel. Nosotros tenerlo. Oh, sans doute. Richard siempre, cada año, recibe los papeles franceses.

Puso Leoncio en una tira de papel el nombre del periódico, y la madama despachó al criado para que fuese á buscarlo y lo trajese, costase lo que costase.            .

Llegó el periódico, y retirados á un gabinete particular, principió el banquete, alternando los tragos de vino tinto con los párrafos, y lo buenos bocados con los moderados elogios que se tributaban.

-Oh! No savez vous lo que hay de particular, decía madama á todos los vecinos. Nous avons esta tarde toda la prensa de la capital, á comer á la maisón. Quell banquete, mon Dieu, mon Dieu!

A la hora de los brindis, los redactores brindaron por su ilustrado y asiduo colaborador, y éste por los redactores, con discursos llenos de fuego y de entusiasmo.

A la puerta estaba un concurso numeroso, invitado por madama, quien decia:

-Ah, señores, atendez, il y á un caballero que habla magnificamente como un libro.

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El agente general montó la oficina á la europea; aguardó el primero, segundo y tercer día; al cabo de ellos fué á dar cuenta de que los libros estaban vírgenes, y de que las más comedidas de las personas á quienes se les había remitido el periódico lo habían devuelto.

Primera, pero no pequeña contrariedad para un redactor.

Instalados al fin de la semana los redactores en el local respectivo, á donde se había remitido el canje de los periódicos, se pusieron á leerlos para ver la impresión que había causado el suyo, y los saludos y felicitaciones que les dirigiesen.

"EL FENIX."

«Jamás habíamos sido tan desagradablemente sorprendidos como con la «Necrología » publicada en el primer número de « El Ægos Potamos,» porque hasta ahora nadie había intentado en nuestro país restablecer el paganismo sensual y corruptor, como se pretende allí.

Es en nombre de la libertad que nosotros protestamos contra esas publicaciones; porque se nos quieren arrebatar las creencias que recibimos de nuestros padres, y las creencias que queremos transmitir á nuestros hijos.

Y esto se hace en pleno siglo XIX, y por los hombres que se apellidan ellos mismos espíritus fuertes, pero que no hacen sino secundar las tendencias de Juliano apóstata, y que, como él, morirán llenos de remordimientos! ! »

"EL PORVENIR."

«Amar, creer y pensar. Hé aquí la vida. Todo lo demás es error. Es el abismo que nos atrae. Es la tempestad que en sus alas nos levanta. Es el cáos en que vamos á hundirnos.

Sobre los despojos de las edades, pisando el polvo de las generaciones con briosa planta, se ha levantado la religión del sentimiento y del dolor, cuya expresión típica es la literatura moderna.

Oh! vosotros, jóvenes ó viejos, que renegáis de esta aurora porvenir, que escribís una « Necrología,» como si el tiempo, que crea y todo lo devora, pusiese barreras al pensamiento, arrojad pluma si no tenéis fe, y sabed que la muerte es la luz.»

A los redactores de «El Ægos Potamos.»

 

"LA GACETA DE LOS DOLIENTES."

«Es falso que en la enfermedad que llevó á la muerte al SARGENTO PRIETO se hubiese apurado la ciencia, como dice una «Necrología » publicada en el primer número de «El Ægos Potamos»; ningún médico hidropático fué consultado, ni se sujetó al enfermo al método de baños rusos, con lo cual estamos seguros de que se habría salvado.

Los que escriben eso, ó no saben lo que dicen, ó están miserablemente engañados por los alópatas.»

"LA LUZ."

«Con ánimo perverso y siniestras intenciones se ha estampado en un pasquín recientemente publicado en esta capital, llamado «El Ægos Potamos» por irrisión, una infame «Necrología»: escrito subversivo é inmoral, que con pretexto de lamentar la muerte de SARGENTO PRIETO, lo que procura es desorganizar el servicio domestico, echando por tierra los principio salvadores de la sociedad.

Si la prensa no se corrige, y si una mano de hierro no viene á poner remedio á abusos de tanta consideración; si la voz de los malvados, de los anarquistas, se deja oír y no se les escarmienta; si producciones como la «Necrología» á que nos referimos se dejan pasar desapercibidas, qué será de los buenos, qué será de la familia y de la tranquilidad doméstica!

Damos la voz de alerta, y ya que no hay en la legislación, desgraciadamente, castigo para estos desvergonzados escritores, nosotros los entregamos á la execración pública! »

"LA LEY."

«Asalariados por el despotismo, varios escritores mercenarios han empezado la publicación de un periódico, cuyo objeto único es defender el cesarismo; y como una prueba de ello ponemos aquí la «Necrología» que apareció en su primer número. En efecto, ¿por qué con estilo pomposo hacer la apoteósis de un Sargento, cuando tantos otros ciudadanos estimables han muerto también y nada les han dicho? ¿Por qué hablar de Marte, cuando la sociedad lo que necesita es que haya espigas de paz?

Señores escritores de «El Ægos Potamos,» el pueblo no se deja engañar ya por oropeles y frases altisonantes, y detesta el despotismo militar. Ténganlo entendido! »

"EL PASTOR FIDO."

«Ocupados en las tareas literarias que nos hemos impuesto y dando todos nuestros ratos de descanso á Tácito, Terencio, Virgilio, Garcilaso, Lope de Vega y otros viejos amigos que nos instruyen deleitándonos, jamás leemos los periódicos de este país; así es que, por una casualidad, ha llegado á nuestras manos el primer número de «El Ægos Potamos,» que parece es redactado en esta capital, y en el cual se nos ha hecho fijar la atención por una «Necrología» dedicada á un tal SARGENTO PRIETO por los redactores.

Creemos hacer un positivo servicio á la juventud, indicándole los errores que dicha obra contiene, y protestamos que no nos mueve otro sentimiento que el de evitar graves extravíos, que al fin acabarán de dar en tierra con la República de las letras, tan decaída ya.

La palabra Necrología (no admitimos la corrupción de escribir con j lo que la Academia manda escribir con g) se compone de las palabras griegas νεχρoζ, muerte, y logoz, nómina ó discurso, así es que en su sentido propio no puede aplicarse á lo que esos señores han apellidado tal en su periódico; mientras que si se da con exactitud á la lista de los muertos que ha habido en cierto tiempo, y muy principalmente á la relación de los benefactores de la República, de una iglesia, &c., &c. (Alphabetum gregorum brammhanicum seu. indostanum Universitatis Kasi 12mo Romaæ Congr. de Propag. Fid. 1791). Este grave error y el de llamar Necrópolis (νεχρoζ, muerte, poliζ ciudad) á los cementerios cristianos, son de funestas consecuencias.

«La parca Athropos, dice lo que llaman Necrología, cortó el hilo de los días del SARGENTO PRIETO.» No podemos dejar pasar desapercibido esto: Las bien conocidas líneas

Clotho colum retinet, Lachesis net. et Athropos ococat

dan una idea cabal de las respectivas ocupaciones de las tres parcas; así es que ha debido simplemente decirse Athropos, sin anteponer la palabra parca; porque esto prueba que el escritor no sabía que eran tres, ó que ignoraba la ocupación de cada una de ellas. Y esto es tanto más cierto, cuanto que en la Ilíada, con excepción de un pasaje (20-49) se habla siempre de la parca en singular, y sólo en la Odisea se pluraliza, como un adjetivo seguido de un sustantivo de persona, y significando Athropos más bien destino. La palabra parca se deduce por antífrasis de parco (ahorrar) para significar que no ahorra á nadie. Ego némine parco. (Seu. Ad Æ 1-26 Donot - Dionce ap Voss Ethimologia),

«En vano Esculapio y Panacea, dioses amigos de los hombres, intentaron disputárselo á la muerte.»   

No comprendemos porqué se cita á Panacea, la tercera hija de Esculapio, excluyendo á Higia y á Egloé, hermanas mayores, sobre todo á Higia, que es la diosa de la salud, y que era la más celebrada por los griegos (Gorres Mythengeschichte der Asiatishen Velt 8vo. Heigdeble 1808).

«La terrible Hécate lo llevó á sus dominios oscuros &c.»

Ya habían dicho que se lo habían disputado á la Muerte, y ahora es Hécate quien se lo lleva.

En primer lugar, Hécate es una extraña divinidad en la mitología griega, y fué Hesiodo quien la introdujo entre la última clase de los dioses, y la esfera en que se le colocó estaba muy distante de la en que figuran los que obraban sobre el destino del hombre. Hécate no figura ni en la Ilíada ni en la Odisea, y el papel que se le asigna en el poema mucho más reciente de los Argonautas, es más bien el de la noche (Argón. 3, 12, 14 se qq.) En segundo lugar, Hécate no tenía dominios; y en tercer lugar, no todos los autores la pintan terrible como Apolonio de Rodas, que la describe como la cabeza rodeada de serpientes, con antorchas inflamadas en las manos y dando espantosos alaridos; sino hermosa y brillante como la luna (Schoall Histoire de la literature Greque, París 1823 - 8 vol. P. 67).

«El reino sombrío de Proserpina.»

Perserphone ó Proserpina, hija de Céres y Júpiter, representa en la mitología el doble papel de crear y destruir; y así la vemos aparecer en Homero (29-15 ); pero aun considerándola como la esposa del monarca del Erebo, la invocación no es apropiada, pues ha debido decirse el reino de Plutón (Class. Journ. vol. 25. p. 30).

Aunque brevemente, creemos haber satisfecho los deseos de personas ilustradas que nos han manifestado la necesidad que había de comprobar los funestos errores en que han incurrido los redactores de «El Ægos Potamos,»

Segunda y no pequeña contrariedad de los redactores.

Al leer esta descarga cerrada de todos los periódicos por la inocente «Necrología,» Leoncio, que es un carácter altivo, se irritó y dijo: Pues bien, para combatir á todos esos escritores, es preciso que el periódico salga no ya todas las semanas, sino diariamente: y es necesario sostener la polémica y confundirlos á todos.

Escribió más que Samper, más que el Tostado, y con todos sus manuscritos se fué á casa del impresor.

-Necesito dijo, que el periódico sea diario.

-Necesito que se me pague el primer número.

-Espere usted.

-Espere usted.

-Es una tiranía la de usted.

-Es una tiranía la de usted.

- ¿Hasta que no se le pague no imprimirá usted?

- Hasta que no se me pague no imprimiré.

-Pues publicaremos el periódico en otra imprenta.

-Pues verá usted cómo en ninguna lo publican sin pagar.

-Veremos.

-Veremos.

Fuése Leoncio rabiando, y el impresor se quedó riendo. Recorrió aquél todos los establecimientos, y en todos le preguntaban porqué variaba de imprenta, y al dar la razón, todos se negaron á imprimirlo.

Tercera y no pequeña contrariedad del redactor.

Desesperado, loco, resolvió formalmente suicidarse, y antes de hacerlo  escribió una tristísima carta romántica á su querida; pues había quedado escarmentado del clasicismo de la necrología, y otra á mí, concebida en estos términos

«Es preciso que yo muera; porque si no ¿qué hacer en un país en donde tú tienes razón? »

En la huerta de su casa había un papayo: ató á él la punta de un lazo, y el otro extremo se lo echó al cuello con nudo corredizo, le dió un puntapié al taburete en que se había subido, y se lanzó á la eternidad. Pobre mancebo! hubiera dicho el impresor al saberlo, se fué debiéndome el primer número de su periódico. ¡Que Dios se lo perdone, ya que yo no puedo hacerlo!

Pero el flexible y débil tronco del papayo no pudo resistir el peso del cuerpo y fué cediendo poco á poco, doblándose suavemente y colocándolo como dormidito sobre un montón de basura que al pie había.

Así lo encontramos, el impresor que había ido á cobrarle, y yo, que corrí afanado al recibir su carta; y con la ayuda eficaz de la cocinera lo volvimos á la vida.

Última y no pequeña contrariedad de un redactor.

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