FRANCISCO A. GUTIERREZ G.
MEDITACIÓN.
AL SR. DIEGO FALLON.
Ero mors tua, o mors.
LA luna sobre el monte se levanta,
Con blanda luz los valles ilumina,
Y hacia el Ocaso con ligera planta
Por el azul profundo se encamina.
No muere como el sol que en Occidente
El regio lecho con su lumbre dora,
Sino apenas de nácar levemente
Las nubecillas pálidas colora.
Consumirse en silencio es el destino
De una vida de amor pura y modesta;
Así el astro, acabado su camino,
Desaparece tras lejana cresta.
Cuando la noche brinda su misterio,
Es dulce, oh luna, con tu luz dudosa,
Errando por cristiano cementerio,
Los muertos visitar fosa por fosa.
Cuando oramos allí, llega á su oído
El ruego por el labio pronunciado,
Cual llega al labrador adormecido
El rumor apacible del sembrado.
La muerte tantos vínculos desata,
Tantos seres que amé mirar no puedo,
Que á veces pienso que mi amor los mata
Y de amar á los vivos tengo miedo!
Quiero dormir el sueño de la tumba
Bajo estos mismos árboles sombríos,
Quiero un lugar allí cuando sucumba,
Porque entre ellos estoy entre los míos.
Oh sombras ! todo en vuestro asilo triste
A la esperanza torna el pensamiento:
La cruz de leños que la grama viste
Y la inscripción del rico monumento.
Todo dice-esperad. ¿ La luz que lanza
Del cuerpo la deshecha podredumbre,
No es emblema también de la esperanza
Que sobre el polvo inerte alza su lumbre ?
La religión vuestra ceniza fría
Que al quebrantar la losa irá á los cielos,
Guarda como ave que el momento espía
En que los huevos rompan los polluelos.
Esperad que el sonido penetrante
De la final trompeta el aire hiera:
La carne del sepulcro se levante,
Y al acento de Dios la Muerte muera.