X. - LA HUÉRFANA.
(TOMADO DEL INGLÉS).
No tengo madre: para siempre huérfana,
Cuando era niña ¡huérfana quedé!
Mas su memoria, dulce y melancólica,
Como el perfume de una flor guardé.
¡Ay! yo recuerdo su cariño férvido
Cuando besaba mi doliente sien,
Y su postrera y afanosa lágrima
Húmeda siento resbalar también!
Yo no he olvidado los sabrosos cánticos
Con que de niña me solía arrullar;
Ni los divinos libros evangélicos
En que empecé con ella á deletrear.
Alzando al cielo sus miradas lánguidas
Y arrodilladas en unión las dos,
Con voz pausada, con acento místico
Me iba enseñando el alabar á Dios.
Yo sé que viene bajo forma angélica
Y amante y fiel mi sueño á vigilar;
Y que mis tristes, solitarias lágrimas,
Su mano leal alcanzará á secar.
La propia mano que mis pasos trémulos
Guió cuando apenas principié á vivir,
Mientras sus ojos con supremo júbilo
Chispeaban siempre que me vió reir.
Yo tengo fe, que el corazón ternísimo
De esa mujer que tanto supo amar,
Siempre es el mismo; y que por mí solícito
También á Dios allí puede rogar.
Porque yo sé que vive en la magnífica,
Bella mansión de paz y de quietud,
A donde Dios conduce á los benéficos,
Y luz y amor concede á la virtud.
¡Ah! madre! madre! tu memoria plácida
Jamás, jamás, señora, olvidaré;
Y tengo fe que en tu mansión beatífica,
Llena de amor al fin te encontraré.