FIDEL CANO.
A MI MADRE.
(FRAGMENTO.)
L' étoile apparaît surtout dans le ciel noir.
Je vois ma mère morte...
VICTOR RUGO.
I
MADRE ! Madre!...La tumba que te esconde,
A mi voz no responde
Cuando á sus puertas con afán te llamo;
Pero tu acento en mi interior murmura
Con inmensa ternura
Mi nombre, cada vez que «Madre !» exclamo.
II
No más que tristes, míseros despojos
De ti hallarán mis ojos
En el oscuro seno de tu huesa ;
Mas te nombro, y tu imagen adorada,
En mi pecho guardada,
Risueña surge y con amor me besa.
III
Y á verte vuelvo como siempre fuiste ;
Dulce el mirar, y triste;
Afable la sonrisa, y tierna y pura ;
Negros los ojos, grandes y rasgados,
En lágrimas bañados-
De dicha alguna vez, mil de amargura.
IV
La frente ni abatida ni altanera,
Mas modesta y severa;
Frescos y suaves los bermejos labios
Que siempre derramaron bendiciones
Y santas oraciones,-
Jamás mentira, maldición ni agravios.
V
Negros y en suaves ondas los cabellos,
Donde níveos destellos
Más que los años derramó la pena;
Cual de limpio marfil teñido en rosa,
La mano dadivosa,
Pronta á aliviar y de caricias llena.
VI
Pálido al fin el rostro que antes era
Rival de la primera
Nube que el sol al despuntar cobra;
Sereno y melancólico el semblante,
Porque en un mismo instante
El alma que lo anima gime y ora.
VII
Noble y gentil el ademán ; süave
Como el vuelo de un ave
El andar cadencioso, lento y blando;
Y esbelta y delicada la figura,
Que bondad y dulzura
Y modestia y candor va derramando.
VIII
Así te veo, así, cuando te nombro,
Y sin miedo ni asombro,
Ante tu amada imagen me extasío;
Torno á llamarte y á escuchar tu acento,
Y transportado siento
Que se abrazan tu espíritu y el mío !
IX
En mí tu voz derrama una armonía
Que nunca oído había;
Tu aliento vierte celestial fragancia,
Y á mi alma los acordes y el aroma
Dan alas de paloma
Con que alza el vuelo á mi lejana infancia.
X
Y subo hasta ese cielo de la tierra,
Que tras el niño cierra
El ángel del dolor con ruda mano;
Edén de un día, cuya luz riente
En sueños solamente
Vuelven á ver el joven y el anciano !
XI
Oigo el rumor del amoroso beso
Que, llena de embeleso,
Me diste al punto que llegué á la vida;
Saludo que mis labios te pagaron
El día que besaron
Tu frente en la postrera despedida !
XII
De pronto, que despierto me parece,
En cuna que se mece
Al tranquilo compás de tus canciones;
Y torno á ser, en mi delirio, niño
Puro como el armiño,
Sin dolor, sin deseos, sin pasiones.
XIII
Brota en mis labios el raudal sonoro
De la risa; si lloro,
Un momento no más mi llanto dura;
Y á veces, sin secarse la mejilla,
Asoma, crece y brilla
En mis ojos la luz de la ventura.
XIV
Oh 1 cuán bella de un niño es la mirada
En lágrimas bañada,
Si una alegre sonrisa la ilumina !
El cielo tropical no es más hermoso
Cuando el astro radioso
Iris pinta en la lluvia vespertina.
XV
Torna á abrigarme el cariñoso techo
De nuestro hogar deshecho;
Bajo él rumor de vida vuelve á oírse,
Y á pesar del estrago de la muerte
Y de la adversa suerte,
La dispersa familia á reunirse.
XVI
Feliz mi padre junto á ti se sienta
(¡ Cuál tu dicha acrecienta
La que expresan sus labios bondadosos !),
Y juegan á sus pies y en sus rodillas
Chiquillos y chiquillas
Frescos, rosados, puros y dichosos !
XVII
En el jardín cubierto de maleza
Renace la belleza;
De aves se puebla el asolado huerto;
Alegres voces y sonoras risas
Llenan las mudas brisas,
Y resucita cuanto estaba muerto.
XVIII
Pero ¡ ay ! mi vuelta al cielo de la infancia,
Y á la paterna estancia,
Y á tu amor, y á tu dulce compañía,
Es solamente ensueño fugitivo
Que se deshace, esquivo,
Cuando empiezo á gozarlo, madre mía !
XIX
Ah 1 si al menos duráseis largas horas,
Visiones seductoras !
¡ Si fueras, dulce sueño, tan profundo
Que al hallarme en tus ondas sumergido,
Vanamente á mi oído
Con su importuna voz llamara el mundo !