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AURES

 

De peñón en peñón turbias saltando

Las aguas de Aures descender se ven;

La roca de granito socavando,

Con sus bombas haciendo estremecer.

 

Los helechos y juncos de su orilla

Temblorosos, condensan el vapor;

Y en sus columpios trémulas vacilan

Las gotas de agua que abrillanta el sol.

 

Se ve colgando en sus abismos hondos,

Entretejido, el verde carrizal.

Como de un cofre en el oscuro fondo

Los hilos enredados de un collar.

 

Sus cintillos en arcos de esmeralda

Forman grutas do no penetra el sol,

Como el toldo de mimbres y de palmas

Que Lucina tejió para Endimión.

 

Reclinado a su sombra, cuántas veces

Vi mi casa a lo lejos blanquear,

Paloma oculta entre el ramaje verde,

Oveja solitaria en el gramal!

 

Del techo bronceado se elevaba

El humo tenue en espiral azul . . .

La dicha que forjaba entonce el alma

Fresca la guarda la memoria aún.

 

Allí, a la sombra de esos verdes bosques

Correr los años de mi infancia vi;

Los poblé de ilusiones cuando joven,

Y cerca de ellos aspiré a morir.

 

Soñé que allí mis hijos y mi Julia . . .

¡Basta! las penas tienen su pudor,

Y nombres hay que nunca se pronuncian

Sin que tiemble con lágrimas la voz.

 

Hoy también de ese techo se levanta

Blanco-azulado el humo del hogar;

Ya ese fuego lo enciende mano extraña,

Ya es ajena la casa paternal.

 

La miro cual proscrito que se aleja

Ve de la tarde a la rosada luz

La amarilla vereda que serpea

De su montaña en el lejano azul.

 

Son un prisma las lágrimas que prestan

Al pasado su mágico color;

Al través de la lluvia son más bellas

Esas colinas que ilumina el sol.

 

Infancia , juventud , tiempos tranquilos,

Visiones de placer, sueños de amor,

Heredad de mis padres, hondo río,

Casita blanca . . . . y esperanza, ¡adiós!

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