CAPITULO 26.
RICARDO EL SEPULTURERO O EL LOCO SENTIMENTAL.
Entré los túmulos que adornan el gran patio del cimenterio de
Bogotá, hai uno que llama la atencion de los que visitan ese lugar
sagrado: cerca de la portada a la derecha de la alameda que conduce
a la capilla, se ve ese túmulo de piedra labrada a cincel sobre el
cual se halla la escultura mas bella que haya salido de las manos
del hábil artista: un niño de mármol blanco, en la actitud mas
espresiva i sentimental que pueda concebirse: apoya su cuerpo en
una de sus rodillas, que se halla doblada sobre el pedestal;
puestas sus manos sobre la otra rodilla, espresa la opresion del
dolor i la esperanza de la fé, dirijiendo a lo alto esa mirada de
la inocencia que une el cielo con la tierra i que pone a la
criatura en relacion con su Dios.
En el año de 1853 en las noches de luna, se veía al lado de ese
niño, apoyado contra uno de los costados del pedestal, a un hombre
de vestido negro de fisonomía juvenil i melancólica, pero por su
crecida barba i cabellos blancos i lustrosos como la plata, parecia
un anciano venerable. Visto entre los sauces, cipreses i mausoleos
del cimenterio, podia tomarse como el jenio de las sombras. Casi
siempre estaba silencioso i meditabundo, contemplando un sepulcro
de pobre apariencia, que se hallaba en el suelo cercado de rosales:
algunas veces hacia esclamaciones como esta: «Hermana mia! consuela
al infortunado Ricardo! oye mi oracion!- Hermana mia! duerme en
paz, acabaron tus martirios! No; despierta, hermana mia; espero con
fé; levántate de la tumba,-estréchame una vez a tu seno i quedaré
satisfecho! »
Ese hombre era llamado «Ricardo el sepulturero o el loco
sentimental,» porque iba frecuentemente al cimenterio, i espresaba
en sus palabras, acciones i fisonomía, el sentimiento mas intenso
del dolor, i ademas, deliraba con locura. Cada vez que cerraban la
tumba de alguna jóven, regaba rosas sobre ella, diciendo:-. «El
perfume de estas flores, es el álito del espíritu de mi hermana;
descansa en paz con ella.»
Cuando le hacian algunas preguntas respondia lacónicamente i en
estilo sentencioso, i las mas vezes guardaba silencio. El guardian
del cimenterio con quien estaba ya familiarizado, le exijió la
narracion de su historia i obtuvo la siguiente:- «El amor dió
oríjen a mi existencia i una preocupacion funesta dictó el secreto
de mi nacimiento: desde el momento en que vine al mundo, fui
espulsado del hogar paterno, por la falsa idea que del honor tenia
a sociedad. Empezé, pues, a vivir i a ser desgraciado: mi madre
prefirió una reputacion falsa, al placer de contemplarme risueña en
su regazo como hijo de sus entrañas. ¡Pobre madre mia! bien
contemplo la violencia que te harias para contrariar los
sentimientos de la naturaleza con el fin de satisfacer las necias
pretensiones de una sociedad mal constituida! Entre personas
estrañas crecí i conmigo la desgracia: adquirí algunos
conocimientos en los primeros años de mi juventud, i parecerá
increible, ellos aumentaron mis infortunios, porque ellos me han
hecho comprender la estension i la intensidad del mal. Tuve
despues, que mendigar el sustento, i mas tarde siendo inocente, fuí
encerrado en un calabozo; i no sabia aun quienes eran mis verdugos.
Dos embozados, cuyos nombres debo callar, abusando de la
intelijencia i de la ventajosa posicion social, intentaban subyugar
al pueblo, i para ello tramaban una conspiracion contra el
Gobierno: por desgracia mia fui testigo casual de una conferencia
nocturna en que discutieron gran parte del plan revolucionario, i
desde entónces perdí la libertad. Intentaban i se prometian vencer
todos los obstáculos que se opusieran a la obra de los
conspiradores. El amor o la fatalidad llevó, cerca del ánjel de la
inocencia, cerca de mi hermana a uno de los hombres mas perseguidos
por el partido revolucionario; él intentaba unirse a ella, i tocaba
ya las puertas del templo, cuando le fué arrebatada i puesta en una
prision clandestina a disposicion de una mujer sin corazon, de una
harpía detestable, que ejerció el encargo del mas fiero verdugo.
Nadie ha podido saber quien fuera el raptor ni cual fuera el pecado
del ánjel. El virtuoso protector de mi hermana, perseguido
cruelmente por enemigos embozados, probablemente enemigos
políticos, cayó en la tumba víctima de la desgracia. Una beata,
maldita, sirvió de vil instrumento de la persecucion, hasta que por
equivocacion tomó un tósigo que le hizo perder el juicio i la
lengua; quedó loca i muda. Esos dos embozados tambien han espiado
algun tanto su maquinacion infernal, i los inmensos males que
causaron; han sido a su turno perseguidos i maltratados. ¡La
Providencia premia o castiga a los hombres segun sus obras! La
consecuencia del mal, es el mal: el bien nunca se pierde; Dios
premia a quien lo hace, i con prodigalidad.-De las personas que
tenian relaciones de amistad en la casa de mi hermana, solamente
hai una que viene a es lugar sagrado a elevar sus preces por el
alma de Rosina; un negro que dobla la rodilla sobre ese mármol
blanco i murmurando su oracion, deja escapar algunas lágrimas tan
preciosas para mí, que me parecen diamantes rodando sobre el ébano
i perdiéndose como el rocío en la tierra liviana que cubre el
cuerpo de mi hermana: sin duda un tributo de gratitud rendido sobre
el sepulcro de la inocencia, por ese fiel amigo. ¡Ah!. . . . me
habia olvidado que únicamente se me habia exijido la narracion de
mi historia: ¿para qué? Miserias, desgracias, dolores, una
larguísima cadena de infortunios, cuyo primer anillo ató la
fatalidad a mi cuna i que el tiempo inexorable sigue forjando hasta
que una el último eslabon a la tumba de mi adorada hermana. Sabeis
que soi loco, he perdido el juicio, pero no el sentimiento; siempre
hai cordura para sentir la pena. A costa de mi cabeza obtuve la
libertad, es decir, que fué una fortuna para mí la enajenacion
mental; si nó, seria mas infeliz léjos del tesoro que contemplo en
esa sepultura. Todos me llaman el loco sentimental ¿i no seria un
idiota o un bruto si estuviera sano, sino hubiera perdido el juicio
despues de haber perdido a mi infeliz hermana? No he conocido a mis
padres, ni ellos me conocen. Yo soi el tiempo, a la vez represento
la juventud i la vejez, i espero ver a mi hermana que re presenta
la eternidad. Me llaman a Europa para que vaya a recibir una grande
herencia, i hai necios que me instan para que me ponga en marcha,
creyendo que estoi poseido de esa mezquina ambicion de los
mortales: mi herencia es la tierra, que posee mi hermana, i mi
tesoro el cielo. »
Concluyó la narracion, despidiéndose a tiempo que irradiaba en
su semblante la animacion i la alegría que inspira la esperanza.
Despues de algunos dias desapareció del cimenterio i de la
ciudad.
FIN DE LA OBRA