CAPITULO 18.
EL SABIO MAGNETIZADOR.
Volvamos a la pieza en que me dejaron con los ojos vendados. A
poco tiempo volvieron mis conductores i me dijeron:
-Podemos pasar a la habitacion del Superior. Me examinaron
nuevamente la venda, me tomaron del brazo i seguimos: a los veinte
pasos empezamos a bajar unas gradas, despues conté doce pasos mas i
subimos otras, i poco trecho me hicieron sentar, diciéndome:
-Hemos llegado, va U. a ver la luz.
Me quitaron la venda i me hallé en una pieza cuyas paredes
estaban cubiertas con una tela de color azul celeste, sin otros
muebles que una mesa i cuatro asientos, tambien cubiertos con la
misma tela azul: sobre la mesa habia una lámpara que arrojaba una
luz vivísima. Un hombre con fisonórnía grave i meditabunda se
hallaba sentado delante de la mesa, con un libro en la mano, en
actitud de leer. Luego que me quitaron la venda, me paré
saludándole i su contestacion fué:
-Bien venido seais: salud.
Los conductores habian desaparecido i yo esperaba oír de las
labios del adivino la buenaventura.
Sacó el reloj, se fijó en él i me dijo:
-¿Creis en las prodijiosas maravillas del magnetismo?
-Tengo razones para creer en ellas, le contesté.
¿Quereis gozar de la doble vista? acercaos a mí. En ese momento
me paré i al llegar a donde ese hombre, sentí que estaba rodeado de
una atmósfera olorosa. Me tomó las manos i fijó sus ojos en los
mios, como queriendo penetrar mi alma con su mirada; pasados unos
minutos, sentí mis párpados pesados. No sabia si en esto influiria
la preocupacion en que yo estaba respecto de la influencia del
magnetismo, o si efectivamente ese hombre ejercia entónces su poder
magnético sobre mí, pues me iba adormeciendo.
- ¿Os hallais moralmente modificado? me preguntó.
-Bastante: le respondí.
-Entónces ¿qué edificio, plaza o poblacion de la Europa quereis
ver ahora?
-La iglesia de San Pedro en Roma; le dije despues de un momento
de meditacion.
-Bien, me dijo, acercándome mas: puso sus dedos sobre mis
párpados i un poco despues dijo:
-Vedla.
-Abrí los ojos i ví como al traves de un lente, el templo de San
Pedro, tan clara i perfectamente, como si hubiera sido transportado
a Roma. Lo mas asombroso para mí, era bañadas por el sol las
columnas colosales que forman el pórtico, notando hasta las sombras
de las estátuas i cornizas distintamente. Tambien advertí que la
luz de la lámpara de la pieza en que estábamos, se habia puesto
opaca.
- ¿ Cómo es posible que se haya vuelto la noche dia? veo el
templo a la luz del sol
¡Oh! eso es natural, bien sabeis que el sol no se halla ahora
sobre nuestro hemisferio; es el de Roma el que alumbra; i tambien
sabeis, que el sol no se hace visible en una misma hora en los
puntos del globo, i si veis el templo alumbrado por él, es porque a
esta hora alumbra a Roma i vos estais gozando de la doble
vista.
-Pero..... hacedme ver de Paris el palacio de las Tullerías.
-Esperad.
Me dijo, volvió a poner sus dedos sobre mis párpados i al
quitarlos, vi efectivamente el palacio. Sin embargo, me resistia a
creer en lo que estaba viendo: me refregaba los ojos, como el que
acaba de soñar i siempre veía todo con claridad, de modo de no
dejar duda de que estaba gozando de la doble vista. Lo mas
admirable i sorprendente para mi, era ver esos edificios a la luz
del sol. Como yo veía como al traves de un lente, hubiera juzgado
que aquello no podia ser sinó la ilusion de un cosmorama, pero la
luz del dia condenaba tal juicio. Para convencerme hasta el
estremo, le dije:
- ¿Podeis hacerme ver algun lugar o sitio en que yo haya estado
i que conozca bien?
¡ Oh! no lo dudeis, esperad, me respondió.
Puso otra vez sus dedos sobre mis párpados; se demoró mas, pero
al fin me dijo:
- ¿Queréis ver la recámara de vuestra casa?
-Si lo teneis a bien, lo deseo, sí, con ansiedad.
Me quedé confundido al abrir los ojos, viendo delante de mí i al
traves de esa especie de vidrio que entónces me pareció mas claro,
mi recámara, alumbrada por la luz de la misma vela que yo habia
dejado encendida en ella, poco tiempo ántes. Pasé la vista por
todos los muebles; mi cama, 1a silla poltrona de Rosina, el gran
cuadro de la Vírjen de los Dolores, todo, todo lo vi perfectamente
i como a dos pasos de distancia. Quise entónces pasar adelante i
aun tocar esa especie de vidrio, pero el magnetizador que siempre
me tenia de las manos, me lo impidió.
-Esto es maravilloso! estupendo, admirable! esclamé: no me queda
ya duda. ¡Oh! hacedme ver a Rosina.
-Vamos, basta por ahora, estoi fatigado. Ademas el hombre no
debe ser curioso hasta el punto de ver u oír lo que puede
mortificarle. Basta por ahora, tenemos tiempo, mas tarde
repetirémos.
Me retiró de allí i me sentó en la silla que ántes habia
ocupado; puso las manos sobre los ojos, diciéndome: «va a
desaparecer la doble vision, en efecto, al quitarlas ya no vi sinó
la pieza azul iluminada como ántes por la lámpara, sin rastro o
vestijio del vidrio. Luego me dije:
-En verdad os habeis admirado sin tener para ello mucha razon,
lo que habeis visto es un juego en comparacion de los prodijios que
he podido obrar con el magnetismo. Si hoi resucitara Mésmer
quedaria asombrado al ver los adelantos de la ciencia: sin embargo
nada hai nuevo; los efectos de la electricidad son tan viejos como
el mundo ese es el fluido que mueve, organiza i dá vida a cuanto
existe. El galvanismo, mesmerismo i magnetismo, no son sino el
desarrollo o actividad del mismo fluido, modificado de diversos
modos, por los diferentes i variados ajentes que le desenvuelven.
No hai motivo para admirar mas el efecto de su desarrollo,
produciendo el fenómeno de la doble vista, que haciendo jerminar un
grano, una semilla que mas tarde nos presenta un árbol colosal.
Tendrémos otro dia una sesion que acaso os presentará esperiencías
mas sorprendentes. Por ahora hablemos de otra cosa. Conozco la
situacion en que os hallais, vuestras desgracias han herido mi
sensibilidad i pretendo haceros un servicio si teneis la bondad de
aceptarlo; debiendo creer que no me mueve otro interes personal que
el de la satisfaccion de hacer el bien a quien lo necesita. Antes,
espero que me prometais bajo palabra de honor: 1.º No revelar mis
secretos: 2.° Favorecer mis proyectos; i 3.° no hacer daño en
ningun sentido a mis dependientes, los cuales os daré a
conocer.
Calló, como esperando mi contestacion. Yo me quedé meditando,
por unos instantes i luego me resolví a prestar el juramento
prometiendo cumplir absolutamente el primero i tercer puntos i en
cuanto al 2.° con la condicion de que favoreceria los proyectos si
eran conformes a mis principios i convicciones.
-Mui bien, me dijo, poned la mano sobre el corazon i jurad,
Así lo hice i en seguida me dijo con una voz atronadora:
-Si quebrantais ese juramento, temblad, mi poder es soberano.
Todos vuestros infortunios serian una sombra, comparados con el de
perder mi gracia: sabed que soi inexorable con los perjuros i que
soi insaciable en mi venganza.
Al pronunciár estas últimas palabras vi centellear sus ojos i no
pude resistir su mirada, bajé los mios, sometido a su imperio.
-Sabed, me dijo, que habriais sido arruinado, si yo no hubiera
intervenido en vuestro favor; el documento que firmasteis, os
habría dejado en la miseria; en verdad esa deuda es enorme.
-Os equivocais, sin duda, yo no he firmado documento alguno por
deuda, tal vez me tomais por otro hombre a quien pensais
protejer.
-¡Oh! jamás me equivoco: i debeis saber que tengo completo
conocimiento de lo que pasa en el mundo; lo que pasa en secreto, lo
tengo a la vista i lo que se halla distante, para mí está presente.
Habeis firmado un documento i por una suma considerable, llamad a
la memoria vuestros hechos; es verdad que no supisteis lo que
firmasteis, pero debeis recordar, que dos hombres en alta noche os
obligaron a poner vuestra firma al pié de un pliego de papel
escrito
- ¡Ah! sí, los dos embozados
-Cabalmente dos embozados.
- ¿Los conoceis?
-Conozco a todo el mundo.
-¡Por Dios! Dadme su filiacion i sus nombres.
-Ellos son dos de los mas fieles servidores que tengo a mis
órdenes i ya podeis juzgar que no me conviene descubrirlos. Por lo
demas no apruebo todos sus procedimientos; ellos hacen uso de su
libertad, sin que por esto esten esentos de castigo, porque el mal
da orijen al mal i el que lo hace a otro, tiene que sufrirlo mas
tarde i quizá duplicado. El documento que firmasteis vino a mi
poder, yo lo he comprado i estais libre de esa deuda.
-Gracias, mil gracias.
-Ahora sabreis que pretendo dirijir los destinos del pueblo:
cuento con los esenciales elementos, entre estos enerjía i
decision; ademas un considerable número de aspirantes. Para que me
entendais, voi a hablaros sin metáforas i como hombre, sin viso de
ente maravilloso; quiero que comprendais sin dificultad; voi a
emplear cierta especie de transmutación……..
Al espresar esta última palabra alargó el brazo para atizar la
lámpara, quedando a la sombra su cara, la luz se avivo i al retirar
la mano de la lámpara, vi con asombro otra fisonomía en ese hombre;
se verificó una verdadera transmutacion. Era como he dicho de una
fisonomía grave, cerrado de barba, mui blanco, nariz ancha i frente
angosta, i al transformarse apareció jóven, como de 35 años, sin
barba, trigueño, frente elevada i nariz larga: sin embargo el habla
fué la misma ántes i despues.
- Voi, continuó, a tomar el tono vulgar o sea comun para
esplicarme i en ello no hallareis nada misterioso. Quiero detener,
el cáncer social. Hai hombres que, titulándose apóstoles de la
reforma i apoderándose de la República, llevan el país al desórden,
a la anarquía; i otros, antípodas de estos, que son enemigos de
todo progreso. Los sectarios de esos dos bandos luchan
encarnizadamente por obtener el triunfo, i la sociedad entera sufre
los males consiguientes de la sin razon. Es el momento del remedio,
la crisis puede ser violenta, pero necesaria, debemos conspirar
basta conseguir una completa regeneracion política. Los que se
titulan liberales, no estan llamados a tan grande empresa, sus
triunfos son efímeros, olvidan el gran principio de unidad i
sucumben poco despues que se engalanan con los laureles de la
victoria: la unidad es la fuerza, la division es la debilidad. Los
conservadores tampoco estan llamados a rejenerar el país, porque
cada siglo tiene sus tendencia ácia la perfeccion, sus adelantos en
cvilizacion artes i ciencias, en una palabra su progreso, i los
conservadores no estan a la altura de las ideas del siglo en que
nos hallamos: siglo que está representado por la celeridad del
vapor, del pensamiento o de la electricidad; siglo que de mejora en
mejora i de progreso, en progreso lleva con rapidéz al jenero
humano ácia la perfeccion posible de la especie.
Ademas, yo no hallo entre los partidos que se disputan el mando
hombres que posean la ciencia del buen gobierno: nótese que cada
uno de los que se encargan del ejercicio de un ministerio en el
Gabinete, profesa en el fondo principios diferentes muchas veces
opuestos i de ahí el embarazo en la marcha regular de la
administracion pública, i casí siempre el orijen de la instabilidad
de las instituciones, de la vijencia fugaz de las disposiciones
legales i de la vacilante direccion de los negocios públicos.
¿Hallais, decidme, hombres bastante instruidos en los principios
que constituyen la ciencia administrativa? ¿Encontrais economistas
propiamente dichos? ¿Puede gobernarse bien un país con poseer
solamente nociones jenerales en esas ciencias? Repasad la lista de
los que han figurado en el gobierno como estadistas i no hallareis
de ellos en el cuadro sombrío de la hacienda pública, sinó una que
otra pincelada de luz. I es todavía de notarse mas en un pueblo
riquísimo en elementos de prosperidad; ved ese estenso territorio
que comprende la nacion, cubierto de pastos, de flores i de frutos;
ved esos bosques inmensos, ofreciendo en los valles a la industria
el caucho, el diomate, el canelo, el gualandai, el sande, las
palmas de varias especies, la goma, la vainilla, la zarzaparrilla i
un sin número de árboles i plantas útiles, i en las altas montañas,
la quina, el estoraque, el laurel, el incienso, el nogal, el cedro,
el almendro, la hipecacuana i otra multitud de vejetales de donde
pudieran estraerse resinas, gomas, aceites álcalis, etc para
proveer a las necesidades de la medicina del mundo entero, i al
lujo i ostentacion de las viejas naciones de Ultramar; i aun mas,
para enriquecer a las ciencias mismas visitad esa jigántica i bella
cordillera central de los Andes i hallareis bajo su manto de
esmeralda, ácia las raizes de su arboleda i en el seno de sus
arroyos, el oro i el cinabrio, la plata i el azogue: penetrad en
sus entrañas i encontrareis mas tesoros que todos los del Perú i
del Sacramento de California. ¿Quereis mas? ved el territorio
granadino surcado de Sur a Norte i de Oriente a Poniente por rios
caudalosos i de fácil navegacion como el Magdalena, el Atrato, el
San Juan, el Cauca, el Orinoco, el Meta, el Apure i otros
tributarios de estos de bastante importancia; desembocando unos en
el mar Atlántico i otros en el Pacífico, dispuestos así por la
naturaleza, como por una especie de prevision para que pudieran
esportarse con facilidad todas las producciones en direccion a
todos los puntos del globo. Con tales elementos, repito, ¿no puede
ejercerse una accion constante, vigorosa i benéfica de parte de los
mandatarios, allanando las dificultades de transporte por medio de
buenas vias de comunicacion, promoviendo compañías i nombrando
comisiones de naturalistas, botánicos, mineralojistas, jeólogos
etc. para la esploracion de nuestros estensos i desconocidos
bosques i cordilleras, con el objeto de poner en noticia de todas
las naciones la importancia de nuestro suelo i la riqueza de
nuestras producciones? ¿No se llama así la inmigracion i se dá vida
i movimiento al comercio? Los placeres del Sacramento rio
necesitaron para llamar la concurrencia de todos los pueblos, aun
los mas distantes, sinó que fueran conocidas las riquezas que
encerraban. Entre tanto nuestros hombres de Estado o los que así se
llaman, se ocupan en discusiones insustanciales i pierden el tiempo
disputándose la primacía, sin otro mérito, tal vez, que el de haber
formulado bellas teorías basadas ya en el principio conservador, ya
en el principio reformista: teorías de relieve, de superficie,
impracticables en el fondo i ajenas de la esencia de un buen
gobierno. Sectarios de los economistas de diferentes escuelas hacen
cuanto ruido pueden, para llamar la atencion del público se repiten
sus discursos en los periódicos; los de una misma escuela, es
decir, los interesados, se elojian mutuamente, i la clase media de
la sociedad queda admirada al escuchar los portentosos
razonamientos de los maestros. I cuidado con criticar los dislates
de cierta clase de prohombres, cuidado con ir a decir al vecino qué
Pedro se ajustó el vestido de Fourier, Juan el de Bastiat i Diego
el de Proudhon. ¡Oh! esa seria una calumnia imperdonable, aunque se
esté viendo el paletó i las pantuflas ahogando i oprimiendo al
disfrazado. Ahora comprendereis cuáles son mis proyectos, ¿quereis
seguirme?-
Cada vez me admiraba mas al oír a ese hombre estraordinario; yo
sentia la influencia que ejercia en mi espíritu; iba a responderle,
pero se anticipó a decirme:
-En verdad os he causado una sorpresa, yo puedo penetrar en
vuestro pensamiento, quiero daros libertad para que penseis; mas
tarde me dareis la contestacion; se acerca el dia i es preciso que
os vayais a des cansar.
Al acabar de decir esto, me pusieron la venda, probablemente los
mismos que me habian conducido allí, los cúales estarian a mi
espalda, pues que en el momento en que se me despedia estuvieron
prontos a vendarme i conducirme segunda vez; se colocaron a mis dos
costados, dándome el brazo, i seguimos. Al llegar a la plaza al
sitio en que me vendaron, me hicieron pasar, me levantaron la venda
i todavía me acompañaron hasta mi casa: yo iba contemplando en cada
uno de los prodijios que habia presenciado i mis conductores
guardaban silencio; al llegar al porton despidieron dejando en mi
mano una tarjeta, la cual tenia las dos R. R.