XVIII. - EL ESTUDIANTE.
Líbreme Dios de alusiones personales en mis artículos, y líbreme
también de que mis lectores, ó lector (que alguno he de tener,
aunque sea el más triste, el más desgraciado de los nacidos),
empiecen á hacer aplicaciones de lo que escribo; pues no quiero
disgustos ni desafíos, ni pasar por hablador y lenguaraz, y me
callaré como un indio, y me haré sordo como la policía hasta que me
llegue el tiempo del desquite. Mas como no puedo dejar de escribir,
y no han de faltar enemigos y malquerientes que, no atreviéndose á
insultarme cara á cara, me tomen por estafermo y empiecen á
decirse: «Mire que á usted lo pintan á las claras en Don Querubín.»
«Lea con cuidado, mi señora Concepción, ciertos artículos, y verá
cómo allí han tratado de desacreditarla, &c. &c.»
para evitar incomodidades con los fuertes, voy, implacable, á
saciarme en un ser débil, desamparado y pobre, en un mísero
estudiante.
En la postración en que ha estado nuestra industria; en el
estado de barbarie en que hemos vivido, hacerse Doctores ha sido la
única carrera que ha quedado abierta á los jóvenes; y por esto no
ha habido padre por ignorante, por pobre que haya sido, que no haya
hecho sus ahorros y muchos sacrificios para mandar á su hijo al
colegio, con la esperanza de verlo un día siendo el señor Cura del
pueblo, el Doctor médico del lugar el Juez de su cantón, el
Diputado á la Legislatura ó el Representante de su Estado; y si no
ha soñado con verlo de Presidente, es porque todos sabemos que
mientras que el pueblo permanezca embrutecido, la Presidencia es,
por derecho divino, de los audaces. Y a esa circunstancia es á lo
que debe la Sociedad el estar plagada de Doctores; y no se crea que
yo me quejo, bien al contrario, creo á ojos cerrados que por esto
Colombia es la República más adelantada de la América del Sur,
aquella en que hay más ciencia, literatura y progreso.
¿Qué tal ha estado para los Doctores este último párrafo? Se
conoce que el que lo escribió, contestará alguno, no nació más allá
del Táchira, ni conoce otros países, ni deja de ser uno de esos
Doctores ramplones que todo lo componen con una cita de Bentham ó
un plagio de Vatel.
Ocurriósele al compadre del padrino del nieto de la suegra de mi
hermana, sacar de su hijo Alfredo un chico de provecho, y para
esto, después de que le enseñaron en su pueblo á leer mal, lo
mandaron al colegio del Rosario de esta ciudad á estudiar la
cachita, la filosofía y el derecho. Mas le hubiera valido al
infeliz que lo hubieran condenado á trabajos forzados, que á ser
cachifo en un colegio; pues desde la noche en que llegó empezaron
sus padecimientos y angustías. Después de la cena le rezaron la
doctrina, ó, como dicen los masones, sometieron el profano á las
pruebas físicas. El más perverso de los colegiales entró disfrazado
de fraile y principió á hacer preguntas extravagantes, hasta que
llegó al cachifo, y con aire burlesco y socarrón le preguntó:
¿Dónde le puso Dios la mano á Adán? Señor, contestó todo aterrado
el infeliz, el cura de mi pueblo no enseña esa doctrina. - Que le
den doce azotes, replicó el seudo fraile, que sin duda era de
cierta escuela, que dice que la letra con sangre entra; y sepa
usted que es muy tonto al no saber que fué al extremo del brazo. En
vano fueron súplicas, ruegos y promesas de aprender la doctrina al
día siguiente; cuatro patanes lo cogieron y le aplicaron la receta
ministerial. Y éste fué apenas el principio de su martirio, pues no
le quedó dulce en su baúl que no le robaran, ni miembro de su
cuerpo que no le magullaran; creyéronse todos los estudiantes en el
deber de darle aunque fuera un puntapié ó un papirote. Todo el día
lo ocupaba en servir á los mayores, bajándoles las pelotas del
tejado, lo que le proporcionaba la ocasión de rodar el también
muchas veces con la pelota; y cuando iba á la clase, como no había
aprendido el musa musa, el catedrático lo recibía con la férula, y
muy frecuentemente mandándolo al rincón, por haber dado pésima,
cosa que no les sucede á muchos Secretarios.
No solo á los partidos políticos les toca en suerte pasar de
victimas á verdugos, gobernar con la Constitución y leyes con que
los han gobernado, sino que á Alfredo, despues del primer año,
también le cupo la ocasión de ejercer sobre los novicios toda la
tiranía, toda la crueldad que habían empleado con él; entonces
ocupó su tiempo en inocentes diversiones, tales como quitar el
sombrero á las beatas que pasaban por la puerta, poniéndoles en su
lugar una coroza; enlazar perros y ponerles un cencerro en la cola,
con lo que salían como demonios; ó robarse las gallinas de la
vecindad; y así pasó los otros dos años de cachifa, al cabo de los
cuales, con el auxilio de buenos diccionarios, podía traducir ya
las fábulas de Fedro.
De filósofo, ya tuvo derecho de participar de todos los planes
de los demás colegiales, y por su audacia y atrevimiento se hizo el
jefe y capitán de los perdidos: no había noche que no se saliera
del colegio, día que no tuviese una pelea, ni semana que no fuese
condenado al calabozo, llevando así una vida desastrosa, cuidándose
tanto de su educación, como los gobiernos se ocupan de la primaria;
hasta que pocos días antes del examen se persuadió de que era
preciso estudiar algo, siquiera para cubrir el expediente, y tomó
sus libros de Historia, Francés é Inglés, que estaban intactos,
como las espadas de algunos Generales; y principió á estudiar con
tanta rapidez, con tanto entusiasmo, que por la noche, cuando
descansaba, veía pasar por su acalorada imaginación á Griegos y
Troyanos, á Romanos y Fenicios, todos unidos y en desacordada
confusión; veía Repúblicas con ejércitos, Reyes y tribunos, y no
podía distinguir á Gutemberg de Laínez; á Lutero de Gregorio VII ni
á Colón del Duque de Alba. El día de examen llegó, en fin, y
Alfredo se presentó fresco y satisfecho á sostenerlo.
- ¿Quién fué Rómulo? le preguntó el examinador.
-Rómulo, contestó, fué hijo de Venus y Nerón; reinó en Tebas, la
ciudad de las Cien puertas, dos mil años antes de la era vulgar;
asistió al Concilio de Basilea y murió en la guerra de las
Cruzadas.
- ¿Cómo dice usted? le interrumpió el examinador.
-Me equivocaba, señor: Rómulo fué hijo de una perra, la que lo
arrojó al Ganges, y de allí lo sacó Vasco de Gama en su viaje al
Cabo de Buena-Esperanza: se hizo notable por haber quemado la
biblioteca fundada por los Faraones, y murió á manos de su hermano
Caín, quien lo mató por envidia de su virtud.
Veamos el francés
«Maximes de religión et de meurs por l'Ablé Mointaigne.
Je sui d'avis que la loy en deféndant l'adultère á defandu tuot
le vice dans I'amour.
El tradujo:
Maximas de religión de los moros, para la abeja de la
montaña.
Yo tengo aviso de que Laloy, defendiendo el adulterio, ha
defendido toda clase de amoríos.
Bien, bien, gritaron todos; y procedióse á la votación y salió
réprobo con plenitud.
-Aquí no hay moral; aquí no hay opinión pública; aquí todo es
mentira, decía el malogrado joven ; y ya que no hay nada de esto,
debería haber, por lo menos, exámenes para los aspirantes á las
Secretarías, y entonces tendríamos dos ventajas: la primera, que no
se llegaría á ese puesto por asalto, como suele suceder; y la
segunda, que los que salieran reprobados por ignorantes, y serían
los más, llenos de vergüenza, harían lo que yo: firme resolución de
aprender algo, propósito de la enmienda y promesa de no aspirar á
lo que no deben ni pueden. Con efecto, después de aquel desgraciado
acontecimiento, se hizo estudioso, activo y consagrado, pero no
formal; pues aunque cumplía en sus clases y hacía rápidos
progresos, no dejaba sus travesuras, ni tampoco de robar á sus
compañeros y á la botillera de la vecindad todo cuanto podía, para
saciar su hambre: compañero inseparable del colegial, y verdugo que
lo atormenta sin descansos como puede colegirse del siguiente
soneto, que estaba escrito con carbón en un claustro del
colegio:
«Si Dios Omnipotente me dejara
Mi apetito saciar como quisiera,
Ni trufas ni alcachofas yo tomara,
Ni helados, ni rosquetes le pidiera;
Si un queso del Salitre me bastara
Para mi hambre saciar, yo lo eligiera;
Mas cuántas hambres recordar pudiera,
En que un queso mi mal acrecentara.
Yo sólo pido al Todopoderoso,
Benigno me conceda estos tres dones,
Para el hambre ahuyentar y ser dichoso
Un mar de dulce en todas ocasiones,
Con sus islas de queso mantecoso,
Y un mundo, en fin, de arepas y roscones.»
Concluída la filosofía, Alfredo salió del colegio y buscó para
vivir una casa de huéspedes: compró un paletó capaz de sufrir las
más rudas campañas, y un sombrero de fieltro, y se preparó al
estudio.
Su vida desde aquella época es un tejido maravilloso de diversas
existencias: de día va al colegio y estudia, pero la noche le
pertenece, y en ella se entrega con furor á sus locas travesuras.
Unas veces se junta con sus compañeros, hace rodeo de burras en la
plazuela de La Capuchina, monta en una sin silla ni brida, y se
declara en expedición: y si no se entretiene en quemar todos los
bastidores de linón ó de muselina que hay en las ventanas, cantando
mientras tanto, acompañado de la guitarra, estos versitos:
Duerme mi vida,
Duerme tranquila,
Mientras yo quemo
La muselina.
Duerme mi vida,
Duerme mi amor,
Mientras yo acabo
Con el linón.
Otras veces cambia todas las tablas de anuncios, poniendo sobre
la puerta de su colegio la que dice: Aqui se cuidan caballos; sobre
la de un cuartel la de Carnicería pública, sobre la de la
Tesorería, Agencia general de negocios; y sobre la de un rico,
Leche á todas horas. Se entra á todos los bailes de las Nieves sin
ser convidado, y á pocas vueltas se hace dueño del patio; y si
alguno se le opone, arma camorra, apaga las velas y empieza á dar
garrotazos sin misericordia: las mujeres gritan, los chicos lloran,
los hombres reniegan, todos se aporrean; y cuando viene la luz,
Alfredo se ha salido ya por las tapias de la huerta.
Napoleón decía que la lucha eterna, la lucha universal era la de
la fuerza contra la inteligencia; y Alfredo, siguiendo esta ley, es
por instinto enemigo de los militares. Voy á referir una anécdota.
En cierta época en que el militar era omnipotente, hubo elecciones,
y como era natural, los militares se creyeron los dueños únicos del
patio; pero los perversos estudiantes se les pusieron al frente, y
un General habló de darles foete. Esto era todo lo que deseaba
Alfredo: se puso á la cabeza de la falanje estudiantil, y marchó
diciendo para sí: Si me pega un General, ¡qué bárbaro! Dirán las
viejas, pegarle á un niño; si le pego á un General, ¡qué guapo!
dirán las niñas, y de todos modos me inmortalizo. Avanza, pues, se
tercia el sombrero, se cuadra, y confiado en su numerosa
retaguardia, le pide cuenta de haberles ofrecido látigo: el General
tose, vacila, se tuerce el bigote, mira á sus compañeros, mide con
la vista el inmenso mar de cabezas de estudiantes que le rodea, y
entra al fin en tratados con ellos.
Alfredo es de carácter noble, generoso y desinteresado; si tiene
medio real, lo gasta con sus amigos; si ve á dos peleando, se pone
siempre de parte del débil; si un pobre le pide limosna y no tiene
dinero, se quita la corbata y se la da; y si algún cachaco empieza
á hablar contra alguna mujer honrada le sella la boca de un
bofetón, pare en lo que parare. Cuando algún personaje está
proscrito, es su ídolo; y se convierte en el Cabrión del gobierno.
Cuando el proscrito llega á ser Presidente, se avergonzaría de
saludarlo.
Si llegas al Congreso, paciente lector, el día de una discusión
acalorada, y quieres saber de parte de quién está la razón y la
justicia, mira de qué lado está Alfredo con sus compañeros, á
quiénes aplaude con furor y á quiénes tose é interrumpe; y está
seguro de que los primeros son dignos y los segundos son, ó
indignos ó vendidos al poder, porque él, sin ambición, sin temores
y sin empleo, se conserva puro y es el tipo de la justicia y el
sectario más fervoroso de los principios; y los defiende, ya sea
contra los fanáticos ó contra los bárbaros. Es verdad que Alfredo
es comunista. Muévelo á esto una razón bien difícil de destruir, y
es la de que el dinero que le manda su padre no le alcanza para
nada, y no puede convenir en que los almacenes estén llenos de
levitas elegantes, y él esté reducido al paletó cuotidiano, ni en
que sus libros los tenga que empeñar cuando le apura el hambre y se
encuentra limpio y con su crédito no muy bien sentado en las
botillerías.
La pobreza conduce frecuentemente á los vicios, pero en Bogotá
no es así: aquí los jóvenes pobres no son los corrompidos: ellos
hablan de política, componen versos, fundan sociedades, peroran
&c. &c.: aquí los corrompidos son los ricos, que
juegan dado y se embriagan: inútil es, pues, decir que Alfredo es
virtuoso, habiendo dicho que es joven y pobre. Y en efecto, él no
juega. ¿Qué habría de jugar? No bebe, ¿con qué habría de beber?
Como Alfredo tiene por lo regular una querella mensual con sus
caseras, por no tener con qué pagarles, su equipaje anda de arriba
á abajo por la ciudad, como haciendo estaciones, y es muy conocido
por lo sencillo: una cama, un baúl y un ropero; cinco libros: "Los
Códigos," su libro de necesidad; "Jorge Sand," su bello ideal ;
"Juan Jacobo Rousseau;" su filósofo predilecto "El doctor Themis,"
humilde monumento elevado á nuestra literatura nacional por un
joven pobre como él, á quien, lleno de inteligencia y de virtud, la
sociedad dejó marchitar y morir en la oscuridad y el "Libro del
pueblo de Lamenais," en donde bebe inspiración para consagrarse á
su mejoramiento. Un retrato de Lamartine y otro de Victo Hugo.
Estudiantes sin amores, vive Dios! que no los hay ni entre los
que están en el seminario; pues mientras que llega la tonsura,
tienen también sus coqueteos; y á muchos de ellos he visto la
víspera de cantar misa, cambiar de resolución, y dejar la cura de
almas á otros, porque la suya necesitaba curarse, y cambiar el
báculo pastoral por el yugo matrimonial; en lo cual no obran en
razón, según sus padres, y en mi humilde opinión. Alfredo tiene,
pues, sus amores con la morena y graciosa Elisa; la adora con la
sencillez de un niño, y para ella son sus más tiernas impresiones,
y una que otra serenata en que le canta estos versos:
Divina, gentil Elisa,
Pura, fantástica rosa
Y fragante;
Oye con dulce sonrisa
Una canción amorosa
De estudiante.
Escucha desde tu reja
Propicia mi tierna queja,
¡Angel mío!
Y aunque el pasante mañana
Me apunte falta inhumana,
Yo me río.
Calma mi ardorosa sien,
Mi frenética demencia
Con tu mano;
Y nada importa, mi bien,
No saber la conferencia
De «Romano.»
Con tus amores dormido
En blando sueño, me olvido
De «Andrés Bello»:
Que la ciencia es enojosa
Sin una trenza olorosa
De cabello.
Mi dulce ilusión de niño,
El título que hoy anhelo
De abogado,
Por obtener tu cariño
Renunciaría sin recelo
Ni cuidado.
El fruto de mis faenas
Te ofrezco tímidamente,
Mi tesoro;
Acepta, que yo azucenas
No tengo para tu frente,
Y te adoro.
Contigo mi fantasía
Sueña llena de alegría
Mil delicias;
A ti, con mi amor eterno,
Ofrezco, constante y tierno,
Mis caricias.
Velando en la noche oscura
Arrojo mi queja amante
A la brisa.
Oyeme, gentil criatura,
No olvides á tu estudiante,
Bella Elisa!
Como la mariposa que se está encerrada largo tiempo para salir
después brillante á deslumbrar con sus colores, así Alfredo se pasa
toda la semana metido entre su paletó, sin ver á su querida, hasta
el domingo, día de gloria, en que después de haber lustrado sus
botines al són de aquella vieja cancioncita:
«Amor es bueno
Cuando uno es niño,
Cuando el cariño
Causa placer;
Mas cuando á trechos
La barba empieza,
No más simpleza,
No más querer; »
y después de acepillar su vestido nuevo, va á hacer á Elisa su
visita á la una. Por la tarde pasa por su ventana, la saluda,
vuelve la cara y sonríe, todo conforme á ordenanza; y por la noche
va con ella al parque, al concierto, ó se queda en la casa jugando
lotería, con lo cual se proporciona gran placer, también conforme
á.....ordenanza.
Ayer me dijo: - Voy á dejar la carrera; no estudio más, no
vuelvo más al colegio. - ¿Por qué? le pregunté. - Porque me voy á
graduar de Doctor.
-Cómo es esto?
En el estado de desorganización en que hoy se encuentran los
estudios, habiendo Universidades y colegios privados que dan
títulos, nadie debe estudiar yá, porque esto trae molestias, y lo
que se hace es presentarse en cualquier colegio, pagar la módica
propina y pedir que le armen á uno de Doctor. Yo me gradúo al fin,
porque mis padres saboreen la dicha de verme de Doctor, y por venir
de Representante por mi Estado.
Así va á terminar la vida de este personaje, que llegará algún
día á disponer del destino de la República; hasta aquí ha sido
pura, pero se hará servil cuando vea que hay necesidad de ahogar en
el corazón todos los instintos generosos, para poder vivir en esta
sociedad egoísta y corrompida