CAPITULO 24.
EL REFINAMIENTO DE LA CRUELDAD.
Al frente de un alto edificio cerca del convento de agustinos,
habia una especie de calabozo húmedo, cuyas paredes i techo
ahumados hacian oscuras las piezas aunque se abrieran sus puertas;
tenia dos departamentos; el primero era como una de esas tiendas
que sirven de habitacion a las jentes miserables de la ciudad i el
segundo era una especie de mazmorra fétida e inmunda e la que se
veia a su estremo interior una puertecilla estrecha i raida por el
pié, la cual estaba remachada, pero comunicaria en otro tiempo con
un pequeño callejon. En esa mazmorra i en la época de los robos,
asaltos i asesinatos que pusieron en alarma a los habitantes de
Bogota, se hallaba encerrada una mujer, que en poco se diferenciaba
de una mómia. Su tez era blanca i amarillosa como la cera; las
mejillas enjutas; los ojos sin brillo i hundidos; la nariz delgada
i trasparente; los labios blancos i tostados; los dientes largos;
el cuello sumamente delgado; i las manos parecian disecadas i las
uñas eran largas i amarillosas. Esa infeliz presentaba l aspecto de
la ancianidad, pero examinándola con cuidado, se advertia que era
una jóven transformada en esa especie de esqueleto por medio de los
rigores del martirio.
Pocos dias despues de haber aprehendido a los asesinos de Ferro
i cuando aun se perseguia a los de la famosa compañía de ladrones,
se presentó un mozo a uno de los jefes de la policía, diciéndole:
que hacia pocos instantes que habia visto desde encima del tejado
de la pared del patio de su casa, una mano blanca i enjuta como la
de un muerto, al pié de una puerta en un callejon correspondiente a
la casa contigua, i agregó que la puerta que daba a la calle, rara
vez la veia abrir por una mujer, la que al entrar, volvia a
cerrarla inmediatamente.
En el momento fué nombrada una comision para que fuera a
investigar lo que pudiera ser: al efecto se subieron a la pared
indicada i vieron que en realidad por el pié de la puerta enunciada
salia una mano enjuta con los dedos enteramente descarnados i las
uñas mui largas. Llamaron desde allí los comisionados pero nadie
les respondia. Salieron a examinar la puerta que por la calle
correspondia a esa habitacion, i la hallaron cerrada con llave, i
aunque golpearon algunas veces i llamaron, no contestaban. Entónces
tomando todos las precauciones convenientes, se informaron que una
mujer era la que algunas veces abria aquella puerta, que entraba i
volvia a cerrar. Los jendarmas para no infundir sospechas sobre la
pesquiza que intentaban, se situaron a cierta distancia de la
puerta, en observacion, i esperando el momento en que esa mujer se
presentara a la puerta citada, i en el acto de abrir entró
cerrándola tras de ella. La policía acudió al pronto, halló ya
cerrado, tocó i no le contestaron i habiendo tratado de forzar la
puerta, abrió la espresada mujer preguntando qué se ofrecia.
Inmediatamente penetraron en aquella mazmorra, i como la mujer
trató de huir, la apresaron hasta saber lo que habia; ella se
resistia fuertemente, pero fué obligada a ceder. La mazmorra era
mui oscura i tuvieron que buscar luz artificial para examinarla.
Luego que entró la luz, se quedaron los jendarmas horrorizados al
ver en el fondo de esa especie de caverna, un espectro, una mómia
viviente; esa jóven infeliz de quien se habló al principio de este
capítulo. Estaba sentada con los brazos estendidos ácia adelante en
la actitud del que sufre el penoso sentimiento del terror,
volviendo a un lado su cadavérica faz: parecia herida viva i
fuertemente por la luz. Se le hicieron varias preguntas, pero
inútilmente, esa desgraciada habia perdido la articulacion del
lenguaje i solamente emitia un sonido espantoso, un sonido gutural,
áspero i monótono; apénas demostraba con sus movimientos i en su
fisonomía, el sentimiento del terror. Trataba de huir de la luz,
pero no podia trasladarse de un punto a otro porque habia perdido
el movimiento de las piernas, parecia que sus músculos habian
desaparecido i que la piel se hallaba adherida a los huesos: su
aspecto moral era el de una mentecata. Vista a la luz del sol,
presentaba el color blanquesino de su tez i su lánguida fisonomía,
una completa semejanza con esas plantas que nacen en las grutas en
donde no penetra el mas débil rayo del sol i cuyas fibras son
blanquizcas i delicadas. Su traje era de una sola tela de color
oscuro, roto i que se deshacia al menor esfuerzo. En el seno se le
halló una tira de papel sucio i un lápiz.
Todo esto, el color de los ojos i del pelo, el blanco de la
cútis i la edad misma, demostraban que esa infeliz era quizá la
misma Clodomira, cuyo espíritu anjelical así como su belleza
habrian desaparecido a los golpes crueles i lentos de un martirio
prolongado.
Llevóse al verdugo a la casa de prision, se le formó causa, pero
del proceso no se obtuvieron mas informes que los relativos al
largo encierro de aquella desgraciada, i que por único alimento le
daba un posillo de chocolate cada dia; lo que demostraba que se
habia propuesto hacerla morir lentamente de hambre. Mas no fué
posible averiguar la causa de esa crueldad, ni de donde procedia la
víctima.
Se decia que cerca al lugar donde se halló la jóven mártir,
encontraron yerba seca i algunos alfileres manchados con sangre, ló
que indujo a creer que la harpía le daba yerba por alimento i le
hincaba los alfileres para martirizarla. Algunos juzgaron que la
misma desgraciada cojia la yerba que alcanzaba con la enjuta mano
que sacaba por el hueco que habia hecho al pié de la estrecha
puerta, que se hallaba remachada al fondo de la prision.
No es posible que haya quien arme un juicio completo acerca del
horrible martirio que sufriria esa desgraciada para llegar a la
miserable condicion de imbecilidad en que se hallaba, i al estado
de representar la verdadera imájen de una mómia. Solamente las
personas que la vieron, pudieran tener una idea aproximada de a
crueldad refinada que pudo llevarla a tal situación.
Parecia que el jenio del mal habia resuelto sentar sus reales
sobre la ciudad. La efervescencia de las pasiones de partido, habia
despertado ese funesto legado de la barbarie, la intolerancia; pues
los lujos de un mismo pueblo, divididos por opiniones políticas, se
insultaban, se calumniaban i atentaban unos contra otros, jurándose
guerra a muerte. i esto por alcanzar un fantasma que se presenta a
la imajinacion de cada uno con resplandores de gloria i atavíos de
suprema felicidad: fantasma que bajo distintas formas sonríe a
todos i que unos llaman República., otros Principio de autoridad,
otros Socialismo, etc. pero que se escapa siempre i se evapora, i
se deshace, dejando burladas las esperanzas de los necios que,
corriendo en pos de ella, de buena fé, atropellan, hieren i
asesinan a los que hallan por delante estorbándoles el paso; tal
vez evitándoles que se precipiten al abismo.
Muchos dias se pasaron con zozobra i en constante alarma
temiendo que estallara la revolucion anunciada, de un momento a
otro. Los preparativos indicaban que se aproximaba la hora, casi
todos los dias habia juntas con este fin; muchas veces a media
noche e oían detonaciones de trabucos o de granadas arrojadas al
palacio de Gobierno i al cuartel de caballería: la jente del pueblo
disputaba a garrotazos la supremacía de su opinion, i entre los
hombres que se decian ilustrados, se afilaba el espadin, se
limpiaba la pistola, se aguzaba la lanza o se preparaba el
fusil.