CAPITULO 17
DESCUBRIMIENTO.
A los tres dias de haberme hecho la primera visita los dos
disfrazados, estando yo ausente de mi casa, entregaron a una de mis
sirvientas la carta que sigue junto con una cartera.
«Señor…………………………………………
«Cuando Jesus sudaba gotas de sangre orando en el Huerto, se le
apareció el ánjel del Señor a confortarlo: así, enmedio de mi
amargura, se me ha presentado un ánjel de esperanza, un sacerdote,
quien con toda la dulzura de la caridad evanjélica me ha consolado
en la desgracia. El, bajo el sijilo de la confesion ha prometido
entregar a U. esta carta, que escribo dos horas despues de la que
dirijí a U. anunciándole que se aproxima el momento solemne en que
el hombre se despide del mundo.
«Solamente una pena intensa me atormenta al pensar en la
terrible hora de la muerte; esa pena es la de tener que dejar en
este valle de lágrimas, al ser mas querido, a Rosina. ¡Rosina! ¡mi
bella hermana! ¡Oh! «soi mui desgraciado! La conocí en la infancia
i la perdí; la vuelvo a reconocer en la juventud para perderla
segunda vez i para siempre! Soi la víctima de una indolencia
criminal, indolencia orijinada en la mas perjudicial preocupacion
de la sociedad en que nací. ¿Soi acaso culpable por haber sido el
fruto un amor secreto? ¿He tenido parte en los misterios que dieron
lugar a mi existencia? ¡Ai madremia! yo te perdono, si existes!
pero era tu deber darme el nombre de hijo desde la cuna hasta el
sepulcro, i a la faz del mundo. La naturaleza no reconoce
distinciones i el mismo Dios nos llamá a todos hijos suyos. La
necedad, el orgullo, el vil interes i la falsa idea de la verdadera
nobleza, han triunfado del dulce sentimiento de la maternidad! qué
triste es esto! ¡i se blasona de que hai civilizacion en esta
desdichada tierra! ¡i se jacta la sociedad de pertenecer a la secta
religiosa del cristianismo! ¿No recibió en su gracia el Salvador
públicamente a la amorosa Magdalena?
Perdóneme U. señor, me habia separado del objeto que me propuse
al escribir esta carta. Siempre el desgraciado deja escapar algunas
quejas de dolor; perdóneme U.
«Dejo para U. mi cartera, en la que hallará la esplicacion de
los sucesos misteriosos de mi vida; i relacionados con los de mi
inocente hermana Rosina. Esta escrita con signos de mi invencion,
evitando así que me despojaran de ella al ver el contenido: al
acercar al fuego la primera carta que le dirijí, descubrirá U. la
clave.
«Recuerde U. mi peticion postrera i ruegue al Altísimo por el
infeliz
«Ricardo R. D. N.»
Luego que acabé de leer esta carta hize ésfuerzos para traer a
la memoria cómo habia llegado Rosina a la casa de mi familia i
apenas recordaba que la habia conocido pequeña, como de edad de
seis años en poder de una tia mia, hermana de mi padre; pero me fié
imposible hacer reminiscencia, de quién la llevó a la casa, ni como
fué recibida.
Mi tia sí la trataba con toda la ternura i agazajo de una madre;
de tal modo, que si no hubiera tenido entonces una edad tan
ávanzada, como 70 años; habriase juzgado que era su hija.
¡Rosina hermana del mendigo! esclamaba yo, ¿será posible? En
verdad, la fisonomía del pobre Ricardo era noble, i simpática por
lo mismo, tal vez…..sí tenia rasgos de semejanza con Rosina,
no hai duda: recuerdo.... el color del cabello, los ojos.... la
espresion.... no hai duda, es su hermano. La naturaleza reclamaba
sus derechos porque Rosina habia sentido un afecto tierno por el
mendigo Ricardo. Yo me acordaba que la noche que le esperábamos
para que nos contára lo que hubiera oido a los dos embozados, dijo
Rosina: «Cada vez que tocan en la puerta, me parece que tocan en mi
corazon, pienso que es Ricardo; pobre mendigo! ¡qué le habrá
sucedido! »
¡Anjel mio! mas vale que hoi ignores que es tu hermano!
Tales eran los recuerdos i esclamaciones que hacia, admirando al
mismo tiempo la fatal coincidencia de sus desgracias en los últimos
dias de su existencia.
Inmediatamente pasé a buscar la carta en que Ricardo consignó la
clave de lo escrito en su cartera i no pude hallarla. Parecia
complacerse algun jenio maligno, en hacerme sufrir: interesantísimo
era para mí el contenido de los apuntamientos de ese desgraciado:
la cartera debia contener todo lo relativo a la cruel persecucion
que hablan sufrido los dos hermanos. Alzé, volví, rejistré i
revolví todos los papeles de mi escritorio, pero en vano; no
parecia la carta. Despues repetí el rejistro en toda la casa i no
habiéndola hallado, perdí la esperanza. Tomé la cartera, observé
que me era dificil traducir los apuntamientos; los signos eran mui
variados, i la dejé para ir a buscar al capuchino, juzgando que él
podia ser el sacerdote que mencionaba Ricardo en su carta. I
juzgaba así porque él habia sido el conductor de la primera; sin
embargo que la conducta que habia observado conmigo en el
confesonario, no era mui a propósito para que obtuviera el
calificativo de ánjel, que Ricardo le daba.
A tiempo de salir tomé una tarjeta i al ponerla en mi bolsillo
dí en este con un papel, lo saqué para examinarlo i era la deseada
carta. Volví en el momento, encendí una bujía i me puse a practicar
la operacion, acercando con mucho cuidado la carta a la llama. Al
ver que aparecieron algunos signos, sentí un placer inesplicable i
a medida que iban haciéndose visibles los renglones escritos,
crecía mi gozo.
Descubierta completamente toda la clave, tomé la cartera i
empezé a traducir su contenido. La primera foja tenia escrito lo
siguiente:
«Si U. respeta mi voluntad, no debe leer los apuntamientos aquí
escritos, hasta despues de veinte dias contados desde esta fecha.
Así lo espero de la prudencia de U. i aun lo suplico
Febrero, 4 de 1851 . -Ricardo.
En el acto cerré la cartera i la guardé, respetando la
exijencia, a pesar de que mi curiosidad era vivísima.
Al siguiente dia recibí la esquela que sigue:
«Estoi impuesto de que U. es víctima de una maquinacion infernal
i he jurado impedir los proyectos i exijir satisfacciones por los
daños causados. Mi posicion es ventajosa i los medios de que me
valdré son infalibles. Mas tarde me descubriré a U.
El Disfrazado."
Este hombre, pensé, sin duda es el amante de Rosina; el mismo
que arrojó el billete amoroso por la ventana unos nueve meses
ántes. Iba yo a buscar ese billete para comparar la letra, pero a
ese tiempo tocaron al porten. Era el médico, de quien hice mencion
al principio: entró diciéndome que venia a visitarme, creyendo que
estuviera enfermo, pues hacia mucho tiempo que no me habia visto.
Despues de las contestaciones de etiqueta, sacó unos manuscritos i
empezó a leer una disertacion sobre la causa de la terrible
enfermedad llamada cólera mórbus. Resultaba de su opinion, basada
en observaciones reiteradas, que el sistema orgánico era atacado
directamente, siendo el gran simpático turbado en el ejercicio de
sus funciones, de lo que provenía el enfriamiento de las
estremidades, contorsiones, náusceas i demas síntomas con que se
anunciaba, sin que el sistema de relacion fuera a1 sinó en el
último período de la enfermedad; i eso por la simpatía que existe
entre los diferentes órganos del individuo. Por conclusion
asentaba, que la causa de la enfermedad era negativa, que la
pérdida del equilibrio de la electricidad en el gran simpático era
el oríjen del colera.
Yo le manifesté que me párecian esactos los razonamientos i
justa la conclusion, exitándole para que hiciera sus experiencias
con la pila galvánica a fin de saber si por medio de ella podia
restablecerse el equilibro.
Despues de tres horas me dejó, prometiendo favorecerme con otro
escrito sobre el método infalible de curar la fiebre llamada
tifus.