INDICE





Introduccion

Reseña histórica

Capítulo 1 - El mendigo

Capítulo 2 - Una visita en palacio

Capítulo 3 - El cuarto de Rosina

Capítulo 4 - Los portales

Capítulo 5 - Una beata

Capítulo 6 - Una amenaza

Capítulo 7 - La prediccion cumplida

Capítulo 8 - Meditacion

Capítulo 9 - Una sorpresa

Capítulo 10 - La casa de los ejercicios

Capítulo 11 - Nuevo apostolado, la iniciada en el templo

Capítulo 12 - La choza de la muerte

Capítulo 13 - El espiritu de asociacion

Capítulo 14 - Un sueño

Capítulo 15 - Las dos cartas

Capítulo 16 - Los dos embozados

Capítulo 17 - Descubrimiento

Capítulo 18 - El sabio magnetizador

Capítulo 19 - La cartera

Capítulo 20 - El 10 de marzo

Capítulo 21 - Causa célebre - Russi ante el Jurado

Capítulo 22 - Preliminares de rebelion

Capítulo 23 - Rosina o Clodomira

Capítulo 24 - El refinamiento de la crueldad

Capítulo 25 - La revolucion

Capítulo 26 - Ricardo el sepulturero o el loco sentimental
CAPITULO 26.

 

RICARDO EL SEPULTURERO O EL LOCO SENTIMENTAL.

 

Entré los túmulos que adornan el gran patio del cimenterio de Bogotá, hai uno que llama la atencion de los que visitan ese lugar sagrado: cerca de la portada a la derecha de la alameda que conduce a la capilla, se ve ese túmulo de piedra labrada a cincel sobre el cual se halla la escultura mas bella que haya salido de las manos del hábil artista: un niño de mármol blanco, en la actitud mas espresiva i sentimental que pueda concebirse: apoya su cuerpo en una de sus rodillas, que se halla doblada sobre el pedestal; puestas sus manos sobre la otra rodilla, espresa la opresion del dolor i la esperanza de la fé, dirijiendo a lo alto esa mirada de la inocencia que une el cielo con la tierra i que pone a la criatura en relacion con su Dios.

En el año de 1853 en las noches de luna, se veía al lado de ese niño, apoyado contra uno de los costados del pedestal, a un hombre de vestido negro de fisonomía juvenil i melancólica, pero por su crecida barba i cabellos blancos i lustrosos como la plata, parecia un anciano venerable. Visto entre los sauces, cipreses i mausoleos del cimenterio, podia tomarse como el jenio de las sombras. Casi siempre estaba silencioso i meditabundo, contemplando un sepulcro de pobre apariencia, que se hallaba en el suelo cercado de rosales: algunas veces hacia esclamaciones como esta: «Hermana mia! consuela al infortunado Ricardo! oye mi oracion!- Hermana mia! duerme en paz, acabaron tus martirios! No; despierta, hermana mia; espero con fé; levántate de la tumba,-estréchame una vez a tu seno i quedaré satisfecho! »

Ese hombre era llamado «Ricardo el sepulturero o el loco sentimental,» porque iba frecuentemente al cimenterio, i espresaba en sus palabras, acciones i fisonomía, el sentimiento mas intenso del dolor, i ademas, deliraba con locura. Cada vez que cerraban la tumba de alguna jóven, regaba rosas sobre ella, diciendo:-. «El perfume de estas flores, es el álito del espíritu de mi hermana; descansa en paz con ella.»

Cuando le hacian algunas preguntas respondia lacónicamente i en estilo sentencioso, i las mas vezes guardaba silencio. El guardian del cimenterio con quien estaba ya familiarizado, le exijió la narracion de su historia i obtuvo la siguiente:- «El amor dió oríjen a mi existencia i una preocupacion funesta dictó el secreto de mi nacimiento: desde el momento en que vine al mundo, fui espulsado del hogar paterno, por la falsa idea que del honor tenia a sociedad. Empezé, pues, a vivir i a ser desgraciado: mi madre prefirió una reputacion falsa, al placer de contemplarme risueña en su regazo como hijo de sus entrañas. ¡Pobre madre mia! bien contemplo la violencia que te harias para contrariar los sentimientos de la naturaleza con el fin de satisfacer las necias pretensiones de una sociedad mal constituida! Entre personas estrañas crecí i conmigo la desgracia: adquirí algunos conocimientos en los primeros años de mi juventud, i parecerá increible, ellos aumentaron mis infortunios, porque ellos me han hecho comprender la estension i la intensidad del mal. Tuve despues, que mendigar el sustento, i mas tarde siendo inocente, fuí encerrado en un calabozo; i no sabia aun quienes eran mis verdugos. Dos embozados, cuyos nombres debo callar, abusando de la intelijencia i de la ventajosa posicion social, intentaban subyugar al pueblo, i para ello tramaban una conspiracion contra el Gobierno: por desgracia mia fui testigo casual de una conferencia nocturna en que discutieron gran parte del plan revolucionario, i desde entónces perdí la libertad. Intentaban i se prometian vencer todos los obstáculos que se opusieran a la obra de los conspiradores. El amor o la fatalidad llevó, cerca del ánjel de la inocencia, cerca de mi hermana a uno de los hombres mas perseguidos por el partido revolucionario; él intentaba unirse a ella, i tocaba ya las puertas del templo, cuando le fué arrebatada i puesta en una prision clandestina a disposicion de una mujer sin corazon, de una harpía detestable, que ejerció el encargo del mas fiero verdugo. Nadie ha podido saber quien fuera el raptor ni cual fuera el pecado del ánjel. El virtuoso protector de mi hermana, perseguido cruelmente por enemigos embozados, probablemente enemigos políticos, cayó en la tumba víctima de la desgracia. Una beata, maldita, sirvió de vil instrumento de la persecucion, hasta que por equivocacion tomó un tósigo que le hizo perder el juicio i la lengua; quedó loca i muda. Esos dos embozados tambien han espiado algun tanto su maquinacion infernal, i los inmensos males que causaron; han sido a su turno perseguidos i maltratados. ¡La Providencia premia o castiga a los hombres segun sus obras! La consecuencia del mal, es el mal: el bien nunca se pierde; Dios premia a quien lo hace, i con prodigalidad.-De las personas que tenian relaciones de amistad en la casa de mi hermana, solamente hai una que viene a es lugar sagrado a elevar sus preces por el alma de Rosina; un negro que dobla la rodilla sobre ese mármol blanco i murmurando su oracion, deja escapar algunas lágrimas tan preciosas para mí, que me parecen diamantes rodando sobre el ébano i perdiéndose como el rocío en la tierra liviana que cubre el cuerpo de mi hermana: sin duda un tributo de gratitud rendido sobre el sepulcro de la inocencia, por ese fiel amigo. ¡Ah!. . . . me habia olvidado que únicamente se me habia exijido la narracion de mi historia: ¿para qué? Miserias, desgracias, dolores, una larguísima cadena de infortunios, cuyo primer anillo ató la fatalidad a mi cuna i que el tiempo inexorable sigue forjando hasta que una el último eslabon a la tumba de mi adorada hermana. Sabeis que soi loco, he perdido el juicio, pero no el sentimiento; siempre hai cordura para sentir la pena. A costa de mi cabeza obtuve la libertad, es decir, que fué una fortuna para mí la enajenacion mental; si nó, seria mas infeliz léjos del tesoro que contemplo en esa sepultura. Todos me llaman el loco sentimental ¿i no seria un idiota o un bruto si estuviera sano, sino hubiera perdido el juicio despues de haber perdido a mi infeliz hermana? No he conocido a mis padres, ni ellos me conocen. Yo soi el tiempo, a la vez represento la juventud i la vejez, i espero ver a mi hermana que re presenta la eternidad. Me llaman a Europa para que vaya a recibir una grande herencia, i hai necios que me instan para que me ponga en marcha, creyendo que estoi poseido de esa mezquina ambicion de los mortales: mi herencia es la tierra, que posee mi hermana, i mi tesoro el cielo. »

Concluyó la narracion, despidiéndose a tiempo que irradiaba en su semblante la animacion i la alegría que inspira la esperanza. Despues de algunos dias desapareció del cimenterio i de la ciudad.

 

FIN DE LA OBRA

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