INDICE





Introduccion

Reseña histórica

Capítulo 1 - El mendigo

Capítulo 2 - Una visita en palacio

Capítulo 3 - El cuarto de Rosina

Capítulo 4 - Los portales

Capítulo 5 - Una beata

Capítulo 6 - Una amenaza

Capítulo 7 - La prediccion cumplida

Capítulo 8 - Meditacion

Capítulo 9 - Una sorpresa

Capítulo 10 - La casa de los ejercicios

Capítulo 11 - Nuevo apostolado, la iniciada en el templo

Capítulo 12 - La choza de la muerte

Capítulo 13 - El espiritu de asociacion

Capítulo 14 - Un sueño

Capítulo 15 - Las dos cartas

Capítulo 16 - Los dos embozados

Capítulo 17 - Descubrimiento

Capítulo 18 - El sabio magnetizador

Capítulo 19 - La cartera

Capítulo 20 - El 10 de marzo

Capítulo 21 - Causa célebre - Russi ante el Jurado

Capítulo 22 - Preliminares de rebelion

Capítulo 23 - Rosina o Clodomira

Capítulo 24 - El refinamiento de la crueldad

Capítulo 25 - La revolucion

Capítulo 26 - Ricardo el sepulturero o el loco sentimental
CAPITULO 23.

 

ROSINA O CLODOMIRA.

 

El 25 de julio de 1851 a las cinco de la tarde, en una quinta de los arrabales de la ciudad, una mujer anciana colocaba un crucifijo sobre un altar, adornado con pobreza i sencillez. Tenia este por frontal una colcha de color gris; encima habia unos manteles de algodon; a los lados de la efijie estaban cuatro floreros i seis bujías, i desde el pié hasta la calle, estaba regado el suelo de rosas i amapolas. Al frente del altar se hallaba un lecho, i en este postrado, exánime, sin aliento ya, un hombre en cuya fisonomía se dibujaban las sombras del agonizante. Era lo diremos de una vez, era el protector de Rosina que debia recibir el viático para despedirse del mundo. Media hora despues estaba aquella pieza llena de jente con la rodilla en tierra i la frente inclinada al suelo, orando con el respeto mas profundo. Se ejecutaba esa funcion solemne, último consuelo de la Relijion cristiana. Los rayos del sol poniente entraban por la puerta i llegaban a la cama del moribundo, como enviados por el cielo para iluminar la hostia sagrada que iba a recibir. Media hora mas tarde la pieza estaba sola; el dia habia acabado, i la muerte demostraba que se habia ejecutado la órden inexorable del destino……………………………..

Esa buena mujer que lo asistió hasta verle espirar, fué depositaria de sus manuscritos, entre estos se hallaron los anteriores capítulos de esta obra i la carta siguiente:

21 de julio de 1851,al levantarse el sol.

¡Rosina! ánjel de mis delirios! al fin se abre el camino que debe conducirme a descansar bajo la sombra del cipres!

La fiebre me consume i quiero aprovechar los instantes de intermitencia escribiendo para ti. ¡Quiera el cielo que llegue a tus manos mi carta!

He sido el mas desgraciado de los hijos del hombre: he sufrido esa pena imponderable de un amor perdido; esa pena cruel, desesperante de ver arrebatada mi felicidad por verdugos embozados que me han perseguido hasta en el templo del Dios vivo: esa pena que aun siento como una agudísima espina clavada en el corazon del corazon. Mis pensamientos converjen todos a un solo objeto, que eres tú. Por mi delirante imajinacion pasan, como horribles fantasmas, esos jénios de maldicion, esos enemigos encubiertos, pareciéndome que con un estoicismo atroz ceban su crueldad en tu martirio. Me figuro que te veo acribillada por esos demonios que te conducen al sepulcro, i que vuelves tu faz de querubin buscándome con tus miradas de amor para decirme el adios eterno. Sí, tu carta me lo revela; ella ha venido a ser el ocaso de la engañosa luz de mi esperanza! Pero…… si no murieres, ¡ah! si no murieres, ven a orar por mi sobre mi pobre losa: ven, sí, visita mi sepulcro i graba tu nombre sobre él! allí, tal vez, no alcanzará el torbellino de las pasiones, que destruye todo.

Muero abandonado, pero llevo a la tumba tu imájen i mi amor. Despojado de los bienes que poseía, mios i tuyos, no dejo otra cosa que mis manuscritos, el cuadro de la Vírjen i tu cruz de azabache.

Una mujer anciana, penetrada por la caridad del evanjelio, está preparada para recibir mi último suspiro: ella es la depositaria de mis papeles.

La fiebre vuelve, un fuego desconocido me devora….. no puedo……

22 de julio, el sol en el zenit.

Todavia late mi corazon ; al escribirte, mi pensamiento da vigor a mi organizacion. Vuelvo a tomar la pluma aprovechando los momentos de alivio Mira, si mi alma vuela al cielo con sus potencias, tú irás en mi memoria hasta donde vaya, i para siempre!

Debiera quejarme hasta con el grito de la desesperarcion, i con el paciente Job "pondré la mano sobre mi boca." Compadezco a mis enemigos i los perdono con todo mi corazon: este ha sido tu concepto, i me complazco en obedecerlo: he comprendido que una ambicion innoble i sin límites les ha eclipsado la luz de la razon. Yo perdono su estravío i pido al cielo les inspire el sagrado sentimiento de caridad, verdadero espíritu del cristianismo que profanan. Dejemós esto hablemos del porvenir; ¡del porvenir! ¡oh! es decir, de la muerte! ¿Sabeis? no me arredra la tumba: estoi viendo los atavíos fúnebres que habrán de servirme, i no me inspiran temores ni tristeza. Un cajon forrado con paño negro i un hábito de San Francisco se me han preparado por la buena mujer que me ausilia.

Anoche creyeron que exhalaria mi último suspiro: me acometió un paroxismo horrible, i cuando volví de él, vi a la caritativa Ana cerca de mi cabecera con la luz en una mano i un libro en la otra, exhortándome con la piedad mas edificativa. Yo la oía, pensando en Dios i en ti: las sombras de la muerte que invadian mi lecho, no turbaban el delirio de amor que me inspiran tus recuerdos; estos han reanimado mi espíritu i han dado enerjía a mis débiles miembros, para escribirte.

La fiebre vuelve precedida de un temblor que me impide continuar; suspendo……………………………

24 de julio, a la primera luz del dia.

¡Han pasado dos dias sin escribirte! pero sin culpa mia: en ellos yo no he sentido; la existencia ha sido nula para mí; la enfermedad habia progresado, aniquilando mis fuerzas i embotando mis facultades intelectuales. A la aurora de este dia, la buena mujer que me proteje, sentada cerca de mi cama, me decia :-"¡Bendito sea el Señor! la fiebre ha cedido; es preciso que se cuide U., no vuelva a escribir hasta que se halle completamente restablecido: esa ocupacion es mui perjudicial en el estado de abatimiento i debilidad en que U. se halla: así empeoró su situacion desde anteayer, quedando privado dos dias seguidos. No hace mucho que deliraba U., i tras el delirio vino el llanto, este seguramente lo ha repuesto, ¡bendito sea el Señor!"

Te referiré como salí de mi letargo: una vision bellísima modificó mi estado: ví una mujer anjelical con los celestiales atavíos, candor, dulzura e inocencia, a la luz clara i despejada de la luna; veía en ella la imájen de la ternura suplicante arrodillada ante mi lecho, con las manos puestas, los ojos, dirijidos al cielo, anegados en llanto, rogando a Dios que me volviera a la vida: despues de su oracion oí que me llamaba con labio convulsivo, espresando en su acento el dolor i la desesperacion; a la segunda vez que repitió mi nombre, reconocí tu voz; en el instante levanté mi cabeza, miré en derredor i no hallé sino a la virtuosa Ana, que me contemplaba con interes. La primera luz del dia empezaba a entrar por las rendijas de la puerta, i una paloma que habia despertado, desgraciada, se quejaba con un arrullo tan triste, como si hubiera perdido, como yo, el objeto de su amor. Lloré; i el raudal de lágrimas que vertí, desahogó mi corazon oprimido. Parece que he revivido al verte con la imajinacion en un delirio.

Se me ha prohibido que escriba, pero no puedo obedecer, yo no pertenezco sino a tí; lo hago a hurtadillas por no disgustar a la buena Ana que me lo ha suplicado. Suspendo la carta porque siento pasos i…………

Dos horas despues del nacimiento del sol.

Mi reposicion continúa aunque la debilidad me anonada. Esta mañana pensé continuar mi carta, pero la buena mujer Ana no se apartó de mi cama hasta ahora, ella se ha hecho acreedora a mi eterna gratitud. Empezé a hablar de ti, con ella, i ha suspirado conmigo; le conté parte de la historia de tu vida i la he visto verter lágrimas de compasion.

Desde que la fiebre cedió se han avivado mis facultades intelectuales: pienso en el pasado, en el presente, en el porvenir, i al lado de cada pensamiento veo tu nombre escrito. Hace un instante que he pensado pasar el resto de mis dias en la soledad para entregarme a la meditacion de mi perdido bien. Ahora pienso que la casualidad del destino me ha traido a esta casa, que tiene dos ventanas cerradas ácia el oriente, i la puerta se halla mirando al occidente, como para que contemple en el ocaso de mi existencia.

5 de julio, ántes de levantarse el sol.

¡Anjel mio! acaba de salir de aquí un hombre de esos que pretenden penetrar los arcanos de la Providencia; un médico que trajo mi buena amiga: me tomó él pulso, fijó en mis ojos su mirada i ha vaticinado mi suerte con su silencio, con ese lenguaje mudo que apura la agonía del moribundo. Me he conmovido; no porque sienta pena en perder la existencia, sinó porque me parece que he de morir sin saber si te quedas aun en esta mansion desventurada. I a pesar de la fatídica profecía de ese hombre, yo creo no llegará tan pronto mi última hora; me siento con fuerza i escribo con desembarazo. Es cierto que me consume un fuego intenso, pero. . . . no, estoi reanimado, i al pensar en ti revivo. Veo brillar en mi imajinacion bellísimas ilusiones iluminadas por el sol que vivifica tus miradas: no es tiempo de morir; veré todavía las estrellas que descifran con sus luces los misterios de tu amor.

De ayer a hoi he permanecido en una postracion mortal. Anoche la piadosa Ana velaba como siempre delante de mi lecho i al pasarme uno de los acsesos de la fiebre, ví que tenia en la una mano un jarro con agua i en la otra una rama de ruda, que mojaba para rociar la pieza, diciéndome que era agua bendita i que hacia aquello para espantar al diablo; a lo que yo le repliqué: «no haga U. eso aquí no hai diablo, un ánjel es el que tengo en mi pensamiento. » Yo hablaba de tí.

Tengo que suspender, me empieza a acometer un accidente…………

No sé el dia, ni la hora en que vuelvo a tomar la pluma: estoi abrumado por un peso que me hace doblar la cabeza i deja mis miembros en inaccion; el médico dice, que tengo una fuerte conjestion cerebral i………………..

Yo no sé cuanto hace que he dejado de escribir, seductora Rosina, vírjen de mis ensueños; ni sé lo que estoi escribiendo; solo sé que te amo i que te amaré hasta mas allá del linde de la vida, porque teniendo una alma inmortal, i estando identificado con ella el amor que te profeso, es indisputable que este es inmortal. Siento en el pecho un volcan…… voi a morir: sin duda; pero llevo tu imájen en mi memoria i exhalaré el último aliento murmurando tu nombre!

Ojalá que tus martirios... ¡ai! ¡ai Dios mio! estoi rendido! la debilidad.... continuaré despues.... ¡Anjel puro Bellísima Rosina.... Rosina, de hoi en adelante serás llamada Clodomira....quiero..... llevarme el nombre con que te llamaba i dejarte el verdadero, que es el de Clodomira. ¡Ai! ¡ai! son inútiles los esfuerzos que hago para continuar escribiendo..., mira, Ricardo es.....¡ai! mi Rosina! mi Dios ¡mi Rosina!!!!

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