XXXIV. - EL POBRE Á UNA LECHUZA.
¡Ah! si tu bien supremo
Está en causar espanto
Con tu agorero canto
Y lamentable voz,
Si eres, pájaro triste,
El nuncio de la muerte,
Para cantar mi suerte
No te ha mandado Dios.
Si quieres que se tiemble
A tu agorero acento,
Corta ligero el viento,
Vuela á rica mansión,
Que en esta triste choza,
Do la miseria vive,
Tu canto se recibe
Como alegre canción.
Funesto tu presagio
No será ni un instante,
Ni el pálido semblante
Temor revelará,
Que si en la pobre cuna
La muerte pára el vuelo,
¡Es mi hijo! ¡Qué consuelo!
¡Que ya hambre no tendrá!
Y si la muerte hiere
A la afligida madre,
O si ella hiriere al padre,
Morirán sin dolor,
Pues no verán ya su hija
Escuálida y desnuda,
Sin tener una muda
Que cubra su pudor.
Sí, sea cual fuere, lechuza,
La escogida cabeza,
Nos verás sin tristeza
La nueva recibir;
Que en la mansión del pobre,
El llanto, esa es la vida,
Y siempre es bendecida
La hora de morir.