INDICE





Introduccion

Reseña histórica

Capítulo 1 - El mendigo

Capítulo 2 - Una visita en palacio

Capítulo 3 - El cuarto de Rosina

Capítulo 4 - Los portales

Capítulo 5 - Una beata

Capítulo 6 - Una amenaza

Capítulo 7 - La prediccion cumplida

Capítulo 8 - Meditacion

Capítulo 9 - Una sorpresa

Capítulo 10 - La casa de los ejercicios

Capítulo 11 - Nuevo apostolado, la iniciada en el templo

Capítulo 12 - La choza de la muerte

Capítulo 13 - El espiritu de asociacion

Capítulo 14 - Un sueño

Capítulo 15 - Las dos cartas

Capítulo 16 - Los dos embozados

Capítulo 17 - Descubrimiento

Capítulo 18 - El sabio magnetizador

Capítulo 19 - La cartera

Capítulo 20 - El 10 de marzo

Capítulo 21 - Causa célebre - Russi ante el Jurado

Capítulo 22 - Preliminares de rebelion

Capítulo 23 - Rosina o Clodomira

Capítulo 24 - El refinamiento de la crueldad

Capítulo 25 - La revolucion

Capítulo 26 - Ricardo el sepulturero o el loco sentimental
CAPITULO 18.

 

EL SABIO MAGNETIZADOR.

 

Volvamos a la pieza en que me dejaron con los ojos vendados. A poco tiempo volvieron mis conductores i me dijeron:

-Podemos pasar a la habitacion del Superior. Me examinaron nuevamente la venda, me tomaron del brazo i seguimos: a los veinte pasos empezamos a bajar unas gradas, despues conté doce pasos mas i subimos otras, i poco trecho me hicieron sentar, diciéndome:

-Hemos llegado, va U. a ver la luz.

Me quitaron la venda i me hallé en una pieza cuyas paredes estaban cubiertas con una tela de color azul celeste, sin otros muebles que una mesa i cuatro asientos, tambien cubiertos con la misma tela azul: sobre la mesa habia una lámpara que arrojaba una luz vivísima. Un hombre con fisonórnía grave i meditabunda se hallaba sentado delante de la mesa, con un libro en la mano, en actitud de leer. Luego que me quitaron la venda, me paré saludándole i su contestacion fué:

-Bien venido seais: salud.

Los conductores habian desaparecido i yo esperaba oír de las labios del adivino la buenaventura.

Sacó el reloj, se fijó en él i me dijo:

-¿Creis en las prodijiosas maravillas del magnetismo?

-Tengo razones para creer en ellas, le contesté.

¿Quereis gozar de la doble vista? acercaos a mí. En ese momento me paré i al llegar a donde ese hombre, sentí que estaba rodeado de una atmósfera olorosa. Me tomó las manos i fijó sus ojos en los mios, como queriendo penetrar mi alma con su mirada; pasados unos minutos, sentí mis párpados pesados. No sabia si en esto influiria la preocupacion en que yo estaba respecto de la influencia del magnetismo, o si efectivamente ese hombre ejercia entónces su poder magnético sobre mí, pues me iba adormeciendo.

- ¿Os hallais moralmente modificado? me preguntó.

-Bastante: le respondí.

-Entónces ¿qué edificio, plaza o poblacion de la Europa quereis ver ahora?

-La iglesia de San Pedro en Roma; le dije despues de un momento de meditacion.

-Bien, me dijo, acercándome mas: puso sus dedos sobre mis párpados i un poco despues dijo:

-Vedla.   

-Abrí los ojos i ví como al traves de un lente, el templo de San Pedro, tan clara i perfectamente, como si hubiera sido transportado a Roma. Lo mas asombroso para mí, era bañadas por el sol las columnas colosales que forman el pórtico, notando hasta las sombras de las estátuas i cornizas distintamente. Tambien advertí que la luz de la lámpara de la pieza en que estábamos, se habia puesto opaca.

- ¿ Cómo es posible que se haya vuelto la noche dia? veo el templo a la luz del sol

¡Oh! eso es natural, bien sabeis que el sol no se halla ahora sobre nuestro hemisferio; es el de Roma el que alumbra; i tambien sabeis, que el sol no se hace visible en una misma hora en los puntos del globo, i si veis el templo alumbrado por él, es porque a esta hora alumbra a Roma i vos estais gozando de la doble vista.

-Pero..... hacedme ver de Paris el palacio de las Tullerías.

-Esperad.

Me dijo, volvió a poner sus dedos sobre mis párpados i al quitarlos, vi efectivamente el palacio. Sin embargo, me resistia a creer en lo que estaba viendo: me refregaba los ojos, como el que acaba de soñar i siempre veía todo con claridad, de modo de no dejar duda de que estaba gozando de la doble vista. Lo mas admirable i sorprendente para mi, era ver esos edificios a la luz del sol. Como yo veía como al traves de un lente, hubiera juzgado que aquello no podia ser sinó la ilusion de un cosmorama, pero la luz del dia condenaba tal juicio. Para convencerme hasta el estremo, le dije:

- ¿Podeis hacerme ver algun lugar o sitio en que yo haya estado i que conozca bien?

¡ Oh! no lo dudeis, esperad, me respondió.

Puso otra vez sus dedos sobre mis párpados; se demoró mas, pero al fin me dijo:

- ¿Queréis ver la recámara de vuestra casa?

-Si lo teneis a bien, lo deseo, sí, con ansiedad.

Me quedé confundido al abrir los ojos, viendo delante de mí i al traves de esa especie de vidrio que entónces me pareció mas claro, mi recámara, alumbrada por la luz de la misma vela que yo habia dejado encendida en ella, poco tiempo ántes. Pasé la vista por todos los muebles; mi cama, 1a silla poltrona de Rosina, el gran cuadro de la Vírjen de los Dolores, todo, todo lo vi perfectamente i como a dos pasos de distancia. Quise entónces pasar adelante i aun tocar esa especie de vidrio, pero el magnetizador que siempre me tenia de las manos, me lo impidió.

-Esto es maravilloso! estupendo, admirable! esclamé: no me queda ya duda. ¡Oh! hacedme ver a Rosina.

-Vamos, basta por ahora, estoi fatigado. Ademas el hombre no debe ser curioso hasta el punto de ver u oír lo que puede mortificarle. Basta por ahora, tenemos tiempo, mas tarde repetirémos.

Me retiró de allí i me sentó en la silla que ántes habia ocupado; puso las manos sobre los ojos, diciéndome: «va a desaparecer la doble vision, en efecto, al quitarlas ya no vi sinó la pieza azul iluminada como ántes por la lámpara, sin rastro o vestijio del vidrio. Luego me dije:

-En verdad os habeis admirado sin tener para ello mucha razon, lo que habeis visto es un juego en comparacion de los prodijios que he podido obrar con el magnetismo. Si hoi resucitara Mésmer quedaria asombrado al ver los adelantos de la ciencia: sin embargo nada hai nuevo; los efectos de la electricidad son tan viejos como el mundo ese es el fluido que mueve, organiza i dá vida a cuanto existe. El galvanismo, mesmerismo i magnetismo, no son sino el desarrollo o actividad del mismo fluido, modificado de diversos modos, por los diferentes i variados ajentes que le desenvuelven. No hai motivo para admirar mas el efecto de su desarrollo, produciendo el fenómeno de la doble vista, que haciendo jerminar un grano, una semilla que mas tarde nos presenta un árbol colosal. Tendrémos otro dia una sesion que acaso os presentará esperiencías mas sorprendentes. Por ahora hablemos de otra cosa. Conozco la situacion en que os hallais, vuestras desgracias han herido mi sensibilidad i pretendo haceros un servicio si teneis la bondad de aceptarlo; debiendo creer que no me mueve otro interes personal que el de la satisfaccion de hacer el bien a quien lo necesita. Antes, espero que me prometais bajo palabra de honor: 1.º No revelar mis secretos: 2.° Favorecer mis proyectos; i 3.° no hacer daño en ningun sentido a mis dependientes, los cuales os daré a conocer.

Calló, como esperando mi contestacion. Yo me quedé meditando, por unos instantes i luego me resolví a prestar el juramento prometiendo cumplir absolutamente el primero i tercer puntos i en cuanto al 2.° con la condicion de que favoreceria los proyectos si eran conformes a mis principios i convicciones.

-Mui bien, me dijo, poned la mano sobre el corazon i jurad,

Así lo hice i en seguida me dijo con una voz atronadora:

-Si quebrantais ese juramento, temblad, mi poder es soberano. Todos vuestros infortunios serian una sombra, comparados con el de perder mi gracia: sabed que soi inexorable con los perjuros i que soi insaciable en mi venganza.

Al pronunciár estas últimas palabras vi centellear sus ojos i no pude resistir su mirada, bajé los mios, sometido a su imperio.

-Sabed, me dijo, que habriais sido arruinado, si yo no hubiera intervenido en vuestro favor; el documento que firmasteis, os habría dejado en la miseria; en verdad esa deuda es enorme.

-Os equivocais, sin duda, yo no he firmado documento alguno por deuda, tal vez me tomais por otro hombre a quien pensais protejer.

-¡Oh! jamás me equivoco: i debeis saber que tengo completo conocimiento de lo que pasa en el mundo; lo que pasa en secreto, lo tengo a la vista i lo que se halla distante, para mí está presente. Habeis firmado un documento i por una suma considerable, llamad a la memoria vuestros hechos; es verdad que no supisteis lo que firmasteis, pero debeis recordar, que dos hombres en alta noche os obligaron a poner vuestra firma al pié de un pliego de papel escrito

- ¡Ah! sí, los dos embozados

-Cabalmente dos embozados.

- ¿Los conoceis?

-Conozco a todo el mundo.

-¡Por Dios! Dadme su filiacion i sus nombres.

-Ellos son dos de los mas fieles servidores que tengo a mis órdenes i ya podeis juzgar que no me conviene descubrirlos. Por lo demas no apruebo todos sus procedimientos; ellos hacen uso de su libertad, sin que por esto esten esentos de castigo, porque el mal da orijen al mal i el que lo hace a otro, tiene que sufrirlo mas tarde i quizá duplicado. El documento que firmasteis vino a mi poder, yo lo he comprado i estais libre de esa deuda.

-Gracias, mil gracias.

-Ahora sabreis que pretendo dirijir los destinos del pueblo: cuento con los esenciales elementos, entre estos enerjía i decision; ademas un considerable número de aspirantes. Para que me entendais, voi a hablaros sin metáforas i como hombre, sin viso de ente maravilloso; quiero que comprendais sin dificultad; voi a emplear cierta especie de transmutación……..

Al espresar esta última palabra alargó el brazo para atizar la lámpara, quedando a la sombra su cara, la luz se avivo i al retirar la mano de la lámpara, vi con asombro otra fisonomía en ese hombre; se verificó una verdadera transmutacion. Era como he dicho de una fisonomía grave, cerrado de barba, mui blanco, nariz ancha i frente angosta, i al transformarse apareció jóven, como de 35 años, sin barba, trigueño, frente elevada i nariz larga: sin embargo el habla fué la misma ántes i despues.

- Voi, continuó, a tomar el tono vulgar o sea comun para esplicarme i en ello no hallareis nada misterioso. Quiero detener, el cáncer social. Hai hombres que, titulándose apóstoles de la reforma i apoderándose de la República, llevan el país al desórden, a la anarquía; i otros, antípodas de estos, que son enemigos de todo progreso. Los sectarios de esos dos bandos luchan encarnizadamente por obtener el triunfo, i la sociedad entera sufre los males consiguientes de la sin razon. Es el momento del remedio, la crisis puede ser violenta, pero necesaria, debemos conspirar basta conseguir una completa regeneracion política. Los que se titulan liberales, no estan llamados a tan grande empresa, sus triunfos son efímeros, olvidan el gran principio de unidad i sucumben poco despues que se engalanan con los laureles de la victoria: la unidad es la fuerza, la division es la debilidad. Los conservadores tampoco estan llamados a rejenerar el país, porque cada siglo tiene sus tendencia ácia la perfeccion, sus adelantos en cvilizacion artes i ciencias, en una palabra su progreso, i los conservadores no estan a la altura de las ideas del siglo en que nos hallamos: siglo que está representado por la celeridad del vapor, del pensamiento o de la electricidad; siglo que de mejora en mejora i de progreso, en progreso lleva con rapidéz al jenero humano ácia la perfeccion posible de la especie.

Ademas, yo no hallo entre los partidos que se disputan el mando hombres que posean la ciencia del buen gobierno: nótese que cada uno de los que se encargan del ejercicio de un ministerio en el Gabinete, profesa en el fondo principios diferentes muchas veces opuestos i de ahí el embarazo en la marcha regular de la administracion pública, i casí siempre el orijen de la instabilidad de las instituciones, de la vijencia fugaz de las disposiciones legales i de la vacilante direccion de los negocios públicos. ¿Hallais, decidme, hombres bastante instruidos en los principios que constituyen la ciencia administrativa? ¿Encontrais economistas propiamente dichos? ¿Puede gobernarse bien un país con poseer solamente nociones jenerales en esas ciencias? Repasad la lista de los que han figurado en el gobierno como estadistas i no hallareis de ellos en el cuadro sombrío de la hacienda pública, sinó una que otra pincelada de luz. I es todavía de notarse mas en un pueblo riquísimo en elementos de prosperidad; ved ese estenso territorio que comprende la nacion, cubierto de pastos, de flores i de frutos; ved esos bosques inmensos, ofreciendo en los valles a la industria el caucho, el diomate, el canelo, el gualandai, el sande, las palmas de varias especies, la goma, la vainilla, la zarzaparrilla i un sin número de árboles i plantas útiles, i en las altas montañas, la quina, el estoraque, el laurel, el incienso, el nogal, el cedro, el almendro, la hipecacuana i otra multitud de vejetales de donde pudieran estraerse resinas, gomas, aceites álcalis, etc para proveer a las necesidades de la medicina del mundo entero, i al lujo i ostentacion de las viejas naciones de Ultramar; i aun mas, para enriquecer a las ciencias mismas visitad esa jigántica i bella cordillera central de los Andes i hallareis bajo su manto de esmeralda, ácia las raizes de su arboleda i en el seno de sus arroyos, el oro i el cinabrio, la plata i el azogue: penetrad en sus entrañas i encontrareis mas tesoros que todos los del Perú i del Sacramento de California. ¿Quereis mas? ved el territorio granadino surcado de Sur a Norte i de Oriente a Poniente por rios caudalosos i de fácil navegacion como el Magdalena, el Atrato, el San Juan, el Cauca, el Orinoco, el Meta, el Apure i otros tributarios de estos de bastante importancia; desembocando unos en el mar Atlántico i otros en el Pacífico, dispuestos así por la naturaleza, como por una especie de prevision para que pudieran esportarse con facilidad todas las producciones en direccion a todos los puntos del globo. Con tales elementos, repito, ¿no puede ejercerse una accion constante, vigorosa i benéfica de parte de los mandatarios, allanando las dificultades de transporte por medio de buenas vias de comunicacion, promoviendo compañías i nombrando comisiones de naturalistas, botánicos, mineralojistas, jeólogos etc. para la esploracion de nuestros estensos i desconocidos bosques i cordilleras, con el objeto de poner en noticia de todas las naciones la importancia de nuestro suelo i la riqueza de nuestras producciones? ¿No se llama así la inmigracion i se dá vida i movimiento al comercio? Los placeres del Sacramento rio necesitaron para llamar la concurrencia de todos los pueblos, aun los mas distantes, sinó que fueran conocidas las riquezas que encerraban. Entre tanto nuestros hombres de Estado o los que así se llaman, se ocupan en discusiones insustanciales i pierden el tiempo disputándose la primacía, sin otro mérito, tal vez, que el de haber formulado bellas teorías basadas ya en el principio conservador, ya en el principio reformista: teorías de relieve, de superficie, impracticables en el fondo i ajenas de la esencia de un buen gobierno. Sectarios de los economistas de diferentes escuelas hacen cuanto ruido pueden, para llamar la atencion del público se repiten sus discursos en los periódicos; los de una misma escuela, es decir, los interesados, se elojian mutuamente, i la clase media de la sociedad queda admirada al escuchar los portentosos razonamientos de los maestros. I cuidado con criticar los dislates de cierta clase de prohombres, cuidado con ir a decir al vecino qué Pedro se ajustó el vestido de Fourier, Juan el de Bastiat i Diego el de Proudhon. ¡Oh! esa seria una calumnia imperdonable, aunque se esté viendo el paletó i las pantuflas ahogando i oprimiendo al disfrazado. Ahora comprendereis cuáles son mis proyectos, ¿quereis seguirme?-

Cada vez me admiraba mas al oír a ese hombre estraordinario; yo sentia la influencia que ejercia en mi espíritu; iba a responderle, pero se anticipó a decirme:

-En verdad os he causado una sorpresa, yo puedo penetrar en vuestro pensamiento, quiero daros libertad para que penseis; mas tarde me dareis la contestacion; se acerca el dia i es preciso que os vayais a des cansar.

Al acabar de decir esto, me pusieron la venda, probablemente los mismos que me habian conducido allí, los cúales estarian a mi espalda, pues que en el momento en que se me despedia estuvieron prontos a vendarme i conducirme segunda vez; se colocaron a mis dos costados, dándome el brazo, i seguimos. Al llegar a la plaza al sitio en que me vendaron, me hicieron pasar, me levantaron la venda i todavía me acompañaron hasta mi casa: yo iba contemplando en cada uno de los prodijios que habia presenciado i mis conductores guardaban silencio; al llegar al porton despidieron dejando en mi mano una tarjeta, la cual tenia las dos R. R.

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