CAPITULO 8.º
MEDITACION
Algunas ocupaciones urjentes me impidieron salir de casa al dia
siguiente del encuentro con la beata; pero a las siete de la noche
me dirijí a la plaza de la "Constitucion." Al llegar a esta ví
pasar varios grupos de jente en direccion al palacio i seguí con
ellos; iban a oír tocar allí la retreta. Se reunieron mas de
doscientas personas de todas clases al toque de las ocho en los
campanarios de la ciudad, empezó esa especie de orquestas que duró
poco mas de media hora, pasada la cual se dispersó la jente i yo
quedé de pié firme al frente del palacio, meditando en la
instabilidad de las cosas humanas. Me parecía ver allí al bello sol
de Colombia, a Bolívar el libertador de diez millones de
americanos. La memoria me representaba fielmente al héroe, entrando
a ese mismo palacio, circundado de una aureola de gloria i en medio
de un pueblo que gritaba con entusiasmo: «¡Viva el padre de la
patria!» «¡viva el libertador de la América del Sur!» Se me
presentaba en la mente ese semidios tan a lo vivo, que aun me
parecía ver el plumaje tricolor de su visera, tropezando en las
guirnaldas de laurel, que colgaban pendientes de los arcos
triunfales levantados para recibirle, al ruido de mil victores,
salvas de cañon, repiques de campana, e himnos de libertad i
gratitud. Pero esa misma facultad intelectual que nos presenta el
mundo pasado con todas sus formas i colores, ofreciendo a la
meditacion los cuadros mas iluminados como los mas sombríos, varió
la decoracion i presentó a mi mente la conjuracion del 25 de
setiembre de 1828. Entonces me parecía ver en aquella noche lúgubre
i siniestra a ese mismo héroe, a ese atleta de la libertad, correr
desaliñado por los pasadisos del palacio, solo, compunjido, tal vez
avergónzado, buscando un asilo donde ponerse a cubierto del puñal
del asesino, en tanto que el hacha de la muerte descargaba sus
golpes sobre las cabezas de sus guardias.
Esos recuerdos me hacían contemplar que mientras mas elevado se
halla el hombre en la escala social, mas fuerte es el golpe de su
caida, si se desvía de la estrecha senda que conduce a la gloria: i
que un paso falso en política, infaliblemente precipita en el
abismo insondable de la persecucion o del desprecio. Sentía una
conviccion profunda de que el hombre a quien la fortuna le sonrie,
si quiere aprovechar los dones de esta, no debe traspasar los
límites de lo justo, que es lo posible: porque la medalla que
representa la fuerza, el valor, la grandeza i la sabiduría, tiene
por reverso la debilidad, la miseria i el error; i cuando no hai
habilidad para asegurarla, el mas leve soplo la hace volver de
cara.
Así meditaba cuando fuí interrumpido por la llegada de un hombre
de estatura colosal, quien se dirijió a donde yo me hallaba: sentí
cierta especie de terror, que me causó su figura i su resolucion en
allegárseme: con la luz de la esquina del palacio, ví que era negro
i percibí el brillo de una arma o cosa semejante Entónces dije:
- ¿Quién es?
-Un servidor, contestó, deseo que vamos a su casa, aprovechando
la ocasion de haberle hallado aquí, pues hoi fui a buscarle i
estaba U. fuera de ella: creo que conviene a U. saber lo que tengo
que decir.
-Vamos, le dije, yo lo habia reconocido ya i para que el lector
sepa quien era, referiré lo mas notable de su vida i como tuve
conocimiento de él.
Era uno de esos dias de gala en que la cristiandad ostenta con
místico esplendor en sus templos esa funcion relijiosa que la
iglesia llama "Corpus Christi."
Rosina habia estrenado un traje blanco, un shal de razo azul i
una gorra con adornos del mismo color. Despues de haber asistido a
la funcion en la catedral, fuí con ella a casa; dejó la saya i la
mantilla i se ajustó el traje referido, yo pasé a mi escritorio i
ella se pasó a la ventana de la calle. Un cuarto de hora mas tarde,
alcancé a oír la voz de un hombre en el cuarto de Rosina i me movió
la curiosidad de ver quien era: fui i hallé a un negro parado al
frente de ella, con los brazos cruzados i en actitud humilde.
Figúrese el lector el contraste que formaban esos dos seres
humanos frente a frente: la luz daba de lleno en la bella faz de
Rosina, reflejándose en aquella tez finísima el mas vivo color
misto de nieve i rosa; en tanto que sobre la cútis de ébano de ese
hombre eran absorbidos los rayos del sol completamente: Rosina en
sus miradas i sonrisa, contemplándole, simbolizaba la dulzura, el
candor, la inocencia i la compasion, miéntras que él en su
fisonomía i actitud espresaba el sentimiento profundo del infeliz
esclavo, la humildad degradada por el servilismo.
Cuando entré al cuarto de Rosina le estaba esta diciendo
-Bien, ya me has dicho el motivo de tu fuga ¿i ese bárbaro vive
entre cristianos?
-Si, señora, i no solamente esto, sino que ostenta ser uno de
ellos; rezando, oyendo misa i confesándose con frecuencia, pasa la
mayor parte de la vida.
- ¿I él sabe la doctrina cristiana?
-La sabrá puesto que la enseña; mas, nunca la practica.
- ¿I tú qué sabes?
-Sufrir i callar, aunque a vezes la desesperacion me ha hecho
maldecir.
-Pero.... ¿ Qué has aprendido?
-He aprendido a humillarme i a obedecer a la voz de los blancos,
quienes por burla dicen que los negros somos sus hermanos.
-Bien, pero cual ha sido tu oficio?
-El de los brutos: cargar fardos a mi espalda i penetrar en las
entrañas de la tierra para estraer el oro que debia brillar en los
adornos de mis amos.
-Pero advierto que hablas con propiedad, i en verdad que es de
estrañarse esto en un minero, a no ser que……
-¡Ah! sí, pero los años, la necesidad, los viajes
i……
-Tengo curiosidad de saber cuáles han sido tus aventuras; sino
es importuna mi exijencia, cuéntamelas.
-Fuí esclavo desde que me hallaba en el vientre de mi madre, en
mi juventud era mi dueño un judío que se hallaba establecido en la
isla de Santo-domingo: entónces era envidiable mi suerte, porque me
trataba como a hijo i me educaba como a
blanco………..
Al decir esto saltaron algunas lágrimas de sus ojos; pasó la
mano sobre sus párpados comprimiéndolas, guardó silencio por un
momento i luego continuó así:
-Perdonad.... es un recuerdo grato i doloroso al mismo tiempo,
que oprime el corazon. Ese hombre era un modelo de bondad i yo
hubiera sido libre i poderoso si él no hubiera muerto de repente:
este fué el primer eslabon de la cadena que me ató a la desgracia.
Fué su heredero uno de esos hombres que tienen el corazon en el
cofre que encierra sus tesoros: me vendió i fuí trasportado a
Cartajena i de allá a distintos paises i por distintos dueños,
pasando de un dominio a otro del mismo modo que cualquiera otra
mercancía. Al fin tuve por amo a un cristiano i me trató con mas
rigor que a bestia brava, como ántes referí. Este fué el que vendió
mi único hijo a otro blanco de corazon de acero.
-I cómo se llamaba ese hombre?
-¿Mi amo? aquí teneis su nombre.
I desatándose del cuello un pañuelo que tenía puesto por
corbata, descubrió un grueso collar de hierro, remachado, en el
cual estaba grabado el siguiente nombre "N. Otero."
Yo me sorprendí al ver aquella muestra de crueldad i Rosina
esclamó "¡Oh barbarie!" Luego dijo:
-Este es el nombre de mi amo; es un rico propietario i su
riqueza le proporciona una posicion ventajosa en la sociedad. Tiene
relaciones de amistad i comercio con los hombres notables, i en el
pueblo donde vive es su voluntad una lei. Sus esclavos hemos sido
siempre víctimas de la crueldad de sus caprichos: no contento con
hacernos trabajar en su provecho miéntras el sol alumbra, nos ponía
por la noche alguna tarea, bajo la vijilancia de un inspector
armado de un sable que llevaba en la cintura i un látigo, en la
mano. El sábado era el único dia que dejaba en provecho nuestro, es
decir que el producto de ese dia nos habia de servir para
alimentarnos en los demas de la semana.
Despues me refirió Rosina el motivo de su fuga, como él un poco
ántes de entrar yo al cuarto lo habia referido: que siendo (en su
esclavitud) el único consuelo la compañía de un hijo, de edad de
trece años, le habia perdido; pues fué vendido a otro hombre, quizá
mas cruel, i que no pudiendo soportar la pena de la separacion,
había resuelto romper sus cadenas fugándose; que todo su anhelo era
procurarse la suma de dinero necesaria para obtener su libertad i
rescatar a su hijo de quien estaba separado mas de cien leguas i
que habia llegado a mi casa porque sabía que yo buscaba un
confidente. Inmediatamente que acabé de oír la narracion, levé a la
casa de un amigo, quien me habia encargado que le buscara un buen
criado; era un hombre pudiente i bondadoso; le referí todo i
recibió a Otero prometiéndole que mas tarde pagaría a su verdugo (a
su amo) la libertad i rescataría a su hijo. En el mismo instante
mandó por un herrero i le hizo limar el collar; la cútis del cuello
apareció blanca i el fierro limpio. Pocos meses despues fué
cumplida la oferta i Otero i su hijo unidos se dedicaron a servir a
su libertador.
Bien, continuaré: de la esquina del palacio seguí con ese hombre
en direccion a mi casa i me fué diciendo:
-Señor, U. i mi Señora la pupila de U. han hecho por conseguir
para mi hijo i para mí, la libertad; ambos desde entónces estamos
sumamente reconocidos i les somos deudores de inmensa gratitud.
Ahora se trata de nuestros hermanos
- ¡Hombre! le dije interrumpiéndole, ¿acaso no dijiste que no
tenias mas que un hijo en el mundo?
-Si Señor, me respondió, esa es la verdad, pero se trata ahora,
como decía, de dar la libertada todos los esclavos, estos son los
hermanos de que hablo.
- ¡Ah! bien, i qué hai? -
-Que yo he creido que debia suplicar por ellos; este me parece
un deber i conociendo la bondad de UU. i sabiendo que su influencia
puede contribuir a la consecucion de un fin tan santo, me he
atrevido a venir donde U.-i siguió hablándome, hasta que llegamos
al porton de la casa. Torcí la llave i le mandé entrar. Entónces le
informé sobre la pérdida de Rosina i manifestaba en la espresion de
su semblante la impresion dolorosa que le causó la noticia. Le
ofrecí que interpondría mis buenos oficios a fin de contribuir a la
abolicion de la esclavitud en la República; i al efecto hice, hablé
i escribí por la imprenta, con el objeto de que se consiguiera la
redencion de millares de hombres que arrastraban esa oprobiosa
cadena.
|
(a)
Se despidió Otero ofreciéndome hacer cuanto estuviera a su
alcance para descubrir los raptores de Rosina.
|
(a)
|
El dia 21 de mayo del año 1851 espidio el congreso la lei
aboliendo la esclavitud.
|