INDICE





Introduccion

Reseña histórica

Capítulo 1 - El mendigo

Capítulo 2 - Una visita en palacio

Capítulo 3 - El cuarto de Rosina

Capítulo 4 - Los portales

Capítulo 5 - Una beata

Capítulo 6 - Una amenaza

Capítulo 7 - La prediccion cumplida

Capítulo 8 - Meditacion

Capítulo 9 - Una sorpresa

Capítulo 10 - La casa de los ejercicios

Capítulo 11 - Nuevo apostolado, la iniciada en el templo

Capítulo 12 - La choza de la muerte

Capítulo 13 - El espiritu de asociacion

Capítulo 14 - Un sueño

Capítulo 15 - Las dos cartas

Capítulo 16 - Los dos embozados

Capítulo 17 - Descubrimiento

Capítulo 18 - El sabio magnetizador

Capítulo 19 - La cartera

Capítulo 20 - El 10 de marzo

Capítulo 21 - Causa célebre - Russi ante el Jurado

Capítulo 22 - Preliminares de rebelion

Capítulo 23 - Rosina o Clodomira

Capítulo 24 - El refinamiento de la crueldad

Capítulo 25 - La revolucion

Capítulo 26 - Ricardo el sepulturero o el loco sentimental
CAPITULO 19.

 

LA CARTERA.

 

Entretanto los dias me parecian siglos, esperando la fecha en que debia traducir el contenido de la cartera de Ricardo, es decir el 24 de febrero de 1851: Estábamos a 21 del mismo mes: la cartera la mantenía yo en mi bolsillo para mayor seguridad; habia sacado en limpio la clave i constantemente la leía i estudiaba para recomendar a la memoria los signos de ella, pues era tal la ansiedad que tenia por la traduccion, que me figuraba que podia perdérseme el papel en que estaba escrita. Aprendí en efecto la clave de memoria i rompí el papel que la contenia para evitar que por algun accidente cayera en manos de otro.

Muchas veces tuve la tentacion de empezar a traducir ántes de que espirara el plazo, dándome a mí mismo por escusa, que algun acontecimiento imprevisto me podría impedir despues la lectura de la cartera misteriosa. Pero ese justo sentimiento de probidad que la naturaleza inspira al hombre, se despertaba en mi mente i renunciaba a la tentacion, contentándome con tocar por encima el tesoro que encerraba mi bolsillo, como para cerciorarme que lo poseía. Tres dias faltaban para cumplir el término de los veinte que debia esperar i estaba repasando en la memoria los signos de la clave a las siete de la mañana, cuando entraron repentinamente a la pieza en que me hallaba, cuatro hombres enmascarados, con sombreros gachos, ruanas largas de bayeton i alpargatas; i sin darme tiempo para nada, me aprisionaron i despues de amarrarrne con una soga, me sacaron al corredor i me ataron a una columna con las manos atras: amenazándome durante todo esto, con puñales tan limpios, que sus reflejos me parecian los relámpagos del rayo. El único recurso para mí habria sido el de gritar a las criadas, pero se me había intimado que guardara silencio, so pena de ser acribillado a puñaladas: al cabo me dijo uno de ellos con voz finjida:

-Dispense U. la cortesía; tenemos necesidad de rejistrar la casa; es indispensable poner en seguridad todos los intereses; tenemos un sitio para depositar todos los efectos que consistan en oro, piedras preciosas i plata, junto con el dinero que hallemos en poder de hombres como U; i como era natural que buenamente i sin estos requisitos U. no se habría prestado a entregarnos lo que posee, hemos resuelto hacer lo que está viendo. Sin embargo: puede U, contar con que lo que llevemos de su casa no correrá el riesgo que corren hoi las riquezas que encierran los cofres de los capitalistas: U. vé que la ciudad está plagada de ladrones, i que los ciudadanos están espuestos, por tener riquezas, a perder la vida.

Dijo esto, dió órden a uno de ellos para que se quedara parado haciendo el oficio de centinela de vista a mi lado, i que me pasara el corazon con su puñal si movia los labios para llamar, en tanto que entraba con los otros a las piezas interiores.

Luego que se hallé el centinela solo conmigo, se me acercó i metiendo las manos en mis bolsillos, sacó de ellos mi relój i una bolsa con algunas monedas: creí que no pasaria adelante su osadía, pero me engañaba; me despojó de la corbata que tenia en mi cuello i despues, descubrió mi bolsillo interior i echó mano a mi tesoro, a la cartera de Hasta entónces yo habla guardado silencio, pero al tiempo de sacar la cartera esclamé; ¡pasadme el corazon, pero....! No acabé la frase, pues se me ocurrió de pronto que esto podia llamarle la atencion a la cartera i yo hallarla mas dificultad para recuperarla. En efecto, mi esclamacion i movimiento, le despertaron la curiosidad i avivaron su ambicien, pues abrió la cartera con ostensible interes: examinó todos sus secretos i no hallando sino lo escrito en sus pájinas con signos arbitrarios, me pidió la clave. Yo le contesté que el contenido de esa cartera debia serle insignificante, puesto que eran asuntos amorosos los que ella encerraba, locuras de la juventud, que habia conservado así como un recuerdo de mis primeros años. Entónces la cerró i pensando yo que me la iba a devolver, vi con pesar que la guardó en su bolsillo. ¡Por Dios, mi cartera! dije con voz fuerte. Al momento salieron los otros i por la prontitud con que acudieron, salió uno de ellos sin la careta, inadvertidamente; i aunque cayó en cuenta de su descuido i retrocedió, ya era tarde; yo lo habia reconocido, e imprudentemente esclamé: «Es inútil retroceder, te he reconocido.» Entónces volvieron todos atras, como heridos por rayo; entraron a la sala i empezaron a conferenciar, hablando bajo, sobre lo que debian hacer. Yo alcancé a oír que se juzgaban perdidos, i trataban de resolver si debian asesinarme para salvarse, uno de ellos dijo: «es para un caso de estos que sirve el valor i fuerzas i no hai otro remedio, á la obra.» En el momento salieron i con los puñales preparados, se me dirijieron. Juzgué llegada mi última hora i no me quedó mas recurso que jurar por Dios i por mi honor no denunciarlos i ademas ofrecerles mil i quinientos pesos que poseía escondidos en un secreto donde no podian haber penetrado. Detuvieron el golpe oyendo mis ofertas i variaron de determinacion, lo que me dió lugar para reflexionar algo mas i les dije: es mi voluntad hacerles donacion de todo i quedaré contento si se me devuelve la cartera; esta para nada puede servirles i para mí es un objeto de aprecio por los recuerdos que contiene.

Mis razones, juramentos i ofertas los vencieron, por que despues de otra conferencia secreta, me dijo un de ellos:

-Convenimos; pero es indispensable que renueve U. el juramento de no hablar a nadie sobre esto. Si violare U. las promesas nos responderá con la vida.

-Repetí el juramento i les indiqué en donde estaban los 1,500 pesos en onzas de oro. Entraron, las tomaron i volvieron a salir entregándome al despedirse, la cartera, la cual pusieron en uno de mis bolsillos. Me dejaron atado a la columna despues de algunos minutos empecé a gritar a las criadas i apénas alcanzaba a oír que me contestaban diciendo: estamos encerradas. Yo no podia soltar mis ligaduras i tuve que permanecer así, como algo mas de una hora a cuyo tiempo se presentaron los dos emboza dos; los que manitestaron sorpresa i sentimiento al verme atado a la columna. En el momento soltaron las ligaduras i me pidieron informes sobre el hecho: yo les dije, que me habian amarrado así unos hombres que juzgaba locos. Aunque se me exijieron detalles, yo evadia las preguntas que me harian con tal objeto. Despues de eso me dijeron que estaban comisionados por el Superior para exijirme por escrito la contestacion que le debia; añadiendo; que él juzgaba suficiente el tiempo que habia pasado, para que hubiera meditado con detencion el asunto. A la verdad yo lo habla meditado, pero no me habia decidido en ningun sentido, estaba vacilante: para salir del apuro por el momento, les dije:

-Tened la bondad de manifestarle al Superior, que tengo necesidad de hablar con él para decidirme: que deseo saber si me puede conceder esta gracia.

-Muy bien, me contestó uno de ellos, bien pronto se sabrá su determinacion.

Se despidieron i noté entónces que la barba de uno de ellos era postiza i aun me pareció que habia diferencia entre la fisonomía de estos i la de los que me condujeron; ante el adivino; sin embargo, atribuí la diferencia a la luz, pues no los habia visto de dia.

Lo primero que hice luego que salieron, fué ir a sacar a las criadas del encierro en que estaban: una de ellas había empezado a romper con un cuchillo la tapia, con e1 fin de hacer un agujero para salir. Ambas estaban llorosas, aunque no habian sufrido sino el encierro i las amenazas de ser asesinadas si llamaban a alguno. Despues pasé a saber lo que me habían robado i no hallé fincas, ni dinero. Esta nueva, desgracia me afectaba mas porque entre lo que poseía en fincas i numerario, estaba incluida la dote de Rosina, pues a pesar de creer que esta se hallaba cercana a la tumba, segun la carta que habia recibido de ella 23 dias ántes, yo no perdía la esperanza de que viviría i que podria salvarla. Confiaba en que recabaria la gracia del adivino i que me diria en donde estaba, dándome los medios de rescatarla. El robo ya era un hecho consumado i sin remedio, pues aunque yo conocia a uno de los ladrones, el cual no era un hombre mui vulgar, yo estaba ligado por el juramento, a guardar silencio.

Empezé a meditar sobre la resolucion que debia tomar pera responder al adivino i no sabia que hacer: por una parte estaba en mis intereses congraciarme con ese hombre estraordinario para conseguir que me hiciera sabedor por medio de su ciencia: 1.° el oríjen de la obstinada persecucion que me habían jurado enemigos encubiertos: 2.º quiénes eran estos: 3.º cual era la suerte de Rosina i como podria hacerme a ella: 4.º cual seria mi suerte futura i 5.° que me alzara el velo de los misteriosos acontecimientos de mi vida. Por otra parte la idea de conspirar contra el Gobierno de mi patria, estaba en pugna con mis convicciones: porque (reflexionaba yo) si es verdad que la lejislacion vijente es un cáos, el Gobierno un problema i las garantías una quimera, ¿la conspiracion a mano armada será el único remedio que deba emplearse para mejorar la situacion? i aun suponiendo indispensable el movimíento insurreccional, quién garantiza que el jefe de la conspiracion, no ejerza la tiranía despues del triunfo? ¿Alguna vez los bienes que se obtienen en un violento cambio político, indemnizan siquiera en una décima parte los males que los pueblos han sufrido dura la conmocion? ¿En los paises en que el pueblo delibera i decide las cuestiones de gobierno, puede tener escusa razonable el conspirador? Donde la tribuna í la imprenta ofrecen a la intelijencia el triunfo de los principios sobre las preocupaciones i el dominio del derecho sóbre el abuso, ¿no es un crímen imperdonable emplear la fuerza, la violencia para plantear un mejor órden de cosas?

Tales eran las reflexiones que hacia i no encontraba solucion que dar a la dificultad en que me hallaba para contestar decisivamente al adivino: miéntras mas pensaba, ménos decidido parecia i la decision era urjente. El adivino mostraba interes en comprometerme para la conspiracion; interes que probablemente estaria basado en la influencia que yo ejercia en una gran parte de la clase obrera de la ciudad pues acaso juzgaria que complicándome en el plan, contaria con mis adictos.

En el mismo tiempo los partidos políticos se hallaban exaltados, los liberales concurrian a las sesiones de la Sociedad Democratica i los conservadores a la Sociedad Popular: en ámbas sociedades se discutian sus principios políticos, pero las mas veces desacreditando en los discursos los de la escuela contraria, i casi siempre injuriando a los sectarios antagonistas. Los jefes o directores de la Sociedad Popular, empezaron entónces a reunirse privadamente para escojitar los medios de que debian valerse para obtener un cambio en las instituciones políticas i el consiguiente reemplazo de los mandatarios públicos. Se hablaba en los corrillos de una próxima revolucion, tramada por los conservadores i se aseguraba que el plan estaba combinado, aunque la fecha en que debia estallar no estaba determinada. Desde luego yo no podia creer que esa révolucion premeditada, fuera la misma que intentaba el  adivino, puesto que en los planes de este eran desechados lo principios de una i otra de las escuelas que se disputaban la supremacía, segun se me habia esplicado: a no ser que para comprometerme, hubiera trátado de fascinarme con esos razonamientos plausibles.

A pesar del embarazo en que me hallaba para contestar decisivamente al adivino, deseaba con ansiedad la noche, esperando la vuelta de los embozados para que me llevaran segunda vez cerca de su señor. I adviértase que si en realidad dos embozados eran los que me habian causado inmensos males, i que sin embargo de esto deseaba la vuelta de dos embozados, era porque yo juzgaba que estos no eran los mismos que Ricardo vió en los portales, ni los que me habian perseguido constantemente.

Llegó la noche i esperé en vano hasta las doce, i del mismo modo las dos siguientes; perdí, pues, la esperanza de ver otra vez al adivino i aun llegué a juzgar que no habiéndome decidido sobre si tomaba o no parte en la conspiracion, ese hombre, que quizá penetraba mi pensamiento, no habia insistido en mandar sus comisionados.

Era el 24 de febrero el dia deseado para imponerme del contenido de la cartera; así lo primero que hice inmediatamente que me levanté, fué tomarla i abrirla, hallé entre ella, la tarjeta que los dos embozados dejaron en mi mano la noche que me acompañaron hasta el porton de mi casa. No pude recordar si yo mismo habla puesto esa tarjeta allí, peró sea lo que fuese de esto, me llamó la atencion, pues advertí una coincidencia rara; la tarjeta como hemos visto, no contenia mas que dos RR. i debia admirarme de hallar en ella las iniciales de los nombres de las personas que mas me interesaban i dentro de la cartera que debia tratar de ellas. Podia ser una casualidad, pero me inclinaba a creer que en esto podia tener parte el adivino: poco despues meditando sobre el modo como vino a la cartera esa tarjeta, recordé que cuando el enmascarado la sacó de mi bolsillo i la abrió en mi presencia, no ví que estuviera en ella la tarjeta. Empezé a traducir, i las dos primeras palabras eran:

«Ricardo i Rosina »

¿No debia preocuparme mucho mas la coincidencia al traducir estos dos nombres? Tomé nuevamente la tarjeta para examinar si tenia algun secreto, o en sus dibujos algunos signos de escritura, i estando en esto se aparecieron les dos embozados diciéndome:

-El Superior entiende que U. no está decidido i nos ha comisionado para que pongamos en manos de U. este pliego, exijiendo que se imponga inmediatamente de su contenido, para que pueda resolver definitivamente la dificultad en que se halla. Está preparado el Superior para recibir a U. a la noche, i tendrémos la satisfaccion de volver a conducir a U. a su presencia.

Me entregaron el pliego i se despidieron: en el acto lo abrí i hallé un cuaderno de 500 pájinas que empezaban así:

«Demando atencion no interrumpida. »

Juzgué que las horas del dia no serian bastantes para imponerme del todo, i aunque tenia un interes vivísimo en traducir el contenido de la cartera, puse esta a un lado i empezé la lectura del cuaderno, pues debiendo presentar me esa noche al adivino, debia estar impuesto en aquel, i con tanto interes, cuanto era el que se me habia manifestado por los comisionados para que me impusiera inmediatamente.

El contenido era el que sigue:

«Mi programa. »

Contrataré un empréstito por seis u ocho millones de pesos para aténder a los gastos públicos que juzgo indispensables.

Arreglare definitivamente la amortizacion de la deuda que pesa sobre el Gobierno, i recabaré todas las ventajas posibles en favor del crédito público. Promoveré la educación de la juventud i la instruccion de las masas populares, conciliando siempre los intereses públicos con los intereses individuales en la direccion i enseñanza en los establecimientos de este ramo. Haré formar un instituto científico e industrial, en la capital de la Nacion, con ramificaciones en las demas provincias. Estableceré en cada capital de provincia una casa de artes i oficios, con las rentas i enseres necesarios para la enseñanza. Enriquecerán la biblioteca i museo nacionales obras escojidas i objetos raros que costearé de mis fondos. Haré premiar con oro, i títulos de hónor a los autores de obras físicas o intelectuales que manifiesten la lucidez del jenio i de la intelijencia. El mérito será premiado en todo sentido.

Facilitaré la navegacion en todos los rios que la permitan, allanando los obstáculos que la impiden, se abrirán caminos carreteros por el método de Mac - Adams, de Bogotá al Pacífico, al Táchira i al Meta: de Sanjil al Opon: de Vélez al Carare: de Cali a Popayan: un poco mas tarde haré construir ferrocarriles en las mismas direcciones.

Escojeré i pagaré bien los mejores profesores de ciencias naturales para mandar comisiones a esplorar la cordillera central de los Andes, las márjenes del Marañon, la parte oriental de los llanos de Casanare i las, costas de uno i otro mar, con el objeto de que formen i presenten al Gobierno colecciones de muestras de todos los productos naturales para poder ofrecer a todas las naciones los productos de nuestro suelo en cambio de sus riquezas; remitiendo parte de esas muestras a todas partes para avivar en el estranjero el deseo de adquirir, i llamar así la inmigracion que debe dar un gran valor a nuestro territorio.

Garantizaré el derecho de propiedad, como fuente de riqueza i de progreso.

Daré completa libertad a comercio.

Ante las autoridades gozarán todos de igualdad para reclamar i hacer efectivos sus derechos.

Los gastos públicos se harán de los fondos; creados por las contribuciones que se impongan sobre las rentas de los particulares; a cuyo efecto se formará un catastro, i todo ciudadano será contribuyente, sin escepcion i proporcionalmente.

Haré publicar i distribuir a todos los pueblos un diario que difunda los conocimientos útiles a la industria en todos sus ramos.

En la capital de cada provincia mandaré abrir un establecimiento de beneficencia i caridad, el que, sirviendo de hospital i hospicio, recibirá a los indijentes para vestirlos i alimentarlos i darles ocupacion.

Mantendré la fuerza armada indispensable para mantener el órden, conservar la paz i hacer cumplir las leyes i decretos del Gobierno, la que servirá de base para formar el ejército necesario en caso de invasion.

El poder judicial será independiente i los jueces durarán en sus destinos el tiempo de su buena conducta.

Todos los ciudadanos serán acreedores a los destinos públicos, siempre que sean aptos para ejercer las funciones de estos; prefiriendo los que tengan mas ante el pueblo, i sin atender al partido a que hayan pertenecido. No habrá destinos puramente onerosos, todos estarán bien dotados i los empleados serán responsables estrictamente de todos sus actos como tales.

Protejeré la relijion que profese la mayoría de los ciudadanos, e intervendré en la eleccion de sus ministros. Toleraré i haré respetar el ejercicio del culto de las demas relijiones.»

Estos eran los artículos primordiales del sistema que pretendia adoptar el adivino; despues de otros secundarios, seguia la esplanacion de los principios que apoyaban su programa i los razonamientos justificativos de su sistema de Gobierno: i el todo, como he dicho, ocupaba 500 pájinas. Acabé de leer a las nueve i media de la noche; tomé una taza de café i volví a tomar la cartera para seguir la traduccion: el primer capítulo que traduje i escribí a mismo tiempo, era el siguiente:

«Yo era mui jóven cuando el buen Carlos Fernández colgó a mi cuello un relicario, recomendándome que lo conservara como un objeto que encerraba un misterioso tesoro de amor paterno. La recomendacion era sagrada  cumplí relijiosamente: todos los dias al levantarme del lecho en que pasaba la noche lo primero que hacia, era tomarlo en mis manos i contemplarlo, en tanto que rezaba las oraciones que me habian enseñado en la niñez mis desgraciados padres Carlos i Jenoveva. El 4 de noviembre último, dia memorable para mí por ser el del santo de mi padre, contemplaba el relicario con todo el interes que inspira el amor filial a la vista de un objeto que trae a la memoria al autor de nuestra existencia, i reparando con suma atencion la pintura, noté en medio de esta, en uno de sus lados, un letrero en caractéres tan pequeños, que eran casi imperceptibles: me fijé cuanto fué posible i pude descubrir estas palabras: «Secreto de tu nacimiento.» «En el momento i con mas vivo interes traté de penetrar dentro del relicario. Hasta entónces no habia creido, ni sospechado que en este hubiera mas que un objeto digno de aprecio por una parte i de culto relijioso por otra, puesto que contenia en miniatura en el anverso una mujer bellísima con un hermoso niño en sus brazos, la que yo reputaba como la imájen de la Vírjen de Belen, i en el reverso un hombre de fisonomía agradable, sentado con una niña mui pequeña sobre sus rodillas a quien yo tomaba por San Joaquin. Volví el relicario por todos sus lados tratando de ver si podia abrirse, pero no hallé la menor señal de que fuera de piezas: el óvalo estaba enterizo i completamente cerrado. Abandoné mis pretensiones i volví a poner a mi cuello el relicario dando un suspiro.

«Llegó la noche de ese mismo dia i tuve la felicidad de obtener la luz de una bujía, que dejó olvidada uno de los impostores de mi prision: me aproveché de ella para examinar nuevamente el relicario, pues me acordé que el buen Carlos me recomendó encarecidamente la conservacion de aquel precioso objeto, repitiéndome que encerraba un misterioso tesoro de amor paterno. Volví a leer el letrero i se me ocurrió en el instante, que el óvalo podia contener algun muelle i que al apretarlo en algun punto, pudiera abrirse: empecé, pues, a apretar los puntos que tenia en relieve i ví con alborozo que saltó de repente la tapa: dentro hallé un papel de seda escrito i mui bien colocado, cuyo contenido hallará U. adelante. Es bien difícil que comprenda U. exactamente el efecto que produjo en mi alma ese escrito; i menos que valúe U. las sensaciones de placer i de pena que afectaban mi espíritu al reconocer en esas pinturas del relicario los retratos de mis verdaderos padres i el de mi hermana idolatrada, la bella Clodomira. ¡Quisiera tener tres minutos de libertad para mostrar a U. esta finca de valor supremo! Para evitar el despojo de ella aun despues de mi muerte, he cubierto lo principal con una tela oscura i ordinaria: quiero llevar, aun en mi sepulcro, ese relicario misterioso; a no ser que viva mi hermana, porque entónces seria U. tan jeneroso, que buscaria la tumba del mendigo Ricardo i penetrando en ella tomaria el tesoro para colocarle en el «pecho de su hermana. »

Iba en esta parte de la traduccion, cuando entraron los dos embozados diciéndome:

-Es la hora; venimos a conducir a U., el Superior desea que lleve U. a un niño para que vea U. algunas esperiencias que pretende hacer con el fluido magnético.

Cerré la cartera, me preparé i seguí con ellos. Al pié do la estátua de Bolívar, se repitió la misma operacion de vendarme i continuamos la marcha. Llegamos, i se repitieron tambien las mismas ceremonias que hubo en la primera noche que penetré en el aposento del sabio. Luego que me quitaron la venda i pasado el saludo, me dijo el adivino:

- Veo que no habeis traido el compañero que os indicaron mis servidores, segun mis órdenes.

-No me era fácil, le contesté, pues no tenia niño a mi disposicion para satisfacer la exijencia por una parte i la curiosidad por otra.

-No importa mucho eso, aunque deseaba que presenciárais i oyerais a un niño cualquiera hablando el ingles, el frances, el italiano, el latin o algun otro idioma: i esto solamente con la influencia de mi voluntad con el intermedio del fluido magnético. Pero no importa, repito, haré otra esperiencia, que si en verdad os ha de sorprender mas, no por eso necesito hacer mayor esfuerzo, acaso os parecerá admirable; mas no tiene otro mérito que la repeticion de un hecho mui antiguo, consignado en algun libro i que se ha tenido como una fábula por hombres que se precian de instruidos en las ciencias físicas e intelectuales. Esperad.

Al decir esto, se paró i acercándose a la puerta dijo en voz alta: ¡«Tamerlan»! i volvió a ocupar su asiento.

Antes de un minuto dé haber llamado, entró un gran perro de Terranova. Yo me atemoricé al verlo entrar de prisa, pero me tranquilicé algun tanto luego que ví que pasó sin manifestar estrañeza por mi presencia. Se llegó cerca del sabio, meneando su hermosa cola i se sentó atento, cómo esperando alguna órden. Entónces el adivinó le pasó la mano algunas veces sobre la cabeza, teniendó fija su mirada a los ojos del perro. Pasados como diez minutos en esa operacion, me dijo:

-¿Creis en tradicion singular que se nos refiere sobre que en los antiguos tiempos hablaban los animales?

-He leido que la burra de Balaan habló, i tambien que un venado dijo: ¡Santo! Santo! ¿por qué me persigues?

¡I eso os parece cierto?

Parece imposible, pero siendo un milagro………………

-¿Imposible? Oh! la falta de ciencia o la ciencia a medias dá lugar a la incredulidad. Tened bien presente este aforismo.

Dijo esto i dirijiéndose nuevamente al perro le mandó que fuera al gabinete de estudio i le trajera el primer tomo de la obra titulada: «Observaciones astronómicas. » El perro salió en el momento i en medio minuto volvió trayendo en los dientes un volúmen en 8.º mayor. El adivino lo recibió i poniéndolo sobre la mesa abierto, fijó sus ojos en una de sus pájinas i en seguida dijo al perro:

-¿Podrás responderme a lo que te pregunte?

El perro hizo una inclinacion de cabeza, como contestando así, afirmativamente. Conocí que ese animal estaba bien adoctrinado, i ya me figuraba que a cada pregunta inclinaria al suelo la cabeza o la menearia a los lados para contestar sí o no, segun la señal o tono en que le hablara el adivino. Esto me hizo formar una idea poco favorable a ese hombre, pues juzgaba que iba a hacer uso de una vulgaridad para fascinarme, o mas bien para tratar de convencerme que los animales entienden lo que se les habla, i sacar despues por consecuencia, que de entender a hablar, la diferencia es nimia. Yo conocia demasiado hasta donde puede un perro manifestar su intelijencia: yo mismo habia tenido uno de la raza de esos perros españoles que llaman perdigueros; animal mui bien formado, era blanco, salpicado de azul; la cabeza negra con una lista blanca en medio, los ojos negros i grandes como los de una cierva, las orejas largas i sueltas, i el anca negra. Este perro conocia perfectamente las cosas de mi uso i rarísima vez se equivocaba, cuando le mandaba traer un paño, un sombrero, un libro, mi calzado, etc. Conocia las piezas de habitacion de mi casa, por sus nombres; i al mandarle que fuera a la cocina a traer candela, a la despensa a traer un cuchillo, o al dormitorio a traer una almohada, nunca tomaba otra direccion que aquella que la voz le indicaba i en el momento volvia con el objeto pedido. Entendia todas las voces de direccion, tales como, arriba, abajo, al frente, allí, aquí, encima, debajo, atras, adelante, ahí. En una palabra, ese perro el mas intelijente de los animales que he conocido, era mas activo, entendido i servicial que muchos de los criados que he tenido. Alguna jente del pueblo llegó a pensar que hacia todo eso i mucho mas que no refiero, por alguna influencia del Diablo: i personas del vulgo hubo que dijeran, que era mi familiar, es decir: un espíritu diabólico que me protejia en figura de perro.

Pues bien, despues de saber, como he dicho, hasta donde pueden entender i obrar los perros, ¿deberia apreciar en algo lo que juzgaba que el adivino iba a obrar con el perro? El alto grado de intelijencia i sabiduría a que yo habia elevado en mi imajinacion al adivino, bajo repentinamente al ver la simpleza de mandarle traer un libro a un perro i hacerle mover la cabeza, como prueba de ese poder magnético i de esa influencia de que blasonaba. Pero ¡ah! cuan lijero es el pensamiento! Yo sufria una solemne equivocacion: porque despues de haber contestado el perro afirmativamente con una inclinacion de cabeza, dijo el adivino:        

- ¿Cuál es el contenido de la pájina que acabo de leer?

I contestó el perro:

-Las últimas observaciones astrónómicas respecto de la luna, cuerpo opaco, semejante a la tierra, que tiene mares i montañas habitados por seres animados.

Me quedé confundido i sentí cierta especie de terror al oír hablar ese animal, con tanta claridad i con tal énfasis tomo pudiera haber hablado alguno de nuestros mas afamados astrónomos.

Si yo hubiera sido educado en algun convento, habría creido que era el diablo en figura de perro el que contestaba al adivino, i sin embargo no hallaba esplicacion que dar a tal prodijio. I no se crea que es obra de la fantasía lo que refiero, adelante se convencerá el lector de la certeza de los hechos relacionados aquí; reales i verdaderos por mas increibles que parezcan.

Despues de esa contestación, se entablo un diálogo entre el adivino i el perro.

Yo me habia quedado como una estátua oyendo, i sentia un malestar indefinible i probablemente semejante al sufrimiento del que se cree espantado por los muertos, o por el Diablo: El adivino seguramente notó mi turbación i me dijo:

-He pensado complaceros; habia conocido la aficion que teneis a lo maravilloso i quise presentaros una prueba del progreso de la época. Pasarémos a otra cosa.

Pasó la mano sobre la cabeza del perro en sentido contrario a las veces que lo habia sobado i lo despidió diciéndole vete a tu cama. El perro meneó la cola, sacudió las orejas. En seguida me dijo el adivino:

Hablaremos de nuestro asunto: juzgo que habeis leido con atención mi programa, en verdad es bien conciso por que diez mil pajinas no serian bastantes para tratar sobre los puntos que he esplicado en compendio. Ademas el cuaderno de mi programa, no podia contener otras disposiciones secundarias que dictaré, las cuales son de grande importancia para obtener el fin que es la rejeneracion de la sociedad. Hasta ahora ninguno de nuestros políticos ha tratado de formar debidamente gobernantes. Nadie ha pensado en ordenar lójicamente un sistema de estudios que pueda contribuir a la fácil difusión de las ciencias i a la adquisicion de los frutos del jénio.-Se ha creido que la libertád de estudios, provechosa, consiste en dejar a eleccion i voluntad de los alumnos, el aprendizaje de las artes o ciencias sin sujecion a los maestros; ni adopcion de sistema alguno de enseñanza. Así hemos visto a hombres que se precian de juristas i no saben leer con propiedad; profesores de medicina que no conocen el idioma patrio, i unos tantos que se jactan de ilustrados con haber aprendido a medias un idioma i algunas nociones jenerales de las ciencias; hombres que pudieran ser calificados como índices vivientes e incompletos. Hombres que con esto i con ménos que esto se lanzan a la sociedad a disputar i decidir majistralmente en toda cuestion, a todas horas i en todas partes, sin respetar la ciencia, ni temer la justa censura que merecen; siendo su fuerte el charlatanismo i las mas veces la insolencia. Forman su caballo de batalla con el uso de ciertas frases que impresionan, deslumbran i halagan al pueblo, titulándose sus defensores; i este que es el peor de todos los tiranos, los contempla como a sus protectores, los aplaude con entusiasmo i los oye como a sus oráculos, dejando desapercibido el mérito de algunos hombres verdaderamente instruidos. - ¿Podrá haber armonía donde no hai órden? ¿Podrá leer correctamente el que no conoce todos los signos de un idioma? El hombre que se dedica al estudio de las ciencias, debe en el órden de su obra, asemejarse al arquitecto que para la construccion de un edificio, empieza por nivelar el terreno, tirar las líneas, poner los cimientos, etc, todo segun las reglas artísticas hasta su completa construcción. Proceder de otro modo, seria contrario a un buen resultado así es que se tendria por loco o mui necio al hombre que se propusiera edificar un palacio sobre arena, o que ántes de cubrir el edificio, amoblara las piezas; entapizara las paredes i cubriera de alfombra el pavimento.-Pues bien, si para todas las obras materiales se hace indispensable el órden sintético, este es aun mas necesario para el estudio de las ciencias: el hombre que se entrega a la grande obra de perfeccionar su intelijencia, debe despues de conocer i apreciar esactamente los signos del lenguaje i todas sus combinaciones para espresar el pensamiento, incluyendo en esto la dialéctica, debe, digo, estudiar su propia naturaleza física i moralmente, procurando percibir la relacion que hai entre esas dos maneras de ser; luego conocer el globo que le sostiene, bajo todos aspectos, en todas sus partes i en todas sus relaciones; en seguida penetrar todo lo que percibe en el cielo que lo cubre. Despues de estos estudios, que propiamente hablando no son sino los Preliminares de estudios mas serios, se puede emprender el de las ciencias sociales o políticas: teniendo en cuenta que para estas, el de la historia debe ser el primordial. Porque no puede ser buen lejislador, ni buen gobernador el que no ha hecho el estudio de las diferentes sociedades, el de una misma en diferentes épocas; su carácter, sus costumbres, sus vicios, sus virtudes, sus adelantos o retroceso, sus relijiones, sus gobiernos i los resultados de estos en los diversos paises i en las diferentes situaciones de un mismo pueblo. Trataré, por tanto, que el órden de estudios en las casas de educacion pública sea el siguiente: idiomas,-dialéctica, -matemáticas,- fisiolojía, -jeolojía,- mineralojía,- botánica, -química, - zoolojía, - física, - jeografía, - astronomía, - historia. Despues de todo esto, los alumnos podrán dedicarse a estudios mas sérios pero siempre en órden i procurando no dejar pasar sin saber bien una materia al estudio de otra; pues yo pretendo formar hombres para el Estado, no Estados para los hombres………..

Iba el adivino en esta parte cuando entró uno de los embozados i le habló al oido. En el momento me dijo:

-Ha llegado la hora, tengo una cita i me veo obligado a cortar esta conferencia, tendrémos otra silo teneis a bien; mis servidores os indicarán el dia i la hora.

En el acto me vendaron i salimos; fuí conducido hasta mi casa.

anterior | índice | siguiente