INDICE




JOSE ASUNCION SILVA.
 

 

ESTROFAS. - VOZ DE MARCHA. - ESTRELLAS FIJAS.-EL RECLUTA.-RESURRECCIONES.- OBRA HUMANA. - LA CALAVERA. - A DIEGO FALLON.
 

 

ESTROFAS.

El verso es vaso santo. Poned en él tan solo

Un pensamiento puro,

En cuyo fondo bullan brillantes las imágenes,

Como burbujas de oro de viejo vino oscuro.

 

Allí verted las flores que en la continua lucha

Ajó del mundo el frío;

Recuerdos amorosos de tiempos que no vuelven,

Y nardos empapados en gotas de rocío......  

 

Para que la existencia del hombre se embalsame

Como de esencia ignota,

Quemándose en el fuego del alma enternecida

De aquel supremo bálsamo, basta una sola gota.

 

VOZ DE MARCHA.

A orillas de la senda de la vida,

Ya fatigado se sentó el mancebo,

Y murmuró con voz adolorida

« Cansada el alma llevo.»

 

«Inútil es seguir, ruda la carga;

De la existencia humana sólo brota

Honda tristeza, pertinaz y amarga,

Cual del laúd la nota.

 

« No alumbra en el futuro luz de aurora,

En lo más hondo el entusiasmo ha muerto,

Sólo eres, esperanza soñadora,

Miraje del desierto.

 

« Ay ! y el amor y la amistad mentiras;

Como brumas vacilan las ideas,

Sólo tristeza y desaliento inspiras,

Vida, maldita seas! »

 

Renegó de virtud y de nobleza,

Y de pasado y porvenir maldijo,

Pero en el aire, entre la sombra espesa,

Oyó una voz que dijo:

 

« Por más que traiga el viento tempestuoso

Entre las alas blanquecina escarcha,

Oíd del siglo el grito poderoso,

Oíd la voz de marcha.

 

Con que os cansó lo rudo del camino?

Con que está el corazón agonizante?...

Pensad que sólo sois un peregrino...

Y seguid adelante !

 

« Al doblar los recodos del sendero

La muchedumbre, en la primer cruzada,

Gritaba al ver un pueblo en el otero:-

Jerusalén sagrada !

 

« Cuántas veces, su engaño repetido,

Al apagarse el entusiasmo ardiente,

Al viento poderoso del olvido

Se doblegó su frente.

 

« Cuántas veces volviera á su memoria

De la patria el recuerdo cariñoso,

Huyera de ella la ambición de gloria

Y deseara el reposo!

 

« Pero una tarde, tarde vislumbrada

En místicos ensueños, de improvisto

Contempló la ciudad santificada

Por la pasión del Cristo !

 

« Seguid! Seguid ! Y si en la ruta umbrosa

El paso os cierra levantado monte,

Subid hasta su cumbre tenebrosa

Y ved el horizonte!

 

«Tal vez el porvenir guarde en su seno

Que hoy os parece lóbrego y oscuro,

De claridades misteriosas lleno

Un rayo de luz puro.

 

« Tal como son, hirvientes, las marinas

Aguas que pasman de temor al verlas,

En el fondo, entre conchas nacarinas,

Guardan pálidas perlas!

 

« Marchad ! Marchad ! Y al fin de la partida

Torne un momento á confortar el alma

El recuerdo feliz de una cumplida

Misión de paz y calma!

 

« Mas si os cansó lo rudo del camino,

Y si está el corazón agonizante,

Pensad que sólo sois un peregrino.....

Y seguid adelante!

 

« Pide el siglo potente y majestuoso

Cuya voz, conmovida el alma escucha,

Quien lidie sin cansancio ni reposo

Del progreso en la lucha.»

 

Alzó el joven los miembros ajitados,

Cual los del muerto ante el poder divino,

Y se limpió los ojos enturbiados

Y prosiguió camino!

 

El viento arriba murmuró querellas,

Rompió la luz los tenebrosos velos,

Y temblando, brillaron las estrellas

En lo alto de los cielos !

 

ESTRELLAS FIJAS

Cuando ya de la vida

El alma tenga, con el cuerpo, rota,

Y duerma en el sepulcro

Esa noche, más larga que las otras,

 

Mis ojos, que en recuerdo

Del infinito eterno de las cosas,

Guardaron sólo, como de un ensueño,

La tibia luz de tus miradas hondas,

 

Al ir descomponiéndose

Entre la oscura fosa

Verán, en lo ignorado de la muerte,

Tus ojos,... destacándose en las sombras.

 

EL RECLUTA.

Hasta que manos piadosas

Algún sepulcro le dieron,

Al bajar de la cañada

Junto á las matas de helecho,

Destrozada la cabeza

Por una bala de remington;

Con la blusa de bayeta

Y la camisa de lienzo,

 

Un escapulario santo

Colgado al huesoso cuello,

Los pantalones de manta

Manchados de barro fresco,

Las rudas manos crispadas,

Los ojos aún abiertos,

Y la sangre, ya viscosa,

Pegándole los cabellos,

Estuvo toda la noche

De aquel combate sangriento

Abandonado el cadáver

Del pobre recluta muerto.

 

Su nombre ?... Un oscuro nombre...

Difunto Fuan Abudelo,

Cuando hablan de la campaña

Lo nombran los compañeros...

Su madre ?... Una pobre madre,

Que en el rancho, al pie del cerro,

Abandonada y estúpida

Pasa los días inciertos.

Su vida ?...Una oscura vida,

La vida vaga de un cuerpo,

Que fué tranquila y sin odios

Hasta en el cuartel infecto,

Do penetrado de frío,

Que le calaba los huesos

Y que tiritar le hacia

Bajo el bayetón deshecho,

Conoció toda la angustia

De largas noches sin sueño,

 

Y de tristes soledades,

El pobre recluta muerto.

 

Los soldados que seguían

En titánicos esfuerzos,

De Egipto á los arenales

Y de Rusia á los desiertos,

Al hombre de ojos de águila

Y de caprichos de hierro,

Tenían tras del reñido

Batallar, largo y supremo,

En cada voz, un halago,

En cada mandato, un premio.

Mas del Capitán Londoño,

Que fué su Jefe en el Cuerpo,

Sólo conoció dos órdenes

De detención y de cepo,

Un planazo en las espaldas

Y el modo de gritar-juego!

Hasta la tarde en que, herido

En el combate siniestro,

Cayó, gritando-¡adíós, mama!

El pobre recluta muerto.

 

RESURRECCIONES.

Como Naturaleza

Cuna y sepulcro inmenso de las cosas,

El alma humana tiene ocultas fuerzas,

Silencios, luces, músicas y sombras,-

 

Sobre la eterna esencia,

Pasos instables de caducas formas,

Y senos ignorados

Do la vida y la muerte se eslabonan.

 

Nacen follajes húmedos,

De cuerpos descompuestos en las fosas...

Adoraciones nuevas

De los altares en las aras rotas.

 

OBRA HUMANA

EN lo profundo de la selva añosa

Donde, una noche, al comenzar de Mayo.

Tocó en la vieja enredadera hojosa

De la naciente luna el primer rayo,

 

Poco tiempo después la luz de aurora

Del gas, en la estación, iluminaba

El paso de la audaz locomotora,

Que en el carril durísimo cruzaba.

 

Y en donde fuera en otro tiempo el nido,

Albergue muelle del alado enjambre,

Pasaba en el espacio un escondido

Telegrama de amor, por el alambre.

 

LA CALAVERA. 

EN el derruido muro

De la huerta del convento,

En un agujero oscuro

Donde, al pasar, silba el viento,

 

Y, como una dolorida

Queja á las piedras arranca,

Hay, en el fondo, escondida

Una calavera blanca.

 

De algún fraile soñador

De vida ejemplar y bella

Y dedicada al Señor,

En el mundo única huella.

 

Abre los ojos, sin fondo,

Como á visiones extrañas,

Y del vacío en lo hondo

Forjan telas las arañas.

 

Húmedo musgo grisoso

Recubre la antigua grieta,

Donde, en supremo reposo,

Descansa ignorada y quieta.

 

Pero hasta á aquella escondida

Mansión la brisa ligera

Lleva murmullos de vida

Y olores de primavera.

 

Golondrinas, que en sus marchas

Dejaron el patrio río,

Huyendo de las escarchas,

De las brumas y del frío,

 

Cuando la luz del Poniente

Filtra por el hondo hueco

Y hace parecer viviente

El craneo rígido y seco,

 

Desde las negras rüínas,

Alzan el sesgado vuelo,

Y en sus vueltas peregrinas

Tocan las ramas y el suelo,

 

Como buscando en el prado,

Ya por la tarde, sombrío,

El espíritu elevado

Que habité el craneo vacío.

 

A DIEGO FALLON.

CUANDO de tus estancias sonorosas

Las solemnes imájenes,

En los lejanos siglos venideros

Ya no recuerde nadie;

Cuando estén olvidados para siempre

Tus versos adorables,

Y un erudito, en sus estudios lentos,

Descubra á Núñez de Arce,

 

Aun hablarán, á espíritus que sueñen

Las selvas seculares

Que se llenan de nieblas y de sombras

Al caer de la tarde.

Tendrán vagos murmullos misteriosos

El lago y los juncales,

Nacerán los idilios

Entre el musgo, á la sombra de los árboles,

Y seguirá forjando sus poemas

Naturaleza amante

Que rima en una misma estrofa inmensa

Los leves nidos y los hondos valles.

anterior | índice | siguiente