CAPITULO 21.
CAUSA CÉLEBRE-RUSSI ANTE EL JURADO.
Es inesplicable el sentimiento penoso que me causó la pérdida de
la cartera de Ricardo, la misma noche que la habia tomado para
seguir la traducion, la noche del 10 de marzo. Yo recordaba que
ántes de salir a la calle, la tenia en la mano, pero nada mas; i
acaso con la viva impresion que sentí al llegar al puente de San
Agustin, la solté de la mano, o quizá se me cayó del bolsillo.
Estaba acabándose el mes de marzo i no habia vuelto a tener noticia
de Rosina, de Ricardo, ni del adivino. La ciudad estaba en alarma
porque se habian levantado algunas partidas de ladrones que
asaltaban las casas a toda hora. I no se crea que ese alarma era
infundado, habia peligro de ser cada hombre honrado i de algunas
comodidades, víctima de los malvados. El lector formará mejor su
concepto relativamente a la situacion de esa época por los hechos
siguientes:
Visita.-En una de las calles mas públicas, vivia la buena i
apreciable señora Fuen-mayor, i en uno de esos dias, a las seis de
la mañana, entró a su casa una partida de hombres enmascarados, i
despues de haber asegurado el porton con llave i picaporte, pasaron
unos de la dicha partida a la pieza en donde se hallaba la señora,
i otros a la cocina donde se hallaba la criada; encerraron a esta
en un cuarto, ordenándole que no hablara, sopena de ser ahorcadas.
El que hacia de jefe dijo a la señora:
-No se asuste U. mi señora, no crea que la jente que U. vé
conmigo, es sospechosa: hemos venido con el objeto de hacer una
visita i pasar el dia gozando de su amable compañía. Traemos, un
buen cocinero, puede darnos la llave de la despensa i descuidarse
en eso.
La señora, temblando, se levantó intentando salir, pero se lo
impidieron. Buscaron las llaves i dos de ellos se ocuparon en
preparar el almuerzo, i despues la comida, pues no salieron hasta
las seis de la tarde, llevándose la mayor parte de lo que poseía la
señora en oro i plata.
Procesion nocturna.-A las doce de la noche, uno de esos dias,
salia una especie de procesion fúnebre del convento de San Agustin:
doce hombres vestidos con los hábitos de esta Orden i llevando
hachas encendidas, precediendo un convoi mortuorio, pasaron por las
calles mas públicas i se dirijieron al molino del Cubo. Nadie fijó
la consideracion en ellos, pues las pocas personas que vieron
aquello, juzgaron que conducian a un muerto; en tanto que lo que
llevaban en el ataud, eran los objetos robados en la celda del
Padre Salabarrieta, en el convento indicado i los conductores eran
de la compañía de ladrones de esa época.
Cal para robar.-En uno de los últimos dias del mes de marzo
(1851), a las cinco i media de la mañana, entraron ocho hombres
armados i cubiertos con ruanas de bayeton a la casa de un señor
Caicedo, cerca del palacio del Presidente, i asegurando por dentro
el porton, siguieron a las piezas interiores. El señor Caicedo i su
señora estaban todavía en la cama, i allí fueron sorprendidos del
modo mas barbaro: uno de los malhechores arrojó cal pulverizada a
los ojos de los señores de la casa i en seguida los amarraron,
amenazándolos que si hablaban, serian asesinados. Lo mismo hicieron
con los criados en las piezas interiores de la casa. Despues de
esto procedieron a rejistrar baules, cómodas etc. para verificar el
robo, habiendo dejado un centinela armado delante del señor Caicedo
i señora, otro en el porton i un tereoro donde estaban asegurados
los criados. A tiempo que hacian esto, el centinela del porton fué
corriendo a avisarles que una mujer estaba golpeando en este; la
noticia los desconcertó bastante, acudieron a ver si percibian
quien era i ya no estaba allí la mujer que golpeaba; inmediatamente
abrieron el porton i salieron todos, cruzaron por la primera
esquina i tomaron la direccion del convento del Cármen.
Unos minutos despues, algunos parientes del Señor Caicedo que
acudieron a la casa, fueron impuestos de aquel acontecimiento i en
el instante fueron a pedir auxilio a la policía para perseguir a
los ladrones, i en efecto, los jendarmas tomaron la direccion
indicada i al cabo de algunas dos o tres horas aprehendieron a tres
de los salteadores en los arrabales de Ejipto. Conducidos estos a
la cárcel, se continuaron las dilijencias para aprehender a los
otros, lo que se consiguió despues.
En ese mismo tiempo i despues de los robos ya relacionados
robaron a un español Alsina, algunos miles de pesos; a un inglés le
estrajeron de su escritorio una gran cantidad en vales i a varias
otras personas valores de alguna consideracion. Todos estos hechos,
el peligro i el alarma en que estaban los habitantes, indujeron al
Señor Florentino González a invitar para una junta que arbitrara
los medios concernientes a la seguridad contra los ataques de esa
compañía de ladrones que amenazaba seriamente a todos i
especialmente a los propietarios, comerciantes i personas
acomodadas. En efecto, el 28 de marzo tuvo lugar dicha junta (que
fué denominada «meeting» por imitacion) en San Carlos.
El dia 24 de abril, a las ocho de la noche, fue asesinado Manuel
Ferro cerca de la puerta de la casa donde vivía el Dr. Raimundo
Russi, de donde lo levantaron acribillado a puñaladas. Practicadas
las dilijencias conducente a efecto de descubrir los autores del
asesinato, resultó que habia una compañía de ladrones, organizada i
dirijida por dos o tres de reconocida osadía; que Ferro estaba en
el plan de operaciones de dicha compañía; que este tuvo un
desacuerdo con algunos de sus compañeros, i que los principales
miembros de esa sociedad juzgaron que podrian ser denunciados por
Ferro: que, interrogado este por la autoridad, estando al espirar,
sobre quienes habian sido sus agresores, contestó: El Dr Russi, mi
amigo, i esos pícaros de los molineros, Nicolas Castillo, Vicente
Alarcon i Gregorio Carranza me hirieron.
Fueron aprehendidos los espresados i ademas Ignacio Rodríguez a
quien se tenia como jefe do la cuadrilla; hombre resuelto, osado i
temible. Dia por dia iban siendo aprehendidos los que resultaban
complicados en los delitos de robo, hurto i asesinato, perpetrados
por la compañía. Las autoridades del órden político obraron con la
mayor actividad en la práctica de todas las dilijencias conducentes
a la comprobacion de los delitos i descubrimiento de los
delincuentes. La policía halló dos subterráneos en una de las casas
del molino del Cubo i en la casa que estaba contigua a la mia; en
el de esta hallaron varios objetos escondidos i entre ellos dos
ataudes, dos escaleras de cuerda, una pila de Volta, tres lentes
grandes en marcos cuadrados, doce lámparas con el combustible
necesario, 80 láminas finísimas i 200 paisaje i mapas.
Desde el momento que tuve noticia de este hallazgo, i que se
habia hecho en la casa que lindaba con la en que yo vivia, me
vinieron al pensamiento varios juicios, entre otros, el de que ese
hombre estraordinario que me habia asombrado con sus esperiencias,
ejerciendo su influencia magnética, tal vez estuviera complicado en
los sucesos que tenian alarmada la ciudad, a no ser que le hubieran
robado algunos objetos de su uso; pues habiendo sido yo, movido por
la curiosidad, a ver lo que la policía habia hallado en los
subterráneos, reconocí los lentes o vidrios de que aquel hizo uso
para hacerme ver la Iglesia de San Pedro i demas que me presentó
para hacerme gozar de la doble vista. Mas, luego que vi los
paisajes, láminas, etc. entre cuyas pinturas hallé la del templo
indicado i el palacio de las Tullerías en relieve i de grandes
dimensiones, juzgué que ese hombre habia usado para conmigo de suma
destreza, presentándome a lo vivo, i con toda la finura del arte,
una completa ilusion, por medio de los lentes i de esas doce
lámparas a que pondria una luz artificial que imitara la del sol,
vistas las pinturas al traves de los vidrios. Así esplicaba yo
entónces las maravillas del sabio. I aunque la vista de mi recámara
argüia contra esta esplicacion, juzgaba que ese hombre habia
ejecutado sus operaciones en la sala de mi propia casa, pues en la
contigua se habian hallado esos objetos i ádemas las escalas: por
otra parte, la tela azul que cubria las paredes i los muebles,
podia ocultar todo el adorno de mi casa, para que yo quedara
completamente engañado. Tambien me fui luego al pié de la estátua
de Bolívar i me dirijí a la casa cóntigua a la mia, contando los
pasos que habia, i hallé los mismos con diferencia de unos seis
mas. De manera que así nada era mas fácil que hacerme ver por entre
el vidrio mi recámara, levantando solamente la tela azul, miéntras
tenia él sus dedos sobre mis parpados. Solamente me faltaba dar
esplicacion a ese fenómeno de hacer hablar a un perro, pero despues
de un rato de meditacion advertí, que ese hombre seguramente era
ventrílocuo i en tal caso, nada mas fácil que finjir la voz
haciendo el esfuerzo de manera que las contestaciones parecieran
emitidas por aquel animal. He aquí por qué aseguraba que en
realidad habla yo presenciado aquellos hechos, aunque parecian
increibles. Despues de meditar bastante, me decidí a creer que ese
hombre no estaba complicado en los delitos, que dieron orijen al
allanamiento de aquellas casas: 1.º Porque habia diferencia enorme
entre él i los Rodríguez, Castillo, Ferro, Carranza, etc.
considerados moralmente: el sabio era hombre de ideas que en ningun
sentido aparecian vulgares; manifestaba instruccion i aspiraba a
uno de los altos destinos de la humanidad, cual era el de
rejenerador: los otros eran hombres sin principios, sin
instruccion, sin aspiraciones nobles, i ajenos por lo mismo de la
mas bella idea que inspira al hombre la esperanza de la gloria; la
conquista en el vasto campo las ciencias sociales: 2.° Porque la
empresa de ese hombre, segun sus doctrinas, alejaba toda sospecha
de criminalidad; i 3.º Porque hablando él mismo acerca de la mala
conducta de los embozados que me obligaron firmar el documento, me
dijo estas o semejantes palabras: «Yo no los descubriré, ellos son
mis mas fieles servidores; por lo demas, yo no apruebo todos sus
hechos: sin que por esto estén esentos de castigo porque el mal dá
oríjen al mal i el que lo hace a otro, tiene que sufrirlo i a veces
duplicado.»
El dia que llevaron al Dr. Russi a la oficina de la Jefetura
política para recibirle su declaracion indagatoria, yo lo ví, i
hallé grande semejanza con el sabio o magnetizador; solamente
hallaba diferencia mui marcada en la voz. I como al Dr. Russi se le
reconocia talento, instruccion i finura, yo habria jurado que era
el mismo adivino del gabinete azul, si por otra porte no hubiera yo
sabido que carecia de recursos pecuniarios, circunstancia que
inhabilitaba para empresas tan árduas como la de una conspiracion
contra el gobierno de un pais.
La misma noche del asesinato de Ferro, fué arrestado el Dr.
Russi. Del espediente aparecian como presunciones mas fuertes en
contra del segundo, las siguientes:
1.a La declaracion de Manuel Ferro a la horas de morir; i
2.a Haberse cometido el asesinato cerca del porton de la casa
donde Russi vivia.
Presunciones que a la verdad hacian presumir la delincuencia,
pero que podian desaparecer delante de la razon, de la justicia o
de la imparcialidad, una vez que se esplicaran los hechos i se
contestaran los cargos. Pero aun dado el caso de que no hubiera
habido esplicaciones, jamás esas presunciones podian formar una
prueba para condenar a Russi como asesino La primera era una
presuncion i nada mas, i una presuncion débil o incompleta, si esto
puede ser. ¿Quien pudiera asegurar que Ferro con la oscuridad de la
noche no, se equivocara respecto de uno o alguno de sus agresores?
¿Quien puede asegurar que Ferro al nombrar a Russi estuviera en
completo estado de cordura?
¿El simple dicho de un hombre fuera de su estado fisiolójico,
debe merecer todo el valor que se dá al de un testigo de los que la
lei llama habiles? Ademas, esas presunciones parecian completamente
desvanecidas, desde que se probó que Russi estaba en la calle de
Florian, en la botica de Juan Ruel, a la llora en que Ferro fué
asesinado. Ninguna prueba legal se presentó, que pudiera confirmar
el dicho de Ferro respecto de Russi; este no apareció complicado en
los delitos que se habian cometido por los compañeros de Ferro.
¿Cual pudiera ser el interes que moviera a ese hombre de talento,
instruido i de pundonor, para cometer el negro crímen de asesinato
a sangre fria? El Dr. Russi vivia pobre i la subsistencia escasa
que obtenia, era proveniente del fruto de su profesion de abogado:
esto era jeneralmente reconocido, daba lugar a creer que eran
falsas las imputaciones que se le hicieron, hiriendo su honor, i
porque si ese hombre desgraciado hubiera contado con recursos,
alguna vez se habria vestido mejor, i de su mesa se habria
desterrado la escasez; en tanto que jeneralme fué reconocido como
pobre, lo mismo que su familia, ántes i despues de aquellos
acontecimientos. Ademas, el Dr. Russi gozaba de una posicion
ventajosa en la sociedad, como abogado, i era tenido como hombre
honrado sóbrio i de carácter bondadoso. Pero los multiplicados
asaltos i robos cometidos en esa época, habian producido tal alarma
en en la ciudad, que se temia a todas horas no solamente la pérdida
de los intereses, sino de la vida misma; i esto llevó a los
habitantes al estremo de un furor ciego contra los ladrones; el
pueblo pedia víctimas i en su frenesí era de confundirse el
inocente con los culpados. El desgraciado Russi por un conjunto de
hechos insignificantes en otras circunstancias, i que en otro
tiempo se hubieran visto con desprecio, fué obligado a ocupar un
asiento en el banco de los criminales. El pueblo deslumbrado por
apariencias i arrebatado por el sentimiento de ira que inspiran los
criminales, no solamente clama muerte, sino que confunde algunas
veces la criminalidad con la inocencia. El Dr Russi debia ser
absuelto segun las leyes vijentes, porque para condenarle segun
derecho, era preciso que hubiera prueba del delito que se le
acusaba i esta no se hallaba en el espediente. El Congreso,
contemporizando con el pueblo, entregó en manos de este al
infortunado Russi para que lo juzgara i sentenciara segun su
voluntad, dejándole como única norma, la conciencia: tal fué el
objeto primordial de la lei de 4 de junio de 1851, sobre jurados
para los delitos de homicidio, robo i hurto de mayor cuantía. El
sumario contra Russi habia empezado el 24 de abril; en los primeros
dias de junio estaba la causa pendiente; la lei espresada no debia
haberse sancionado para que surtiera sus efectos, sino respecto de
los hechos criminales posteriores a ella, segun derecho, segun los
principios de justicia universal. Pero olvidando todo principio i
dejándose arrebatar por el torrente de la ciega opinion de un
pueblo enfurecido, se dictó la disposicion retroactiva contenida en
el artículo 31. Fué, pues, obligado por esa lei el Dr. Russi a
comparecer ante un Jurado: en la primera sesion de este, el Dr.
Russi habló con la misma enerjía, impavidez i cordura que habia
manifestado en el curso de la causa; si su defensor no llevó la
conviccion de su inocencia al corazon de muchos de los que
asistieron al gran Jurado, sí produjo una viva impresion, i esa fué
la causa del impreso que circuló al dia siguiente de la primera
reunion del Jurado, i cuyo contenido era este:
«Cuándo esta ciudad se hallaba justamente conmovida por el
remecimiento que le produjera la frecuencia i el carácter de los
robos i otros atentados horribles que sufrian sus habitantes,
nosotros, poseidos de la indignacion jeneral, i dejados llevar del
impulso que en semejantes casos imprime el pueblo a las especies
vagas que se recojen entónces, i sin saberse como, nosotros,
decidimos, participamos de un grave error, de una marcable
equivocacion, o si se quiere, de un gran crímen. Si, de un gran
crímen, que creemos un deber espiar públicamente, presentando
nuestro corazon i nuestras reflexiones a la conciencia de los que
hayan podido ser bastantemente desgraciados para imitarnos en
semejante estravío de razon i de cordura, i mui particularmente a
los señores jurados, bajo cuyo dominio esta hoi pendiente la
decision de la cuestion mas séria i delicada que ha podido
ofrecerse jamás a un tribunal de justicia.
«La opinion pública, caprichosa como suele ser cuando, buscando
con ansiedad una causa, no acierta a atinar con ella, quiso señalar
al Dr. Raimundo Russi como jefe de la cuadrilla de malhechores que
traía inquieta i alarmada la ciudad. Atravesóse entónces el
acontecimiento desgraciado que trajo por resultado la muerte del
jóven Manuel Ferro; i débiles apariencias llevaron la sombra de
Russi para confundirla entre los criminales que habian consumado el
asesinato. Estas apariencias tomaron mayor fuerza con aquel deseo
que habia en la opinion de encontrar en Russi el objeto en quien
debian saciarse las venganzas populares, de encontrar una víctima,
de hacerla espiar en un cadalso, de poner remedio al mal de la
sociedad. Nosotros seguimos aquel torrente, i sin saber cómo,
fuimos a parar al mismo terreno débil i movedizo, sofocante i
apasionado sobre que se habia parado un pueblo que habia abandonado
su razon para pensar esclusivamente con su enojo: creímos que para
semejante malvado no habia cárceles, no habia prisiones, no habia
patíbulos capaces a hacerle espiar condignamente sus delitos, i que
todo el rigor del poder público era insuficiente para devolver a la
sociedad la tranquilidad i la confianza de que se veía privada. Así
pensábamos, así sentíamos abdicando nuestro propio pensamiento i
nuestros sentimientos íntimos en la manera de juzgar de una masa
prevenida, que recojía por verdad lo que tenía interes en creer,
que trasmitía como por una cuerda eléctrica el vago rumor que se le
comunicaba, sin detenerse a examinar los hechos, ni a averiguar el
grado de pureza del conducto por donde aquel rumor pasaba, que por
toda razon daba esta: asi lo dicen, asi lo aseguran, todos lo
creen.
«Con tan infame prevencion llegó el tiempo de la reunion del
jurado, i mas bien por un espíritu curiosidad que por un deseo de
ilustrarnos en la cuestion, concurrimos a sus sesiones. ¡Nada
podiamos esperar sacar de los debates! Ningun interes, ninguna
compasion podian movernos ácia aquellos miserables! Solo
aguardábamos el fallo condenatorio del tribunal!
«Pero ¡qué fuerza la de la razon ausiliada por el grito de la
conciencia! Fijamos la atencion en los hechos, oímos el tocante i
vivo discurso con que hizo su defensa el reo que nos inspiraba mas
aversion, el Dr. Raimundo Russi; i hoi tenemos la conviccion de que
es inocente, completamente inocente.
«¿Quién que fuera criminal hubiera podido levantar da frente i
alzar la voz con la compostura i gallardía con que aquel lo hiciera
delante de un inmenso concurso, para desvanecer los cargos que lo
tenian sentado en el banco de los acusados?
«¿Quién que fuera criminal hubiera podido con sola su voz, con
sola la fuerza de su razon, debilitada por la inaccion de la
prision; i por el frio i peso de los grillos, arrancar aplausos de
una multitud prevenida fuertemente en su contra, como lo hizo aquel
desgraciado?
« ¿Quién que fuera criminal hubiera podido, como él, imponer a
la barra un silencio casi relijioso, llevando la compasion a muchos
corazones, i produciendo el convencimiento de su inocencia en no
pocos entendimientos?
« ¿Quién que fuera criminal hubiera podido presentarse delante
de su acusador i de sus juezes acompañado de tanta fé en sus
palabras. I de tanta resignacion en su semblante?
« ¿Quien que fuera criminal, cuando las vagorosas sombras del
crímen cruzaran por su mente, hubiera podido hacer una relacion
impávida de los acontecimientos, hubiera podido dar a cada
apariencia una esplicacion satisfactoria i cumplida?
«¿Quién que fuera criminal hubiera podido presentar la historia
de una vida llena da método i de filosofia? ¿Quien pudiera como él,
dirigir sus plegarias a la Providencia con el acento i el ademan
del justo?
«¿Quién que fuera criminal, cuando el peso del delito oprimiera
su conciencia, hubiera podido reclamar estritamente del Jurado, sin
mezclar en sus palabras ninguna idea, ninguna especie de favor ni
de súplica?
« ¿Quién que fuera criminal hubiera podido inquietar el espíritu
fuerte de algunos, quitándoles las horas de sueño para emplearlas
en meditar sobre la desgracia de su muerte i lo tenaz del destino
que precediera a su nacimiento?
«¿Quién, en fin, que fuera criminal hubiera podido llegar al
estado casi de locura al recibir la noticia de que se iban a
descubrir los verdaderos asesinos de Ferro, i que su inocencia
quedaria en claro?.
«La misma fatalidad que ha perseguido a Russi para «ue su nombre
resultase mezclado entre los asesinos de Ferro, ha aparecido hoi de
nuevo para complicar su situacion, Una farsa miserable i ridícula,
preparada entre los mismos presos, o entre otras personas bien
intencionadas, acerca del descubrimiento de los verdaderos
asesinos, se sospecha que haya podido prevenir al Jurado en contra
de aquel infeliz; pero entre nosotros no tiene cabida semejante
sospecha, porque creemos que los miembros del Jurado son incapaces
de dejarse influir por un tan frívolo motivo.
«Señores Jurados:-Mirad que vais a ensayar una institucion
nueva, i si con ella cometeis una injusticia, arrojais sobre la
sociedad entera una mancha de sangre que no se borrará jamás. Si
derramais la sangre de Russi por medio de un asesinato oficial, i
este hombre es inocente, como nosotros lo creemos, un infierno dé
remordimientos habrá de ser el resto de vuestra vida Reparad que si
Russi no es completamente inocente allá en vuestra conciencia, por
lo ménos hai dudas, hai inmensos vacíos que no dejan al espíritu
tomar aquel fuerza de conviccion que es necesaria para votar la
muerte de un hombre por un hecho dado; i para votar la muerte de un
hombre, ¿cuando, en qué circunstancias? Cuando los principios están
peleando por consagrar en las instituciones humanas la
inviolabilidad de la vida. Tened presente, que en los casos de
duda, la conciencia no se salva aplicando una pena irreparable,
sino decidiendo siempre lo mas favorable a la inocencia, i que este
ha sido el sendero de los hombres de bien.
¡Hombres de conciencia i de juramentos! No olvideis que hace
tres dias no mas que la condenacion del Dr. Russi hubiera sido
popular, si él no hubiese hablado; pero que hoi ha esperimentado la
opinion un cambio tal, que será dificil encontrar una décima parte
de esa poblacion prevenida i severa que votase su castigo sin
escrúpulos i que firmase su sentencia con pulso firme. I esa
opinion pública que ántes juzgaba al preso de una manera
desfavorable, era la obra de la precipitacion, era el juicio que
dejaba en nuestras mentes la relacion que un amigo o un conocido
nos trasmitió, como que la habia recibido de otro historiador tan
autorizado como él propio, era el fruto de la pereza que acoje, mas
no de la prudencia que discierne i se decide; miéntras que la
opinion de hoi ha sido formulada sobre el exámen de los hechos,
sobre la interrogacion de los testigos, sobre la controversia de
las partes; en una palabra, sobre bases sólidas i no provenientes
de especies supuestas o sustancialmente alteradas.
«No es, pues, al público a quien una sentencia condenatoria
pudiera satisfacer: ese público que ahora piensa de otro modo,
léjos de ver en el fallo del Jurado una garantía, veria una amenaza
triste a la vez que real i positiva.
«La sentencia que pudiese conducir el filo de la cuchilla legal
hasta la garganta del inocente Russi, seria mas, seria la sentencia
que condenase a un tormento indefinido a tantas conciencias que
verian en aquel acto la consumacion de un asesinato mas inicuo que
cualquiera otro. I semejante ejemplo no podemos consentir en que se
diera en un pais republicano que se precia de culto.
«¡Fallad Jueces; pero ántes meditad en que hai un pueblo que os
observa conmovido t conturbado, esperando con fundamento que no le
hareis maldecir de una institucion que él ha creido buena i
equitativa!
La opinion decidida de un pueblo es semejante al impetuoso
torrente que arrastra cuanto encuentra a su paso, cediendo e
inclinándose a su potencia aun las viejas i colosales encinas que
invade: el Jurado condenó a muerte al infeliz Dr. Raimundo
Russi………….!!!
Cuando estaba en capilla se le administraron los ausilios de la
relijion cristiana, i ántes de recibir la Comunion, juró por el
Dios vivo, que iba a morir inocente, i en la plaza al tiempo de
irse a sentar en el cadalso, llevando la mano derecha al corazon i
levantando la otra ácia el cielo, dijo: «Juro ante Dios i ante el
pueblo, que muero inocente; voi a comparecer ante el Tribunal de
Dios » Un redoble de tambor abogó la voz i no se pudo oír mas de la
postrera esclamacion del desgraciado Russi. La sen tencia fué
ejecutada.... El Jurado lo declaró como uno de los autores
principales del asesinato de Manuel Ferro i nada mas. No como
ladron, ni cómplice, ni ausiliador, ni encubridor de los ladrones:
no como autor principal, cómplice, ausiliador, ni encubridor de las
cuadrillas de malhechores, que habian ejecutado los robos i demas
delitos que tenian la ciudad en alarma.
Despues de su muerte se publicó por la imprenta el apéndice a su
defensa en un cuaderno titulado: «Defensa del Dr. José Raimundo
Russi. » Como es una pieza interesante por diferentes motivos,
resolví insertarla en mis apuntamientos i es la que sigue:
«Defensa del Dr. José Raimundo Russi.
«Advertencia.
«Conociendo el mérito que encierra el alegato de defensa que el
desgraciado Dr. Raimundo Russi tenia preparado para pronunciar por
la segunda vez ante el jurado que juzgaba de su causa, i en
atencion al estado lamentable de penuria en que se encuentra, no
obstante que hai quien lo considere como jefe de los ladrones que
robaron injentes sumas de dinero en esta capital, i en otros
puntos, varias personas en quienes aun la caridad conserva un
asiento, hemos convenido en dar a luz una tan importante pieza,
para que el público medite cómo es que se condena i se mata en un
pais de leyes i de libertad.
«Nos basta este paso par salvar a nuestras conciencias del peso
que las oprime, dejando la posteridad un documento por donde pueda
juzgar de la manera como opinaron unos pocos ciudadanos cuando un
ser infortunado era víctima del querer caprichoso de una poblacion
preocupada en su mayor número.»
Apéndice.
«Señores Jurados:
«Estamos en el recinto sagrado en donde los apoderados del
pueblo granadino reunieron en el presente año para proveernos de lo
que creyeron necesario a nuestro reposo: esta era su mision.
«Dieron aquí mismo una lei escepcional para juzgar a ciertos
individuos, cuya existencia se les pidió urjentemente. Así lo ha
dicho el Sr. Ajente Fiscal al formular su acusacion. Tal lei miró
atras como la aquilia de los romanos i unció a su carro a cuantos
se quiso que adornasen su triunfo.
«Esta lei, Señores Jurados, segun los hombres que la manejen,
tenderá indistintamente sobre inocentes o culpables el negro
crespón de la muerte, o socavará tan solamente el sepulcro del
criminal. Si Cromwells i Atilas son sus aplicadores, se verá lo
primero; si Titos o Trajanos, será lo segundo.
«Si los jueces, al entrar al lugar del juicio, dejaron afuera
las pasiones malévolas, representarán a la misma Divinidad
distribuyendo la justicia; pero si fueren sentimientos benévolos
los que dejaren, el altar de la justicia será un infierno,
«¡ Jueces! Navegando vuestras conciencias en un oceano de
límites infinitos, solamente vereis el faro del puerto, si la
brújula que guía vuestro convencimiento íntimo, fuere la de la
relijion i la Lei.
«Los jueces de hecho tienen indispensablemente que atender a las
pruebas, porque son ellas el fanal brillante que habrá de
alumbrarlos para formar esa conciencia recta que es necesaria para
fallar.
«Entro en materia.-El señor, Fiscal apoyó su acusacion en un
indicio simple que ha adornado poéticamente, trasformando una rama
seca en una encina robusta, a la cual apropia veneno para que mate.
Voi a presentaros sus cargos para que veais si es esacta mi
proposicion.
«1.º Manuel Ferro dijo bajo de juramento, estando agonizante, lo
siguiente: «Raimundo Russi, mi amigo, i esos pícaros ladrones de
los molineros, Nicolas Castillo, Vicente Alarcon i Gregorio
Carranza me hirieron. Tambien dijo que habian sido ladrones del Sr.
Caicedo.
«2.° Carranza, Alarcon i Castillo iban donde Raimundo Russi i
paseaban juntos.
«3.° Ignacio Rodríguez, famoso delincuente vivia en casa de
Russi.
«4.° Los que habitaban en la casa de Russi, habiendo sido Manuel
Ferro herido en el porton de ella, no oyeron lo que allí pasó.
«5.º Tres individuos que pasaron a las siete i media de la noche
por la casa de Russi, vieron a este parado en el porton de
ella.
«6.° Buenaventura Cuevas saludó a Russi entre las siete i las
ocho de la noche: Federico Rivas i Francisco Antonio Uribe lo
vieron bajar por la carrera de Antioquia entre las siete i las ocho
de la misma noche.
«7.° Russi dentró a la botica de Rueles, calle de Florian a las
siete i media segun Meliton Ortiz, a las siete i media pasadas,
segun Ignacio Ruel, que dice hacía un momento habia visto en su
reloj las siete i media.
«8.º A las ocho i media entra Josefa Andrade a la dicha botica
implorando ausilio de un médico para el niño.
«Manuel Ferro (asi decia), a quien habia herido en el porton de
la casa del Dr. Russi, con cuya relacion se habia quedado este
inmóvil, sin decir una palabra, lo cual indujo a Eusébio Acevedo a
penetrar que tal vez fuese delincuente.
«9.° Cuando salió Russi con el Dr. Juan Ruel para donde Ferro,
le dijo a aquel señor, que se fuera por las calles mas públicas; i
al ser aprehendido por la policía, no preguntó siquiera cual fuera
el motivo de semejante aprehension, siguiendo inmediatamente para
donde se le mandó.
«10.º Domingo Amaro González i diez personas mas, declaran que
oyeron decir que el moribundo Ferro habia dicho, que quien lo habia
herido habia sido Raimundo Russi.
«11.º Que en el careo que tuvo en la Jefetura política con
Ignacio Rodríguez, no desmintió enérjicamente la aserción de este,
de no haber vivido en su casa.
«El Sr. Fiscal analiza dichos cargos, de la manera
siguiente:
« 1.º Manuel Ferro, herido de muerte i convencido de que iba a
bajar a la tumba, no pudo mentir: él dijo que Raimundo Russi, su
amigo, lo habia herido, i lo dijo bajo de juramento; luego es
cierto, luego es indudable el dicho de Ferro.
«2.° Los ladrones del Sr. Andres Caicedo hirieron a Manuel
Ferro, porque no los denunciara: Castillo, Alarconn i Carranza
están sindicados en el robo hecho al referido Sr. Caicedo: Raimundo
Russi tiene amistad con tales individuos: aquellos para evitar el
denuncio hirierou a Ferro, luego Raimundo Russi lo hirió.
«3.° Ignacio Rodríguez, alias Vicente Pérez, alias Ramon
Mendoza, etc, vivia en casa de Raimundo Russi: tal Rodríguez es un
famoso criminal, jefe de bandidos, sindicado en el robo de Caicedo;
luego Russi es jefe de bandidos i asesino de Ferro.
«4.° En el porton de la casa de Raimundo Russi hirieron a Manuel
Ferro: los que vivian en dicha casa no oyeron algun ruido al tiempo
del suceso: Manuel Ferro dijo que Raimundo Russi lo habia herido
allí; luego es cierto el dicho de Ferro.
«5.º A las siete i media de la noche tres individuos vieron a
Raimundo Russi en el porton de su casa: Cuevas, Uribe i Rivas lo
vieron bajar entre las siete i las ocho, los que estaban en la
botica del Dr. Ruel, declaran., que entró allí a las siete i media
de la noche, poco mas, Russi dijo en su declaracion instructiva,
que hahia salido de su casa a las seis i media; luego mintió; i no
pudo mentir sin interes alguno, que no podia ser otro que el de no
estar en su casa al tiempo del asesinato; luego es asesino.
«6.° Cuando la criada de Manuel Ferro entró en la botica,
pidiendo ausilio para su amo, que habia sido herido en el porton de
la casa de Russi, este no se movió, i Eusébio Acevedo observó en él
la marca del delito, luego es delincuente.
«7.° Cuando Russi salió para donde Ferro, como a las nueve de la
noche, poco mas o ménos, en compañía del Dr. Ruel, dijo a este, que
se fuera por las calles mas públicas, es decir, por la diagonal de
la plaza a tomar la carrera de Bolívia para arriba: aquellas calles
forman la línea mas larga para llegar a la casa de Ferro, luego
Russi las escojia para no verse pronto con Ferro, porque temia su
presencia.
8.° Que a la voz de los que oyeron de la boca de Ferro que Russi
era su asesino, se repitió lo mismo en todo el pueblo: luego el
dicho de aquel es cierto.
«9.° Russi no contradijo con dureza a Ignacio Rodríguez cuando
aseguró no haber vivido en su casa: esto prueba relaciones
estrechas entre los dos: Rodríguez estaba interesado en la muerte
de Ferro; luego Russi era cómplice de Rodríguez.
«Este es, señores Jueces, sino me equivoco, el cuadro fiel de
los materiales jurídicos con los que el Sr. Fiscal acusador edifica
la grande obra de la ruina de mis dos existencias la honra i la
vida material: la segunda la desprecio sin la primera, i es por
esta que vengo a la arena.
«El punto fijo a donde se ata el primer eslabon de la cadena de
cargos que se me hacen, está en el dicho de Manuel Ferro. El Sr.
Fiscal no conoció, ni trató en vida a Manuel Ferro: de lo actuado
no consta la pureza de costumbres morales i relijíosas de este
individuo, lo cual se le atribuye gratuitamente; luego al
raciocinar sobré semejantes datos, se edifica en el aire.
«Manuel Ferro segun el dicho de varios individuos, durante el
tiempo de su agonía deliraba con venganzas i maldiciones: sus
costumbres, consta que eran impuras: hai pruebas de que era hombre
de taberna, que se embriagaba siempre, que su señora lo espionaba
por celos, i que en la misma noche fué herido, esta le seguia los
pasos para observar sus acciones en prostitucion. Semejantes
antecedentes pueden ser una buena base de razonamiento.
«Compárense los atributos que se regalan por el acusador público
al memorado Ferro con los espresados últimamente, que tuvo por
legado de su educacion: i quien compare falle sobre los hechos
circunstanciales en que el acusador i yo buscamos la verdad. El
resultado será que aquel la busca en la oscuridad de un sofisma i
yo la busco la luz de los hechos.
«Os presenté la historia de mi vida en mi alegato primero: la
fidelidad de aquella relacion la testifican mis acciones i mi
frente, sobre las que está incrustada mi honra, que no ha sido
mancillada sinó por la malevolencia de mis semejantes.
«Entre la verdad que merezca un individuo degradado, i la que
pueda merecer un hombre de algunos precedentes i de intachable
conducta, siempre ha decidido la sensatéz en favor de este último,
porque en toda causa en que los hechos se prueban por declaraciones
testimoniales, debe atenderse mucho a la delicadeza e
incorruptibilidad del testigo.
«Supongo gratuitamente, que Manuel Ferro estuviera cuando
declaró en completo juicio, en un estado fisiolójico perfecto; yo
niego el hecho que él afirma; valórense los dichos de ámbos por los
antecedentes de uno i otro, i venga la prueba que el acusador debe
dar en tal caso, porque el mas miserable rábula sabe que el que
niega un hecho en derecho, arroja sobre su contrario la obligacion
de probarlo.
«El dicho aislado de Ferro no dá ni un simple indicio:-indicio,
segun nuestra lei adjetiva, es un hecho que indica la existencia de
otro hecho, o de que alguna determinada persona lo ha ejecutado.-Me
hirió el Dr. Raimundo Russi; he aquí el primer hecho; i este, ¿cuál
señala? - Ninguno, porque aquel no dice el motivo porque yo le
asesinara, cual el móvil que me compeliera a ello, ni el mui noble
i justo funcionario de instruccion lo preguntó siquiera. Para él, i
no comprendo el misterio, lo que le importaba era mi nombre, era
abismarme en los dolores que ha tenido la complacencia de hacerme
sufrir, era mantenerme en una estrechá prision, cargado de hierros
i comiendo la racion dura i mezquina del desgraciado preso. Ya
desmostré en mi alegato anterior, que ningun móvil tuve, ni pude
tener para cometer la accion que se me imputa, i el dicho del
desgraciado Ferro, llamándome, su amigo, demuestra que yo era su
bien-queriente, i estando él en posesion de mi cariño, ningun mal
pude pretender hacerle, como en efecto no se lo hice. Pero, repito,
no existiendo el hecho anterior al hecho presente, consistente en
el dicho simple del herido, no existe tampoco el indicio que se ha
creido encontrar allí.
«Da el Sr. Fiscal una base segura para raciocinar, por su clara
intelijencia, por su buena fé, por su finura lójica, por su
conciencia pura, por su temor a los juicios eternos, por su amor a
la inocencia, por su compasion al criminal, por respeto a su
profesion por amor a su prójimo.... porque sus méritos sean los que
lo eleven.......«Sus virtudes las que lo coronen civicamente; i
porque en fin, los escalones por donde suba al sólio sea de
patíbulos i sangre. ¿I cuál es aquella base? Es otro sofisma, digno
de su puro discernimiento, digno, sí, de ser aplaudido por lobos
hambrientos que apetezcan carne, (hablo con el debido respeto al
Sr. Fiscal). Su razonamiento es este: Ferro ha dicho que los
ladrones de Alcina le asesinaron: Castillo, Alarcon, Carranza i
Rodríguez están sindicados de tal robo: estos tenian amistad con
Russi (se le llenaba la boca al pronunciar mi nombre. ... dígalo el
pueblo), porque paseaban juntos, porque los defendia, porque
Rodríguez vivia en su casa: Carranza cuadrillero de Rodríguez,
Rodríguez jefe de cuadrilla; luego Russi ladron, primer jefe.
Castillo, Alarcon i Carranza nombrados por Ferro como sus asesinos,
nombrado tambien Russi: aquellos interesados en que Ferro no los
denunciara, tambien este: es cierto que aquellos como tales
ladrones lo asesinaron; luego Russi tambien es asesino.
«Señores Jurados: para el que quiso oír, demostré ya que
Castillo, Carranza i Alarcon, no tenian, ni tienen amistad conmigo.
Bajo de juramento oisteis lo dichos de ellos mismos, en que
aseguran no ser sino conocidos mios, a quienes he servido como
profesor del derecho, por su dinero, aunque no me han pagado. Pero
bien, los testigos que dicen que aquellos eran mis amigos, ¿han
dado razon de su dicho, como lo manda la lei? No, señores Jurados,
tales testigos son de la masa del pueblo inintelijente, que conoce
por amistad el que un individuo salude a otro. Yo no tendria por
qué negar relaciones con tales individuos, si las tuviera: pero
esceptuando las que he mencionado ántes, no tengo otras; i en por
menor son estas: haber hecho a Castillo unos escritos, entrando a
su casa una vez, i otra haber cobrádole desde la muralla del Molino
del Cubo lo que me debia: haber ido con Alarcon i Carranza a
Cipaquirá a prestarle al primero un servicio en mi profesion,
regresando tambien con el último: haber estado el dia de año nuevo
con Alarcon, Manuel Ferro i su familia en el rio llamado de los
Laches. Estas relaciones ¡Jueces! ¡Pueblo! no forman amistad
íntima, de aquella amistad que es necesaria para confiar en otro la
vida i el honor.... Tal vez no me replica en esta parte el hombre
elevado por sus méritos a la majistratura acusadora.
"Ignacio Rodríguez vivia en mi casa, comia en mi mesa por su
dinero, i lo visitaba en su posada con frecuencia, hasta en la
tarde víspera del dia en que tuvo lugar el robo cometido en la casa
del Sr. Andres Caicedo. Esto lo he confesado fráncamente porque es
la verdad, como tambien lo es que ántes no conocia yo a Rodríguez;
que desde la víspera mencionada no lo volví a ver, sino hasta en la
cárcel un dia, en el cual reconocí a mi huésped Vicente Pérez; de
cuyo reconocimiento i demas que me constaba, declaré, bajo del
sagrado del juramento con la sencillez del hombre de bien. Mas
ahora debo preguntar: ¿Ferro o algun otro, caballero o canalla,
rico o pobre, grande o pequeño, mulato o mestizo, sábio o ignorante
ha denunciádome jamás como ladron principal o sulbalterno de algun
hurto o robo de los cometidos desde el principio del mundo hasta
hoi? ¿Se me ha denunciado como cómplice, ausiliador o encubridor de
semejantes delitos? No, no, no, mil veces no; i si hai denunciante,
que salte al circo, porque en este tribunal no se admiten denuncios
por los leones de bronce, no se admiten alevosos que hieran a
mansalva. ¿Dónde están los cuerpos de los délitos? ¡La prueba Sr.
Fiscal! la prueba, porque Dios nos mide con la misma vara con que
medimos; porque el presente os está mirando i la posteridad tambien
mira por los hechos del presente, i los juicios del tiempo son de
Dios. Este juicio, fué el juicio de Antioco. ¡Jueces! en la boca
del terrible boa está el aliento que atrae hasta el inocente
pajarillo que surca el viento buscando la comida, que para
alimentar su vida le proporciona el Ser Supremo en la boca del Sr.
Fiscal está el aliento que quiere matarme: i de su dicho aislado
quiere que salga el problema que arrastre con su peso con cuantas
razones encuentre en su tránsito, empujando con él a la muerte para
que hiera a abscuras la víctima que elije. ¡ Jueces i pueblo! en el
proceso no hallareis la menor prueba, el mas lijero indicio contra
mí ¡Juristas sacerdotes de la lei! Venid conmigo al sacrosanto
templo de la justicia, no a hollar con planta fratricida, sino a
absolverme del temerario cargo que la equivocacion mas perniciosa
puede haber formulado: no a derribar el altar de la inocencia i a
construir en su lugar el del odio contra un infeliz, cuyo principal
delito toma forma i colorido en que es solo en el mundo, en que sus
relaciones están sobre su cabeza, pero sin el apoyo del dinero,
sino a construir el monumento sólido ante el cual debe rendirse
culto a la razon i a la justicia.
I si no existe prueba de que yo sea ladron principal, ausiliador
o encubridor &., ¿ por qué, Fiscal, tomais tal hecho por
base de vuestro raciocinio? ¿porqué olvidaros de vuestro santo
ministerio, i tener el placer de confundirme con el criminal? ¿No
sabeis que el oro no se amalgama con el plomo? Si no hai ni leves
indicios de que yo haya sido, pueda ser, ni sea ladron, cómplice ni
ausiliador de los que merezcan tal nombre, como tal, pues no he
podido herir a Manuel Ferro; i tomar por hecho anterior al hecho
presente, el dicho de Manuel Ferro para calificarme como infame
bandido, seria una falta grave en un individuo del bajo pueblo;
pero es un crímen nefando en un majistrado pago, no para oir
parcialmente pasiones malévolas, o para atender a sentimientos
benévolos, sino para distribuir la justicia o para pedir la
distribucion de ella, igualmente al inocente que al criminal. ¡Ah!
Sr. Fiscal! ojalá que en los decretos eternos esté borrar del gran
libro esta falta vuestra, para que vuestra familia no arrastre la
soga de Cain, por el puñal que públicamente me habeis clavado en el
corazon con declamaciones de poderoso, declamaciones que han ido
directamente a obrar, ¿sobre quién? sobre un cadáver, porque un
preso a quien se mira sin relaciones i sin dinero, es poco ménos
que un cadáver.
«Decir, pues, que por tener relaciones con algunos de los
sindicados como ladrones, únicos que pudieran tener interes en
salir de Manuel Ferro, porque no los denunciara, ya es indudable
que se fué asesino, es suponer gratuitamente lo que no existe, es
oir a la pasion ciega que condena, mas no a la razon que absuelve,
es levantar sobre un pedestal falso el trono de los domicianos.
«Con Ignacio Rodríguez viví i comí unos dias, nos abrigamos bajo
un mismo techo, i así lo he confesado bajo de juramento, no lo he
negado. Respondedme ahora, Sr. Acusador: ¿cuando admití en mi casa
al referido Sr., sabía yo que estaba manchado con el delito, que la
lei lo necesitaba para purificarlo, que la autoridad lo pedia para
el escarmiento? Al proceso, Jueces, al proceso, pueblo, al proceso,
no hai mas remedio. Allí no hai constancia de semejante hecho:
luego es bajo la palabra del Sr. Fiscal, que él se quiere dar por
sentado i probado. Los juicios deben llevar por cabeza los hechos,
i por pié la aplicacion del derecho; no existiendo los primeros, es
visto que no puede tener lugar la aplicacion de ninguna
consecuencia legal.
«Si hubiera querido el Sr. Fiscal fundarse en una cosa sólida,
hubiera informádose de la situacion de mi casa, hubiera visto que
del porton de ella a la pieza en que vive una pobre vieja, tia mia,
enferma, i una jóven cansada de lidiarla, hai mas de treinta varas
de fondo, en una pendiente; i convencido de la imposibilidad de
oirse adentro lo que pasa afuera, no habria formulado uno de los
cargos que me hace.
«¡ Cómo! no contradice enérjicanmente, dice el Sr. Fiscal a
Ignacio Rodríguez el dia del careo en la Jefatura política. Sin
embargo, no atiende a que allí sostuve mi dicho bajo de juramento i
con la firmeza de un hombre de mi clase; pero hai muchos que no
entienden esta firmeza, no obstante que aparentando semejante,
virtud, hablen mas que el lenguaje de las verduleras. ¡ O Dios mio!
yo he oido aplausos dentro del recinto, dirijidos a este último
lenguaje.
«Conseguí que Juan Ruel (¡Ah Juan Ruel! Dios le perdone!) fuera
conmigo en ausilio de Ferro, de un muchacho a quien quise porque me
sirvió con cariño cuando pudo, i le dije que tomáramos la direccion
mas corta a la casa de aquel desgraciado: tomamos en efecto la
plaza de Bolívar, por su diagonal, a seguir por la carrera de
Bolivia; i cuando ibamos llegando al punto donde nos dirijiamos, un
comisario de policía me ordenó que le siguiera.- Por qué? le
pregunté yo con la calma del que tiene su conciencia
tranquila.-Nada se me respondió.-EI Jefe político ¿dónde está?
volví a replicar. -En la casa de Ferro, me contestó el
comisario.-Adios Juanito, le dije al tal Ruel, que ha manifestado
públicamente desprecio al manifiesto que inmediatamente despues de
mi prision, me separé de él. No es cierto, pues, que yo siguiera al
ajente de policía que me intimó la órden, sin hablarle; i con el
mismo Sr. i su partida de comisarios desmentiria el dicho de Ruel
en tal punto, si no estuviera cerrada ya la puerta para la prueba.
Las cuadras que con Ruel tomé aquella noche para ir a donde Ferro,
mui léjos de ser las mas largas, son las mas cortas, como lo notará
el que cuente de la esquina de la calle de Florian en la plaza,
tomando la diagonal i subiendo luego por la carrera de Bolivia
hasta aquel punto, i compare despues el número de cuadras que hai
al mismo sitio, tomando la carrera de la puerta falsa de la
Catedral, o sea del Oriente.
«Como a las 9 de la noche del 24 de abril, Josefa Andrade,
criada de Manuel Ferro, pidió ausilio de médico en la botica de
Ruel para su amo que habia sido herido en la puerta de mi casa.-;
En el porton de mi casa! esclamé yo fuertemente (así lo ha
declarado Ruel en contradiccion con Acevedo que dice que yó me
quedé mustio, i que vió en mi cara el síntoma de la delincuencia.)
Tambien en su estudio vió el Sr. Fiscal, como el indio Tégua en el
fondo de un platon de agua, mi fisonomía estampada con el
sentimiento del criminal. No al juicio de los que piden sangre,
sino al de los intelijentes humanitarios cristianos, llamo a que
sean sentenciados estos dos célebres dinámicos espirituales.
«Muchos del pueblo han asegurado que Manuel Ferro habia dicho,
que Raimundo Russi era uno de sus asesinos. Hai declaraciones de
todo el bajo pueblo sobre aquello, si lo quiere el ilustre
acusador; i si las busca en el pueblo llamado culto, tambien las
halla con el mismo fundamento; porque en la masa casi total hai la
misma facilidad para circular lo que oye, para creer sin examinar.
Empero, el dicho jeneral se funda en el de Manuel Ferro, i tiene
tanto fundamento como el que tuvo el pueblo ateniense para creer
delincuente a Sócrates, por el dicho de sus acusadores Anito i
Melito, sacerdotes de Baco.
«Salí a las seis i media, poco mas, de la casita que forman las
piezas altas de la casa grande que habitaba el 24 de abril, a cuya
casita me habia retirado desde las cuatro i media con Pardo i
Ramos, citados en mi declaracion instructiva: con Cáceres i
Barragan estuve en aquel punto desde tal hora hasta las mencionadas
seis i media, en que me separé de ellos, lo mismo que de la señora
Nieves Alarcon de Quintana, que fué con el objeto de que le diera
unos pesos por cuenta de lo que le debo, como consta de mi diario i
apuntamientos. Inmediatamente me vine para la calle de Florian a la
botica del Dr. Ruel, en cuyo sitio permanecí hasta que con el mismo
Ruel salí en ausilio de Ferro. ¡Dios! el tiempo juzgarán señor
funcionario de instruccion, por no haber evacuado las declaraciones
de Ramos, Pardo i demas que yo cité para mi justificacion!
«Como no tengo reloj, no ví la hora de que voi a hablar: tampoco
oí la campana que pudiera anunciármela; en una palabra, no pude
fijar instantes. Asi que pude equivocarme cuando dije que habia
salido a las seis i media, poco mas, i en esto no podia haber nada
de particular. Los personas acostumbradas a cargar reloj se
equivocan muchas veces cuando quieren dar razon de las horas por
cálculo i sin ver la muestra. ¿Qué, pues, tendria de particular que
se equivocase en ella el que no tiene semejante finca, ni semejante
costumbre? Nada. Pero lo que hai de cierto, es lo siguiente: que un
momento despues de las siete i media (declaracion de Ignacio Ruel,
con vista de su reloj) estuve en la botica; i siete i media
pasadas son en efecto las que señalan Meliton Ortiz i Juan Ruel.
De siete a ocho dijeron Cuevas, Rivas i Uribe haberme visto;
serian, pues, escasas siete i media cuando esto sucedió, puesto que
a la botica llegué un instante despues,
«La señora Rafaela Escandon, cuyas ventanas de las piezas en que
habita están inmediatas al porton en donde Manuel Ferro recibió las
heridas, sintió que al momento de ser atacado este, gritó diciendo
ausilio Dr. Russi, que me asesinan los ladrones. Esta señora fija
la hora del suceso, a las ocho de la noche.
"Simon Bonilla, que fué el que inmediatamente pasó por junto al
sitio donde estaba Ferro tendido i que ayudó a llevarlo a su casa,
fija la hora del suceso a las ocho de la noche. Francisca González,
esposa del finado, dice: que a los tres cuartos para las ocho se
vino para su casita a aguardar a su marido a quien hasta esa hora
estuvo espionando, i que un poco despues se lo llevaron herido. Es
de notarse que la casa de dicha señora dista de la mia como tres
cuartos de cuadra, i que para ir a ella, o se pasa por el porton de
mi casa, o por la cuadra de encima a volver por la carrera de
Bolivia, i entónces hai que atravezar la bocacalle que mira hácia
mi dicha casa de habitacion; i cuando la señora González pasara
casi a las ocho, nada sintió en tal cuadra, lo cual es mui de
notarse. La mujer Andrade, criada de donde Ferro, salió corriendo a
buscar el ausilio de un médico, i llegó a la botica del Dr. Ruel,
en donde estaba yo, a las nueve .de la noche u ocho i media; i
habiendo en el tránsito de su casa a la botica, siete i media
cuadras, gastaria en andarlas medio cuarto de hora a lo mas (así lo
declaró la dicha señora González a solicitud mia en el Jurado.)
"Cuando el Sr. Jefe político fué a donde estaba el herido, dice él
mismo que serian las nueve de la noche. Como un cuarto de hora
despues de que la criada Andrade estuvo en la botica, nos fuimos el
doctor Ruel i yo para casa de Ferro, i ya el Sr. Jefe político
estaba allí, i habia tomado la declaracion del herido, i habia
mandado que me aprehendiesen.
"De las declaraciones, pues, de los testigos mas inmediatos al
tiempo del suceso, tomo la hora que ellos fijan i es la de las ocho
de la noche. Desde las siete i 'media, segun los testigos que me
vieron bajar, estaba yo en la botica de Ruel, calle de Florian;
pues que allí entré a las siete i media; un momento pasadas, i la
botica dista de la casa señalada algo mas de ocho cuadras. "En la
botica permanecí hasta las nueve o nueve i media de la noche, en
cuya hora nos fuimos con el Dr. Ruel: yo no podia estar a las ocho
de la noche en el porton de mi casa i a la vez encontrarme tambien
en otro punto, ocho o nueve cuadras distantes de ella, porque esto
es materialmente imposible: luego por una deduccion de las mas
rigorosas en lójica, no fuí yo quien hirió a Ferro, no fuí yo quien
pudo hallarse en capacidad física de hacerlo.
"Dos testigos contestes e intachables os convencerian
perfectamente, segun la lel 32, título 16, parte 3.a i el artículo
184 del código de procedimiento en los negocios criminales: pero yo
os he presentado siete cuyos dichos se encuentran en el sumario
obrando en mi favor; por manera que con tal prueba, mi inocencia
está en claro, mi inculpabilidad patente; i no se ha podido sino
infrinjiendo abiertamente las leyes, declarar que el sumario
prestaba mérito para proceder contra mí, cuando el artículo 140 del
código de proceder exije para ello dos cosas: 1.a que haya plena
prueba de la existencia del delito ; i 2.a que exista un testigo
idóneo, o graves indicios contra el delincuente. I el Sr. Fiscal
quedará tambien convencido de que los tres testigos que declaran
que a las siete i media de la noche del 24 de abril me vieron en el
porton de mi casa, son miserables que mienten por solo el gusto de
mentir; que están perjurados por el dicho de los testigos que he
presentado, i ademas contradichos notablemente; porque mio de ellos
dice: que me vió con copa i sombrero de fieltro, el otro que con
ruana redonda i sombrero de fieltro, i el tercero que con capa i
sombrero chiquito. ¿Se podrá dar algun crédito a semejantes
contradichos mútuamente en puntos tan sustanciales? ¿qué base de
raciocinio pudieran ellos suministrar? I ademas, aun cuando fuesen
tres cuaqueros los que así declarasen, ¿no es verdad que están
manifiestamente desmentidos?
"Agrego a este cuadro de pruebas en mi favor, los siguientes
hechos que os deben dar presunciones tan vehementes i decisivas,
que por sí solas i cada una de ellas plena probanza.
"La noche del 4 de abril era oscura, era la tercera o cuarta
despues de la menguante; la calle donde se perpetró el asesinato,
es por sí misma oscura aun en noche de luna; Manuel Ferro estaba
ébrio porque habia bebido mucha chicha, como así lo declaran la
madre i hermana de él mismo; el asesino no tuvo voces con él,
porque si no, lo hubieran oido; los golpes del criminal fueron
dados con precipitacion, i el escape ha debido ser en el momento;
todo lo cual lo colejireis de que al recibir las heridas, gritó, i
la señora Escandon abrió al proto su ventana, no viendo a nadie
mas, que al herido en aquel paraje. Ahora respondedme: ¿pudo
conocer aquel desgraciado claramente a sus asesinos, pudo contar el
número de ellos, pudo distinguir quién le diera tal puñalada, cuál
la otra? Esto es de todo punto inverosímil, i su misma
inverosimilitud arguye contra el dicho del paciente a que se ha
querido dar tanto valor.
"¡Pasad a mi lugar un momento, señor Fiscal! Un móvil dado os
compele a dar muerte a un hombre, i teneis o no cómplices; decidme,
¿elejireis por sitio el porton de vuestra casa para perpetrar el
delito? ¡No, que esta seria la mayor de las torpezas! .... torpeza
que yo rechazo i que no se me puede aplicar en gracia de
justicia.
"Mas, pretendeis la muerte de un hombre, teneis la facilidad de
atraerlo a vuestra casa en el dia o en la noche, aquella casa es
grande, vivís casi solo, teneis conocimiento del tiempo en que está
en la calle, del en que puede estar en su habitacion, del cuidado
que la familia tenga por él, sabeis positivamente que rara vez va a
su casa ántes de las doce de la noche i muchas veces al amanecer;
¿i con todos estos datos le hareis el daño en la calle a una hora
en que todo el mundo vela i anda, arriesgando vuestra honra,
vuestra fortuna i vuestra vida, en lugar de conducirlo al punto mas
conveniente i apropiado para la seguridad i para el secreto? ¿Por
qué, pues, señor, considerarme a mí tan torpe que fuera a faltar a
aquellas consideraciones que al mas palurdo de los hombres se le
hubieran de ocurrir?
"Si algun móvil me hubiera compelido a dañar a Manuel Ferro, yo
hubiera procedido con alguna cordura, puesto que tenia amistad con
él i conocia su vida; i hoi no sabrian, no, quién hubiera
quebrantado con él el quinto precepto del decálogo.
"Señores Jurados: comparad la prueba que os doi para acrisolar
mi inocencia, con la que os ha presentado el señor Fiscal para
cubrirla de luto; i fijando vuestra vista en Dios i la lei, es
imposible que no halleis que la primera despeja evidentemente la
incógnita que buscais, es imposible que no os veais movidos a
declararme altamente inocente e indigno de los martirios que he
sufrido i a que la fatalidad me ha conducido. Al brillo de la luz
que me rodea, poniéndole casi diáfano para poderme penetrar, no es
posible, no, que se puedan resistir vuestras conciencias, i tanto
mas hoi que creo que la suerte os presenta con claridad los
ejecutores del crimen, en los propios términos en que los mencioné
Manuel Ferro, segun los denuncios de varios individuos que os han
instruido ya bastante en el particular. No dudo tampoco que la
sabiduría i penetracion del señor Juez, sabrán descubrir
perfectamente la verdad, la verdad, sí, que disipará la tiniebla;
que rasgará el velo i que hará desaparecer la duda, conduciendo al
Jurado a acertar con el criminal para escarmentarlo, no a cometer
un horrible asesinato oficial, que socabaria el sepulcro de la
sociedad, que haria temer a la virtud, que haria reir al criminal,
llevando el anatema de la imparcialidad i de la historia, sobre las
cabezas de los que quisieran sellar con la sangre de un inocente el
libro de los destinos del pueblo.
"¡Juez omnipotente del cielo i de la tierra! mi Dios! bendigo
mil veces vuestros decretos soberanos i adorables! soi inocente i
he vivido con pureza siempre! Hoy soi herido de muerte por hombres
que no saben lo que han hecho! se me cierra, yo lo veo, el templo
de la justicia, observo derribar su altar, miro que se ciegan sus
fuentes, siento despedazar el fiel de su sagrada balanza!
"Pues bien, si es que me quitan la vida, muero inocente, no
llevo remordimiento alguno; pero sí, Dios mio! llamad conmigo a
juicio a mis jueces de la tierra.... yo os pido justicia i
misericordia o los cito para ante vuestro Tribunal Santo, único que
da perfectas garantías, a la vez que llena de consuelos el
alma.
"JOSÉ RAIMUNDO RUSSI."
El pueblo sintió la ejecucion de la sentencia de muerte en el
infeliz Russi; el pueblo dejó caer la venda del furor i de la ira,
i se arrepintió de su obra! Si Russi fué inocente i el pueblo
injusto, debe espiarse la culpa honrando su memoria.