CAPITULO 25.
LA REVOLUCION
Es un hecho constante que en las monarquías se resuelve el
cambio violento del ministerio de Gobierno por medio de asesinatos,
así como en las Repúblicas por medio de revoluciones. Si en ningun
caso es justificable la violencia atacando el derecho, es mucho mas
censurable cuando se atenta contra el gobierno republicano, por la
mui óbvia razon de que hai alternabilidad en los ciudadanos que
ejercen los destinos, i estos son conferidos por los votos de la
mayoría, espresándose así la voluntad nacional. En las monarquías
puede alguna vez justificarse la violencia cuando no hai otro
remedio para que caiga un tirano que oprime al pueblo; pero en las
repúblicas jamás, puesto que la duracion de los que ejercen las
funciones del gobierno, es pasajera. Así es que los ciudadanos que
se rebelan contra el gobierno republicano haciendo uso de la fuerza
armada, manifiestan con las vías de hecho, la tendencia al
despotismo: esta debiera ser una mui buena razon para que no
tuvieran séquito. Porque, o se considera el gobierno como obra de
la mayoría i entónces la minoría es la que se rebela contra la
voluntad del mayor número, que es lo que constituye el despotismo;
o se considera el gobierno como obra de la minoria i entónces deja
de ser republicano. Las revoluciones que se han hecho en este pais
despues de la independencia de la España han fracasado, sin duda
por haber sido la obra de la minoría; la lejitimidad en el gobierno
popular está representada por la mayoría de los ciudadanos. Si se
tuvieran presentes estas verdades, las revoluciones a mano armada
serian difíciles i ménos frecuentes. I mucho mas raras serian, si
se atendiera a que el jérmen de todo bien social solamente se
encuentra a la sombra del órden, de la paz i de una libertad bien
entendida; i si se meditara que la revolucion a mano armada es la
fuente de todos los delitos, de todos los crímenes imajinables i el
mas grave mal para la nacion.
Veamos en compendio los males consiguientes a las
revoluciones.
1.° Paralizacion de la industria en todos sus ramos i
relaciones.-Consecuencias.
Pérdida de los intereses de los capitales empleados en cada
empresa durante el desórden.
Pérdida del valor del producto neto o sea la ganancia que debia
rendir cada empresa a los dedicados a ella, durante el tiempo de la
paralizacion.
Pérdida del valor de los brazos que suspenden el trabajo.
Pérdida del valor de los objetos deteriorados por la
interrupcion de cada obra.
Pérdida del valor pagado por el aumento del precio de algunas
mercancías, aumento consecuencial de la inseguridad i del
desórden.
2.° Decadencia: temor de perder acometiendo empresas
industriales por falta de garantías.
Ausencia de empresarios.
Ocultacion de capitales.
Pérdida de empresarios del pais e impedimento para obtenerlos
del estranjero.
Pérdida de brazos.
Desfalco en el número de hombres intelijeníes
3.° Retrogradacion del estado social:
Inseguridad de la propiedad.
Abusos de confianza:-
Asaltos-robos-incendios.
Inseguridad personal:
Persecuciones-ultrajes-reclutamiento-prisiones-destierro-heridas
muertes.
Si pudiera hacerse la esacta apreciacion del valor de cada una
de estas pérdidas, la suma subiria a muchos millones de pesos,
aunque la turbacion del órden público fuese pasajera: esto sin
traer a cuenta la inmensa i deplorable pérdida de los hombres que
mueren en la contienda; muchos tal vez, hombres que hubieran
adornado las pájinas de la historia nacional, por el fruto que
hubieran dado al pais i quizá al mundo entero por su
intelijencia-ilustracion-virtudes, etc.
I sin embargo de todo esto, por desgracia hai hombres que oyen
ántes el grito de las pasiones que el de la razon, i se lanzan
atrevidos a ese mar borrascoso de las revoluciones. Sin duda que en
sus cálculos no han entrado los que van enunciados aquí, porque
entónces retrocederian espantados; i si las masas populares
comprendieran lo que en realidad son los revolucionarios, no
solamente dejarian de cooperar a tan criminal empresa, sino que los
atarian como a locos furiosos hasta que se conociera que habian
vuelto a la razon.
Regularmente los cálculos de los revolucionarios son para hacer
el mal; i aunque se prometen i ofrecen hacer el bien, no están
seguros de que lo harán, pues nunca son dueños de este: sus
promesas son como las que hace el pescador con el cebo de su
anzuelo.
Un revolucionario es peor mil veces que un enemigo personal
ciego de ira i sediento de venganza; porque este pretende dañar a
un hombre, en tanto que el revolucionario es un enemigo armado que
atenta contra el hombre i contra la sociedad. Para conocer el
estravío de los revolucionarios, basta observar que empiezan su
obra por escusar su conducta dando por razon i tomando por pretesto
que hai falta de garantías; que se ha perdido la libertad, que se
ejerce la tiranía por los gobernantes, etc, escusa que por sí sola
viene a ser una verdadera confesion de la delincuencia.
Jamás bajo pretesto alguno tiene derecho una porcion de
ciudadanos para rebelarse contra e1 gobierno establecido. Esto no
quiere decir que el pueblo, la mayoría nacional, no esté en su
derecho cuando se rebela contra un tirano: derecho que a la vez
viene a ser un deber.
Las diferentes opiniones respecto de los principios políticos
que deben adoptarse para gobernar un pais, dan orijen a los
partidos que se disputan la supremacía i que en consecuencia
aspiran a ocupar los puestos del Poder público: cada uno de esos
partidos está en su derecho en tanto que sin subvertir el órden,
trate de hacer triunfar su opinion por medio de la palabra i de la
imprenta, predicando su doctrina: pero pretender el triunfo de los
principios que se profesan, a punta de bayoneta, es ademas de
tiranía, torpeza; especialmente en los pueblos en que se ha
saboreado la dulce libertad. Al filo de la cimitarra Mahoma redujo
a la obediencia a los árabes i les impuso su doctrina; pero él
sometia pueblos cuyos habitantes embrutecidos i degradados por la
esclavitud i la ignorancia, no eran capaces de resistir al invasor.
La mision filosófica de los apóstoles de la política, debe ser en
esencia el bien, no puede tener otro objeto que la mejora, el
progreso de la sociedad.
Así, pues, los que emplean la impostura i la fuerza física para
hacer triunfar su opinion, demuestran evidentemente que su intento
es el de encadenar al pueblo, esclavizarle i embrutecerle.
Por desgracia la Nueva Granada ha sido teatro de frecuentes
revoluciones, las cuales han impedido la marcha progresiva de su
industria en todos sentidos, ácia el apojeo de la prosperidad a que
está llamada, por su situacion topográfica i demas elementos de
riqueza. La mayor parte de sus hombres públicos en casi todos los
asuntos nacionales, han pensado mas en sus intereses particulares,
que en los jenerales; siendo pocos los que se dedican al servicio
de la República por un verdadero espíritu de patriotismo. De esto
especialmente nace la facilidad de conspirar i el aliento de los
enemigos del reposo público. Se rebeló contra el gobierno lejítimo
en 1830 el partido dictatorial, boliviano o conservador: en 1833
intentó el mismo partido otra conspiracion: en 1840 se revolucionó
el partido liberal; i en 1851 el partido conservador pretendió,
otra vez, derribar el gobierno i asumir el Poder público: véamos
como pasaron los hechos en este año.
El 20 de julio de 1851, dia memorable en la nacion, por ser el
dia del aniversario de la independencia de este pais, era el
designado definitivamente por el partido conservador para que
estallara la revolucion tan premeditada predicha. Todo parecia
perfectamente combinado, i el golpe que debia ser violento, parecia
de fácil ejecucion. En algunas provincias bien importantes de la
República, estaban preparados los conservadores exaltados, para
repetir el eco de ese grito espantoso de muerte que debia de
resonar en la capital del Estado, con estas o semejantes palabras:
¡« Abajo López, mueran los rojos! »
Segun el plan revolucionario debian caer, el Presidente López,
los miembros de su gabinete i todos los principales sostenedores
del gobierno del 7 de marzo. Peros ¿debian caer de un golpe como
cayó Tarquino; como cayó Neron, como cayó Robespierre? Así se habia
pronosticado i el periódico titulado: «La Civilizacion, » que era
la fiel espresion de las tendencias, de las ideas i de los
pensamientos del partido conservador, así lo habia publicado sin
ambajes.
Las personas notables de ese partido, con pocas escepciones,
habian comprometido a tomar parte en la conjuracion a los artesanos
afiliados en la sociedad popular; a los jóvenes pertenecientes a la
sociedad filotémica, a los sectarios de los PP. de la Compañía de
Jesus, a varios campesinos de los pueblos de los alrededores de la
capital, i a una gran parte de las vírjenes i matronas bogotanas
que se hallaban inscritas en la lista de las que componian la
sociedad del Niño Dios. Para comprometer a esa jente cristiana, se
hacia creer que se iba a pelear en defensa de la relijion, que era
necesario salir de los herejes e impíos i derogar las leyes que
atacando la iglesia i sus ministros, se habian sancionado. Tunja,
Tundama, Mariquita, Antioquia, el Cauca, la Buenaventura i Pasto,
debían secundar la revolución. En Bogotá se habian preparado
caballos, lanzas, granadas, fusiles, mas de 500 bayonetas en
astadas i otras armas; todo lo cual fué descubierto por la
policía.
Las comunicaciones de los sediciosos se multiplicaban, los
postas cruzaban con actividad el territorio de la República, i por
el correo del mismo Gobierno se dirijian a varios Gobernadores i
Jefes militares órdenes apócrifas, en las que se falsificaban las
firmas de los Secretarios de Estado, llevando aun el timbre i sello
del gobierno: órdenes que tenian por objeto, unas distraer la
fuerza armada de que podian hacer uso los gobernadores, previniendo
que marchasen a puntos distantes de las plazas que debian ocupar
los rebeldes, i otras para hacer reducir a prision algunos
eclesiasticos conservadores: estas con el fin de exitar el ódio del
pueblo fanático ácia los gobernantes i adictos al partido
liberal.
Ademas, la imprenta denominada de «El Dia, » publicaba artículos
tan escandescentes i sediciosos, que no dejaban duda de la
proximidad de la esplosion.
Entretanto el Gobierno dictaba las órdenes convenientes a fin de
evitar el golpe de que estaba amenazado, i empleaba todos los
medios conducentes a conservar el órden público. Luego que se tuvo
certeza que el dia en que debia estallar la revolución se
aproximaba, se mandó aprender a varios conservadores que se
juzgaban cabecillas de esta: lo cual unido a la persecucion de José
María Ardila i la partida que comandaba,
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(a)
desconcertó el plan de la
conspiracion.
Todos los buenos ciudadanos ofrecieron al Gobierno sus servicios
i se presentaron a tomar las armas, para obrar contra los
sediciosos llegado el caso. Así se vieron los cuarteles, la casa
consistorial i el palacio del Presidente, del 19 al 20 de julio,
llenos de entusiastas defensores de la Constitucion i de las leyes.
Entónces fueron allanadas las casas de los que se juzgaban autores,
cómplices ausiliadores de la revolucion, i la policía desplegó el
celo i actividad que demandaban las circunstancias; i halló en
efecto en distintos puntos armas i municiones de guerra depositadas
clandestinamente. Así se evaporó el alma de la revolucion en Bogotá
i se evitó el golpe pronosticado por los conjurados.
No sucedió lo mismo en otros pueblos en donde los conspiradores
juzgaron que el golpe de la capital era infalible: tomaron las
armas, i atacaron a los gobernantes. En Sogamoso, Tunja, Guasca, en
la provincia de Mariquita i Antioquia, en Palmira (del Cauca), en
las inmediaciones de Cali i en Pasto, se oyó el grito de rebelion i
hubo que deplorar las desgracias consiguientes a ese indisculpable
estravío de mal aconsejados granadinos. Es de notarse que muchos de
los rebeldes llevaban en las banderolas de las lanzas pintados o
bordados un Jesus i una cruz, abuso i profanacion de los santos
signos de la relijion cristiana, sin duda para llamar la atencion
de las jentes sencillas e ignorantes, i procurarse mayor número de
partidarios.
El 22 de julio, dirijió el Presidente de la República a los
granadinos la prociama siguiente.
«Conciudadanos!
El grito de rebelion lanzado desde el estremo Sur de la
República, por hombres que estiman mas la satisfaccion de sus malas
pasiones, que el progreso i el órden de su pais i la nacionalidad
misma, ha tenido eco en otros puntos de la República donde hombres
inmorales i audaces cubriéndose con el secular pretesto de la
relijion, han perpetrado en cuadrillas robos i asesinatos sobre los
correos i sobre las autoridades públicas. En ninguna parte ha
habido pronunciamientos de la opinion popular, movimientos
regulares de los pueblos, han sido solo alzamientos, motines y
guerrillas que no han participado las mayorías de las poblaciones
respectivas; han sido esfuerzos desesperados de los aparceros i
cómplices del círculo inmoral, que queria consumir la República en
las aras de su infatuacion i de su perversidad.
Se han hecho esfuerzos inauditos, por hacer estallar la rebelion
en todas las provincias de la República, para hacer creer que era
un movimiento jeneral de descontento contra la Administracion
actual; mas todos esos esfuerzos han encallado en el buen juicio de
los pueblos, en el entusiasmo con que han sido recibidas las
trascendentales leyes espedidas por la última lejislatura: leyes
que harán nuestro mayor elojio delante de la posteridad. Lo que la
República está presenciando, no son sinó las últimas agonía del
partido absolutista que no podia sobrevivir al viento de la
civilizacion moderna, i lo que está sucediendo se preveía. Un
partido engreido, de privilejiados i de fanáticos, que habia
subyugado el pais por tantos años, que es en sus principios el
mismo partido español-monacal que ha pesado sobre estas rejiones,
no podia desaparecer de la escena sin derramar todavía sangre i
agotar sus últimos recursos: él debia tratar de rehacerse para
tentar una última suerte i hundirse en seguida en el abismo de lo
pasado.
Esto estaba en el órden lójico de los hechos, i ántes bien debia
esperarse que este último esfuerzo presentase caractéres mas sérios
en vez de las ridículas manifestaciones que la nacion ha visto, i
que prueban cuán hondamente estaba minada esa vetusta influencia.
Lo que está pasando es el último acto de esa gran lucha iniciada en
1810, entre el partido dominador de entónces i la nueva idea
rejeneradora, no bien comprendida ántes i puesta en evidencia
despues del 7 de marzo de 1849.
Es una lucha de 41 años de peripecias varias cuyo término se
divisa ya como inmediato. El 20 de julio de 1810, se proclamó la
independencia del poder español, sacudimos el yugo de los
absolutistas nacidos allende el mar; pero hasta el 7 de marzo de
1849 no ha empezado realmente la revolucion que ha de darnos la
libertad, emancipándonos del fanatismo, de las instituciones,
hábitos i preocupaciones coloniales de los absolutistas indíjenas
formados en la escuela española.
Han sido necesarios 40 años de preparacion para que en estos
paises, donde el fanatismo habia echado hondas raices i envenenado
la atmósfera, la opinion liberal adquiriera bastante fuerza para
librar el combate definitivo que abra estas rejiones a la accion
fecundadora de la civilizacion moderna.
Los dos campos están bien deslindados, el clarin ha sonado i los
que estamos afiliados bajo la bandera de la nueva idea, todos los
soldados de la democrácia, debemos prepararnos con entusiasmo a
guerrear i guerrear sin descanso, hasta plantar nuestra bandera sin
peligro alguno del porvenir, en el capitolio nacional.
Los planes de los revolucionarios son conocidos del Gobierno i
del pais, pues a la luz del escándalo propalan sus principios
disolventes, los proclaman por la prensa, los comunican por cartas,
los predican en la cátedra de la humildad i de la obediencia, los
discuten en las casas i en las calles. El Gobierno, fuerte con el
voto popular, con la con ciencia de llenar sus deberes i con el
sello augusto de la lejitimidad, ha llevado la tolerancia hasta la
exajeracion, i los enemigos de la paz pública, los verdugos de la
patria no han querido ver en esto la magnanimidad sino el
sentimiento de la debilidad.
El ha querido hasta el último momento respetar sus personas para
probarles la bondad de los principios; pero estos hombres, cegados
por mas pasiones, han persistido en el empeño de cavar la sima en
que ha de sepultarse la República. En vista de esta persistencia,
de este reto constante a la tranquilidad pública, ha sido ya
forzoso tomar las personas de algunos de ellos para detenerlos en
el camino de perdicion en que marchaban.
Nada teme el Gobierno de los esfuerzos de los revoltosos, porque
cuenta con los elementos necesarios para conservar el órden, i
sobretodo, cuenta con el civismo de la gran mayoría nacional, que
condena la apelacion a las armas i cifra el progreso público en el
mantenimiento de la paz.
Rodeado, pues, el Gobierno de los hombres de principios
liberales, de los amigos de la tranquilidad nacional, de los
sacerdotes segun el Evanjelio, de los propietarios i de todos los
que sienten latir su corazon a la voz de la patria, desafiará
sereno las pasiones de los malvados; i agrupándose a su alrededor
todos los grandes intereses nacionales, la calma renacerá al traves
de las espesas sombras que enlutan pasajeramente el hermoso cielo
de nuestro porvenir.
Conciudadanos! Conjurad por vuestro valor i vuestro patriotismo,
la tormenta que amaga inundar en lagos de sangre la tierra de
tantos héroes, que se sacrificaron por alcanzar el órden i la
República, en la que ántes fuera una avasallada co1onia. El pueblo
que quiere mantener la paz i con ella la libertad, es invencible, i
los esfuerzos liberticidas de la oligarquía i del fanatismo, se
estrellan ante la omnipotente voluntad popular.
¿Queréis conservar vuestros derechos, salvar vuestras mas
preciosas garantías, mantener las conquistas de la democracia que
hemos alcanzado en este bienio del principio de nuestra grande
época de la verdadera República? pues la patria os apellida a
defender sus mas caros intereses en las actuales emerjencias.
Escuchadla.
La suerte ya se ha echado: o el triunfo del Gobierno i con esto
la salvacion de la sociedad i la vida de los principios; o el
triunfo de la rebelion i con este el de la oligarquía, el del
fanatismo, el de la mentira, el de los privilejios i aniquilamiento
del pueblo i, la deshonra de la Nueva Granada ante propios i
estraños. ¡Escojed! Pero no hai eleccion dudosa entre el bien i el
mal, entre la mentira i la verdad, entre la luz i las tinieblas, i
la mayoría nacional que me elevó al primer puesto de la República
ya ha escojido su destino, el de consumar la obra de sus grandes
sacrificios.
¡Granadinos! El Gobierno lleno de la majestad de sus tremendos
deberes, pondrá en accion todos los grandes elementos del pais i
sucumbirá en la tumba de la libertad, antes que permitir que se la
profane por los enemigos de todo órden social.
Bogotá 22 de julio de 1851.
El Presidente de la República.-José Hilario López.
Suscrita por los Secretarios de Estado M. Murillo, Parédes,
Barriga i Plata).
La revolucion, pues, se consumó, pero los enemigos del reposo
público fueron vencidos en todas partes, aunque a costa de sangre i
sacrificios; i a pesar de haber sido pasajera la turbacion del
órden i de no haber estallado la rebelion sino en unos pocos
pueblos, imposible era evitar los males i las pérdidas que se
hallan contenidos en el cuadro que va al principio de este
capítulo.
Siendo, pues, inmensos los males que nacen de las revoluciones,
todos los hombres de intelijencia, instruccion i honradez debieran
unirse para prevenirlas, tratando de quitar todos los móviles que a
ellas tienden.
El ódio i la venganza que enjendra la calumnia de que hacen uso
los miembros turbulentos e intolerantes de la sociedad, para medrar
a favor de la vil impostura, son las mas veces el botafuego de las
revoluciones i la causa del malestar público. Por esto debia
hacerse reconocer por cuantos medios de publicidad hubiera, que la
opinion es un derecho sagrado del individuo, una parte inviolable
de su soberanía; i que la tolerancia es un deber imprescindible en
materia de opiniones. Ademas, proscribir de la buena sociedad al
hombre que se hubiéra degradado con el hecho de insultar a otro
porque no se conformaba con su opinion, o porque la contrariaba de
una manera indebida. Parecerá increible que haya pretensiones tan
necias, como las de amoldar a una cabeza las ideas de todos los
hombres, pero nada es has cierto en estos paises que se llaman
civilizados.
Si hubiéramos de dar crédito a lo que dicen los miembros de
ambos partidos, conservador i liberal, unos contra otros; i si la
mayor parte de las publicaciones que por la imprenta se han hecho
enrostrándose mútuamente falsedades, torpezas, infidelidades i
crímenes, no fueran en el fondo calumnias inventadas para
desacreditar a los miembros de cada partido, debiéramos desesperar
de nuestra suerte: porque en los hombres públicos mas
caracterizados, no hallariamos probidad ni honradéz, sino malvados
ambiciosos, ajenos de sentimientos nobles; viles banderistas
entregados a los vicios: o torpes ignorantes dirijidos por el
instinto de los tigres. Los hombres públicos de la Nueva Granada,
de mas relevantes prendas, de mas mérito, han sido los mas
calumniados i de mayor número de enemigos. De esto resulta que en
algunas Naciones nos juzguen como salvajes i tal vez como esas
hordas bárbaras de la Arabia. Tal conducta, necia e injustificable,
daña a todos los ciudadanos, produce el desaliento e inspira el
egoismo; i cuenta con que el egoismo político es el peor síntoma de
los males de la sociedad, la prueba mas perentoria de sus
vicios.
Ese espíritu de partido que enjendra las revoluciones viene a
ser una rémora constante para el bien de los pueblos, aun cuando
aquellos no se efectúen, porque no se piensa, no se habla, no se
obra sino para aumentar el número de partidarios i deprimir a los
que profesan principios opuestos. Por él se elijen para las Cámaras
lejislativas a los hombres exaltados i de un carácter resuelto, no
a los hombres intelijentes e imparciales: así es que no se tiene en
mira el bien de los pueblos, sino la fuerza del partido. De esto
resulta ese sistema odioso i funesto del esclusivismo adoptado por
el partido triunfante: i lo que es peor, esa vida azarosa llena de
zozobras que infunde la desconfianza i el desaliento, i que las mas
veces produce la enemiga de hombre a hombre, de familia a familia,
de pueblo a pueblo.
Si tales fueran los elementos del gobierno republicano, debiera
renunciarse la república; pues la esencia del buen gobierno se
halla en el goze de la paz, del órden de la libertad; no en el
número de los que participan del derecho de voto, ni en el modo de
verificar una eleccion. Gobiernos que se dicen republicanos hai, en
que se tiene mé nos libertad que en una monarquía: i los hai mucha
veces tan anómalos que bien pudieran apellidarse desgobiernos, como
los que sin pensarlo han sancionado en sus instituciones la
anarquía o la opresion: a la verdad estos no pueden durar mucho
tiempo; i lo peor es que casi siempre concluyen elevando al primer
atrevido que empuña la espada para adornarse luego con la corona de
los déspotas. ¿Así no acabaron las antiguas repúblicas? ¿No hemos
visto lo mismo en este siglo en varios pueblos del viejo i nuevo
continente? ¿Los hombres en tódas partes no obran de un modo
semejante en igualdad de circunstancias? Léase la
historia-estúdiese el hombre i se hallará fácilmente el camino que
conduce a la felicidad pública. Hai una escuela para la política,
que es, la naturaleza. Contraríese esta, i el edificio social cae
por su propio peso; así se han desmoronado los imperios, i con el
tiempo serán reducidas a polvo las testas coronadas, que se apoyan
en la fuerza material.
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Nos parece de este lugar la noticia que sobre esto, se halla en
la Gaceta Oficial, número 1,253 i la insertamos.
Orden público-Bogotá, 19 de julio de 1851.
Habiendo sabido ayer el Jefe político de Facatativá, que José
María Ardila i otros individuos estaban armados en el sitio de
Corito, i sin duda con ánimo hostil ácia el Gobierno o con el de
cometer otros crímenes, fué dicho Jefe político asociado de algunos
vecinos de Facatativá que segun parece no llegaban a quince, a
cerciorarse del hecho, restablecer el órden i dar garantías a todos
los ciudadanos. El Jefe político preguntó a Ardila, a quien
encontró acompañado de un número de individuos mas que triple del
que él llevaba, armados todos, qué objeto se proponia, i se
manifestó que tenía órden del Gobernador de la provincia, para
ofrecerle toda clase de seguridades, si se creía privado de
algunas; pero Ardila i los suyos, siendo mas fuertes, irrespetaron
la autoridad, diciendo que no creían las ofertas que se les hacian,
desobedecieron, amenazaron al Jefe político, i éste tuvo que huir
con los suyos. Ardila con su cuadrilla de malhechores cargó sobre
ellos. En la persecucion quedaron rezagados cuatro individuos de
Facatativá José Antonio Parra, Cleto Ramírez i otros dos. Tres de
ellos fueron asesinados atrozmente i con la última ferocidad i
barbarie i otro ha sido gravemente herido.
El Gobierno ha dirijido fuerzas considerables de Funza, Fontibon i
Facatativá en persecucion de los bandidos, es mui probable que
ellos sean aprehendidos por los Jefes Gaitan, Echeverría i otros
varios que mandan las espresadas fuerzas. Los habitantes de
Facatativá i demas pueblos de la sabana, están ocupados en la
aprehension i captura de los malvados: todo indica que estos no
escaparán.
Esto es lo que ha ocurrido i se avisa al público para que no sea
sorprendido con mentiras.
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