CAPITULO 6.º
UNA AMENAZA.
Cuatro dias despues del accidente de Rosina, estando yo en la
calle, entregaron a esta la carta que sigue:
Señorita Rosina:
«Los sentimientos de virtud que U. posee, me dan derecho de
exijir un servicio importante, i no dudo que U. se preste a ejercer
una obra de piedad que demanda la relijion. Conviene que el
protector de U. no tenga conocimiento de la plausible accion que U.
debe ejecutar, hasta que se haya conseguido el objeto: así le
sorprenderá U. agradablemente. Es una empresa esclusivamente de
mujeres i deseamos que no se imponga de ella hombre alguno, hasta
despues de obtener el triunfo a que aspiramos.
«Mañana a las once del dia la espero a U. sola en la puerta de
la iglesia de S. Cárlos en donde sabrá U. quien soi i se impondrá
del pormenor de la empresa. Verdaderamente es U. una de las
personas que deben tomar mas interes.
«¿Recuerda U. que hace nueve meses se interesaba por la suerte
de U. i de su protector, un mendigo? ¿No se acuerda U. de Ricardo?
Pues bien, ese pobre sufre desde entónces una persecusion horrible,
i sin que U. ni su protector lo sepan, sinembargo que son la causa
de sus padecimientos. Mañana tendrá U. pleno conocimiento de todo.
Debe U. ir en traje de visita porque debemos ir al palacio de
gobierno. El protector de U. estará fuera de su casa a la hora que
le indico, así no tendrá U. obstáculo para concurrir a la cita.
«Inmediatamente que acabe U. de leer esta carta, redúzcala a
cenizas, i a nadie comunique U. ni la menor parte de ella, pues si
lo contrario hiciere, será U. perdida para siempre.
«Soi de U. su mejor amiga.»
El primer paso que dió Rosina, luego que llegué, fué para
entregarme la carta, diciéndome- Me amenazan cruelmente, pero por
no ocultar cosa alguna a U., sufriré todo con resignacion; reciba
U. el pliego que contiene mi sentencia: cumplo con mi deber i quedo
satisfecha. »
Esta carta me dió conocimiento de que habia una trama infernal,
probablemente, pero tan impenetrable para mí como temible. ¿En qué
se fundarian para creer que yo impediria a Rosina el ejercicio de
un acto de virtud? ¡Una empresa esclusivamente de mujeres! ¡Buenas
són para esclusivistas! decia yo leyendo segunda vez la carta. Me
confundia la parte que hacia relacion a Ricardo, al mendigo que una
sola vez habia llegado a mi casa; decir que Rosina i yo éramos la
causa de que sufriera desde entónces, era para mí una cosa
estrañísima; así como misterioso era el modo de saber del mendigo
despues de nueve meses. Por otro lado, ¿cómo sabian que no estaria
el dia siguiente en mi casa, a la hora en que citaban a Rosina? Yo
me preparé para rechazar el golpe. Pensé primero decir a Rosina que
concurriera a la cita, dejando en reserva nuestra conferencia sobre
el asunto, i seguirla a distancia conveniente a fin, de conocer la
persona que la habia escrito, pero juzgué luego que los directores
del complot, podian impedirme de alguna manera ese plan i talvez a
tiempo que Rosina estuviera ya en la calle, en cuyo caso esponia yo
a mi pupila, sabe Dios a qué aventura. Determiné evitar el peligro
dando un paso que me parecia seguro i fué el siguiente.
A las doce i media de la noche, víspera de la cita, salí con
Rosina, i por calles inusitadas nos dirijimos a casa de una señora
anciana, a quien yo debia finas muestras de amistad: la hora, el
vestido i la oscuridad nos protejian contra las miradas de nuestros
gratuitos enemigos o su espionaje. Despues de haber caminado tres
cuadras, al cruzar una calle, vimos parados, hablando paso, dos
hombres, uno embozado en su capa, i el otro con ruana; no habriamos
adelantado ocho pasos del sitio en que se hallaban, cuando oímos
que dijo uno de ellos, «El es» i nos siguieron como con el objeto
de reconocernos. Yo me paré preparando mis pistolas: ellos oyeron
seguramente el golpe que estas dieron al montarlas i retrocedieron
en el momento. Seguimos apurando el paso i dando mil rodeos hasta
que llegamos a la casa deseada. Allí dejé a Rosina bien
recomendada, con las prevenciones de reserva necesarias i volví a
mi casa.
Al dia siguiente hice creer a las sirvientas, que Rosina estaba
enferma i en su cuarto, a donde prohibí la entrada e hice preparar
una tizana i otras cosas para confirmar esa creencia.