XLIV. - EL MAROMERO.
Fué una vez un maromero
A las fiestas de Ibagué;
Un vejete majadero
Que en saltar de lo primero
Sin duda en sus tiempos fué.
Y hubo en las fiestas tal gozo,
Tanto humor, tal diversión,
Que en medio del alborozo
Les ofreció sin embozo
Dar de balde una función.
En una noche serena,
Bajo el pálido turquí,
Y estando la plaza llena,
Se les presentó en la escena
Vestido de carmesí.
Y al ver aquella figura
Saltar con gran rapidez,
Hubo entusiasmo y locura,
Y ¡bravo! gritaba el cura,
Y bravo! gritaba el juez.
Pero á los pocos momentos
Se debieron de cansar
De verle hacer movimientos,
Y comenzaron violentos
A toserle y á silbar.
Y en la prueba más famosa,
El paso más sorprendente,
Le lanzaron de repente
Una pedrada espantosa
Y le dieron en la frente.
El hombre cayó rodando,
Cómo iba á caer de pié!
Y el pueblo salió gritando:
¡Qué feo! feo! y gozando
De las fiestas de Ibagué.
Así le pasa también
Al escritor liberal;
Bravo! le gritan, muy bien
Mas en cayéndose ¿quién
Se apiadará de su mal?