MANUEL DE JESUS FLOREZ.
EL REGRESO A DIOS.-A LA MEMORIA DE CANDELARIO OBESO.
EL REGRESO A DIOS.
A ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS.
Somos combatientes. Tenemos que luchar no sólo por la vida sino
por la virtud de la vida. Nuestro combate tiene un premio, la
libertad. Y la libertad tiene un fin : el bien voluntariamente
cumplido. Mas nos equivocaríamos si creyéramos poder llegar al
bien sin Dios.
EMILIO CASTELAR.
I
OH Dios! era yo un niño, un niño tierno,
Y empecé á balbucir tu nombre santo
Por temor á las llamas del infierno.
Hoy repito tu nombre sin espanto,
Hoy, cuando no hay fantasma que me asombre,
Encuentro en confesarte dulce encanto.
Ya sin pavor ante tu excelso nombre
Comprendo cuán mezquina fué la idea
Que de ti se formara un tiempo el hombre.
Tu voz en la cascada... ¡ cuán pigmea Comparación !
Y luégo, tu mirada
En la lumbre del sol que centellea...
Pues sacaste los orbes de la nada,
Que te cantan el sol, el mar y el viento,
Y con su ronco trueno la cascada.
Lenguaje torpe !...y sin embargo, siento
Que tu nombre lo puede ver escrito
Quien levante la vista al firmamento.
¡ Cuán pequeño me juzgo si medito
Que ante ti todo es mísero y pequeño,
SI, todo, hasta tu nombre : El Infinito!
II
Cuando vi de los hombres el empeño
En hacerte adorar como terrible,
«¡Cobardes, exclamé : Dios es un sueño!
Creación para el filósofo, risible,
Creación del miedo, nada más !»...
No obstante Faltando tú, la vida me fué horrible.
¡ Cuánto reflexioné ! Y en todo instante
Al fin de mis ensueños te veía
Como meta magnífica, gigante.
A ti torné por la suprema vía,
No del creyente, pensador cobarde,
Mas de aquel que te niega en su osadía.
De mi estéril valor, cuál hice alarde !
Y di la vuelta al pensamiento humano
Y vuelvo á ti... no temo llegar tarde !
Tál el cometa en el confín lejano,
Del astro rey huyendo á los ardores,
Se adelanta con vuelo soberano;
Mas siente del vacío los rigores
Y retorna veloz, como si ansiara
Sumergirse en los regios resplandores !
III
Tú no eres para mí la Deidad cara
Al sacerdote que recibe hambriento
La ofrenda del creyente sobre el ara.
Yo sé que no te miro, mas te siento;
Te ve mi corazón ! ...y te adivino
Como foco de luz del pensamiento!
Sé que habré de encontrarte en mi camino
Como que fuiste su principio un día
Y el término serás de mi destino.
Tú eres la ley de luz y de armonía,
De verdad y justicia que los mundos
En los desiertos del espacio guía.
Tus designios no son los iracundos
Que suele atribuírte el fanatismo...
Ni siempre inexcrutables, si profundos.
Yo pude conocerlo por mí mismo:
Tu gloria no se cifra en la venganza,
Tu faz no se refleja en el abismo !
En castigo, tal vez, tu diestra lanza
El rayo vengador... Mas yo en ti veo
Un Dios de amor, consuelo y esperanza.
Dios de mi hijo y mi madre, en ti ya creo !
Y, hoy, ya mi labio con amor te nombra
Cuando agita sus alas mi deseo
En medio del vacío y de la sombra !
A LA MEMORIA DE CANDELARIO OBESO.
I.
ESTO era ayer, no más !...Ayer tu mano
Estreché con amor, porque tú eras
En el pensar y en el sentir mi hermano.
Al cantar, nuestras almas compañeras
Levantaban su voz, como dos aves
En una misma jaula prisioneras.
Como el viento las velas de las naves,
Tu juvenil inspiración henchía
Las estrofas rotundas y süaves.
Eras dulce y humilde, y me placía
Aun más tu corazón, porque era bueno,
Que tu ardiente y fogosa fantasía.
En tu rostro simpático y sereno
La vanidad no pudo dejar huella
Ni verter en tu alma su veneno.
Nacido tú á la luz de infausta estrella,
La virtud admirabas por lo hermosa,
La verdad te sedujo por lo bella.
Y al rayo de su lumbre misteriosa
Tu mente se entreabrió.. .como al rocío
Matinal el capullo de la rosa !
II.
Más de una vez el Hado con desvío
Miró hacia ti.. .tal vez tu pensamiento,
Arrebatado entonces y sombrío,
Clamó: « mis horas por pesares cuento...
Valedme pues, ¡ oh manes de Epicuro !»
Y la espalda volviste al firmamento;
Pero después, tu corazón más puro
Al fin de la tormenta, su plegaria
Tomó á elevar al inmortal seguro.
Yo levanto la mía funeraria
Y una lágrima vierto entristecido
Sobré tu pobre tumba solitaria.
Aquí de las pasiones el rugido
No llega ya; y á otras sólo alcanza
El rumor de las alas del Olvido.
Quisiera proferir como alabanza,
Si llegaste á ser débil ... á ser hombre,
El himno del perdón y la esperanza.
Y aunque haya algún mezquino que se asombre,
Y que airado me mire con encono,
Oh humanidad entera ! yo en tu nombre
Y aquí sobre su tumba, le perdono !