XXVII. - LA DOLOROSA
DE MI MADRE.
Cómo no te he de amar, virgen hermosa
De ojos benignos y divina faz,
Si ante tu imagen pálida y llorosa
Gocé en mi hogar de bendición y paz!
Siempre te ve con sin igual cariño
Mi pobre, leal y amante corazón,
Que ante tu imagen ofrecí de niño,
Lleno de fe, mi cándida oración!
¡Cómo olvidar podré que en su agonía,
En sus horas de angustia y de pesar,
Mi madre á ti, llorando, se acogía,
Y su llanto á tu llanto ví mezclar!
Santa virgen mujer, Madre de Cristo,
A quien viste morir en una cruz,
Cómo podré olvidar que yo te he visto
De mi padre velar la última luz!
Ay! quién tuviera! quién tuviera ahora
El corazón nutrido por la fe,
Para ofrecerte mi oración, señora,
Como de niño mi oración alcé!
Mas nada puedo consagrarte. El cielo
Una hija me confió, madre de amor,
Tu nombre lleva; bríndale consuelo
Cuando ante ti la lleve su dolor.