INDICE





Introduccion

Reseña histórica

Capítulo 1 - El mendigo

Capítulo 2 - Una visita en palacio

Capítulo 3 - El cuarto de Rosina

Capítulo 4 - Los portales

Capítulo 5 - Una beata

Capítulo 6 - Una amenaza

Capítulo 7 - La prediccion cumplida

Capítulo 8 - Meditacion

Capítulo 9 - Una sorpresa

Capítulo 10 - La casa de los ejercicios

Capítulo 11 - Nuevo apostolado, la iniciada en el templo

Capítulo 12 - La choza de la muerte

Capítulo 13 - El espiritu de asociacion

Capítulo 14 - Un sueño

Capítulo 15 - Las dos cartas

Capítulo 16 - Los dos embozados

Capítulo 17 - Descubrimiento

Capítulo 18 - El sabio magnetizador

Capítulo 19 - La cartera

Capítulo 20 - El 10 de marzo

Capítulo 21 - Causa célebre - Russi ante el Jurado

Capítulo 22 - Preliminares de rebelion

Capítulo 23 - Rosina o Clodomira

Capítulo 24 - El refinamiento de la crueldad

Capítulo 25 - La revolucion

Capítulo 26 - Ricardo el sepulturero o el loco sentimental
CAPITULO 7.º

 

LA PREDICCION CUMPLIDA.

 

El dia 18 de mayo del año de 1850, para cumplir con uno de los deberes de ciudadano granadino, tuve que concurrir a uno de los cuarteles de la Capital a tomar las armas; porque en ese dia espidió el Poder Ejecutivo el decreto de espulsion de los jesuitas i en consecuencia se temía que el partido conservador se rebelara contra el gobierno, tomando como pretesto la defensa de la relijion. Se habia hecho creer a una gran parte del pueblo, que la espulsion de los jesuitas era un ataque al cristianismo, i la ajitacion en la Capital de la República era extraordinaria. Las tropas veteranas i la milicia cívica, estaban sobre las armas, así como una gran parte de los jóvenes i la mayoría de los miembros del Congreso. La situación política era bien semejante a la de Francia en 1792, cuando los ciudadanos armados decían: "Nous ne partirons pas que les ennemis de Vinterieur ne soient terrassés." Se elevaron al Presidente de la República varios memoriales, por los adictos a los jesuitas pidiendo la revocatoria del decreto, i del 48 citado al 23 del mismo mes, no cesaron las comisiones del partido jesuita conservador, cerca, del P. E. con el mismo objeto. I fué tal el empeño en obtener dicha revocatoria, que formaron una compañía de niñas vestidas a imitacion de las vestales de la antigua Roma, i la condujeron al palacio, cerca de la hija del encargado de la Presidencia para que le suplicara que sirviera de intercesora en favor de los Padres de la Compañía de Jesus. | (a) . El Presidente permaneció como una roca; firme i resuelto hizo cumplir su decreto i el 23 de mayo del mismo año al silencio de la noche salieron los Padres en direccion a la costa del Atlántico, habiendo ántes decretado el Gobierno, el gasto de mil pesos que erogó el tesoro nacional para los costos del viaje hasta alguna de las Antillas o hasta Europa a voluntad de los espulsados. 

En ese tiempo se hallaba en sesiones el Congreso, segun se dijo antes i la Cámara de Representantes espidió la nota siguiente:

«La Cámara de Representantes se ha impuesto con calma del contenido del decreto que ordena el regreso de los Padres de la Compañía de Jesus al punto de donde fueron traidos con abierta infraccion de las leyes de la República.

«La Cámara felicita al P. E. por haber tenido bastante firmeza, patriotismo i enerjía para cumplir con un deber penoso i delicado; i aplaude i apoya con decidido i leal interes una medida de vital importancia para la conservacion del órden; de las libertades i de la independencia nacional.

«La Cámara ordena se rejistre en el acta de este día el nombre del ciudadano Presidente Jeneral José Hilario López, i de sus dignos Secretarios Dr. Manuel Murillo, Victoriano de Diego Paredes i Coronel Tomas Herrera, por haber merecido bien de la patria.

Era pues un deber sagrado prestar mi continjente como dije ántes, tomando las armas para que se conservara el órden; i permanecí en el cuartel hasta el 24 de mayo, en cuyo dia a las ocho de la mañana llegó a buscarme una mujér llorando i diciéndome que Rosina había desaparecido la noche anterior, de la casa en que yo la había dejado. Al oír esto salí en el momento i me dirijí allá, tocando ántes en mi casa en donde pensé que podría estar; llegué fatigado i encontré a la Señora llorando. Me refirió que a las diez de la noche se había retirado Rosina a dormir en el cuarto que le había destinado, que todos los de la casa se habian acostado a la misma hora i que ninguno sintió ruido alguno: que a las seis de la mañana que se levantó, advirtió que estaba abierto el cuarto donde se hallaba Rosina i estrañó que se hubiera levantado tan temprano, puesto que su costumbre era la de levantarse a las ocho; que en el momento fué a ver si era que estaba enferma i halló el cuarto solo; que rejistró toda la casa i no la encontró, estando todavía cerrado con llave el porton de la calle i que en el jardin había huellas estampadas de calzado de hombre i alguna plantas i flores holladas. Yo mismo ví esto i noté unas tejas rotas en la pared del lado de la calle; quedé pasmado i dije: se cumple la prediccion hecha en la carta: ¿estamos en la antigua Venecia? Salí de allí, busqué, inquirí, averigüé, pero todas mis dilijencias fueron inútiles, no obtuve ni la menor noticia del paradero de Rosina. Entónces no dudé mas de lo que el mendigo me había dicho; su veracidad quedaba comprobada por la desgracia. Mi situacion era funesta; no tenía yo ni un dato para hacer recaer mis sospechas contra persona determinada.

Pasó mucho tiempo desde la fecha del rapto de Rosina, sin obtener noticia alguna acerca de ella. Muchas vezes pasé por el altozano de la Catedral a distintas horas de la noche, disfrazado, para no ser conocido: yo esperaba descubrir a los dos embozados o hallar al mendigo. Tambien habia buscado a la beata Doña Lorenza, la que habia dado a Rosina la carta que le causó el desmayo, pero a ninguno encontré. Sin embargo, estaba tan preocupado, tan impresionado por lo pasado, que especialmente por la noche, cada hombre me parecía uno de esos embozados misteriosos i malvados: no habia funcion pública, sagrada o profana, a la que no fuera el primero, con el objeto de hallar algun dato sobre los autores del rapto de Rosina, acercándome, disimuladamente, a todos los que notaba que hablaban con interés. No habia fonda a donde no entrara, villar a que no asistiera, corrillo qué no espiara, ni mercado que no recorriera, vagando siempre en persecucion de indicios, dominado por la idea de la desgracia de Rosina. Una noche entré a una especie de meson que habia a la vuelta de la calle de "Florian" i noté entre los concurrentes un hombre retirado ácia un rincon, sentado delante de una mesa, escribiendo con lápiz en una cartera: por instantes se quedaba pensativo, i luego volvía a aplicar el lapiz. Despues de un cuarto de hora llamó al mozo de servicio i le pidió una copa de brandi; al presentársela le dijo: -"Si viene Camilo, dile que le espero donde Doña Lorenza." Tomó el brandi i se fué. Yo habia vestido esa noche el traje de campesino; creo que ese hombre no se fijó en mí. En el momento sospeché que esa Doña Lorenza, podía ser la misma beata, i él quizá uno de los conjurados contra mi, tal vez de los raptores: me fuí siguiéndole la pista: caminó cuatro cuadras de la esquina de Santo Domingo arriba, calle de los "Plateros" i cruzó a la derecha; yo iba a distancia de media cuadra i cuando llegué a la esquina en que cruzó ya no lo ví. Sin embargo, cruzé tambien, recorrí la cuadra i todo estaba en silencio; no pude saber a donde habia entrado, ni la direccion que tomara. Volví por la calle de la "Candelaria" i al llegar a la Iglesia de Santa Jertrúdis, ví en un porton a una mujer parada me acerqué hablándole; ella me contestó i la reconocí en la voz; la noche estaba oscura: era.... ¡que encuentro tan casual! era la beata Doña Lorenza. La providencia me proteje, le dije, vive U. aquí?

- No, señor, he venido a esta hora por una urjente necesidad.

-¿Podría darme U. la direccion de su casa?

-No tengo inconveniente, i aun deseaba hablar con U. pero....la delicadeza.... el amor propio ofendido, i alguna otra razon, me han impedido volver a la casa de U. Sin embargo si U. quiere tener la bondad de visitarme, busque U. en la calle de "Curazao" un porton sobre el cual hai un "Jesus" pintado.

-A qué horas hallaré a U.?

-Antes de las ocho de la mañana i despues de las doce. Es conveniente a U. que hablemos despacio i ya que la casualidad nos ha hecho concurrir en esta vez al mismo punto Estraño es para mí su vestido ¿por que así?

-He acabado de llegar del campo, dejé mi caballo en los arrabales i voi para mi casa.

- ¿Obtuvo U. noticia alguna?

- Noticia, ¿acerca de quien?

- Pues.... como estamos en época de novedades…. es mui natural esta pregunta, o mas bien, es comun: quise decir a U. con mi pregunta. que si U. dejó algo de nuevo por donde estuvo.

-A la verdad que nada nuevo he dejado i mas bien lo hallo aquí.

-¿Aquí? ¿qué cosa?

-El traje que U. tiene, pues en verdad que no es el que usa siempre, i no la hubiera conocido al no haber hablado.

-Ha sido un capricho de mujer i…..la oscuridad......

-Ciertamente, oculta el disfraz.

-Igual, con igual.

A ese tiempo salió un clérigo diciendo: "dispense U. señora me he demorado sin culpa, sigamos." Ella se despidió de mi i él no me hizo caso: yo atribuí su desprecio al vestido que yo tenía; tanto así influye el traje en el trato social. Los dejé adelantar i seguí en pos, con el objeto de saber a donde iban; al efecto llegaron a la calle de las "Aguilas" i entraron a una casa cuyo dueño no me era conocido. Permanecí algun tiempo en la esquina de la calle i últimamente tomé la direccion de la mía.

 

 

(a) Estos ofrecieron renunciar sus votos de comunidad en cambio de la revocatoria del decreto de espulsion.

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