INDICE





Introduccion

Reseña histórica

Capítulo 1 - El mendigo

Capítulo 2 - Una visita en palacio

Capítulo 3 - El cuarto de Rosina

Capítulo 4 - Los portales

Capítulo 5 - Una beata

Capítulo 6 - Una amenaza

Capítulo 7 - La prediccion cumplida

Capítulo 8 - Meditacion

Capítulo 9 - Una sorpresa

Capítulo 10 - La casa de los ejercicios

Capítulo 11 - Nuevo apostolado, la iniciada en el templo

Capítulo 12 - La choza de la muerte

Capítulo 13 - El espiritu de asociacion

Capítulo 14 - Un sueño

Capítulo 15 - Las dos cartas

Capítulo 16 - Los dos embozados

Capítulo 17 - Descubrimiento

Capítulo 18 - El sabio magnetizador

Capítulo 19 - La cartera

Capítulo 20 - El 10 de marzo

Capítulo 21 - Causa célebre - Russi ante el Jurado

Capítulo 22 - Preliminares de rebelion

Capítulo 23 - Rosina o Clodomira

Capítulo 24 - El refinamiento de la crueldad

Capítulo 25 - La revolucion

Capítulo 26 - Ricardo el sepulturero o el loco sentimental
CAPITULO 9

 

UNA SORPRESA

 

Asomaba el sol su esplendoroso disco por la cima del alto Monserrate i de la ciudad i la llanura se levantaba el trasparente velo de niebla, formado por los vapores del rocío. Los campanarios de todos los templos, daban la señal de la misa, que en cada uno de ellos debia celebrarse, i la mayor parte de la jente de la poblacion empezaba a salir de su morada. Eran las siete de la mañana i yo iba en direccion de la calle de Curazao, con el objeto de buscar la casa de Doña Lorenza; era interesante para mí una entrevista con esa mujer misteriosa. Observé, estando ya en aquella calle, en cuál de los portones se hallaba ese Jesus pintado de que me habló, como seña de la casa en que habitaba, i efectivamente hallé sobre el porton interior del zaguan de una mala casa, un círculo en cuyo centro amarillo habia un Jesus en letras de molde. Noté que habia sobre el porton la punta del cordon de una campanillas i en vez de golpear, tiré ese cordon: inmediatamente se abrió la puerta i lo primero que se presentó a mi vista, fué el mendigo Ricardo, forrando con paño negro un ataud. Mi sorpresa fué quizá igual a la suya; en el momento se levantó esclamando:

- ¡Señor! ¿Es posible?

-Si, Ricardo, nada debes estrañar ¿Doña Lorenza?

-Señor, no conozco aquí mujer de ese nombre, ¿Trinidad dirá U.?

-Si, es verdad, me habia equivocado ¿en donde está?

Quise manifestar que me habia equivocado en el nombre para no infundirle sospechas. ¿En dónde está? le repetí.

-Ha salido mui temprano, me contestó.

-¡Oh! ella me habia asegurado que a esta hora la hallaría aquí.

-¿Ella? ¿cómo? ¡tal vez……!

-Efectivamente hai hechos que parecen inesplicables, pero que a poco que se medite se halla la solucion que se busca. Dejemos esto para despues i dime ¿no me reconoces?

-Estraña es la pregunta, nunca olvido los favores i solamente el destino o la fatalidad me ha impedido volver donde U. ¿No advierte que estoi aniquilado? pues no soi libre, mi condicion es aun peor que la de mendigo, que era la mía cuando conocí al ánjel que U. tenía bajo su proteccion.

- ¡Hombre! Dime……sabes......?

-Señor dispénseme U. que le interrumpa; es indispensable hablar paso, pues aunque estoi ahora solo, hai que desconfiar siempre. Sin duda U. estrañaría que no hubiera vuelto a donde U.; pero esto me ha sido imposible de todo punto, sin grandes riesgos; repito que no he tenido libertad: desde la noche que prometí ponerme en acecho de los dos embozados, para informar a U. de lo que trataran, fuí aprisionado......

-¿Cómo?

-Eran las nueve de la noche, yo ocupaba el rincon de los portales, la oscuridad me protejía de la vista de los que pasaban por allí. A esa hora llegó un hombre i se paró cerca de una de las columnas que sostienen el edificio; poco despues llego otro i empezaron a tratar de uno de esos complots infernales, que solamente el demonio de la avaricia puede inspirar a los jenios del mal. Yo estaba atento i sorprendido, ellos creían estar solos, como nosotros aquí. La ambicion les sujería proyectos inicuos, contaban con elementos para llevarlos al cabo. Oí perfectamente todo, pues se acercaban al lugar en donde yo me hallaba sentado, sin duda con el objeto de sustraerse a las miradas de los que pasaban. Hacía mas de una hora que conferenciaban, cuando al volver el cuerpo uno de ellos, tropezó en mi hombro la punta de la espada que ceñía: al momento volvió de frente a reconocer el objeto estraño con que habia tropezado i me descubrió. "¿Quién está aquí?" preguntó, i le contesté inadvertidamente, cuando pude haber finjido que estaba dormido: respondí que era un pobre que pasaba allí las noches. Se hablaron al oído i en seguida me dijeron que siguiera con ellos, que iban a darme un cuarto donde podía dormir con alguna comodidad. Yo les manifesté mi reconocimiento por su oferta i me escusé de seguirlos: entónces me ordenaron con imperio que los siguiera, haciéndome al mismo tiempo amenazas terribles. Por un instante pensé en resistir, pero luego juzgué que convendría mas obedecer; seguí con ellos i al llegar a uno de los arrabales de la ciudad, me vendaron los ojos i me tomaron de la mano, previniéndome que si hablaba una palabra me pasarían con la espada. Me hicieron caminar mas de ochocientos pasos, que tuve el cuidado de contar, despues de los cuales me quitaron la venda i advertí que estaba en una casa i dentro de una pieza mal alumbrada, que tenia el aspecto de un calabozo. Desde entónces……

Iba en esta parte de la narracion cuando se oyó un ruido confuso ácia la parte interior del edificio: suspendió el relato diciéndome:

-Espere U. un momento, quizá he tenido una inadvertencia. Espere U. i entró por un pasadizo dejándome en aquel corredor.

 -Entre tanto observaba yo la casa en que estaba, era tan baja, tan ahumada i tan oscura, que infundía mas que tristeza, fundados temores; habia en ella semejanzas notables, con esas cuevas subterráneas de los famosos criminales, que nos han descrito los novelistas parisienses: no sabía qué creer, ni como debia obrar en aquella situacion; me figuraba que habian de asaltarme a la luz del dia, i a la verdad ningun inconveniente se presentaba, pues aun el porton se ajustó por sí solo a mi entrada.

Despues de diez minutos de estar esperando la vuelta de Ricardo, me asomé al pasadizo por donde él entró, i al lado izquierdo habia una especie de cuarto oscuro, en donde ví otros dos ataudes forrados, lo que me hizo juzgar que el oficio de la jente que vivía en aquella casa horrible, seria el de aderezar féretros. Llamé una, dos i tres veces, pero reinaba un silencio profundo: toqué fuertemente en la segunda puerta del pasadizo i nadie respondía; empujé i estaba cerrada como con llave. Esperé todavía diez minutos mas inútilmente; resolví salir, i al volver la espalda, oí la detonacion de una pistola, ácia el interior; apresuré el paso, tomé el porton que abrí con dificultad, porque tenía un muelle que lo ajustaba fuertemente; i no habría dado con este, sino hubiera visto que el cordon de la Lampariilla estaba adherido al boton que lo hacia saltar.

Gané pues la calle i el primer pensamiento que tuve al salir del zaguan, fué el de dar parte a la policía sobre mis sospechas, respecto de las personas que habitaban aquella casa; porque, segun mis observaciones i la apariencia de ella, era de juzgarse que podía ser una guarida de malhechores. En efecto, me dirijí a la oficina de la Gobernacion; luego que llegué me informaron que el Gobernador no se hallaba en el despacho, sino de las diez de la mañana para adelante. Volví a dicha hora i me dijo uno de los empleados, que yo no podía hablar al Gobernador, sino de las doce a la una del dia, que era la hora señalada para audiencia a los particulares. Esperé, pues, i al toque de las doce me dirijí por tercera vez al despacho de gobierno: entré a la pieza de la secretaría i pregunté si ya podría entrar a ver al Gobernador i se me contestó que estaba ocupado, que habia dentro jente i que la puerta de su despacho estaba cerrada; que si queria esperara. ¿Qué habia de hacer? esperar: El reloj dió la una i yo esperaba; entonces se me acercó un oficial de estos de pluma i me dijo: " ya no puede ver U. al Gobernador hasta mañana, porque ha pasado la hora de audiencia: vea U. el aviso que está fijado en la puerta de su despacho." ¿Como haré? le dije; es un asunto importante.-"Esperar a mañana," me respondió. Oh! este el "vuelva U. mañana" español criticado con justicia por un gracioso escritor. Dí una vuelta a la izquierda i tomé la escalera, resuelto a tener la paciencia de esperar; virtud o requisito indispensable a todo desgraciado que tenga que entenderse con el que llaman Gobierno.

Al dia siguiente estuve ántes de las doce en la puerta del despacho de la Gobernacion i tuve la felicidad que pocos consiguen, la de ver al señor Gobernador sin guardar antesala. Le manifesté las sospechas que me habla infundido la casa donde hallé al mendigo i le exijí que en uso de sus facultades diera órden para que los ajentes de la policía allanaran esa que me parecía guarida de ladrones. Por toda contestacion me dijo: -vea U. al jefe de policía.

Me despedi del señor Gobernador dándole las gracias por haberme despachado tan pronto. En seguida busqué al jefe de policía, le hallé despues de tres dias de hacer activas dilijencias: le referí lo ocurrido i me dijo con mucha flema:

-Para allanar esa casa debe U. ocurrir a la Gobernacion i pedir que se espida una órden al efecto.

-Si, señor, he dado ya ese paso i el señor Gobernador me indicó que debia ver a U. para ello.

-Yo no puedo sin órden de la autoridad proceder al allanamiento; sin embargo espere U. a mañana i lo consultaré.

-Pero, creo que el tiempo corre i acaso cuando se vaya a practicar esa dilijencia, quizá se hayan escapado esas jentes.

-Tanto mejor, pues se evita la pérdida de tiempo que nos proporcionarían.

-De manera que U. no procede sin dicha órden?

-No señor.

Me despedí espresándole mi reconocimiento por tan categórica respuesta. Por una casualidad me encontré en la calle con el Gobernador, i me preguntó qué resultado había obtenido del allanamiento de la casa i le contesté que acababa de salir de donde el jefe de policía i le referí lo que él me habla dicho:

- ¡Oh! dijo, en esta tierra todo marcha así: vaya U. mañana a mi despacho i será servido.

-Gracias, le dije, estoi sumamente reconocido.

-Mui bien, mui bien, me repitió, apretándome la mano i continuó su marcha majestuosa.

Todavía tuve la paciencia o la simpleza de ir al día siguiente donde aquel atentísimo funcionario público i al entrar a la Secretaría me dijo el portero: «Si busca U. al señor Gobernador, puede U. volver mañana porque está encerrado, evacuando unas dilijencias urjentes i ha dado órden para que no se deje entrar a persona alguna.

Salí de allí un poco amostazado, dando al diablo el llamado Gobierno político: habian pasado seis días i no habia podido obtener una sencilla órden, a pesar de la urjencia con que la había solicitado. Determiné escojitar otro medio de examinar quienes habitaban aquella casa i lo que hubiera dentro de ella.

A los ocho días completos i contados desde aquel en que hallé a Ricardo, iba yo con cuatro personas mas i a usanza de nuestros relijionarios; con direccion a la calle de Curazao: es decir que íbamos armados a la turca, con pistolas i daga al cinto, pero ocultas bajo nuestras capas táles armas. Había pensado introducirme en aquella casa sospechosa, con el pretesto de que éramos comisionados para formar el padron; así podiamos averiguar quienes vivian en ella i ademas observaríamos, disimuladamente, lo que en ella hubiera, entrando sin ceremonia a todas las habitaciones.

Llegamos i vimos que el porton que daba a la calle estaba cerrado, golpeamos en él i nadie contestó: pasamos a la casa contigua a preguntar quien habitaba aquella casa i nos informaron, que nadie, que estaba vacía desde unos ocho dias; í Entonces, comprendí que las personas que la habian ocupado, seguramente habían sospechado una pesquisa i el mismo día que yo estuve en ella se escaparon de allí. Hice cuanto estuvo a mi alcance para averiguar quien o quienes la habian ocupado i no pude obtener otro informe que el del dueño de ella, quien me dijo, que un hombre a quien no conocía, se la había pedido en arrendamiento unos meses ántes, i que le habia mandado las llaves i el valor del arrendamiento haría unos ocho o diez dias.

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