JULIO FLOREZ R.
LA PEDRADA -EL CEREBRO.
LA PEDRADA.
I
ERA una tarde, y sobre el verde prado
Corría entusiasmado,
Cerca del bosque, candoroso niño,
Contemplando los valles y las lomas,
Las inquietas palomas,
Los arbustos y flores con cariño.
II
Poco á poco las nubes nacaradas,
De reflejos bañadas,
Se tornaron en genios iracundos;
No eran ya nubes, eran nubarrones
Que huían cual legiones
De fantasmas terribles de otros mundos.
III
Todo estaba sin luz, todo sombrío:
El pavoroso río
Resonaba á lo lejos con violencia,
El niño lo escuchó quedo, muy quedo,
Sintió profundo miedo...
Como un vago estertor en la conciencia.
IV
Horrible tempestad se preparaba,
Y el niño que miraba
El hondo espacio por las nubes lleno,
Lanzó arriba una piedra, y al instante
Una chispa brillante
Surgió de allí con formidable trueno.
V
El niño huyó ; bien pronto en el regazo
Con frenético abrazo
Estrechaba á su madre con anhelo.
Esta, afanada, preguntóle « Hijo!
¿ Qué tienes ? » Y él la dijo:
«Escondedme por Dios!....que he roto el cielo! »
EL CEREBRO.
SI como pira sin cesar chispea;
Si es menos rudo el ruido que se expande
En las entrañas hórridas del Ande,
Que el ruido que entre el craneo hace la idea;
Si da luz y calor como una tea
Si como espada el pensamiento blande,
Y es el asilo oculto de lo grande :
Del alma es justo que el asilo sea.
Pero no la busquéis, porque es en vano:
Mirarla y comprenderla es imposible,
Y querer descubrir este hondo arcano,
Es querer penetrar lo impenetrable;
Es pensar comprender lo incomprensible ;
Pedir con ansia lo que nunca es dable!