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MANUEL MEDARDO ESPINOSA.
 

 

NUÑEZ DE BALBOA,-EL INVIERNO.
 

 

NUÑEZ DE BALBOA.

ERA una hermosa tarde en el retrete

De la inocente Aurora, yo leía

Del vate de Alemania los cantares,

Cuya profunda y fácil armonía

Los limbos de mi espíritu admirado

 

Y Aurora, al terminar cierta balada

En que el vate del Rhin enseña diestro

Que en el mundo la dicha verdadera

Se halla en saberse contentar con poco,

Y ese poco se encuentra donde quiera:

« Es la verdad,» me dijo, « y si no, mira »

Agregó luégo: y me mostró un grabado

Que representa á Núñez de Balboa

De pie, sobre un peñon que el mar airado

Con iras imponentes desafía:

 

El navegante allí tiene los ojos

Clavados en el cielo, y con la espada

Parece contener á la mesnada

Que trepa hacia el peñón, y su apostura

Recuerda de los tiempos de Pelayo

De la española raza la bravura!

 

« Infeliz,» dijo Aurora, contemplando

El cuadro aquel, « no supo contentarse

Con dar al mundo el mar que está bramando

Bajo sus pies ; su mente aventurera

Mejor fama buscó para su nombre:

Y fué su ilustre sangre la primera

Que en tierra americana,

A nombre de la ley, en un cadalso,

Vertió sañuda la justicia humana ! »

 

Y yo escuchaba á Aurora conmovido,

Y en tanto que callaba preguntóme ;

«¿ Qué hubieras hecho tú, si hubieras sido

Aquel afortunado navegante,

 

Al ver por vez primera las rizadas

Aguas del Mar del Sur ?»

 

Y yo anhelante

Por complacerla, al punto la repuse

Buscando con mis ojos sus miradas,

Serenas más que al terminar de Octubre

El rayo de las tibias alboradas:

 

« Si hubiera sido yo, no así los ojos

Clavado hubiera en el confín del cielo

Para buscar en su horizonte limpio

Algo mejor á mi ambicioso anhelo!

 

« Si hubiera sido yo, con ambas manos

Habría mi cabeza sostenido,

Y se hubiera mojado el peñón rudo

Con llanto de mis ojos desprendido !

 

« Después el rumbo á mi bajel pondría

Buscando el cielo de la heróica España,

Hasta llegar á las ardientes costas

Que el mar Atlante en sus desbordes baña.

 

« Y en la vieja ciudad de los templarios,

En el reino feraz de Extremadura,

Del Guadiana subiendo las corrientes,

Arribar al hogar de mi ventura;

 

«Y allí tomando con afán de loco

Las manos de mi madre y de mi amada,

'Venid,' hubiera dicho á voz en cuello

Y con la faz en lágrimas bañada;

 

'Venid á oír á orillas de los mares

Los ecos de mi fama y de mi gloria,

Que ya mi oscuro nombre en letras de oro

Lo guarda entre sus páginas la historia!'

 

Y al llegar á los rocas que socavan

Del mar Atlante las revueltas olas,

Y esperando á los vientos que trajeran

De América á las playas españolas

 

La fama de mi nombre; conmovido

Y abrazando á mi madre le diría:

'El mar lleva mi nombre desde el trópico

Hasta el hielo del polo, madre mía!'

 

« Y ella entonces mirándome en el pecho

Del mundo de Colón ricas preseas,

Cayendo de rodillas me diría:

'Hijo del corazón, bendito seas !'

 

« En tanto que mí amada buscaría,

Asida al peto de brillante acero,

Bajo el negro bigote con sus labios

Los labios del audaz aventurero !»

 

Así la dije...y la sencilla Aurora,

Sin saber qué decirme, se abstraía

Mirando los celajes que formaba

En las nubes errantes del Ocaso

El moribundo sol que se escondía!

 

EN INVIERNO.

DEL Norte soplan fríos los vientos de la tarde,

Abrígame en tus brazos, amada de mi vida !

Enciende los carbones de la apagada hoguera

Y pon sobre mis hombros transidos tu mantilla!

 

El soplo del invierno arranca de los árboles

En las vecinas selvas las hojas amarillas,

Y de los viejos muros en las oscuras grietas

Albergue tibio buscan las pardas golondrinas.

 

Enciende los carbones de la apagada hoguera

Abrígame en tus brazos, amada de mi vida,

Y bésame en los labios.. .y deja que los vientos

Arrastren en las selvas las hojas amarillas.

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