CAPITULO 23.
ROSINA O CLODOMIRA.
El 25 de julio de 1851 a las cinco de la tarde, en una quinta de
los arrabales de la ciudad, una mujer anciana colocaba un crucifijo
sobre un altar, adornado con pobreza i sencillez. Tenia este por
frontal una colcha de color gris; encima habia unos manteles de
algodon; a los lados de la efijie estaban cuatro floreros i seis
bujías, i desde el pié hasta la calle, estaba regado el suelo de
rosas i amapolas. Al frente del altar se hallaba un lecho, i en
este postrado, exánime, sin aliento ya, un hombre en cuya fisonomía
se dibujaban las sombras del agonizante. Era lo diremos de una vez,
era el protector de Rosina que debia recibir el viático para
despedirse del mundo. Media hora despues estaba aquella pieza llena
de jente con la rodilla en tierra i la frente inclinada al suelo,
orando con el respeto mas profundo. Se ejecutaba esa funcion
solemne, último consuelo de la Relijion cristiana. Los rayos del
sol poniente entraban por la puerta i llegaban a la cama del
moribundo, como enviados por el cielo para iluminar la hostia
sagrada que iba a recibir. Media hora mas tarde la pieza estaba
sola; el dia habia acabado, i la muerte demostraba que se habia
ejecutado la órden inexorable del
destino……………………………..
Esa buena mujer que lo asistió hasta verle espirar, fué
depositaria de sus manuscritos, entre estos se hallaron los
anteriores capítulos de esta obra i la carta siguiente:
21 de julio de 1851,al levantarse el sol.
¡Rosina! ánjel de mis delirios! al fin se abre el camino que
debe conducirme a descansar bajo la sombra del cipres!
La fiebre me consume i quiero aprovechar los instantes de
intermitencia escribiendo para ti. ¡Quiera el cielo que llegue a
tus manos mi carta!
He sido el mas desgraciado de los hijos del hombre: he sufrido
esa pena imponderable de un amor perdido; esa pena cruel,
desesperante de ver arrebatada mi felicidad por verdugos embozados
que me han perseguido hasta en el templo del Dios vivo: esa pena
que aun siento como una agudísima espina clavada en el corazon del
corazon. Mis pensamientos converjen todos a un solo objeto, que
eres tú. Por mi delirante imajinacion pasan, como horribles
fantasmas, esos jénios de maldicion, esos enemigos encubiertos,
pareciéndome que con un estoicismo atroz ceban su crueldad en tu
martirio. Me figuro que te veo acribillada por esos demonios que te
conducen al sepulcro, i que vuelves tu faz de querubin buscándome
con tus miradas de amor para decirme el adios eterno. Sí, tu carta
me lo revela; ella ha venido a ser el ocaso de la engañosa luz de
mi esperanza! Pero…… si no murieres, ¡ah! si no
murieres, ven a orar por mi sobre mi pobre losa: ven, sí, visita mi
sepulcro i graba tu nombre sobre él! allí, tal vez, no alcanzará el
torbellino de las pasiones, que destruye todo.
Muero abandonado, pero llevo a la tumba tu imájen i mi amor.
Despojado de los bienes que poseía, mios i tuyos, no dejo otra cosa
que mis manuscritos, el cuadro de la Vírjen i tu cruz de
azabache.
Una mujer anciana, penetrada por la caridad del evanjelio, está
preparada para recibir mi último suspiro: ella es la depositaria de
mis papeles.
La fiebre vuelve, un fuego desconocido me devora….. no
puedo……
22 de julio, el sol en el zenit.
Todavia late mi corazon ; al escribirte, mi pensamiento da vigor
a mi organizacion. Vuelvo a tomar la pluma aprovechando los
momentos de alivio Mira, si mi alma vuela al cielo con sus
potencias, tú irás en mi memoria hasta donde vaya, i para
siempre!
Debiera quejarme hasta con el grito de la desesperarcion, i con
el paciente Job "pondré la mano sobre mi boca." Compadezco a mis
enemigos i los perdono con todo mi corazon: este ha sido tu
concepto, i me complazco en obedecerlo: he comprendido que una
ambicion innoble i sin límites les ha eclipsado la luz de la razon.
Yo perdono su estravío i pido al cielo les inspire el sagrado
sentimiento de caridad, verdadero espíritu del cristianismo que
profanan. Dejemós esto hablemos del porvenir; ¡del porvenir! ¡oh!
es decir, de la muerte! ¿Sabeis? no me arredra la tumba: estoi
viendo los atavíos fúnebres que habrán de servirme, i no me
inspiran temores ni tristeza. Un cajon forrado con paño negro i un
hábito de San Francisco se me han preparado por la buena mujer que
me ausilia.
Anoche creyeron que exhalaria mi último suspiro: me acometió un
paroxismo horrible, i cuando volví de él, vi a la caritativa Ana
cerca de mi cabecera con la luz en una mano i un libro en la otra,
exhortándome con la piedad mas edificativa. Yo la oía, pensando en
Dios i en ti: las sombras de la muerte que invadian mi lecho, no
turbaban el delirio de amor que me inspiran tus recuerdos; estos
han reanimado mi espíritu i han dado enerjía a mis débiles
miembros, para escribirte.
La fiebre vuelve precedida de un temblor que me impide
continuar;
suspendo……………………………
24 de julio, a la primera luz del dia.
¡Han pasado dos dias sin escribirte! pero sin culpa mia: en
ellos yo no he sentido; la existencia ha sido nula para mí; la
enfermedad habia progresado, aniquilando mis fuerzas i embotando
mis facultades intelectuales. A la aurora de este dia, la buena
mujer que me proteje, sentada cerca de mi cama, me decia
:-"¡Bendito sea el Señor! la fiebre ha cedido; es preciso que se
cuide U., no vuelva a escribir hasta que se halle completamente
restablecido: esa ocupacion es mui perjudicial en el estado de
abatimiento i debilidad en que U. se halla: así empeoró su
situacion desde anteayer, quedando privado dos dias seguidos. No
hace mucho que deliraba U., i tras el delirio vino el llanto, este
seguramente lo ha repuesto, ¡bendito sea el Señor!"
Te referiré como salí de mi letargo: una vision bellísima
modificó mi estado: ví una mujer anjelical con los celestiales
atavíos, candor, dulzura e inocencia, a la luz clara i despejada de
la luna; veía en ella la imájen de la ternura suplicante
arrodillada ante mi lecho, con las manos puestas, los ojos,
dirijidos al cielo, anegados en llanto, rogando a Dios que me
volviera a la vida: despues de su oracion oí que me llamaba con
labio convulsivo, espresando en su acento el dolor i la
desesperacion; a la segunda vez que repitió mi nombre, reconocí tu
voz; en el instante levanté mi cabeza, miré en derredor i no hallé
sino a la virtuosa Ana, que me contemplaba con interes. La primera
luz del dia empezaba a entrar por las rendijas de la puerta, i una
paloma que habia despertado, desgraciada, se quejaba con un arrullo
tan triste, como si hubiera perdido, como yo, el objeto de su amor.
Lloré; i el raudal de lágrimas que vertí, desahogó mi corazon
oprimido. Parece que he revivido al verte con la imajinacion en un
delirio.
Se me ha prohibido que escriba, pero no puedo obedecer, yo no
pertenezco sino a tí; lo hago a hurtadillas por no disgustar a la
buena Ana que me lo ha suplicado. Suspendo la carta porque siento
pasos i…………
Dos horas despues del nacimiento del sol.
Mi reposicion continúa aunque la debilidad me anonada. Esta
mañana pensé continuar mi carta, pero la buena mujer Ana no se
apartó de mi cama hasta ahora, ella se ha hecho acreedora a mi
eterna gratitud. Empezé a hablar de ti, con ella, i ha suspirado
conmigo; le conté parte de la historia de tu vida i la he visto
verter lágrimas de compasion.
Desde que la fiebre cedió se han avivado mis facultades
intelectuales: pienso en el pasado, en el presente, en el porvenir,
i al lado de cada pensamiento veo tu nombre escrito. Hace un
instante que he pensado pasar el resto de mis dias en la soledad
para entregarme a la meditacion de mi perdido bien. Ahora pienso
que la casualidad del destino me ha traido a esta casa, que tiene
dos ventanas cerradas ácia el oriente, i la puerta se halla mirando
al occidente, como para que contemple en el ocaso de mi
existencia.
5 de julio, ántes de levantarse el sol.
¡Anjel mio! acaba de salir de aquí un hombre de esos que
pretenden penetrar los arcanos de la Providencia; un médico que
trajo mi buena amiga: me tomó él pulso, fijó en mis ojos su mirada
i ha vaticinado mi suerte con su silencio, con ese lenguaje mudo
que apura la agonía del moribundo. Me he conmovido; no porque
sienta pena en perder la existencia, sinó porque me parece que he
de morir sin saber si te quedas aun en esta mansion desventurada. I
a pesar de la fatídica profecía de ese hombre, yo creo no llegará
tan pronto mi última hora; me siento con fuerza i escribo con
desembarazo. Es cierto que me consume un fuego intenso, pero. . . .
no, estoi reanimado, i al pensar en ti revivo. Veo brillar en mi
imajinacion bellísimas ilusiones iluminadas por el sol que vivifica
tus miradas: no es tiempo de morir; veré todavía las estrellas que
descifran con sus luces los misterios de tu amor.
De ayer a hoi he permanecido en una postracion mortal. Anoche la
piadosa Ana velaba como siempre delante de mi lecho i al pasarme
uno de los acsesos de la fiebre, ví que tenia en la una mano un
jarro con agua i en la otra una rama de ruda, que mojaba para
rociar la pieza, diciéndome que era agua bendita i que hacia
aquello para espantar al diablo; a lo que yo le repliqué: «no haga
U. eso aquí no hai diablo, un ánjel es el que tengo en mi
pensamiento. » Yo hablaba de tí.
Tengo que suspender, me empieza a acometer un
accidente…………
No sé el dia, ni la hora en que vuelvo a tomar la pluma: estoi
abrumado por un peso que me hace doblar la cabeza i deja mis
miembros en inaccion; el médico dice, que tengo una fuerte
conjestion cerebral
i………………..
Yo no sé cuanto hace que he dejado de escribir, seductora
Rosina, vírjen de mis ensueños; ni sé lo que estoi escribiendo;
solo sé que te amo i que te amaré hasta mas allá del linde de la
vida, porque teniendo una alma inmortal, i estando identificado con
ella el amor que te profeso, es indisputable que este es inmortal.
Siento en el pecho un volcan…… voi a morir: sin duda;
pero llevo tu imájen en mi memoria i exhalaré el último aliento
murmurando tu nombre!
Ojalá que tus martirios... ¡ai! ¡ai Dios mio! estoi rendido! la
debilidad.... continuaré despues.... ¡Anjel puro Bellísima
Rosina.... Rosina, de hoi en adelante serás llamada
Clodomira....quiero..... llevarme el nombre con que te llamaba i
dejarte el verdadero, que es el de Clodomira. ¡Ai! ¡ai! son
inútiles los esfuerzos que hago para continuar escribiendo...,
mira, Ricardo es.....¡ai! mi Rosina! mi Dios ¡mi Rosina!!!!